miércoles, 17 de marzo de 2010
El trastorno del trastorno*
* Ana Oldecop
Desde la ciencia estamos acostumbrados en pensar la patología como un déficit. Científicos sostienen que la misma adquisición del lenguaje se ve reducida por la exposición pasiva a medios tecnológicos como la televisión; se la responsabiliza de “conductas desviadas de la norma” tales como la violencia y la obesidad mórbida.
Podría pensarse como un intento válido para combatir la violencia y la obesidad mórbida la creación de programas televisivos que hablen de “dulces sanos”, muestren personajes bizarros en constantes movimientos estrafalarios y marquen la pereza como un bien no deseable; o muestren desde una tolerancia absoluta así hasta una eterna conciliación posible. Entonces, ¿se podría concluir que el Otro primordial sea suplido o relevado por esta tecnología “del bien”?
Por otra parte, ¿es esa misma tecnología que a los adultos nos “permite” estar conectados, informados y productivos las 24 hs? Más que déficit, las patologías hoy se presentan como exceso que afecta a todas las edades. Pero, ¿exceso de qué?
Desde esta perspectiva creo mucho más fructífero plantearse esta problemática en términos de ausencia y presencia, en tanto ritmo necesario que permite una pausa, un silencio, una ausencia de imagen y sonido que haga posible alguna actividad o palabra singular.
Desde la ciencia estamos acostumbrados en pensar la patología como un déficit. Científicos sostienen que la misma adquisición del lenguaje se ve reducida por la exposición pasiva a medios tecnológicos como la televisión; se la responsabiliza de “conductas desviadas de la norma” tales como la violencia y la obesidad mórbida.
Podría pensarse como un intento válido para combatir la violencia y la obesidad mórbida la creación de programas televisivos que hablen de “dulces sanos”, muestren personajes bizarros en constantes movimientos estrafalarios y marquen la pereza como un bien no deseable; o muestren desde una tolerancia absoluta así hasta una eterna conciliación posible. Entonces, ¿se podría concluir que el Otro primordial sea suplido o relevado por esta tecnología “del bien”?
Por otra parte, ¿es esa misma tecnología que a los adultos nos “permite” estar conectados, informados y productivos las 24 hs? Más que déficit, las patologías hoy se presentan como exceso que afecta a todas las edades. Pero, ¿exceso de qué?
Desde esta perspectiva creo mucho más fructífero plantearse esta problemática en términos de ausencia y presencia, en tanto ritmo necesario que permite una pausa, un silencio, una ausencia de imagen y sonido que haga posible alguna actividad o palabra singular.
Etiquetas:
Psicoanálisis y psicoterapias
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario