jueves, 4 de febrero de 2010

BELLE de JOUR* - Primera Parte

*por  Olga G. de Molina ( Miembro de la AMP )

Y en un vaso, olvidada se desmaya una flor.



Rubén Darío

Abordar la anorexia como uno de los modos de la relación de un sujeto con su síntoma nos permite ubicar el concepto de partenaire-síntoma para situarlo en particular en la posición femenina. J. A. Miller señala(1) que la pareja síntoma del parletre femenino toma la forma de la erotomanía, es decir que su dilema es resolver la cuestión del amor, más precisamente la palabra de amor. Mientras que la pareja síntoma del hombre toma la forma del fetiche.

A partir de la construcción lógica de la sexuación que desarrolla Lacan, se demuestra que la posición femenina está orientada a lo ilimitado del goce, y si bien no trabajaremos aquí la formulación lógica que lo define, podemos encaminarnos a sostener que esa condición de lo ilimitado del goce, en el que el Todo no hace Uno, tiene influencia sobre la frecuencia de la anorexia en el parletre en posición femenina.

La demanda de amor está en consonancia con la posición del parletre frente al goce, demanda infinita factible de retornar bajo la forma del estrago cuando el partenaire del amor no responde a lo imposible de esa demanda.

Es entonces que la demanda de amor se dirige al sujeto mismo, a la vez sujeto y objeto en una relación que Freud trata en “Enamoramiento e hipnosis”(2), escrito en el que denota que cuando el objeto “ha ocupado el lugar del ideal del yo”, se produce ese fenómeno que se diferencia del enamoramiento para pasar a la hipnosis, punto en el que el sujeto no es ya reconocido como tal.

Es el punto en el que la demanda de amor retorna bajo la forma de un goce que recicla y repite la relación narcisista en la que el amor se dirige a una imagen de sí que olvida el propio cuerpo.

Disociación entonces entre imagen de sí y cuerpo propio, falla en la constitución de lo imaginario que se refleja en un cuerpo en el que no se registra la necesidad, un cuerpo que es el negativo de la biología, mientras que la imagen de sí revela y focaliza como posible un ideal femenino inscripto como tal.

La imagen del cuerpo se organiza entonces al modo de un cuadro que se enmarca para ser visto despojado de lo vivo, viviendo; latiendo, como testigo mudo, sin palabras ,casi sin aliento, testimoniando de ese modo que aquello que podría alimentarlo ya no tiene importancia, solo toma cuerpo esa mostración extrema de la desvitalización más cruel.

La ciencia llega en su auxilio construyendo el escenario adecuado para montar el espectáculo de la sombra de la caballería que solía salvarnos en las películas en las que “los malos” eran siempre los indios; ahora son “los medios”, “la moda”, los artilugios de la estética cirugía que nos devuelve rostros alargados, labios tirantes, cuerpos esculturales, mientras “Ella” haciendo su propia cirugía, resiste el embate de lo vivo y persiste en la creencia de un cuerpo que no es, persiguiendo la imagen del cuerpo que espera ser.

“¡Diagnostiquemos!”, “¡Clasifiquemos!”, es la consigna de la cultura en el intento de resolver aquello mismo que su operatoria produce. No están solas nuestras anoréxicas de la vida, se acompañan de otros sujetos muertos, de pánico, según la manera actual de nombrar la angustia. O bien pueden estar acompañadas de nuestros adictos… a todo… cualquier gadget cumple el objetivo de producir por un instante la ilusoria felicidad de un sujeto libre de angustia.

Las neurociencias aportan lo suyo; convencidos de que el misterio de la vida se esconde detrás de los neurotransmisores, su terapéutica, en consecuencia, sigue la línea del desajuste biológico como responsable de la sintomatología que aqueja al hombre del Malestar en la cultura. Siempre es bienvenido el recuerdo del ilustre maestro que se animó a pensar a contrapelo de su época.

Podríamos perdernos en un enfoque sociológico que no alcanza más que para comprender el problema desde los diferentes ángulos en que se presenta, para hacer valer una terapéutica como la psicoanalítica que aporta una clínica orientada al sujeto en su peculiar modo de padecer el síntoma.

(Artículo publicado en el "Aperiódico Psicoanalítico")

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