Mostrando entradas con la etiqueta Autismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Autismo. Mostrar todas las entradas
miércoles, 27 de agosto de 2014
Dejarnos enseñar por el autismo* - Útlima parte
*
Por Claudia Lijtinstens
5-Algunas
reflexiones finales:
El
cálculo institucional requiere bascular en esa tensión entre el
sujeto y la presencia de ese real.
La
intervención más propicia -tanto frente al goce homeostático
inercial como al desborde de un real insoportable- es la introducción
de un freno, de una pausa cuando el sujeto se ubica como condensador
de goce, identificado al objeto.
Ese
NO o puntuación que se sostiene en la presencia del cuerpo
institucional, del equipo, del interviniente como partenaire real,
introduce nuevos circuitos metonímicos de los objetos, acerca la vía
discursiva como una forma de tratar los
ruidos perpetuos de la lalengua,
de lo cual el sujeto de defiende.
Se
requiere, entonces, realizar un doble movimiento: por un lado,
acompañar el hecho de que la lengua tome a su cargo el goce, el
trabajo interpretativo; establecer ese lugar del Otro, es decir,
permitimos el abrochamiento que localiza el goce, autorizamos la
instalación del lugar del Otro
pero,
a la vez, apuntamos a la puntuación, a la estabilización, a la
homeostasis; apuntamos a la posibilidad de que se produzca un corte,
que la lengua sea menos compacta u holofraseada.
Se trata de producir pausas que puntúen la holofrase
significante infinita.
Apuntar
al síntoma es, justamente, volver sobre los significantes,
aislarlos, separarlos de la cadena, darles todo su lugar y centrarse
en el acontecimiento de cuerpo que representa ese significante, los
signos que denotan alguna tenue satisfacción,
aislarlos
a la manera del fenómeno elemental. Acoplarse al trabajo del sujeto
para leer cómo se conforma, en cada caso, ese real.
Es
sólo a partir de ese trabajo que su tratamiento permite hacer
ingresar un intercambio, la elaboración de una secuencia discursiva
y definir verdaderos espacios de sujeción.
Se
trata entonces, como lo recalca Laurent, de hacerse partenaire
real del sujeto autista1
(al igual que ese objeto), no apelando ni al maternaje
ni a la dimensión educativa (aunque los cuidados sean ineludibles y
los aprendizajes se desplieguen), es decir, no tomando lugares
enmascarados ni por el saber ni por el amor, sosteniendo una barrera
a la invasión de goce que posibilite desplegar algún tipo de
empalme
con el objeto y con el Otro.
A
diferencia de las prácticas que apuntan a la normalización y la
compensación de aquello que permanece bajo un déficit o
desadaptación, la orientación lacaniana introduce la vía de la
enunciación.
Se
propone elevar aquello que funciona para el sujeto como solución o
defensa, a la dignidad de una metáfora de la posición subjetiva,
elevar el problema del autismo a una condición de sujeto, poniendo
de relieve las soluciones que él mismo nos proporciona.
Entonces,
dejarse enseñar por eso que el sujeto autista nos proporciona, pero
también por aquello que la experiencia
de un psicoanálisis personal enseña a un practicante, “una
potente herramienta para situar su acción respecto de los sujetos
autistas, en la adecuada distancia de los ideales de normalización o
de normalidad. (Miller,
Judith).
Es
esta una condición ineludible para desplegar un acompañamiento
fecundo, no masificante, del sufrimiento en la infancia, que abra el
camino a nuevos espacios más libres de las constricciones
autísticas.
Etiquetas:
Autismo,
Clinica con niños
miércoles, 20 de agosto de 2014
Dejarnos enseñar por el autismo* - Tercera parte
*
Por Claudia Lijtinstens
Ejemplos
de una práctica institucional
La
función de “partenaire
fuera de toda reciprocidad imaginaria1,
diversa
al
modelo o patrón a imitar que se propone desde la pedagogía,
es encarnada por un equipo pluralizado que se acopla, de una manera
activa pero a la vez prudente, al trabajo que realiza un sujeto
autista en el marco de un alojamiento institucional de día.
Un
joven de 15 años, luego de aproximadamente un año de trabajo en la
institución -con un lenguaje acelerado y de una modulación aguda y
perseverante y con un cuerpo en continuo movimiento- se dirige a sus
acompañantes con expresiones que, fuera de sus monólogos
ecolálicos, se limitan a lo estrictamente vinculado a los intereses
más inmediatos.
Ahora
bien, desde el primer momento, algo de lo que repite incesantemente
empieza a ser circunscripto por el equipo a partir de la presencia
regular ofrecida, una pregunta que acompaña el tocar algunos
objetos.
Frente
al incansable “¿qué
es esto…?
que C.
enuncia repetidamente se advierte que señala especialmente aquellos
objetos “que
hacen borde”2,
que recubren las partes del cuerpo de sus educadores (ropas, adornos,
objetos del cuerpo) ritualizándose un juego con el que va nombrando
un contorno que claramente arma y delimita un objeto
fuera-del-cuerpo3
y que puede plegarse al suyo propio.
Se
van diseñando, frente a estos elementos, las primeras escansiones en
el dispositivo de trabajo: horarios, espacios definidos, momentos
para la realización de actividades (lecto-escritura, cálculo,
recreativas), siempre con la presencia sostenida y prudente de un
interviniente que modera el balanceo, el baile desenfrenado o la
repetición infinita. El recorte espacio y tiempo, anudado a la
presencia cercana del educador, produce un marco organizado por donde
transitar, aquietándolo.
Otro
signo presente es su deambular sigiloso y casi imperceptible por la
institución: entra o sale de la cocina, se escabulle de la sala de
un taller, se desliza hacia el patio o adentro de la administración
y nadie parece percatarse inmediatamente de ello. Y en cada lugar,
perfectamente advertido de quien lo ocupa, “extrae algo”. A veces
cosas de gran valor, otras de carácter insignificante, pero siempre
guarda y esconde esos objetos entre sus ropas.
En
ocasiones llena sus bolsillos de piedras, en otras de papeles; a
veces lo hace con prendas de vestir ajenas, teléfonos celulares,
libros, agendas, etc.
Es
entonces ahora esta sustracción la que es elevada a la condición de
una verdadera manipulación significante (y no de una mera conducta
insidiosa como podría sugerir una lectura centrada en lo
comportamental) por medio de la cual el joven introduce un menos
como tratamiento del Otro, precisamente en la mirada, a la vez que
logra proveerse cierta satisfacción a partir de esa especie de
armadura corporal mediante esos objetos.
Algunos
meses más tarde se realiza en el taller de plástica la construcción
de un muñeco de tamaño real utilizando diversos materiales para
cubrir el contorno de ese cuerpo, entre ellos, papeles de diario.
El
joven se mostró sumamente fascinado por esta figura, en un primer
momento asexuado, participando activamente en su construcción,
realizando una singular actividad: al mismo tiempo que aplica –con
pegamento- papeles de diario sobre los contornos del cuerpo del
muñeco intercala esta acción aplicando, con la misma técnica
papeles sobre su propio cuerpo, en una especie de reproducción de la
acción de construcción de ese cuerpo en el suyo propio.
De
una forma excepcional, el joven realiza este “armado” de un
cuerpo, en un trazado que rodea realmente el cuerpo, apelando a este
“objeto de síntesis”, a la construcción de un “doble” como
forma de suplencia de la relación con aquello que no está, su
cuerpo, su nombre, un ideal”4.
Los
papeles, en este caso, son hoy los elegidos como objeto de
intercambio, de sustracción; circula con bolsas llena de recortes
que va escamoteando de aquí y de allá y que lleva y trae
diariamente desde y hacia su casa, elementos que se introducen en una
suerte de intercambio en la institución: pueden (con mucha
dificultad) ocultarse por algunos momentos en un rincón, usarse para
algunos trabajos de plástica, confiar su resguardo a algún miembro
del equipo en particular, introduciéndose en un circuito que alivia
su transitar en la institución.
Es
decir, se van diagramando con el equipo, pautas que le permiten
ordenarse en la institución pero que no van en la vía de la
imposición de una regla “por anticipación” de carácter
colectivo, de una norma basada en el sentido común (“En
la institución no se permite robar o sacar objetos ajenos”!!)
sino que, por el contrario, se estructuran en el sentido de un
principio de funcionamiento que da lugar –sin poner en riesgo lo
“instituido”- a lo singular de un trayecto : “Aquí,
en Avenir, es posible hacer circular los objetos!!”.
Etiquetas:
Autismo,
Clinica con niños
miércoles, 13 de agosto de 2014
Dejarnos enseñar por el autismo* - Segunda parte
*
Por Claudia Lijtinstens
No
contando entonces con el aparato
del discurso
que permitiría decodificar los mensajes, cada niño autista instaura
una vía de defensa contra eso no simbolizado que le retorna
invasivamente a partir de diversas, y muchas veces insondables,
modalidades.
Para
quienes nos ocupamos de niños o jóvenes autistas -tanto en las
Instituciones como en la práctica de consultorio- se nos hace
ineludible descifrar., leer,
detectar, la presencia de ese modo singular e irrepetible que adopta
su lengua
privada y su medio singular de protección.
Este
armazón defensivo puede ser captado –aunque parezca desestimable
desde otras perspectivas de intervención- a partir de la repetición,
del golpeteo o los gritos sin sentidos, de la insistencia del
significante
sólo, de
los objetos o pedazos de objetos elegidos entre otros, pues es allí,
en esos detalles, desde donde se pueden rastrear los signos de ese
“tratamiento” que el niño –como lo precisa A. Stevens- ya
viene realizando para defenderse de aquello que lo invade y no puede
poner en palabras.
Ese
acoplamiento del sujeto a un objeto bizarro
explica la manera cómo el cuerpo puede volverse un medio para
“pegarse” al otro, en la medida en que no ha producido los medios
simbólicos capaces de organizar una relación al prójimo que le
permitan una decodificación de la demanda y del Otro.
El
sujeto, al no contar con la norma de ordenamiento del espacio y del
tiempo como construcciones simbólicas, se desplaza adhiriéndose
desmedidamente al otro y a los objetos, defendiéndose –en el
mismo paradójico movimiento- de los fenómenos alucinatorios (mirada
y voz) de los que padece.
Frente
a esto se intenta evitar que el sujeto quede constreñido por estos
fenómenos a una repetición infinita, pero se realiza evitando
provocar una nueva constricción, esta vez por parte de un supuesto
método de reeducación. En
ningún caso se trata de dejar al niño ser el juguete, por ejemplo,
de sus estereotipias, repeticiones, ecolalias, considerándolas como
un primer tratamiento elaborado por el niño para defenderse; se
trata de introducir allí, en una presencia discreta, nuevos
elementos que van a complejizar “el mundo del autismo”. Miller,
Judith. Comisión de iniciativas del Instituto psicoanalítico de la
Infancia.
Las
intervenciones entonces, prudentes, asentadas en un territorio que se
esboza a partir de referencias espaciales no estandarizadas, atentas
a las cadencias o repeticiones que advierten sobre la proximidad o
distancia del otro, que privilegian un uso discreto de la voz y de la
mirada, se apoyan en una distracción intencional de ese operador
que pone al resguardo a algunos sujetos autista de esa presencia
perturbadora que pueden encarnan los otros.
Serán
metáforas de clasificaciones y separaciones que escanden ese
continuum,
embragues que encadenan el pasado y el futuro, espacios re-apropiados
transformados en su sentido, significantes que se transmutan en su
intencionalidad, una apuesta dirigida no a generar perplejidad o
enigma sino a provocar un encuentro -no anticipado- con el signo más
genuino de cada sujeto.
Desde
esta perspectiva, toda intervención –todo cálculo de una
intervención- debería orientarse a producir en primer lugar, una
pausa
en la deriva metonímica a la que tan frecuentemente se enfrenta el
sujeto autista, al establecimiento de las condiciones más o menos
exactas, más o menos acordadas que permitan la amplificación del su
mundo y de los objetos, y, en ese marco, promover una nominación
singular que
le permita circular entre algunos otros.
Esta
vía permite acercarnos a la cifra
específica de su modo de aproximarse o defenderse del otro, como un
modo de introducir la ligazón del significante al cuerpo para hacer
posible elucidar el acontecimiento
de cuerpo
y las maneras en las que un sujeto responde a lo imposible del
encuentro con el Otro y se protege de los equívocos de la lengua.
Etiquetas:
Autismo,
Clinica con niños
miércoles, 6 de agosto de 2014
Dejarnos enseñar por el autismo* - Primera parte
* Por
Claudia Lijtinstens
(Psicoanalista
y reside en Córdoba. Miembro de la EOL y la AMP. Miembro fundador de
la Fundación Avenir, para la asistencia y la investigación en salud
mental. Coordinadora clínica del Centro Educativo Terapéutico de
Fundación Avenir. Co-responsable y docente del depto de niños del
CIEC.)
Abordar
el autismo, no desde la perspectiva del déficit
sino poniendo el acento en la especificidad de su sufrimiento, nos
conduce a enfatizar la formación de los practicantes en tanto
capaces de escuchar
lo que ellos tiene para decir,
como operadores que se disponen, antes que a aplicar métodos de
“aprendizaje intensivo”, a dejarse enseñar por los signos más
genuinos de cada niño, localizando su particular modo de encierro.
Se
requiere entonces poner en ejercicio una
operación de lectura1,
de traducción de aquellas
manifestaciones
enigmáticas que irrumpen invasivamente en la vida de estos sujetos
–y en la de sus familias- y que traducen un desarreglo profundo a
nivel del cuerpo, de los vínculos y del discurso.
Si
nos ubicamos en una posición no ingenua, (el autismo es un problema
de complejidad y no simplemente una alteración neuroquímica) es el
mismo sujeto autista quien nos exige volvernos dúctiles e inventivos
para explorar posibles nuevas alianzas entre el sujeto y su entorno,
para construir recursos que le permitan salir del encapsulamiento
e introducir elementos nuevos que posibiliten la localización de un
borde, de una detención de la deriva significante que haga posible
un lazo social más humanizado.
La
arremetida tan generalizada, tanto a nivel local como internacional,
de propuestas político-legislativas que pretenden instaurar una
política estandarizada y
masificante de intervención con los sujetos autistas a partir de una
educación rigidizada y protocolizada-
hacen necesario introducir, primero, una interpretación de lo que
significa el autismo desde la perspectiva del sujeto hablante,
anudado a un cuerpo, para luego establecer algunas condiciones
propicias para su abordaje y tratamiento.
Como la
palabra no
se presenta articulada a un discurso, a un cuerpo, a un lazo social,
el cuerpo mismo es vivenciado
como ajeno, no funcionando como borde o superficie de inscripción.
Estos
cuerpos que padecen del contacto, de los ruidos, de los olores, de
las imágenes, manifiestan un sin
freno
que desregula ese contacto con el otro y no le permiten al sujeto
decodificar los acontecimientos del entorno.
La
palabra, reducida a un desenfreno metonímico sin puntuación -a
distancia del decir y de una enunciación- se reduce a un expresión
sin retórica de ciertos significantes repetidos al infinito, que no
remiten a nada ni parecen estar dirigidos a nadie, un torrente
significante de una continuidad sin puntuación ni separación,
elocuente también de una eternización
del presente en la que espacio y tiempo, como construcciones
simbólicas, se ven profundamente afectados.
Etiquetas:
Autismo,
Clinica con niños
miércoles, 30 de julio de 2014
John Caracol Lewis. La creación de un nombre* - Última parte
*Por Gustavo Stiglitz
Donald muestra un modo de hacer con la lengua que produce un tipo de
sujeto, como respuesta de lo real.
Construye con los significantes de que dispone, un artefacto para
nombrar, que a juzgar por su evolución, le permitió invertir sus
limitaciones en efectos de creación.1
¿No es esto gracias a la orientación de los Lewis, que
no frenaron su obsesión?
Pero esta nominación tiene sus límites.
Difícilmente Donald podrá mantener una conversación que haga lugar
a la sugerencia, el enigma, el malentendido. Figuras de la
instalación de la enunciación en lo inacabado del lenguaje, donde
fuga el sentido. Sí será capaz – el informe lo demuestra- de
acopiar los datos necesarios para llevar adelante una carrera
universitaria, o para manejar una lista de nombres propios a los que
adjuntar un número de cuenta bancaria - una cantidad de dinero -
como cajero en el banco.
Un nombre un color, un nombre un animal muerto, un nombre un número
de cuenta. Lo que Donald nombra se vuelve un objeto inanimado, fijo,
idéntico a sí mismo, a diferencia del nombre propio que nunca
termina de nombrar del todo.
En los nombres de Donald no hay ese intervalo vacío, por el cual “un
nombre llama siempre a un complemento”.2
Hay un nombre en más -“Caracol”- resultado del trabajo de un
sujeto que no cuenta con un Otro barrado sino con uno sobre el que no
ha operado la extracción del objeto, opaco, que no sugiere sentido,
que escupe significantes que no llaman a ningún complemento. Este,
“Caracol”, creado por el sujeto, es el que inscribe a cada
elemento en una serie sin ley, en la que no existe la excepción que
hace conjunto. El de los caracoles muertos, por ejemplo.
Si llamamos “obsesión” a este empuje a nombrar, es porque nos
hacemos eco de lo dicho por otro sujeto “autista de alto
rendimiento” – Temple Grandin- que sabiamente afirma: “Mis
obsesiones disminuían mi excitación y me tranquilizaban (se
trataba, desde su infancia, de pensar y diseñar aparatos que
ejercieran una presión placentera en su cuerpo). Las obsesiones
pueden utilizarse de forma constructiva. Eliminarlas es quizá
desaconsejable. Así como un mal hábito que se suprime suele ser
reemplazado por otro mal hábito, lo mismo ocurre con una obsesión.
Una obsesión referida a un tema particular puede llevar a la
comunicación: quizá una comunicación sin interlocutor, pero al
menos un progreso en la comunicación. Con una guía adecuada un niño
puede ser motivado por una obsesión.”3
Resuena aquí el concepto lacaniano de sinthome.
Hay sujetos que nunca salen del autismo lo que no les impide
desplegar algún recurso sintomático para humanizar a su Otro y
crearse su propio modo de estar con los otros.
1
G. Belaga. Las psicosis infantiles: del “autismo” a la
psicotización. Virtualia No 16. Revista digital de la
Escuela de la Orientación Lacaniana. 2007
3
T: Grandin. Atravesando las puertas del autismo. Ed. Paidós
Buenos aires. 2006
Etiquetas:
Autismo,
Clinica con niños
miércoles, 23 de julio de 2014
John Caracol Lewis. La creación de un nombre* - Tercera parte
*Por Gustavo Stiglitz
J.C.Maleval1
afirma que la disociación de la voz y el lenguaje está al principio
del autismo, como protección ante la presencia sonora, Real, de un
Otro demasiado angustiante.
El hablar caricatural, vacío, no dirigido a un partenaire, el
rechazo de la posición de enunciación, son el efecto de la defensa
ante lo Real, la envoltura formal de esa defensa.
Se trata de extraer, de la variedad de
envolturas que el espectro autista muestra, el mecanismo que cada uno
inventó para atemperar al Otro y hacer su vida vivible.
¿Cómo hacen soportable el traumatismo que la lengua infringe al
cuerpo los sujetos que no ceden su voz a la articulación pulsional
con el Otro?
A través de objetos. Los objetos hacen de órgano intermediario
entre el sujeto y el Otro, lo ponen a distancia.
En la clínica vemos que algunos autistas llegan ya con un objeto del
que no se separan por nada, otros lo toman del consultorio o del
propio analista. En ocasiones ese objeto-órgano está hecho con la
materialidad del significante, es una elucubración a partir de los
elementos de la lengua.
Montado en su obsesión de combinar nombres comunes y propios, Donald
identifica los objetos en lo real a partir de lo simbólico.
John Caracol Lewis es una creación para fijar, detener, el goce de
la lengua que funciona sola en la repetición del significante
“muerto”, que insiste al infinito. Es una elaboración con
elementos de la lengua, en la que lo muerto del significante se anuda
de alguna manera con la vertiente de la vida. Lo muerto de una
contabilidad vacía con lo vivo encarnado en el acto de nombrar y
alojar los cuerpos-restos de los animales muertos, dándole a cada
uno una existencia.
1
Jean-Claude Maleval. “Plutot verbeux” Les autistes.
Ornicar? Digital No 299.
Etiquetas:
Autismo,
Clinica con niños
miércoles, 16 de julio de 2014
John Caracol Lewis. La creación de un nombre* - Segunda parte
*Por Gustavo Stiglitz
¿Cómo es que no somos todos autistas?
Eric Laurent dice que los nombres agujerean el sentido a un tiempo
que lo enganchan.1
Enganchan la materialidad de la lengua al sentido, lo que permite
hacer lazo.
Para ello es necesario que entre la lengua -presencia sonora- y el
viviente se produzca un vacío. La extracción del objeto voz como
pura sonoridad invasora. La pulsión invocante recorrerá ese vacío
en su circuito por el campo del Otro.
Sin esa extracción, tal es el caso del autismo, el Otro es de una
compacidad tal que su presencia sonora invade al sujeto.
La caída del objeto hace que el sujeto pueda soportar la voz del
Otro y la propia, que pueda hablar y ser hablado porque la voz queda
enganchada en el decir, en el lenguaje productor de sentido. El
objeto deja su lugar al sentido.
El lenguaje es portador de un vacío que no existe al nivel de la
lengua.
Esta operación no se produce en el autista. El sujeto, al no ceder
su voz como objeto de un decir utilizando los significantes del Otro,
paga el precio de su desenganche. Borrándose del campo del Otro, no
está representado por un significante para los otros. El lenguaje no
sirve a la comunicación, se cierra en una autosuficiencia sin valor
semántico, no produce sentido.
1
E. Laurent Curso de J.A.Miller 2000-2001 El lugar y el lazo.
Clase del 7/3/01
Etiquetas:
Autismo,
Clinica con niños
miércoles, 9 de julio de 2014
John Caracol Lewis. La creación de un nombre * - Primera parte
*Por Gustavo Stiglitz
« Habría que retomar el psicoanálisis de niños
a ese nivel mínimo donde el cuerpo aparece de manera privilegiada
como un cuerpo de significante. Significante, ciertamente, pero donde
lo real tiene todo su lugar a partir del objeto (a), y si el sujeto
aparece como un efecto de real, eso es claro en el niño. »
Rosine y Robert Lefort1
En 1971 Leo Kanner publicó el
Estudio de seguimiento de once casos de niños autistas
originalmente comunicado en 1943.
Allí dice: “Tal ha sido la suerte de los once niños (que)
sugerían la delimitación de un síndrome específico. Los
resultados invitan a interrogarnos seriamente sobre el abanico de
evoluciones que van desde el deterioro completo hasta una adaptación
profesional y social limitada pero suficientemente buena.”2
Este abanico muestra que el fundamento del autismo no depende de
ningún déficit cognitivo, sino que éste será una consecuencia.
Uno de esos niños -Donald- fue enviado por sus padres a vivir en la
granja del matrimonio Lewis, quienes detectaron en él un hacer
estereotipado, que podía articularse a la vida en la granja.
Por ejemplo, contabilizaba animales muertos sin parar y le dieron la
tarea de hacer un cementerio.
El niño escribía sobre cada tumba un nombre. Así escribió “John
Caracol Lewis”, en la tumba de un caracol..
A los 36 años, Donald es soltero y vive
con sus padres. “Desde que aprobó sus estudios universitarios
trabaja como cajero en el banco local. No tiene ningún deseo de
promoción y está contento...Juega al bridge, pero nunca comienza
una partida. La falta de iniciativa parece ser su secuela más
importante. Participa poco en las conversaciones y no muestra ningún
interés por el sexo opuesto.”3
Casi 30 años antes4,
Kanner consigna que Donald, de 5 años, nombra 5 botellas de colores
de pintura, con los nombres de unas quintillizas famosas. Al azul lo
llamó Annette, al rojo Cecile, etc.
Como una especie de Adán, Donald inventa nombres para los objetos de
su interés. Explora el campo del anudamiento de la lengua con los
objetos, de lo simbólico con lo real. Es justamente una falla en el
anudamiento lo que anima su exploración.
1
Analytica Nº 44. Le
CEREDA: Centre de recherche sur l´enfant dans le discours
psychanalytique.París. 1986.
3
Ibid
4
L. Kanner. Child Psychiatry. 3rd edition. Thomas. Sprinfield
1960
Etiquetas:
Autismo,
Clinica con niños
miércoles, 28 de mayo de 2014
Sujetos autistas: el nuevo Golem del cognitivismo*- Última Parte
* por Esteban Stringa
Los tratamientos previstos por el
amplio conglomerado de las terapias cognitivo comportamentales se
basan en estos supuestos. El lenguaje, conceptalizado como un sistema
separado del sujeto que con el desarrollo se iría incorporando, es
el déficit que se atribuye a los sujetos autistas, el
disfuncionamiento de un puro mecanismo cognitivo de la palabra. Los
protocolos apuntan al aprendizaje de la construcción de frases
simples y al adiestramiento para pronunciarlas en las situaciones
apropiadas.1
Este “injerto” de un stock léxico suele confrontar al sujeto
autista con el rechazo de su dirigirse al Otro con consecuencias de
rupturas más o menos brutales del espacio en el que el Otro
amenazador había quedado por fuera.2
Los efectos de no escuchar la “cifra
enigmática” sobre la que los sujetos autistas nos hablan hace
recordar a lo que J.L.Borges escribiera con genio poético de un
hombre que quiso saber lo que Dios sabe creando a otro hombre.3
A pesar de, como todos, quedar aprisionado en la red sonora de Antes,
Ayer, Mientras, Ahora y de haber realizado tan “alta hechicería”,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.
1
Briole, G., “Ficciones autísticas”, Virtualia n° 23,
Publicación virtual de la Escuela de la Orientación Lacaniana,
Nov. 2011.
2
Laurent, E., “La cifra del autismo”, Virtualia n° 23,
Publicación virtual de la Escuela de la Orientación Lacaniana,
Nov. 2011.
3
Borges, J.L., “El Golem”, El otro el mismo, Obras
Completas, Emecé, Bs.As., pág. 883.
Etiquetas:
Autismo,
Biopolítica,
Psicoanálisis y neurociencias
miércoles, 21 de mayo de 2014
Sujetos autistas: el nuevo Golem del cognitivismo*- Segunda Parte
* por Esteban Stringa
La verdad que se persigue no surge de
tomar en cuenta el decir del sujeto que se dirige a alguien –al
Otro para ser más precisos–, direccionalidad a tener en cuenta aun
si se trata de las esterotipias y ecolalias de niños autistas. El
terapeuta, entonces, debe estar a la escucha, no del ser hablante
singular que es el paciente, sino de los efectos del medicamento. A
partir del residuo de esta práctica, se le superpone un tratamiento
de “apoyo” en el ámbito de lo “mental” que tratará de
producir cierta regulación del síntoma por vía de la sugestión.
Como no hay definición científica de la norma mental –se trata
del conjunto personal de hábitos, creencias, sensaciones, etc– es
necesario pasarla a alguna forma de objetividad cuantificable.1
Las teorías de la identidad
mente-cerebro presuponen que las sensaciones y pensamientos, es
decir, el campo entero de la psicología implícito en nuestras
prácticas de atribución de los innumerables estados mentales,
pertenecen a una teoría científica que podría ser reducida a la
física y química del cerebro combinadas con la ciencia
computacional. El proyecto de reducir los estados mentales a los
formalismos de la computación tropieza, primero, con que ambos
estados tienen propiedades formales muy diferentes.2
Además, el conjunto total de los estados computacionales de un
sistema dado se define implícitamente en forma simultánea, esto es,
en función de la totalidad de sus relaciones, ya determinadas de
antemano, con todos los demás estados, distinguiendo así cada uno
de éstos de todos los demás –definición necesaria para poder
sostener el automatismo en las “decisiones” que toma el sistema.
Ninguna teoría psicológica podría individualizar ni definir
implícitamente sus estados proponiendo un conjunto de leyes que
distingan entre un estado psicológico y otro, definidos estos y
todas sus relaciones de antemano. Este proyecto pertenece más a la
ciencia ficción que a las ciencias propiamente dichas. La idea de
hacer equivaler los estados mentales a estados computacionales se
redujo a unas pocas posibilidades postulándoselos como formas
ideales de funcionamiento.3
La identificación establecida fija
la objetividad con la única propiedad que tienen en común estados
tan diferentes: un número surgido de alguna “medición”. Esto
implica que lo cuantitativamente idéntico tendría las mismas
propiedades, es decir, se refreriría a la “misma” enfermedad. El
valor medio estadístico deviene la norma mental que establece,
intempestivamente, la existencia de una salud mental. Y, por ende, el
desvío más allá de cierto límite, estipulado como lo anormal,
define al síntoma como una cantidad en exceso referida a la
frecuencia o intensidad de un determinado signo observable. El
cálculo estadístico no sirve ni para justificar ni para garantizar
el éxito de la inferencia inductiva operada porque el paso de las
observaciones a las leyes generales no es una conclusión lógica
sino una decisión política.
La estadística sirve, en este caso, para reintroducir en un cálculo
posible lo que no responde a los protocolos terapéuticos
pero al precio de eliminar de las consideraciones aritméticas el
probable caso que contradiga la eficacia terapéutica. Tal caducidad
de la excepción anula la hiancia que haría lugar a lo singular del
sujeto.
1
Aflalo, A., “Cuestionarios y cientificismo”, Freudiana n°
40, E.E.P. de Catalunya, marzo-junio de 2004.
2
Putnam, H., “La importancia de ser Austin: la necesidad de una
´segunda ingenuidad´”, Sentido, sinsentido y los sentidos,
Paidós, Barcelona, 2000, pag. 85-95.
3
Ïbidem.
Etiquetas:
Autismo,
Biopolítica,
Psicoanálisis y neurociencias
miércoles, 14 de mayo de 2014
Sujetos autistas: El nuevo Golem del cognitivismo*- Primera Parte
* por Esteban Stringa
La importancia dada al cerebro como
asiento de las actividades mentales desde los años ´70 ha
medicalizado la psiquiatría. El conocimiento de lo real de una
enfermedad, construido con las relaciones del funcionamiento
neuro-bio-químico, ya no surge de la clínica sino de la dependencia
del síntoma respecto del ideal de lo real, de un real optimizado
como un funcionamiento y sometido al cálculo.1
Desde los años ´80 tanto el diagnóstico como el tratamiento se
centran en la insuficiencia respecto del funcionamiento antes que en
los conflictos que evoca la hipótesis del inconsciente.2
El autismo ha pasado de ser un cuadro caracterizado por
las dificultades de “interacción personal” y “adaptación
social” para convertirse en un “trastorno generalizado del
desarrollo” (neuro-bio-psico-…) referido a “déficits
cognitivos”.3
Una de las hipótesis respecto de su etiología se construyó a
partir de la detección, en un número pequeño de niños autistas,
de un incremento de los niveles periféricos de serotonina y de que
se sabía que es en los tres primeros años de vida cuando se da la
inervación serotoninérgica de la corteza cerebral y del sistema
límbico. Como hay evidencia de que la amígdala es una de las
estructuras límbicas ligada a procesos de aprendizaje y al
reconocimiento del significado emocional y social del lenguaje,
atribuyeron la etiología a su disfuncionamiento.4
Infieren que están implicados los mecanismos de neurotransmisión
serotoninérgicos de la amígdala aunque no se sepa cómo se llega a
esa perturbación por lo que, además de que para el mecanicismo
implícito en esta hipótesis es una grave falla que no haya una
proposición escrita de la causa, ningún tratamiento basado en este
conocimiento será causal.
Es con las técnicas de imagen usadas, tomografías o
resonancias magnéticas, que correlacionan, a partir de un
experimento “funcional”, una determinada imagen de una zona del
cerebro, como la amígdala, en la que predomina determinado signo
neurobioquímico, con la función que estaría en déficit. Las
correlaciones, medidas del grado de interdependencia existente entre
dos variables en un experimento aleatorio, no “miden” que un
valor sea causa del otro sino que sólo dicen que se dan al mismo
tiempo.5
Para el autismo, además, las correlaciones encontradas no se dan en
todos los casos. Aun así concluyen que si las imágenes encontradas
en algunos casos son las mismas, la causa sería la misma para todos.
1
Miller, J.-A., Curso de la Orientación Lacaniana: “El lugar y el
lazo”, inédito, clase del 21 de marzo de 2001.
2
Íbidem.
3
Mardomingo, M.J., “Neurobiología del espectrum autista”,
www.familianova-schola.com,
España, 2002.
4
Íbidem.
5
Rojas Lagarde, A., Bach, R.M., Introducción a la probabilidad y
estadística, EUCA, Bs.As., 1978, pag. 318-335.
Etiquetas:
Autismo,
Biopolítica,
Psicoanálisis y neurociencias
miércoles, 16 de octubre de 2013
TODOS A LA ESCUELA* - Última parte
*Por Laura Kiel
(Psicoanalista, Miembro de la EOL y de
la AMP, Coordinadora del Posgrado de Psicoanálisis con
Especialización en Educación de Causa Clínica, Coordinadora de la
Pasantía: Una práctica interdisciplinaria en el campo escolar,
Seretaria.Extensión, Facultad Psicología, UBA)
Para cerrar
La lectura de la demanda dirigida al integrador, un cálculo sobre la
propia posición del profesional, el reconocimiento de los recursos
defensivos propios del niño y la dimensión pulsional como
fundamento de la presencia perturbante del Otro son algunos de los
aportes del psicoanálisis que fueron construyendo a lo largo de
estos años las coordenadas de cada integración.
Etiquetas:
Autismo,
Clinica con niños,
Educación
miércoles, 9 de octubre de 2013
TODOS A LA ESCUELA* - Cuarta parte
*Por Laura Kiel (Psicoanalista, Miembro de la EOL y de la AMP,
Coordinadora del Posgrado de Psicoanálisis con Especialización en
Educación de Causa Clínica, Coordinadora de la Pasantía: Una
práctica interdisciplinaria en el campo escolar,
Seretaria.Extensión, Facultad Psicología, UBA)
Una viñeta, a modo de ejemplo.
Quiero hablar de un niño, al que llamaremos Juan, aún lo recuerdo
con esos ojos grandes que expresaban angustia pero no sostenían la
mirada, escondido debajo del escritorio de su maestra esquivando los
signos de la presencia del Otro, con un balanceo estereotipado y un
mutismo pertinaz, su mochila aún sobre sus espaldas y atento a la
puerta de salida.
La escuela consulta porque estábamos en setiembre y este niño
estaba cada vez más aislado del contexto y sumido en sus
estereotipias. ¿Cómo habíamos llegado hasta esta altura en estas
condiciones? Nadie podía darme algún dato relevante sobre los
primeros meses del año. Luego de un tiempo de entrevistas con la
directora, la maestra, los profesionales del Equipo de Orientación
Escolar, me encuentro con los cuadernos de Juan. Para mí sorpresa,
hasta junio se encontraban completos, prolijos y con buena letra.
¿Qué había pasado? Tenía que haber ocurrido algún suceso que
desencadenara esta desconexión. La suposición de un sentido para
lo que le ocurría a Juan finalmente llevó a la docente a realizar
una indiscreción. La docente (a la que le hubiera correspondido ese
primer grado pero a causa de Juan se le designó otro curso) le había
dicho casi al oído durante un recreo que si no dejaba de correr, le
iba a bajar los pantalones en el patio delante de todos los chicos
para que le vieran la cola y se burlaran de él. Juan salió
corriendo, se escondió en posición fetal y a partir de ahí no
puede volver a participar de los recreos ni a soportar ser mirado por
sus compañeros. La contingencia hizo que este niño se topara con
ese goce oscuro, sin velos, bajo la forma de esas prácticas de
crueldad ya repudiadas aunque no necesariamente abandonadas. Los
recursos con los que contaba Juan para sostenerse en la escuela y
seguramente en la vida, no le alcanzaron para hacer frente a ese mal
encuentro y estallaron en una multiplicación de ojos que lo
perseguían.
Sin ánimo de justificar ese gesto, es probable que esta docente no
pudiera anticipar el daño que le causaría a este niño, y también
suponemos que cientos de niños en sus años de docencia padecieron
tratos similares, solo que Juan se encontraba más indefenso. Un
recorrido por las aulas nos enfrentaría con los resabios de viejas
metodologías encarnadas aún en los docentes más jóvenes:
posiciones renegatorias de la propia falta, miradas aguzadas para
encontrar la falla a corregir en el alumno y modalidades de
enunciación imperativas.
El modelo escolar en su conjunto empuja a los niños con compromiso
emocional a lo peor.
La solución que pedían los docentes de esa escuela era un maestro
integrador para que mirara y siguiera a Juan todo el tiempo.
La persona que acompañara a este niño debía estar advertida de lo
perturbante que resultaba su presencia y encontrara el modo de
mostrarle a Juan que no necesitaba defenderse de ella. Pero para
esto, era imprescindible que pudiera reconocer los recursos que había
encontrado Juan para mantener al Otro a distancia. ¿Cómo lograr
que este niño dejara de destinar tanta energía para protegerse de
ese Otro que le resultaba invasivo y abusador? En lugar de sumar
sabíamos que se trataba de restar, restar presencias, voces,
miradas, todos los signos de esa presencia del Otro intolerable. La
dirección que orientaba esta intervención consistía en Hacerle a
Juan soportable el Otro.
¿Cómo intervenir sobre ese efecto de significación que arrojó a
este niño a esa posición de resto, de objeto coagulado en ese
significado inefable que le vino del Otro? Se trataba de evitar toda
presencia enunciativa, y tomar como referencia la orientación de
Lacan en el Seminario XI, la falta en el Otro la encuentra el sujeto
en la propia intimación que ejerce sobre él el Otro con su
discurso, “en los intervalos del discurso del Otro surge en la
experiencia del niño algo que se puede detectar en ellos
radicalmente –me dice eso, pero ¿qué quiere?”
Allí donde un integrador es llamado a responder, a completar, a
reponer sentido, se trataba de hacer lugar a una intimación y una
convocatoria al sujeto desde ese lugar de la falta misma, desde una
posición que sabe no saber. Posición en falta que permita a ese
niño dedicarse a su esfuerzo de invención que le permita alcanzar
ese arreglo posible entre el sujeto, su cuerpo y su palabra, tal como
plantea Jacques Alain Miller en su comentario
sobre el caso de una niña Ana en Aperiodico, Autismo I.
Etiquetas:
Autismo,
Clinica con niños,
Educación
miércoles, 2 de octubre de 2013
TODOS A LA ESCUELA* - Tercera parte
*Por Laura Kiel (Psicoanalista, Miembro de la EOL y de la AMP,
Coordinadora del Posgrado de Psicoanálisis con Especialización en
Educación de Causa Clínica, Coordinadora de la Pasantía: Una
práctica interdisciplinaria en el campo escolar,
Seretaria.Extensión, Facultad Psicología, UBA)
La paradoja del rol.
Tal como ya planteáramos, cada niño con su integradora es la
condición para ser “recibidos” en las escuelas. Se trata de
profesionales de distintas disciplinas -psicopedagogos, psicólogos
en su mayoría- que ingresan a los ámbitos escolares tomando a su
cargo un mandato que se esconde en los recovecos de una sintaxis
despojada de enunciación: que estos niños puedan y puedan igual que
el resto o en todo caso, si no pueden, que no se note tanto.
“Que la integradora le copie, lo saque del aula, lo ayude a
completar, se siente al lado, esté todo el tiempo, lo acompañe al
baño” son algunas de las frases que dan cuenta del lugar otorgado
a ese profesional.
Ya sea que esta demanda se exprese de manera más o menos explícita
o absolutamente inconsciente, el integrador suele ser llamado para
suturar, hacer desaparecer, borrar la dimensión de la imposibilidad
que estos niños hacen manifiesta.
Si el integrador se esfuerza por lograrlo, está reforzando o
empujando al niño a una posición de objeto, en tanto, ese punto de
imposibilidad es condición misma del sujeto. Los
puntos de imposible varían según los sistemas simbólicos y varían
según los mandatos y los significantes privilegiados que los
vehiculizan.
Es imprescindible, para plantear la orientación de trabajo,
reconocer bajo que términos se constituye ese punto de imposible en
la particularidad de cada intervención.
¿Cómo hacer uso de los semblantes para no responder linealmente a
la demanda del Otro sabiendo que ese mandato es imposible?
¿Cómo constituirse en ese Otro del niño que hace las veces de esa
garantía que la escuela reclama sin intervenir de manera
irrespetuosa y avasallante sobre sus posibilidades subjetivas? ¿Cómo
sostener el punto de imposibilidad interno al discurso educativo,
respetando esa dimensión del goce que va a permanecer
insociabilizable?
La apuesta consiste en que el profesional -orientado por el discurso
psicoanalítico- pueda construir las coordenadas lógicas que
orienten la integración. Y a su vez, que su posición le muestre al
docente un camino posible para acercarse a estos niños.
Etiquetas:
Autismo,
Clinica con niños,
Educación
miércoles, 25 de septiembre de 2013
TODOS A LA ESCUELA* - Segunda parte
*Por Laura Kiel (Psicoanalista, Miembro de la EOL y de la AMP,
Coordinadora del Posgrado de Psicoanálisis con Especialización en
Educación de Causa Clínica, Coordinadora de la Pasantía: Una
práctica interdisciplinaria en el campo escolar,
Seretaria.Extensión, Facultad Psicología, UBA)
Presentación
AUTISMO y ESCUELA, ambos conjuntos han sido históricamente
excluyentes, sin embargo hoy, esa intersección está creciendo de
manera exponencial, en procesos desprolijos; sin políticas escolares
orientadoras ni medidas públicas que anticipen o por lo menos
acompañen esos ingresos.
Los proyectos de integración constituyen un engranaje que conlleva
necesariamente a la patologización de los niños, quienes en muchos
casos, necesitan su certificado de discapacidad, la medicación
correspondiente para tranquilidad de todos y una maestra integradora
sin excepción, que los lleve de la mano para ingresar a las
escuelas. Resulta preocupante que se estén otorgando con tanta
liviandad diagnósticos de retraso madurativo o de trastornos del
lenguaje a niños que aún no alcanzan los dos años.
No se trata para mí de estadísticas ni legajos escolares sino de
recuerdos e imágenes de cientos de niños a los que conocí
recorriendo las escuelas y pude reconocer en sus movimientos y
balanceos, en sus miradas perdidas o esquivas, en sus cuerpos
agitados y a la defensiva, en esos deditos que se mueven al compás
de un sufrimiento profundo, en sus caminatas solitarias alrededor del
patio en los recreos, en sus capuchas puestas a modo de una armadura
protectora, en esos bunkers que a veces les permiten armar con bancos
para mantenerse a distancia del resto y por supuesto, también en la
inmanejable ferocidad con que en ocasiones se estrellan contra las
paredes o contra los cuerpos de los otros niños.
El Estado está cumpliendo con su deber de garantizar el derecho a la
educación a todos en la escuela común. Sin embargo, la lógica
bajo la cual lo intenta, introduce a los niños en una maquinaria
trituradora de sujetos en la medida que necesitan contar con su
certificado para ingresar a ese TODOS, y lo hacen precisamente, en
tanto “discapacitados”, aplastados bajo esa nomenclatura que los
congela.
A esta altura, ya estamos en condiciones de reconocer las
consecuencias para estos niños arrojados a dispositivos escolares
sin contemplación de su subjetividad por tendencias fundamentalistas
de empuje al Todo. Podríamos sintetizar esta perspectiva en el
siguiente dicho: “todo es poco, todo y más. Si se puede todo
porqué no?”. Reconocemos en este enunciado, la fórmula del
mandato superyoico actual. Porqué no?
No se trata solamente de disquisiciones teóricas; los efectos de
estas preguntas se hacen carne en los cuerpos de los niños
mortificados por una medicación como respuesta o los condena a
perder la dignidad en manos de las TCC transformándose en poco más
que ese perro de Pavlov que respondía a estímulos, reforzamientos,
adiestramientros de las conductas.
Frente a las prácticas intervencionistas, acciones directas, que van
desde los reforzamientos de las caritas tristes y la aplicación de
correctivos hasta el avance de la medicalización, los psicoanalistas
nos acercamos “al esfuerzo de cada sujeto por tratar su síntoma y
a su recepción en las instituciones que, sin nosotros, tendrían
tendencia a querer tratarlo como categoría”, al decir de E.
Laurent.1.
En general, la presencia de un profesional
orientado por el psicoanálisis lacaniano introduce cierta pausa y
moderación en los modos precipitados de intervenir en los ámbitos
escolares, pero en la particularidad de estos niños comprometidos en
su constitución subjetiva, esta presencia hace una diferencia
sustancial en tanto subvierte la lógica reinante y la posición de
los adultos.
Etiquetas:
Autismo,
Clinica con niños,
Educación
miércoles, 18 de septiembre de 2013
TODOS A LA ESCUELA* - Primera parte
*Por Laura Kiel (Psicoanalista, Miembro de la EOL y de la AMP,
Coordinadora del Posgrado de Psicoanálisis con Especialización en
Educación de Causa Clínica, Coordinadora de la Pasantía: Una
práctica interdisciplinaria en el campo escolar,
Seretaria.Extensión, Facultad Psicología, UBA)
Introducción
Agradezco esta oportunidad para transmitir mi preocupación por la
situación actual de muchísimos niños, que han sido ingresados o
mejor dicho, que están dentro de las escuelas comunes con ese
diagnóstico de amplio espectro conocido como TGD (Trastorno
Generalizado del Desarrollo).
A su vez, me gustaría compartir una inquietud que me acompaña hace
años: ¿qué tenemos para ofrecer los psicoanalistas a los docentes
a cargo de recibir y alojar a estos niños en las escuelas?
La experiencia que vengo realizando hace años en Educación me
brindó la oportunidad de acercar los aportes del
psicoanálisis a los ámbitos escolares; a su vez, ofreció la
ocasión a tantos docentes de verificar la eficacia y la potencia
del discurso analítico.
Etiquetas:
Autismo,
Clinica con niños,
Educación
Suscribirse a:
Entradas (Atom)