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miércoles, 6 de octubre de 2010
Otra (o) dieta - La diet A contra el Otro * - Última parte
* por Dra. Valeria Matzkin y Luciana Varela (“Centro El Colibrí”)
El obeso parecería ubicarse en una posición infantil, de aceptación a la demanda
estragante del Otro sin titubear, en el que la deseo queda reducido a la necesidad,
transformándose en objeto de goce, sujetos que no pueden hacer ninguna experiencia de la falta, ni en el sentido más simbólico (separarse del Otro, desear) ni en relación al vacío del estómago (el del obeso está siempre lleno). Las soluciones fallidas por cierto, al problema de la obesidad con cirugías, dietas o estudios científicos de tipo bioquímico, fracasan justamente al no tener en cuenta su dimensión psíquica, el sujeto rebajado al estatuto de objeto de la ciencia.
Es importante poder pensar por qué, dentro de un contexto social que empuja al
consumo excesivo, unos sujetos eligen la comida, otros las drogas y otros rechazan todo consumo. La relación del sujeto con la comida y con su cuerpo depende de su relación con el Otro, con la falta, el deseo y el goce. No se puede abordar seriamente el tratamiento de un problema vinculado a la alimentación y al cuerpo desconociendo lo que concierne a la subjetividad. Una paciente obesa, de 53 años en sus dichos da cuenta de esto:
“Mi madre me prohibía comer todo lo que a ella no le gustaba, y me hacía comer cosas grasosas que yo terminaba tirando cuando podía, sino me lo comía, no podía decir que no, es lo que me pasa ahora” “Me casé y me liberé y empecé a comer todo lo que quería y nadie me decía nada, comía a escondidas”. “Dormí hasta los 5 años de la mano de mi madre, nació mi hermana y volé, me soltó”.
Para ésta paciente, anudarse a un hombre que no le dice nada, como salida a la relación con este Otro infernal, fue una salida muy precaria.
Sólo en la medida en que el sujeto obeso pueda hacerse responsable de su posición podrá comenzar a cuestionar algo de esa plenitud que lo ahoga.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Otra (o) dieta - La diet A contra el Otro * - Cuarta parte
* por Dra. Valeria Matzkin y Luciana Varela (“Centro El Colibrí”)
¿Cómo se hace entonces para adelgazar?
“Quiero adelgazar” dicen los pacientes cuando arriban al tratamiento. Vienen de una cronicidad de dietas y de repetidos intentos de perder peso. Van de tratamiento en tratamiento buscando ayuda; buscando la DIETA y es así que con la dieta insostenible se boicotean los tratamientos. La dieta falla y la persona falla, se generan sentimientos de inutilidad y baja autoestima.
Que la dieta es el OBJETO DE FRACASO hacia los tratamientos. “Me dieron una dieta la colgué en la heladera, la seguí una semana y luego me canse”, “comía todo lo de la dieta, todo diet y luego me comía todo como si no me importara nada.” Se esta a dieta o se esta rompiendo la dieta estas son las dos modalidades que se maneja un dietante crónico. Se agota de tantos tratamientos fracasados, se desmotiva de tantos intentos de cambio fallido.
Adelgazar o bajar de peso no debe ser la prioridad. Porque cuando mas piensa que necesita bajar de peso menos lo logra. El bajar de peso viene acompañado con un cambio en el pensamiento y en la conducta. ¿Las dietas engordan? Sí, y es comun ver que personas obesas que siguen dietas terminar con un peso corporal mayor a las personas que nunca hicieron dietas.
El tratamiento alimentario basado en la recomposición del orden alimentario sin la
imposición del el concepto de dieta los libera del peso que marca la balanza. El peso corporal solo es un reflejo de la ingesta alimentaria. El control sobre lo que se come en oposición al descontrol de lo que pesa.
El no proporcionar una dieta establece un orden. ¿Como se puede pensar en cambios de la conducta, del estilo de vida si se comienza con una dieta? Reaprender a comer en un estilo sustentable; que rico lo que comí, lo valoro, lo hablo, lo elogio, lo registro, lo comparto. Por eso en nuestro tratamiento es libre de dietas y hacemos hincapié en el cambio de hábitos, en una alimentación sana, placentera, sin prohibiciones y en una vida activa incluyendo al ejercicio físico como base de la recuperación. Llenar espacios con otros intereses que no sean la comida.
Si la anoréxica “come nada”, el obeso tiene una boca que no termina de llenarse nunca. En ambos casos el sujeto hace un uso muy particular del alimento, transformándolo en un objeto de goce. El obeso es un sujeto que queda capturado en las redes de la demanda del Otro, en la dialéctica del consumo. No puede rechazar lo que el Otro le ofrece (al contrario que la anoréxica), lo cual implica decir no a su propio lugar como sujeto del deseo.
¿Cómo se hace entonces para adelgazar?
“Quiero adelgazar” dicen los pacientes cuando arriban al tratamiento. Vienen de una cronicidad de dietas y de repetidos intentos de perder peso. Van de tratamiento en tratamiento buscando ayuda; buscando la DIETA y es así que con la dieta insostenible se boicotean los tratamientos. La dieta falla y la persona falla, se generan sentimientos de inutilidad y baja autoestima.
Que la dieta es el OBJETO DE FRACASO hacia los tratamientos. “Me dieron una dieta la colgué en la heladera, la seguí una semana y luego me canse”, “comía todo lo de la dieta, todo diet y luego me comía todo como si no me importara nada.” Se esta a dieta o se esta rompiendo la dieta estas son las dos modalidades que se maneja un dietante crónico. Se agota de tantos tratamientos fracasados, se desmotiva de tantos intentos de cambio fallido.
Adelgazar o bajar de peso no debe ser la prioridad. Porque cuando mas piensa que necesita bajar de peso menos lo logra. El bajar de peso viene acompañado con un cambio en el pensamiento y en la conducta. ¿Las dietas engordan? Sí, y es comun ver que personas obesas que siguen dietas terminar con un peso corporal mayor a las personas que nunca hicieron dietas.
El tratamiento alimentario basado en la recomposición del orden alimentario sin la
imposición del el concepto de dieta los libera del peso que marca la balanza. El peso corporal solo es un reflejo de la ingesta alimentaria. El control sobre lo que se come en oposición al descontrol de lo que pesa.
El no proporcionar una dieta establece un orden. ¿Como se puede pensar en cambios de la conducta, del estilo de vida si se comienza con una dieta? Reaprender a comer en un estilo sustentable; que rico lo que comí, lo valoro, lo hablo, lo elogio, lo registro, lo comparto. Por eso en nuestro tratamiento es libre de dietas y hacemos hincapié en el cambio de hábitos, en una alimentación sana, placentera, sin prohibiciones y en una vida activa incluyendo al ejercicio físico como base de la recuperación. Llenar espacios con otros intereses que no sean la comida.
Si la anoréxica “come nada”, el obeso tiene una boca que no termina de llenarse nunca. En ambos casos el sujeto hace un uso muy particular del alimento, transformándolo en un objeto de goce. El obeso es un sujeto que queda capturado en las redes de la demanda del Otro, en la dialéctica del consumo. No puede rechazar lo que el Otro le ofrece (al contrario que la anoréxica), lo cual implica decir no a su propio lugar como sujeto del deseo.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Otra (o) dieta - La diet A contra el Otro * - Tercera parte
* por Dra. Valeria Matzkin y Luciana Varela (“Centro El Colibrí”)
El estar a dieta implica:
PROHIBICION cuando se pone a dieta se prohíben alimentos. La represión forzada trae aparejado un quiero comer más. Todo lo que se prohíbe se anhela, todo exceso se vivencia como infracción. Eliminar totalmente de la dieta ciertos alimentos, como los dulces, por ejemplo, y desearlos constantemente durante ese lapso. “Quiero adelgazar para poder comerme todo.”
DEPRESION cuando se abandonan los carbohidratos se produce en el cuerpo una alteración en un neurotrasmisor de la felicidad llamado serotonina que esta involucrado en la regulación del apetito. La baja de serotonina deprime, ¡el antitesis del gordito feliz! Por otro lado, se produce una ilusión de adelgazamiento porque los carbohidratos arrastran cuatro veces su peso de agua y al no ingerirlos ocurre una pseudodeshidratación que se restablece una vez que se incorporan otra vez en la alimentación.
DESBALANCE NUTRICIONAL. Si la alimentación es desequilibrada se pueden
ocasionar carencias de minerales, de vitaminas y otros nutrientes importantes. El gordo puede y suele estar desnutrido. Desnutrido por las inadecuadas selección de alimentos, por comer masivamente en los atracones, por repetidas dietas. Desnutrido de deseo????
PRODUCTOS DIETETICOS. Las dietas van acompañadas casi siempre por la ingesta de alimentos diet, bajo en calorías, hipograsos, reducidos en azúcar, etc. Estos alimentos juegas una encrucijada psicológica y muchos piensan que se pueden comer libremente. El hacer dieta puede alterar la actitud con la que normalmente se relaciona una persona con la comida. Los dietantes habituales se relajan y comen más cuando se ofrecen productos dietéticos y hasta pueden comer el equivalente o mas del mismo producto no dietético. Se puede llegar a comer un paquete de galletitas de salvado, gratificación no permitida con galletitas blancas. Nadie adelgaza comiendo light, diet, sugar-free, sin colesterol. El autoengaño del rótulo Light hace pensar que no engorda y en realidad es que tiene un significativamente inferior número de calorías. Se sacan las grasas se aumentan las proteínas y se terminan teniendo las mismas calorías.
EFECTO ATRACON Cuando se esta a dieta se experimenta un efecto de supresión del apetito, se toma la decisión de ir en contra de las señales de hambre y saciedad lo que ocasiona una desregulación del apetito. La cabeza dice una cosa y el cuerpo otra, es una lucha constante. “Y ya rompí la dieta…” El efecto es un comer compulsivo después de la restricción. De la dieta al atracón, en tanto impulsión que aparece al no poder responder a esa demanda, es ahí donde puede precipitarse la caída de la escena (pasaje al acto) como objeto que asegura la verdad del Otro.
EFECTO YO-YO característico del dietante crónico. “Me pongo a dieta, bajo de peso, como de mas, subo de peso, me pongo a dieta.” Los cambios de peso producen desequilibrios metabólicos, cambios en los niveles de colesterol, azúcar y otros en sangre y con sus posibles enfermedades asociadas. La restricción continua de alimentos conlleva a una mayor sensación de hambre, que además es constante, y el saldo es inevitable: volver a comer con culpa, y recuperar el peso perdido, y a veces incluso, algunos kilos más. Es lo que conocemos como "efecto rebote".
El estar a dieta implica:
PROHIBICION cuando se pone a dieta se prohíben alimentos. La represión forzada trae aparejado un quiero comer más. Todo lo que se prohíbe se anhela, todo exceso se vivencia como infracción. Eliminar totalmente de la dieta ciertos alimentos, como los dulces, por ejemplo, y desearlos constantemente durante ese lapso. “Quiero adelgazar para poder comerme todo.”
DEPRESION cuando se abandonan los carbohidratos se produce en el cuerpo una alteración en un neurotrasmisor de la felicidad llamado serotonina que esta involucrado en la regulación del apetito. La baja de serotonina deprime, ¡el antitesis del gordito feliz! Por otro lado, se produce una ilusión de adelgazamiento porque los carbohidratos arrastran cuatro veces su peso de agua y al no ingerirlos ocurre una pseudodeshidratación que se restablece una vez que se incorporan otra vez en la alimentación.
DESBALANCE NUTRICIONAL. Si la alimentación es desequilibrada se pueden
ocasionar carencias de minerales, de vitaminas y otros nutrientes importantes. El gordo puede y suele estar desnutrido. Desnutrido por las inadecuadas selección de alimentos, por comer masivamente en los atracones, por repetidas dietas. Desnutrido de deseo????
PRODUCTOS DIETETICOS. Las dietas van acompañadas casi siempre por la ingesta de alimentos diet, bajo en calorías, hipograsos, reducidos en azúcar, etc. Estos alimentos juegas una encrucijada psicológica y muchos piensan que se pueden comer libremente. El hacer dieta puede alterar la actitud con la que normalmente se relaciona una persona con la comida. Los dietantes habituales se relajan y comen más cuando se ofrecen productos dietéticos y hasta pueden comer el equivalente o mas del mismo producto no dietético. Se puede llegar a comer un paquete de galletitas de salvado, gratificación no permitida con galletitas blancas. Nadie adelgaza comiendo light, diet, sugar-free, sin colesterol. El autoengaño del rótulo Light hace pensar que no engorda y en realidad es que tiene un significativamente inferior número de calorías. Se sacan las grasas se aumentan las proteínas y se terminan teniendo las mismas calorías.
EFECTO ATRACON Cuando se esta a dieta se experimenta un efecto de supresión del apetito, se toma la decisión de ir en contra de las señales de hambre y saciedad lo que ocasiona una desregulación del apetito. La cabeza dice una cosa y el cuerpo otra, es una lucha constante. “Y ya rompí la dieta…” El efecto es un comer compulsivo después de la restricción. De la dieta al atracón, en tanto impulsión que aparece al no poder responder a esa demanda, es ahí donde puede precipitarse la caída de la escena (pasaje al acto) como objeto que asegura la verdad del Otro.
EFECTO YO-YO característico del dietante crónico. “Me pongo a dieta, bajo de peso, como de mas, subo de peso, me pongo a dieta.” Los cambios de peso producen desequilibrios metabólicos, cambios en los niveles de colesterol, azúcar y otros en sangre y con sus posibles enfermedades asociadas. La restricción continua de alimentos conlleva a una mayor sensación de hambre, que además es constante, y el saldo es inevitable: volver a comer con culpa, y recuperar el peso perdido, y a veces incluso, algunos kilos más. Es lo que conocemos como "efecto rebote".
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Otra (o) dieta - La diet A contra el Otro * - Segunda parte
* por Dra. Valeria Matzkin y Luciana Varela (“Centro El Colibrí”)
La dieta ofrece control. Persiste un intento de ordenamiento y del hacer algo simbólico como la dieta de la luna, la de la sopa, la dieta de emergencia del verano. Se ponen una fecha límite, se agenda la consigna: lunes dieta. Ordenan en lo simbólico algo que es de otro orden, ¿intento de cernir lo real? Sin generalizar, y siguiendo la pauta “del caso por caso” muchos pacientes psicóticos son obesos, cabe la pregunta entonces, si la obesidad, en estos casos es un intento de suplencia, un intento de anudamiento, un sinthome?, ubicada en lo que el psicoanálisis lacaniano concibe como psicosis ordinaria, o estamos
en el orden de la debilidad mental? En donde el cuerpo del sujeto y su madre es uno, sin intervalo significante, congelamiento, holofrase S1-S2 (significante amo-saber), y como consecuencia no hay estatuto de síntoma sino más bien del orden del fenómeno psicosomático, recorte real del cuerpo, rechazo al inconsciente.
Hacer dieta denota renunciar al placer que brinda una comida que nos gusta. Hacer dieta significa renunciar al goce. ¿Y qué mas me puede dar la vida si me quitan el goce?
Podría pensarse entonces la dieta como un intento de acotamiento de ese goce autista, goce mortífero del obeso, goce cuya cede privilegiada es el cuerpo, que al ser atravesado por el significante, lo separa y lo vuelve cuerpo de deseo, que los objetos plus de goce, semblantes del objeto a - ese resto caído de la operación en la que el sujeto es atravesado por la castración en su relación al Otro-, es que estos objetos intentan recuperar ese goce perdido.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Otra (o) dieta - La diet A contra el Otro * - Primera Parte
* por la Dra. Valeria Matzkin y Luciana Varela del "Centro El Colibrí"
La cultura actual esta plagada de oferta de dietas, de tratamientos, de formas de adelgazar, de drogas que reducen el apetito, de ejercicios etc. Acumular, poseer, tener, son valores actuales de la sociedad que ENGORDAN. El gordo esta mal visto, esta en fuera de moda, en desuso. Frecuentemente considerado un vago que busca soluciones rápidas, mágicas y efímeras como una dieta.
Y el gordo se ocupa, consume tratamientos y consume dietas. La dieta trascurre, la grasa perdura. Estar a dieta es un estado no un habito perdurable. Pasar de un estado a otro: de comer nada a comerse todo. El otro extremo de la dieta es la indulgencia. Si hay creencia de dieta existe su polaridad la voracidad, la impulsión y la compulsión, lo desanudado de la pulsión, una sustitución que hace la comida, al síntoma. Por eso es tan difícil hablar de moderación en estos casos.
Ayunar durante varios días o comer muy poco. Comer Nada. La versión anoréxica, ese comer nada, “ese apetito de muerte”, fijación de goce, goce opaco, silencioso, como intento fallido de preservar su deseo ante el estrago materno, cuerpo hecho falo…un poco flaco, pero falo al fín. Ya sabemos con la clínica actual, las consecuencias de la carencia de significación fálica y no solo al modo de las psicosis, síntomas opacos que no demandan interpretación, siendo pura repetición al Otro.
La cultura actual esta plagada de oferta de dietas, de tratamientos, de formas de adelgazar, de drogas que reducen el apetito, de ejercicios etc. Acumular, poseer, tener, son valores actuales de la sociedad que ENGORDAN. El gordo esta mal visto, esta en fuera de moda, en desuso. Frecuentemente considerado un vago que busca soluciones rápidas, mágicas y efímeras como una dieta.
Y el gordo se ocupa, consume tratamientos y consume dietas. La dieta trascurre, la grasa perdura. Estar a dieta es un estado no un habito perdurable. Pasar de un estado a otro: de comer nada a comerse todo. El otro extremo de la dieta es la indulgencia. Si hay creencia de dieta existe su polaridad la voracidad, la impulsión y la compulsión, lo desanudado de la pulsión, una sustitución que hace la comida, al síntoma. Por eso es tan difícil hablar de moderación en estos casos.
Ayunar durante varios días o comer muy poco. Comer Nada. La versión anoréxica, ese comer nada, “ese apetito de muerte”, fijación de goce, goce opaco, silencioso, como intento fallido de preservar su deseo ante el estrago materno, cuerpo hecho falo…un poco flaco, pero falo al fín. Ya sabemos con la clínica actual, las consecuencias de la carencia de significación fálica y no solo al modo de las psicosis, síntomas opacos que no demandan interpretación, siendo pura repetición al Otro.
miércoles, 10 de marzo de 2010
ESTUDIOS PRELIMINARES SOBRE LA ANOREXIA Y BULIMIA EN LOS PRIMEROS ESCRITOS FREUDIANOS * - Última parte
* Este trabajo fue presentado en la XV Jornada de Investigación y el Cuarto Encuentro de Investigadores del Mercosur (Buenos Aires-2008) por:
Edit Beatriz Tendlarz – Osvaldo Rafael Rodríguez– Alicia Donghi - Ezequiel Weitzman - Gastón Gómez
En el texto “Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad” Freud nos transmite, más detalladamente y en una serie de pasos, cómo se produce un síntoma histérico. Primero, está la práctica autoerótica destinada a la ganancia de goce de una zona erógena del cuerpo (el chupeteo de Dora en nuestro caso). Segundo, se produce una soldadura entre ésta con “una representación-deseo tomada del círculo del amor de objeto” (Freud, 1908: 143) (Dora chupándose el pulgar mientras que acariciaba la oreja de su hermano). De esta manera, la fantasía (3) (Freud, 1897: 288) le brinda una escena y un objeto (fijación de objeto a la modalidad pulsional) a la práctica autoerótica (goce pulsional) para la realización de deseo enmarcándose en el campo del principio de placer. Y tercero, el tiempo de la represión con la renuncia “a esta clase de satisfacción masturbatoria y fantaseada, la fantasía misma (…) deviene inconsciente” (Freud, 1908: 143).
Concluye señalando que “si no se introduce otra modalidad de la satisfacción sexual, si la persona permanece en la abstinencia y no consigue sublimar su libido, vale decir, desviar la excitación sexual hacia una meta superior, está dada la condición para que la fantasía inconsciente se refresque, prolifere y se abra paso como síntoma patológico” (Freud, 1908: 143).
En la conferencia 23 titulada “Los caminos de la formación de síntoma”, menciona cómo se producen los síntomas neuróticos. Freud desarrolla la causa de esa producción. Sostiene que las personas “enferman a raíz de una frustración cualquiera, cuando la realidad les escatima la satisfacción de sus deseos sexuales” (Freud, 1916/1917: 274). La libido insatisfecha, rechazada por la realidad, tiene que buscar otros caminos para su satisfacción. Es por el camino de la regresión que “la libido es cautivada por la fijación que ella ha dejado tras sí en esos lugares de su desarrollo” (Freud, 1916/1917: 327).
Estos puntos de fijación no son otra cosa que las fantasías que soportan y fijan una modalidad de satisfacción pulsional, que ha sido resignada en su momento -pero no por completo. Allí Freud se pregunta y se contesta: “¿Cómo encuentra la libido el camino hacia esos lugares de fijación? Bien; todos los objetos y orientaciones de la libido resignados no lo han sido todavía por completo. Ellos o sus retoños son retenidos aún con cierta intensidad en las representaciones de la fantasía. La libido no tiene más que volver a las fantasías para hallar expedito desde ellas el camino a cada fijación reprimida. Estas fantasías gozan de cierta tolerancia (…)” (Freud, 1916/1917: 340). Recordemos el valor de “poetizaciones protectoras” que le brinda Freud a las fantasías. ¿Ante qué las fantasías gozan de cierta tolerancia? Podría decirse que es ante la satisfacción de la pulsión. Se llega al conflicto y, en el mejor de los casos, a la formación del síntoma, si se cumple una “condición de naturaleza cuantitativa” (4), (Freud, 1916/1917: 340), cuando esta regresión de la libido –por una frustración que le impone la realidad a la satisfacción sexual- causa una sobreinvestidura en la fantasía que “se eleva tanto que ellas se vuelven exigentes, desarrollan un esfuerzo, orientado hacia la realización” (Freud, 1916/1917: 340).
Con estas conceptualizaciones retomamos el síntoma anoréxico –histérico- que presenta Dora. Este síntoma aparece después de la escena del beso con el Sr. K. Esta vivencia produce un desprendimiento de displacer por la tendencia a la realización de la fantasía (sobreinvestidura de la fantasía) que enmarcaba su goce pulsional dentro del principio del placer, dejándola sin recursos, a solas en el encuentro con la pulsión oral. Así se constituye el síntoma del asco frente a los alimentos como una formación de compromiso ante la irrupción pulsional más allá del principio del placer.
“El síntoma repite de algún modo aquella modalidad de satisfacción de su temprana infancia (…)” (Freud, 1916/1917: 333), en la cual está implicada la satisfacción de la pulsión oral y la boca como zona erógena privilegiada, cristalizándose en la práctica sexual del chupeteo. Afirma a continuación: “Esta satisfacción está desfigurada por la censura que nace del conflicto, por regla general volcada a una sensación de sufrimiento y mezclada con elementos que provienen de la ocasión que llevó a contraer la enfermedad (…)” (Freud, 1916/1917: 333) El asco es producto de la represión por “la desautorización de lo sexual” que surgió en la escena del beso.
De esta manera es que pensamos este síntoma anoréxico de Dora como un síntoma neurótico, es decir como un sustituto de las satisfacciones sexuales (Freud, 1916/1917: 274.)
A partir del estudio de los primeros textos de la obra de Freud, se derivan conclusiones en relación con la presencia de síntomas anoréxicos y bulímicos tanto en las neurosis actuales (neurastenia y neurosis de angustia) como en las psiconeurosis (en este caso, la histeria).
Es interesante destacar la manera en que la que Freud se ocupa del cuerpo a lo largo del estudio de los diferentes historiales.
________________________________________
Notas
(1) Se observa en el historial cómo Freud va dejando atrás la concepción del trauma sexual como una vivencia realmente acontecida por la práctica sexual infantil, modificando así la concepción sobre el mecanismo de formación del síntoma histérico. Estos “…ya no aparecían más como retoños directos de los recuerdos reprimidos de vivencias sexuales infantiles, sino que entre los síntomas y las impresiones infantiles se intercalaban las fantasías (invenciones de recuerdos) de los enfermos (…) Tras esta enmienda, los «traumas sexuales infantiles» fueron sustituidos en cierto sentido por el «infantilismo de la sexualidad»”. (Freud, 1906 (1905): 266).
(2) “Dora conservaba clara en la memoria una imagen de sus años de infancia: estaba sentada en el suelo, en un rincón, chupándose el pulgar de la mano izquierda, mientras con la derecha daba tironcitos al lóbulo de la oreja de su hermano, que estaba ahí quieto, sentado” (Freud, 1905 (1901): 46-7)
(3) Ya temprano en su obra, Freud le da cualidad de “poetizaciones protectoras” a las fantasías.
(4) Recordemos que en la conferencia 18 “La fijación al trauma, lo inconsciente”, Freud le adjudica un factor económico al trauma: “La aplicamos a una vivencia que en breve lapso provoca en la vida anímica un exceso tal en la intensidad de estímulo que su tramitación o finiquitación (Aufarbeitung) por las vías habituales y normales fracasa, de donde por fuerza resultan trastornos duraderos para la economía energética”. (Freud, 1916/1917: 252, 340, 333, 274.)
Bibliografía:
S. Freud: 1896a, “Manuscrito K. Las neurosis de defensa”, AE 1.
S. Freud: 1896b, “La herencia y la etiología de las neurosis”; AE 3.
S. Freud: 1893, “Carta 14”, AE 1.
S. Freud: 1894, “Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de neurosis de angustia”, AE 3.
S. Freud: 1893-95a, “Estudios sobre la histeria (J. Breuer y S. Freud)”, AE 2.
S. Freud: 1893-95b, (Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos: comunicación preeliminar (Breuer y Freud), AE 2.
S. Freud: 1905 (1901), “Fragmento de análisis de un caso de histeria (Dora)”, AE 7.
S. Freud: 1905, “Tres ensayos de teoría sexual”, AE 7.
S. Freud: 1908, “Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad”, AE 9.
S. Freud: 1897, “Carta 61”, AE 1.
S. Freud: 1895, “Manuscrito G. Melancolía”, AE 1.
S. Freud: 1917 (1915), “Duelo y melancolía”, AE 14.
S. Freud: 1906 (1905), “Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis”, AE 7.
S. Freud: 1916/1917, “Conferencias de introducción al psicoanálisis (Parte III)”, AE 16
miércoles, 3 de marzo de 2010
ESTUDIOS PRELIMINARES SOBRE LA ANOREXIA Y BULIMIA EN LOS PRIMEROS ESCRITOS FREUDIANOS* - Segunda Parte
* Este trabajo fue presentado en la XV Jornada de Investigación y el Cuarto Encuentro de Investigadores del Mercosur (Buenos Aires-2008) por:
Edit Beatriz Tendlarz – Osvaldo Rafael Rodríguez– Alicia Donghi - Ezequiel Weitzman - Gastón Gómez
Avanzando en estas cuestiones se podrá pesquisar la incidencia en estos síntomas de la boca como zona erógena y de la pulsión oral. En el Manuscrito K (Freud 1896a: 260 a 269) Freud plantea que “Debemos sumirnos hasta lo profundo del enigma psicológico si pretendemos inquirir de dónde proviene el displacer que una estimulación sexual prematura está destinada a desprender, y sin el cual no se explicaría una represión {esfuerzo de desalojo}. La respuesta más inmediata invocará que vergüenza y moralidad son las fuerzas represoras, y que la vecindad natural de los órganos sexuales infaltablemente despertará también asco a raíz de la vivencia sexual (...) Mi opinión es que dentro de la vida sexual tiene que existir una fuente independiente de desprendimiento de displacer; presente ella, puede dar vida a las percepciones de asco, prestar fuerza a la moral, etcétera” (Freud, 1896a: 261/2) Pensamos esta fuente de desprendimiento de displacer como un antecedente del concepto de pulsión –siendo en este texto el núcleo de las neurosis de angustia-, y lo que nombra como órganos sexuales un antecedente de las zonas erógenas; la sexualidad infantil, como traumática (Freud, 1896a: 260).
Con estos antecedentes tomaremos ahora el caso Dora para avanzar en nuestra investigación. Dora presenta -entre otros síntomas histéricos- un síntoma anoréxico. Tal como Freud lo describe en un pasaje del historial “comía mal y confesaba cierta repugnancia por los alimentos” (Freud, 1905 (1901): 27). Aunque Freud en primera instancia reconduce este síntoma a la escena del beso con el señor K que Dora relata que, con efecto retardado (nachträglich), produce un desprendimiento de displacer que se trasluce por desplazamiento en el sentimiento de asco, sin embargo va a discernir la causa de este síntoma a otro factor (1): “En lugar de la sensación genital que en tales circunstancias una muchacha sana no habría dejado de sentir, le sobreviene la sensación de displacer propia de la mucosa del tramo de entrada del aparato digestivo, vale decir, el asco. Sin duda, influyó sobre esta localización la excitación de los labios por el beso; pero yo creo discernir también el efecto de otro factor.” (Freud, 1905 (1901): 27.)
Freud menciona en el apartado “La pulsión sexual en los neuróticos” de “Tres ensayos...” los factores (“el efecto de otro factor”) en la conformación de un síntoma histérico (Freud, 1905, 149/50)
• El carácter constitucional esencial en la histeria en “el despliegue hiperpotente (übermächtig) de la pulsión”
• Sitúa el recurso a la enfermedad “entre el esforzar de la pulsión y la acción contrarrestante de la desautorización sexual”
• En la represión, “un aumento de las resistencias a la pulsión sexual, resistencias que conocimos como vergüenza, asco y moral.”
Y en el caso Dora (Freud, 1905 (1901): 37, 42, 100) menciona acerca del síntoma que:
• “No puede producirse sin cierta solicitación (transacción) somática brindada por un proceso normal o patológico en el interior de un órgano del cuerpo” Es decir, el grano de arena (neurosis de angustia) en todo síntoma neurótico;
• Para que se conforme un síntoma propiamente histérico es necesario un sentido psíquico, que le es soldado en un segundo tiempo; postula una fórmula con validez universal “un síntoma significa la figuración –realización- de una fantasía de contenido sexual, vale decir, de una situación sexual” y que “los fenómenos patológicos son, dicha y llanamente, la práctica sexual de los enfermos.”
Aclaremos que tomamos este síntoma anoréxico siguiendo la misma línea de los otros síntomas que presenta Dora (tos y afonía), es decir, dando cuenta de la misma fantasía inconsciente en la cual se sostiene, en su sentido sexual y en la modalidad pulsional que está en juego.
Freud menciona que Dora había sido en su infancia una chupeteadora (2): “La intensa activación de esta zona erógena a temprana edad es, por tanto, la condición para la posterior solicitación somática de parte del tracto de mucosa que empieza en los labios” (Freud, 1905 (1901): 47).
Este quehacer infantil (sexual) proporciona la precondición somática para la creación de una fantasía. Dora, con su tos, representaba una fantasía (perversa) cuyo contenido refiere a una situación de satisfacción sexual oral en relación con el padre y la Sra. K (fellatio): “Así, esta fantasía perversa de la succión del pene, desde todo punto de vista chocante, tiene el más inocente origen; es la nueva versión de una impresión que ha de llamarse prehistórica, la de la succión del pecho de la madre o de la nodriza” (Freud, 1905 (1901): 46 y 47.)
En “Tres ensayos...” menciona la actividad del chupeteo “como una exteriorización sexual (...) de la práctica sexual infantil” (Freud, 1905: 164), siendo una práctica autoerótica que se satisface en el mismo cuerpo (meta de la pulsión) ya que no está dirigida a otra persona, y que la pulsión nace primero apuntalándose en las necesidades vitales y sólo luego se divorcia de ella: “Quien vea a un niño saciado adormecerse en el pecho materno, con sus mejillas sonrosadas y una sonrisa beatífica, no podrá menos que decirse que este cuadro sigue siendo decisivo también para la expresión de la satisfacción sexual en la vida posterior. La necesidad de repetir la satisfacción sexual se divorcia entonces de la necesidad de buscar alimento”. En esta práctica “está constitucionalmente reforzado el valor erógeno de la zona de los labios” (fuente pulsional). Más adelante dice: “Pero si sobreviene la represión, sentirán asco frente a la comida y producirán vómitos histéricos (recordemos al asco como un dique psíquico producto de la represión inhibiendo el camino de la pulsión sexual) (Freud, 1905: 161 y 164/5).
Siendo la zona labial un campo de acción recíproca {Gemeinsamkeit}, la represión invadirá la pulsión de nutrición. Muchas de mis pacientes con trastornos alimentarios, globus hystericus, estrangulamiento de la garganta y vómitos, fueron en sus años infantiles enérgicas chupeteadoras.” (Freud, 1905: 165).
Edit Beatriz Tendlarz – Osvaldo Rafael Rodríguez– Alicia Donghi - Ezequiel Weitzman - Gastón Gómez
Avanzando en estas cuestiones se podrá pesquisar la incidencia en estos síntomas de la boca como zona erógena y de la pulsión oral. En el Manuscrito K (Freud 1896a: 260 a 269) Freud plantea que “Debemos sumirnos hasta lo profundo del enigma psicológico si pretendemos inquirir de dónde proviene el displacer que una estimulación sexual prematura está destinada a desprender, y sin el cual no se explicaría una represión {esfuerzo de desalojo}. La respuesta más inmediata invocará que vergüenza y moralidad son las fuerzas represoras, y que la vecindad natural de los órganos sexuales infaltablemente despertará también asco a raíz de la vivencia sexual (...) Mi opinión es que dentro de la vida sexual tiene que existir una fuente independiente de desprendimiento de displacer; presente ella, puede dar vida a las percepciones de asco, prestar fuerza a la moral, etcétera” (Freud, 1896a: 261/2) Pensamos esta fuente de desprendimiento de displacer como un antecedente del concepto de pulsión –siendo en este texto el núcleo de las neurosis de angustia-, y lo que nombra como órganos sexuales un antecedente de las zonas erógenas; la sexualidad infantil, como traumática (Freud, 1896a: 260).
Con estos antecedentes tomaremos ahora el caso Dora para avanzar en nuestra investigación. Dora presenta -entre otros síntomas histéricos- un síntoma anoréxico. Tal como Freud lo describe en un pasaje del historial “comía mal y confesaba cierta repugnancia por los alimentos” (Freud, 1905 (1901): 27). Aunque Freud en primera instancia reconduce este síntoma a la escena del beso con el señor K que Dora relata que, con efecto retardado (nachträglich), produce un desprendimiento de displacer que se trasluce por desplazamiento en el sentimiento de asco, sin embargo va a discernir la causa de este síntoma a otro factor (1): “En lugar de la sensación genital que en tales circunstancias una muchacha sana no habría dejado de sentir, le sobreviene la sensación de displacer propia de la mucosa del tramo de entrada del aparato digestivo, vale decir, el asco. Sin duda, influyó sobre esta localización la excitación de los labios por el beso; pero yo creo discernir también el efecto de otro factor.” (Freud, 1905 (1901): 27.)
Freud menciona en el apartado “La pulsión sexual en los neuróticos” de “Tres ensayos...” los factores (“el efecto de otro factor”) en la conformación de un síntoma histérico (Freud, 1905, 149/50)
• El carácter constitucional esencial en la histeria en “el despliegue hiperpotente (übermächtig) de la pulsión”
• Sitúa el recurso a la enfermedad “entre el esforzar de la pulsión y la acción contrarrestante de la desautorización sexual”
• En la represión, “un aumento de las resistencias a la pulsión sexual, resistencias que conocimos como vergüenza, asco y moral.”
Y en el caso Dora (Freud, 1905 (1901): 37, 42, 100) menciona acerca del síntoma que:
• “No puede producirse sin cierta solicitación (transacción) somática brindada por un proceso normal o patológico en el interior de un órgano del cuerpo” Es decir, el grano de arena (neurosis de angustia) en todo síntoma neurótico;
• Para que se conforme un síntoma propiamente histérico es necesario un sentido psíquico, que le es soldado en un segundo tiempo; postula una fórmula con validez universal “un síntoma significa la figuración –realización- de una fantasía de contenido sexual, vale decir, de una situación sexual” y que “los fenómenos patológicos son, dicha y llanamente, la práctica sexual de los enfermos.”
Aclaremos que tomamos este síntoma anoréxico siguiendo la misma línea de los otros síntomas que presenta Dora (tos y afonía), es decir, dando cuenta de la misma fantasía inconsciente en la cual se sostiene, en su sentido sexual y en la modalidad pulsional que está en juego.
Freud menciona que Dora había sido en su infancia una chupeteadora (2): “La intensa activación de esta zona erógena a temprana edad es, por tanto, la condición para la posterior solicitación somática de parte del tracto de mucosa que empieza en los labios” (Freud, 1905 (1901): 47).
Este quehacer infantil (sexual) proporciona la precondición somática para la creación de una fantasía. Dora, con su tos, representaba una fantasía (perversa) cuyo contenido refiere a una situación de satisfacción sexual oral en relación con el padre y la Sra. K (fellatio): “Así, esta fantasía perversa de la succión del pene, desde todo punto de vista chocante, tiene el más inocente origen; es la nueva versión de una impresión que ha de llamarse prehistórica, la de la succión del pecho de la madre o de la nodriza” (Freud, 1905 (1901): 46 y 47.)
En “Tres ensayos...” menciona la actividad del chupeteo “como una exteriorización sexual (...) de la práctica sexual infantil” (Freud, 1905: 164), siendo una práctica autoerótica que se satisface en el mismo cuerpo (meta de la pulsión) ya que no está dirigida a otra persona, y que la pulsión nace primero apuntalándose en las necesidades vitales y sólo luego se divorcia de ella: “Quien vea a un niño saciado adormecerse en el pecho materno, con sus mejillas sonrosadas y una sonrisa beatífica, no podrá menos que decirse que este cuadro sigue siendo decisivo también para la expresión de la satisfacción sexual en la vida posterior. La necesidad de repetir la satisfacción sexual se divorcia entonces de la necesidad de buscar alimento”. En esta práctica “está constitucionalmente reforzado el valor erógeno de la zona de los labios” (fuente pulsional). Más adelante dice: “Pero si sobreviene la represión, sentirán asco frente a la comida y producirán vómitos histéricos (recordemos al asco como un dique psíquico producto de la represión inhibiendo el camino de la pulsión sexual) (Freud, 1905: 161 y 164/5).
Siendo la zona labial un campo de acción recíproca {Gemeinsamkeit}, la represión invadirá la pulsión de nutrición. Muchas de mis pacientes con trastornos alimentarios, globus hystericus, estrangulamiento de la garganta y vómitos, fueron en sus años infantiles enérgicas chupeteadoras.” (Freud, 1905: 165).
miércoles, 24 de febrero de 2010
ESTUDIOS PRELIMINARES SOBRE LA ANOREXIA Y BULIMIA EN LOS PRIMEROS ESCRITOS FREUDIANOS * - Primera parte
* Este trabajo fue presentado en la XV Jornada de Investigación y el Cuarto Encuentro de Investigadores del Mercosur (Buenos Aires-2008) por:
Edit Beatriz Tendlarz – Osvaldo Rafael Rodríguez– Alicia Donghi -
Ezequiel Weitzman - Gastón Gómez
En los primeros escritos de Freud encontramos en las distintas neurosis y en la melancolía síntomas anoréxicos y bulímicos, relacionándolos con perturbaciones en la práctica sexual actual de los pacientes en la neurastenia y en la neurosis de angustia; en la histeria cuando la defensa se dirige contra una/s representaciones de tinte sexual que producen un desprendimiento de displacer; con una pérdida de libido en la melancolía; y más tarde cuando conceptualiza la pulsión con la modalidad pulsional y la zona erógena en juego.Por ejemplo, Freud comenta un caso de neurastenia (que se caracteriza por un empobrecimiento libidinal) en un hombre de 34 años que desde hace tres está inapetente y que ha perdido veinte kilos, “un hombre de potencia sólo moderada, frígido” (Freud, 1896). Se puede pensar en este caso la presencia de un síntoma anoréxico. Con respecto a la neurosis de angustia, Freud elabora una extensa sintomatología clínica en la cual menciona varias veces los “ataques de hambre insaciable y vómitos” (Freud, 1894: 92 a 99) que se pueden ubicar más del lado de un síntoma bulímico. La especificidad de estas neurosis (llamadas luego “neurosis actuales”) se encuentra en “un desorden de la vida sexual actual” (Freud, 1896b: 149.), y en que no se produce una tramitación psíquica de la tensión sexual, diferenciándose así de la histeria. Aunque la sintomatología de estas tres neurosis sea semejante, Freud las diferencia unas de otras por un empobrecimiento de excitación (neurastenia) y una acumulación de excitación (neurosis de angustia), en tanto que ésta última se diferencia de la histeria en que: “…aquí como allí, en vez de un procesamiento psíquico interviene una desviación de la excitación hacia lo somático; la diferencia reside meramente en que la excitación en cuyo desplazamiento {descentramiento} se exterioriza la neurosis es puramente somática en la neurosis de angustia (la excitación sexual somática), mientras que en la histeria es psíquica (provocada por un conflicto)” (Freud, 1894: 114) Hay varias referencias de síntomas anoréxicos relacionados con el asco ante los alimentos en la histeria, como son los casos de Anna O., Emmy von N. y Dora entre otros. En Anna O. ubicamos algunos fragmentos: “Ahora se rehusaba por completo a comer; pero permitió que yo la alimentara, de suerte que su nutrición fue en rápido aumento. Después que se le suministraba comida, nunca omitía lavarse la boca, y lo hacía también cuando por una razón cualquiera no había comido nada”. O “La paciente sufrió mucho a causa de la sed; entonces, y sin que pudiera indicar razón alguna, de pronto se le volvió imposible beber. Tomaba en su mano el ansiado vaso de agua, pero tan pronto lo tocaban sus labios, lo arrojaba de sí como si fuera una hidrofóbica” (Freud, 1893-95a: 52.)En el caso de Emmy von N., Freud comenta, sobre la anorexia de nuestra enferma: “Si come apenas es porque no gusta de hacerlo; y no puede obtener gusto alguno del comer porque ese acto está en ella enlazado de antiguo con recuerdos de asco, cuyo monto de afecto no ha experimentado todavía aminoración alguna” (Freud, 1893- 95 a 108). Freud indica que la paciente tiene pensamientos referidos a que se le iba a arruinar el estómago por tomar agua mineral. Se producía el levantamiento de estos síntomas (tanto en Anna O como en Emmy von N.) cuando se reconducían a vivencias traumáticas pasadas y el paciente lograba convocar el afecto que había quedado estrangulado en esas vivencias y expresarlo en palabras, por medio de la abreacción o por sugestión médica (Freud, 1893-95b: 29 a 43.) Así la hidrofobia de Anna O. se levantó cuando, en estado de hipnosis, relató una vivencia que le produjo repugnancia al ver a un perro beber de un vaso (Freud, 1893-95a: 58.) Y la anorexia de Emmy von N. al relatar que de niña, cuando se portaba mal en la mesa y no quería comer, la madre le hacía comer luego de dos horas el mismo plato de carne pero ahora fría. Ella sostiene que ver la grasa rígida le producía asco.
Llama la atención que Freud ya en 1895 se estuviese ocupando de cuestiones del cuerpo, cuidándolo de alguna manera. Refiriéndose a Emma, dice: “Prohibí que arrojara al jardín el postre. Ella todos los días lo tiraba, era un ritual.”
Edit Beatriz Tendlarz – Osvaldo Rafael Rodríguez– Alicia Donghi -
Ezequiel Weitzman - Gastón Gómez
En los primeros escritos de Freud encontramos en las distintas neurosis y en la melancolía síntomas anoréxicos y bulímicos, relacionándolos con perturbaciones en la práctica sexual actual de los pacientes en la neurastenia y en la neurosis de angustia; en la histeria cuando la defensa se dirige contra una/s representaciones de tinte sexual que producen un desprendimiento de displacer; con una pérdida de libido en la melancolía; y más tarde cuando conceptualiza la pulsión con la modalidad pulsional y la zona erógena en juego.Por ejemplo, Freud comenta un caso de neurastenia (que se caracteriza por un empobrecimiento libidinal) en un hombre de 34 años que desde hace tres está inapetente y que ha perdido veinte kilos, “un hombre de potencia sólo moderada, frígido” (Freud, 1896). Se puede pensar en este caso la presencia de un síntoma anoréxico. Con respecto a la neurosis de angustia, Freud elabora una extensa sintomatología clínica en la cual menciona varias veces los “ataques de hambre insaciable y vómitos” (Freud, 1894: 92 a 99) que se pueden ubicar más del lado de un síntoma bulímico. La especificidad de estas neurosis (llamadas luego “neurosis actuales”) se encuentra en “un desorden de la vida sexual actual” (Freud, 1896b: 149.), y en que no se produce una tramitación psíquica de la tensión sexual, diferenciándose así de la histeria. Aunque la sintomatología de estas tres neurosis sea semejante, Freud las diferencia unas de otras por un empobrecimiento de excitación (neurastenia) y una acumulación de excitación (neurosis de angustia), en tanto que ésta última se diferencia de la histeria en que: “…aquí como allí, en vez de un procesamiento psíquico interviene una desviación de la excitación hacia lo somático; la diferencia reside meramente en que la excitación en cuyo desplazamiento {descentramiento} se exterioriza la neurosis es puramente somática en la neurosis de angustia (la excitación sexual somática), mientras que en la histeria es psíquica (provocada por un conflicto)” (Freud, 1894: 114) Hay varias referencias de síntomas anoréxicos relacionados con el asco ante los alimentos en la histeria, como son los casos de Anna O., Emmy von N. y Dora entre otros. En Anna O. ubicamos algunos fragmentos: “Ahora se rehusaba por completo a comer; pero permitió que yo la alimentara, de suerte que su nutrición fue en rápido aumento. Después que se le suministraba comida, nunca omitía lavarse la boca, y lo hacía también cuando por una razón cualquiera no había comido nada”. O “La paciente sufrió mucho a causa de la sed; entonces, y sin que pudiera indicar razón alguna, de pronto se le volvió imposible beber. Tomaba en su mano el ansiado vaso de agua, pero tan pronto lo tocaban sus labios, lo arrojaba de sí como si fuera una hidrofóbica” (Freud, 1893-95a: 52.)En el caso de Emmy von N., Freud comenta, sobre la anorexia de nuestra enferma: “Si come apenas es porque no gusta de hacerlo; y no puede obtener gusto alguno del comer porque ese acto está en ella enlazado de antiguo con recuerdos de asco, cuyo monto de afecto no ha experimentado todavía aminoración alguna” (Freud, 1893- 95 a 108). Freud indica que la paciente tiene pensamientos referidos a que se le iba a arruinar el estómago por tomar agua mineral. Se producía el levantamiento de estos síntomas (tanto en Anna O como en Emmy von N.) cuando se reconducían a vivencias traumáticas pasadas y el paciente lograba convocar el afecto que había quedado estrangulado en esas vivencias y expresarlo en palabras, por medio de la abreacción o por sugestión médica (Freud, 1893-95b: 29 a 43.) Así la hidrofobia de Anna O. se levantó cuando, en estado de hipnosis, relató una vivencia que le produjo repugnancia al ver a un perro beber de un vaso (Freud, 1893-95a: 58.) Y la anorexia de Emmy von N. al relatar que de niña, cuando se portaba mal en la mesa y no quería comer, la madre le hacía comer luego de dos horas el mismo plato de carne pero ahora fría. Ella sostiene que ver la grasa rígida le producía asco.
Llama la atención que Freud ya en 1895 se estuviese ocupando de cuestiones del cuerpo, cuidándolo de alguna manera. Refiriéndose a Emma, dice: “Prohibí que arrojara al jardín el postre. Ella todos los días lo tiraba, era un ritual.”
miércoles, 17 de febrero de 2010
"BELLE de JOUR" * - Última entrega
* por Olga G. de Molina (Miembro de la AMP)
Cuerpo y Nombre Propio
Es a partir de la escritura de Joyce, de su singularidad, que Lacan desarrolla en su seminario El Sinthome la peculiar relación del escritor con su cuerpo, “como una cáscara”, dice, para señalar “el abandonar”, “dejar caer la relación con el propio cuerpo”, en ocasión de la famosa paliza de sus compañeros.
No obstante no hay una referencia particular al goce, a pesar de una relación posible al goce sexual masoquista, aclara Lacan, señalando especialmente una reacción de asco que “concierne a su propio cuerpo”, desprendiéndose como una cáscara.
El testimonio de Joyce alcanza, por su diferencia, a dar cuenta de la imagen confusa que tenemos de nuestro cuerpo, imagen que implica afectos -“hay algo psíquico que se afecta”(6)- y que en el caso de Joyce “sólo hay algo que no pide más que irse”.
La anorexia, la verdadera, tiene algo de joyceana: “cuerpo como una cáscara que se deja caer,” se deja ir tras la imagen de un cuerpo soñado, inalcanzable por definición pero pensado como posible en el narcisismo más tenaz.
La histeria, en cambio, se disfraza de anorexia pero cuenta con el marco para construir su retrato, se sostiene del borde, no se inclina al riesgo de caer por el agujero como Alicia porque juega al cuento, pero no lo cree.
La histeria cuenta con su división, por la que puede ser Belle de Jour y por la noche soñar el espectáculo de la mirada del otro sobre su cuerpo en busca de la incógnita de su propia delgadez.
De esa escena extrae su goce, su rasgo peculiar de goce tras la mascarada de “comer nada”.
En la histeria la división del sujeto concierne a un doble rechazo, rechazo en el cuerpo y del cuerpo. “El sujeto rechaza el cuerpo en su cuerpo”(7), rechazo que se manifiesta en el efecto de asco. El efecto de asco que previamente señaláramos en Joyce aquí se presenta como goce del rechazo, puesta en escena de un fantasma que en tanto rechaza el cuerpo del otro lo convoca a la mirada con la que arma su escena de seducción. Vacuidad de la histeria que invita e interpela al S1 mientras torna inasible el objeto.
En Joyce, en cambio, la reacción de asco es a su propio cuerpo, al que deja caer cual bolsa vacía.
La verdadera anorexia se presenta al estilo Joyce: dejar caer el cuerpo, “irse de allí”, es un rechazo al ser, siendo; una monotonía del estar, estando.
Se trata de pensar la diferencia entre el cuerpo lacaniano y el cuerpo aristotélico. Para Aristóteles, el cuerpo es el modelo del uno, es allí el individuo, un uno solo.
El cuerpo lacaniano sugiere que el cuerpo podría ser el modelo, “el origen imaginario”(8) el uno que es el conjunto vacío, que existe como bolsa de piel, cuerpo continente, solo imaginable por la consistencia que tiene por ser envase, denotando que el ser es el goce del cuerpo como tal.
Lacan reconoce en el S1 inicial la marca, la inscripción del rasgo unario que asegura el orden simbólico como tal, instalando en el hablante el significante que es signo de un sujeto. Es por el significante que ese goce del cuerpo, que es goce de la vida, cede su lugar de privilegio a los objetos de los que el cuerpo del hablante goza.
En la relación con el cuerpo hay pertenencia, hay una relación con el amor propio, con el propio cuerpo. El nombre propio, intraducible, concebido como límite del sentido, nombra la relación del sujeto con el cuerpo. La nominación hace aparecer un vacío de descripción agujereando la dimensión del sentido y enganchándolo a la vez, logrando indicar así “el lugar del goce y el de la defensa del sujeto frente al goce”.(9)
En la anorexia, un sujeto anónimo habita un cuerpo a la espera de un nombre propio que lo diferencie del nombre común con el que es nombrado por su patología.
Espera de lo singular de su modo del enfermar, lo más propio a su síntoma que no es el del cuerpo adelgazado, sino el de un sujeto extraviado en una imagen de sí que lo simbólico no llegó a nombrar.
Mientras, en el epígrafe, el poeta canta a la que espera ser recobrada del olvido; en la anorexia, la flor, como en el ego de Joyce, aún necesita escribirse.
Referencias bibliográficas
1) Miller, J. A., El Hueso de un análisis, Buenos Aires, Tres Haches, 1998, p. 77
2) Freud, S., “Enamoramiento e Hipnosis”, en Psicología de las Masas”, Obras Completas, Tomo 1, Madrid, Biblioteca nueva, 1968.
3) Lacan, J., “La escritura del Ego”, Cap. X del Seminario El Sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 147
4) Lacan, J., Anexo “Joyce, el Síntoma”, en Seminario El Sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 165
5) Lacan, J., “Las cinco formas del objeto a”, en Seminario La Angustia, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 231
6) Lacan, J, “La escritura del Ego”, en Seminario El Sinthome, Buenos Aires Paidós, 2006, p. 147
7) Miller, J. A., “Apólogo”, en Biología Lacaniana y Acontecimiento del cuerpo, Buenos Aires, Edigraf, Colección Diva, 2002, p. 68
8) Lacan, J., “La pista de Joyce”, Cap. 4 en Seminario El Sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 64
9) Miller, J. A., El Lugar y el Lazo, Seminario inédito, Clase 7-3-01.
( Artículo publicado en el "Aperiódico Psicoanalítico" )
Cuerpo y Nombre Propio
Es a partir de la escritura de Joyce, de su singularidad, que Lacan desarrolla en su seminario El Sinthome la peculiar relación del escritor con su cuerpo, “como una cáscara”, dice, para señalar “el abandonar”, “dejar caer la relación con el propio cuerpo”, en ocasión de la famosa paliza de sus compañeros.
No obstante no hay una referencia particular al goce, a pesar de una relación posible al goce sexual masoquista, aclara Lacan, señalando especialmente una reacción de asco que “concierne a su propio cuerpo”, desprendiéndose como una cáscara.
El testimonio de Joyce alcanza, por su diferencia, a dar cuenta de la imagen confusa que tenemos de nuestro cuerpo, imagen que implica afectos -“hay algo psíquico que se afecta”(6)- y que en el caso de Joyce “sólo hay algo que no pide más que irse”.
La anorexia, la verdadera, tiene algo de joyceana: “cuerpo como una cáscara que se deja caer,” se deja ir tras la imagen de un cuerpo soñado, inalcanzable por definición pero pensado como posible en el narcisismo más tenaz.
La histeria, en cambio, se disfraza de anorexia pero cuenta con el marco para construir su retrato, se sostiene del borde, no se inclina al riesgo de caer por el agujero como Alicia porque juega al cuento, pero no lo cree.
La histeria cuenta con su división, por la que puede ser Belle de Jour y por la noche soñar el espectáculo de la mirada del otro sobre su cuerpo en busca de la incógnita de su propia delgadez.
De esa escena extrae su goce, su rasgo peculiar de goce tras la mascarada de “comer nada”.
En la histeria la división del sujeto concierne a un doble rechazo, rechazo en el cuerpo y del cuerpo. “El sujeto rechaza el cuerpo en su cuerpo”(7), rechazo que se manifiesta en el efecto de asco. El efecto de asco que previamente señaláramos en Joyce aquí se presenta como goce del rechazo, puesta en escena de un fantasma que en tanto rechaza el cuerpo del otro lo convoca a la mirada con la que arma su escena de seducción. Vacuidad de la histeria que invita e interpela al S1 mientras torna inasible el objeto.
En Joyce, en cambio, la reacción de asco es a su propio cuerpo, al que deja caer cual bolsa vacía.
La verdadera anorexia se presenta al estilo Joyce: dejar caer el cuerpo, “irse de allí”, es un rechazo al ser, siendo; una monotonía del estar, estando.
Se trata de pensar la diferencia entre el cuerpo lacaniano y el cuerpo aristotélico. Para Aristóteles, el cuerpo es el modelo del uno, es allí el individuo, un uno solo.
El cuerpo lacaniano sugiere que el cuerpo podría ser el modelo, “el origen imaginario”(8) el uno que es el conjunto vacío, que existe como bolsa de piel, cuerpo continente, solo imaginable por la consistencia que tiene por ser envase, denotando que el ser es el goce del cuerpo como tal.
Lacan reconoce en el S1 inicial la marca, la inscripción del rasgo unario que asegura el orden simbólico como tal, instalando en el hablante el significante que es signo de un sujeto. Es por el significante que ese goce del cuerpo, que es goce de la vida, cede su lugar de privilegio a los objetos de los que el cuerpo del hablante goza.
En la relación con el cuerpo hay pertenencia, hay una relación con el amor propio, con el propio cuerpo. El nombre propio, intraducible, concebido como límite del sentido, nombra la relación del sujeto con el cuerpo. La nominación hace aparecer un vacío de descripción agujereando la dimensión del sentido y enganchándolo a la vez, logrando indicar así “el lugar del goce y el de la defensa del sujeto frente al goce”.(9)
En la anorexia, un sujeto anónimo habita un cuerpo a la espera de un nombre propio que lo diferencie del nombre común con el que es nombrado por su patología.
Espera de lo singular de su modo del enfermar, lo más propio a su síntoma que no es el del cuerpo adelgazado, sino el de un sujeto extraviado en una imagen de sí que lo simbólico no llegó a nombrar.
Mientras, en el epígrafe, el poeta canta a la que espera ser recobrada del olvido; en la anorexia, la flor, como en el ego de Joyce, aún necesita escribirse.
Referencias bibliográficas
1) Miller, J. A., El Hueso de un análisis, Buenos Aires, Tres Haches, 1998, p. 77
2) Freud, S., “Enamoramiento e Hipnosis”, en Psicología de las Masas”, Obras Completas, Tomo 1, Madrid, Biblioteca nueva, 1968.
3) Lacan, J., “La escritura del Ego”, Cap. X del Seminario El Sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 147
4) Lacan, J., Anexo “Joyce, el Síntoma”, en Seminario El Sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 165
5) Lacan, J., “Las cinco formas del objeto a”, en Seminario La Angustia, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 231
6) Lacan, J, “La escritura del Ego”, en Seminario El Sinthome, Buenos Aires Paidós, 2006, p. 147
7) Miller, J. A., “Apólogo”, en Biología Lacaniana y Acontecimiento del cuerpo, Buenos Aires, Edigraf, Colección Diva, 2002, p. 68
8) Lacan, J., “La pista de Joyce”, Cap. 4 en Seminario El Sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 64
9) Miller, J. A., El Lugar y el Lazo, Seminario inédito, Clase 7-3-01.
( Artículo publicado en el "Aperiódico Psicoanalítico" )
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Anorexia
miércoles, 10 de febrero de 2010
BELLE de JOUR * - Segunda Parte
* por Olga G. Molina ( Miembro de la AMP)
Una cuestión de nombre
En la naturaleza, el hombre ha sido dotado de la posibilidad del lenguaje con el que éste ha dibujado los nombres con los que llamamos a las cosas del mundo.
Disponer del acto de nominar, hacer uso de la capacidad que la lengua otorga al ser hablante para ese fin, es definir dentro de una categoría aquello que se nombra.
De allí en más lo nombrado adquiere vida propia, la que le otorga esa diferencia central que hace que alguien pueda ser uno en la multitud. Lo singular lo construye cada quien cuando de nombre propio se trata.
Muchas veces la identificación al nombre impuesto produce un efecto de seguridad que surge del peculiar modo con el que cada uno se “apropia” de un nombre que sin embargo, no es.
No obstante “la idea de sí mismo como cuerpo tiene peso (3), es precisamente lo que se llama el ego”. Luego, nos aclara Lacan en El Sinthome, si el ego es llamado narcisista, es porque “hay algo que sostiene el cuerpo como imagen”. La escritura del nombre propio propone al hombre el desafío de ser uno con su nombre. Decimos, “hacer honor a su nombre” cuando se remarca la singularidad con la que alguien lleva adelante el estandarte de los signos que lo inscriben con su propio nombre.
El del padre es otra cosa, ha sido necesario valerse de ese nombre, el del padre, para lograr escribir la singularidad más allá de la filiación.
Joyce, rebautizado por Lacan “Joyce, el síntoma”, logra con su escritura hacerse un nombre que él quiso que perdurara para siempre. Por su escritura, por su invención de una lengua peculiar, Joyce logra escribir su ego, “se identifica a lo individual”(4), porque es quien ha tenido el privilegio de encarnar en él, el síntoma.
La relación con el cuerpo, con el campo de lo pulsional, no es simple, sino que refiere a la consistencia de lo imaginario, pero en lo profundo de su biología nos es ajeno; en cambio, sabemos aquellas cosas que dependen del significante, el cual, situándonos en la dimensión simbólica, nombra aquello del cuerpo que resulta de la ajenidad con la que lo simbólico se inclina ante lo real.
Se deduce del hecho que tenemos un cuerpo, lo cual implica la diferencia con “ser” un cuerpo, que la relación con un cuerpo nos resulta confusa. Buscamos en la medicina que nos lo aclare, de su propia confusión, que nos alivie de las fantasías con las que creemos saber los misterios del cuerpo.
Sin embargo, la relación con el cuerpo no es simple, por el hecho de que un cuerpo tiene agujeros, agujeros con un borde en los que se aloja lo pulsional, espacios del goce, de cuyos signos viene a dar cuenta el objeto a en sus diferentes presentaciones.(5)
Somos esclavos de nuestra biología y propietarios de una lengua a partir de la cual somos hablados, no obstante tenemos el tiempo para construir nuestra singularidad y el espacio que se anuda a él para hacer habitar en la palabra nuestro ser de lenguaje.
( Artículo publicado en el "Aperiódico Psicoanalítico" )
Una cuestión de nombre
En la naturaleza, el hombre ha sido dotado de la posibilidad del lenguaje con el que éste ha dibujado los nombres con los que llamamos a las cosas del mundo.
Disponer del acto de nominar, hacer uso de la capacidad que la lengua otorga al ser hablante para ese fin, es definir dentro de una categoría aquello que se nombra.
De allí en más lo nombrado adquiere vida propia, la que le otorga esa diferencia central que hace que alguien pueda ser uno en la multitud. Lo singular lo construye cada quien cuando de nombre propio se trata.
Muchas veces la identificación al nombre impuesto produce un efecto de seguridad que surge del peculiar modo con el que cada uno se “apropia” de un nombre que sin embargo, no es.
No obstante “la idea de sí mismo como cuerpo tiene peso (3), es precisamente lo que se llama el ego”. Luego, nos aclara Lacan en El Sinthome, si el ego es llamado narcisista, es porque “hay algo que sostiene el cuerpo como imagen”. La escritura del nombre propio propone al hombre el desafío de ser uno con su nombre. Decimos, “hacer honor a su nombre” cuando se remarca la singularidad con la que alguien lleva adelante el estandarte de los signos que lo inscriben con su propio nombre.
El del padre es otra cosa, ha sido necesario valerse de ese nombre, el del padre, para lograr escribir la singularidad más allá de la filiación.
Joyce, rebautizado por Lacan “Joyce, el síntoma”, logra con su escritura hacerse un nombre que él quiso que perdurara para siempre. Por su escritura, por su invención de una lengua peculiar, Joyce logra escribir su ego, “se identifica a lo individual”(4), porque es quien ha tenido el privilegio de encarnar en él, el síntoma.
La relación con el cuerpo, con el campo de lo pulsional, no es simple, sino que refiere a la consistencia de lo imaginario, pero en lo profundo de su biología nos es ajeno; en cambio, sabemos aquellas cosas que dependen del significante, el cual, situándonos en la dimensión simbólica, nombra aquello del cuerpo que resulta de la ajenidad con la que lo simbólico se inclina ante lo real.
Se deduce del hecho que tenemos un cuerpo, lo cual implica la diferencia con “ser” un cuerpo, que la relación con un cuerpo nos resulta confusa. Buscamos en la medicina que nos lo aclare, de su propia confusión, que nos alivie de las fantasías con las que creemos saber los misterios del cuerpo.
Sin embargo, la relación con el cuerpo no es simple, por el hecho de que un cuerpo tiene agujeros, agujeros con un borde en los que se aloja lo pulsional, espacios del goce, de cuyos signos viene a dar cuenta el objeto a en sus diferentes presentaciones.(5)
Somos esclavos de nuestra biología y propietarios de una lengua a partir de la cual somos hablados, no obstante tenemos el tiempo para construir nuestra singularidad y el espacio que se anuda a él para hacer habitar en la palabra nuestro ser de lenguaje.
( Artículo publicado en el "Aperiódico Psicoanalítico" )
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Anorexia
jueves, 4 de febrero de 2010
BELLE de JOUR* - Primera Parte
*por Olga G. de Molina ( Miembro de la AMP )
Abordar la anorexia como uno de los modos de la relación de un sujeto con su síntoma nos permite ubicar el concepto de partenaire-síntoma para situarlo en particular en la posición femenina. J. A. Miller señala(1) que la pareja síntoma del parletre femenino toma la forma de la erotomanía, es decir que su dilema es resolver la cuestión del amor, más precisamente la palabra de amor. Mientras que la pareja síntoma del hombre toma la forma del fetiche.
A partir de la construcción lógica de la sexuación que desarrolla Lacan, se demuestra que la posición femenina está orientada a lo ilimitado del goce, y si bien no trabajaremos aquí la formulación lógica que lo define, podemos encaminarnos a sostener que esa condición de lo ilimitado del goce, en el que el Todo no hace Uno, tiene influencia sobre la frecuencia de la anorexia en el parletre en posición femenina.
La demanda de amor está en consonancia con la posición del parletre frente al goce, demanda infinita factible de retornar bajo la forma del estrago cuando el partenaire del amor no responde a lo imposible de esa demanda.
Es entonces que la demanda de amor se dirige al sujeto mismo, a la vez sujeto y objeto en una relación que Freud trata en “Enamoramiento e hipnosis”(2), escrito en el que denota que cuando el objeto “ha ocupado el lugar del ideal del yo”, se produce ese fenómeno que se diferencia del enamoramiento para pasar a la hipnosis, punto en el que el sujeto no es ya reconocido como tal.
Es el punto en el que la demanda de amor retorna bajo la forma de un goce que recicla y repite la relación narcisista en la que el amor se dirige a una imagen de sí que olvida el propio cuerpo.
Disociación entonces entre imagen de sí y cuerpo propio, falla en la constitución de lo imaginario que se refleja en un cuerpo en el que no se registra la necesidad, un cuerpo que es el negativo de la biología, mientras que la imagen de sí revela y focaliza como posible un ideal femenino inscripto como tal.
La imagen del cuerpo se organiza entonces al modo de un cuadro que se enmarca para ser visto despojado de lo vivo, viviendo; latiendo, como testigo mudo, sin palabras ,casi sin aliento, testimoniando de ese modo que aquello que podría alimentarlo ya no tiene importancia, solo toma cuerpo esa mostración extrema de la desvitalización más cruel.
La ciencia llega en su auxilio construyendo el escenario adecuado para montar el espectáculo de la sombra de la caballería que solía salvarnos en las películas en las que “los malos” eran siempre los indios; ahora son “los medios”, “la moda”, los artilugios de la estética cirugía que nos devuelve rostros alargados, labios tirantes, cuerpos esculturales, mientras “Ella” haciendo su propia cirugía, resiste el embate de lo vivo y persiste en la creencia de un cuerpo que no es, persiguiendo la imagen del cuerpo que espera ser.
“¡Diagnostiquemos!”, “¡Clasifiquemos!”, es la consigna de la cultura en el intento de resolver aquello mismo que su operatoria produce. No están solas nuestras anoréxicas de la vida, se acompañan de otros sujetos muertos, de pánico, según la manera actual de nombrar la angustia. O bien pueden estar acompañadas de nuestros adictos… a todo… cualquier gadget cumple el objetivo de producir por un instante la ilusoria felicidad de un sujeto libre de angustia.
Las neurociencias aportan lo suyo; convencidos de que el misterio de la vida se esconde detrás de los neurotransmisores, su terapéutica, en consecuencia, sigue la línea del desajuste biológico como responsable de la sintomatología que aqueja al hombre del Malestar en la cultura. Siempre es bienvenido el recuerdo del ilustre maestro que se animó a pensar a contrapelo de su época.
Podríamos perdernos en un enfoque sociológico que no alcanza más que para comprender el problema desde los diferentes ángulos en que se presenta, para hacer valer una terapéutica como la psicoanalítica que aporta una clínica orientada al sujeto en su peculiar modo de padecer el síntoma.
(Artículo publicado en el "Aperiódico Psicoanalítico")
Y en un vaso, olvidada se desmaya una flor.
Rubén Darío
Abordar la anorexia como uno de los modos de la relación de un sujeto con su síntoma nos permite ubicar el concepto de partenaire-síntoma para situarlo en particular en la posición femenina. J. A. Miller señala(1) que la pareja síntoma del parletre femenino toma la forma de la erotomanía, es decir que su dilema es resolver la cuestión del amor, más precisamente la palabra de amor. Mientras que la pareja síntoma del hombre toma la forma del fetiche.
A partir de la construcción lógica de la sexuación que desarrolla Lacan, se demuestra que la posición femenina está orientada a lo ilimitado del goce, y si bien no trabajaremos aquí la formulación lógica que lo define, podemos encaminarnos a sostener que esa condición de lo ilimitado del goce, en el que el Todo no hace Uno, tiene influencia sobre la frecuencia de la anorexia en el parletre en posición femenina.
La demanda de amor está en consonancia con la posición del parletre frente al goce, demanda infinita factible de retornar bajo la forma del estrago cuando el partenaire del amor no responde a lo imposible de esa demanda.
Es entonces que la demanda de amor se dirige al sujeto mismo, a la vez sujeto y objeto en una relación que Freud trata en “Enamoramiento e hipnosis”(2), escrito en el que denota que cuando el objeto “ha ocupado el lugar del ideal del yo”, se produce ese fenómeno que se diferencia del enamoramiento para pasar a la hipnosis, punto en el que el sujeto no es ya reconocido como tal.
Es el punto en el que la demanda de amor retorna bajo la forma de un goce que recicla y repite la relación narcisista en la que el amor se dirige a una imagen de sí que olvida el propio cuerpo.
Disociación entonces entre imagen de sí y cuerpo propio, falla en la constitución de lo imaginario que se refleja en un cuerpo en el que no se registra la necesidad, un cuerpo que es el negativo de la biología, mientras que la imagen de sí revela y focaliza como posible un ideal femenino inscripto como tal.
La imagen del cuerpo se organiza entonces al modo de un cuadro que se enmarca para ser visto despojado de lo vivo, viviendo; latiendo, como testigo mudo, sin palabras ,casi sin aliento, testimoniando de ese modo que aquello que podría alimentarlo ya no tiene importancia, solo toma cuerpo esa mostración extrema de la desvitalización más cruel.
La ciencia llega en su auxilio construyendo el escenario adecuado para montar el espectáculo de la sombra de la caballería que solía salvarnos en las películas en las que “los malos” eran siempre los indios; ahora son “los medios”, “la moda”, los artilugios de la estética cirugía que nos devuelve rostros alargados, labios tirantes, cuerpos esculturales, mientras “Ella” haciendo su propia cirugía, resiste el embate de lo vivo y persiste en la creencia de un cuerpo que no es, persiguiendo la imagen del cuerpo que espera ser.
“¡Diagnostiquemos!”, “¡Clasifiquemos!”, es la consigna de la cultura en el intento de resolver aquello mismo que su operatoria produce. No están solas nuestras anoréxicas de la vida, se acompañan de otros sujetos muertos, de pánico, según la manera actual de nombrar la angustia. O bien pueden estar acompañadas de nuestros adictos… a todo… cualquier gadget cumple el objetivo de producir por un instante la ilusoria felicidad de un sujeto libre de angustia.
Las neurociencias aportan lo suyo; convencidos de que el misterio de la vida se esconde detrás de los neurotransmisores, su terapéutica, en consecuencia, sigue la línea del desajuste biológico como responsable de la sintomatología que aqueja al hombre del Malestar en la cultura. Siempre es bienvenido el recuerdo del ilustre maestro que se animó a pensar a contrapelo de su época.
Podríamos perdernos en un enfoque sociológico que no alcanza más que para comprender el problema desde los diferentes ángulos en que se presenta, para hacer valer una terapéutica como la psicoanalítica que aporta una clínica orientada al sujeto en su peculiar modo de padecer el síntoma.
(Artículo publicado en el "Aperiódico Psicoanalítico")
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Anorexia
miércoles, 3 de febrero de 2010
Entrevista a Massimo Recalcati* - Cuarta parte
*Massimo Recalcati reside en Italia.
Director Científico del “Istituto di Ricerca di Psicoanalisi” (IRPA)
Fundador de “Jonas: Centro de investigación de nuevos síntomas”
Docente CEPUSPP (Centre Einseignement Postgradue en Psychiatrie et
Psychotherapie) de Lausana
¿Cómo llegan a análisis las o los anoréxicos?
La labor del psicoanálisis en la cura de la anorexia-bulimia tiene como objetivo fundamental restablecer el sujeto del inconsciente. Esto significa considerar que la anorexia es una operación de purificación del inconsciente. Sorprende en estos pacientes el carácter híper-voluntarista de sus posiciones. El objeto no cede, no es transferido al campo de Otro. La ausencia de este movimiento, que Lacan en el Seminario XI definió como “transferencia primaria”, hace difícil la articulación de una cura analítica. El amor de transferencia falta en su apoyo fundamental. Solo la transferencia (salvaje) inviste el objeto-comida o el objeto-imagen. La monada de goce se opone radicalmente a la experiencia de amor como anudamiento de goce y deseo. La monada de goce rechaza el lazo con el Otro. Por esta razón la clínica de la anorexia nos enseña, a nosotros los psicoanalistas lacanianos, sobre la irrenunciabilidad de la categoría ética y clínica del deseo. Los mayores movimientos en una cura no se producen merced a la interpretación –desde este punto de vista ya Hilde Bruch aconsejaba actuar con estos pacientes más en virtud de la ignorancia que del saber– sino por una revitalización del deseo. Pero esta revitalización vuelve inevitable el pasaje delicado a través de la turbulencia de la transferencia negativa. La experiencia de odio es una constante en la cura analítica con pacientes anoréxico-bulímicos. El analista encarna de hecho la alteridad de objeto al que la anoréxica querría poder gobernar autónomamente. Sobrevivir al odio, y a la angustia para la supervivencia del paciente que se encuentra en una experiencia radical de odio bajo transferencia, se vuelve así, como indicó Winnicott, una tarea esencial del analista. Encarnar la alteridad de un objeto que, más allá del odio, puede causar el deseo. Por otra parte sabemos bien que los movimientos de erotización transferencial que vitalizan el deseo del sujeto son aquellos más propicios a desencadenar la interrupción de la cura.
¿La bulimia y la anorexia entre el amor y el deseo?
En "La última cena" propuse la idea de la anorexia como una enfermedad del amor. Para tener el signo del amor, de la falta del Otro, el sujeto anoréxico elige el camino desesperado del rechazo radical al goce. Aquí podemos aislar el rasgo histérico de la anorexia. También la bulimia me parecía orientada a la misma enfermedad: la ausencia del signo de amor viene compensada –como recuerda Lacan en el Seminario IV– por la devoración del objeto. Con La clínica del vacío me pareció necesario enfatizar otra dimensión, la del odio, el rechazo de la vida no como llamado de amor sino como ansias de muerte. Hay una gran diferencia entre la anorexia en tanto llamado de amor y la anorexia en tanto apetito de muerte. La reflexión de Lacan acerca de la anorexia reaparece siempre en los momentos tópicos de su enseñanza. Por ejemplo, cuando es evocada como figura clínica clave para acceder a la categoría de goce, come ocurre en los Complejos familiares, pero también en relación a la categoría de deseo, como vemos en el curso del Seminario IV y en su escrito sobre la Dirección de la cura. Sintéticamente, se puede considerar que esta suerte de doble lectura que propone Lacan del fenómeno de la anorexia (por un lado, lugar de un goce mortífero, melancólico-toxicómano; por el otro, estrategia de defensa y de separación del deseo del sujeto respecto del carácter sofocante de la demanda del Otro) enfatiza el doble ánimo que caracteriza al sujeto anoréxico como tal: manifestación del Todestrieb, apetito de muerte, deseo larval, ansias de destrucción, disminución radical, y aniquilación melancólica del sentimiento de la vida, nirvanización del principio de placer, pero también estrategia de separación orientada a diferenciar el estatuto del deseo al de la necesidad, carácter irreductible del deseo a la demanda del Otro, deseo como deseo de nada, deseo de Otro, enfermedad del amor, demanda radical del signo de amor.
Si en el amor convergen deseo y goce, la anorexia y la bulimia oponen deseo y goce y excluyen la conversión del amor. El deseo anoréxico es de hecho un deseo de muerte y el goce bulímico puede presentarse no solo como una forma de compensación sino también como una devastación pulsional.
(Entrevista publicada en el "Aperiódico Psicoanalítico")
Director Científico del “Istituto di Ricerca di Psicoanalisi” (IRPA)
Fundador de “Jonas: Centro de investigación de nuevos síntomas”
Docente CEPUSPP (Centre Einseignement Postgradue en Psychiatrie et
Psychotherapie) de Lausana
¿Cómo llegan a análisis las o los anoréxicos?
La labor del psicoanálisis en la cura de la anorexia-bulimia tiene como objetivo fundamental restablecer el sujeto del inconsciente. Esto significa considerar que la anorexia es una operación de purificación del inconsciente. Sorprende en estos pacientes el carácter híper-voluntarista de sus posiciones. El objeto no cede, no es transferido al campo de Otro. La ausencia de este movimiento, que Lacan en el Seminario XI definió como “transferencia primaria”, hace difícil la articulación de una cura analítica. El amor de transferencia falta en su apoyo fundamental. Solo la transferencia (salvaje) inviste el objeto-comida o el objeto-imagen. La monada de goce se opone radicalmente a la experiencia de amor como anudamiento de goce y deseo. La monada de goce rechaza el lazo con el Otro. Por esta razón la clínica de la anorexia nos enseña, a nosotros los psicoanalistas lacanianos, sobre la irrenunciabilidad de la categoría ética y clínica del deseo. Los mayores movimientos en una cura no se producen merced a la interpretación –desde este punto de vista ya Hilde Bruch aconsejaba actuar con estos pacientes más en virtud de la ignorancia que del saber– sino por una revitalización del deseo. Pero esta revitalización vuelve inevitable el pasaje delicado a través de la turbulencia de la transferencia negativa. La experiencia de odio es una constante en la cura analítica con pacientes anoréxico-bulímicos. El analista encarna de hecho la alteridad de objeto al que la anoréxica querría poder gobernar autónomamente. Sobrevivir al odio, y a la angustia para la supervivencia del paciente que se encuentra en una experiencia radical de odio bajo transferencia, se vuelve así, como indicó Winnicott, una tarea esencial del analista. Encarnar la alteridad de un objeto que, más allá del odio, puede causar el deseo. Por otra parte sabemos bien que los movimientos de erotización transferencial que vitalizan el deseo del sujeto son aquellos más propicios a desencadenar la interrupción de la cura.
¿La bulimia y la anorexia entre el amor y el deseo?
En "La última cena" propuse la idea de la anorexia como una enfermedad del amor. Para tener el signo del amor, de la falta del Otro, el sujeto anoréxico elige el camino desesperado del rechazo radical al goce. Aquí podemos aislar el rasgo histérico de la anorexia. También la bulimia me parecía orientada a la misma enfermedad: la ausencia del signo de amor viene compensada –como recuerda Lacan en el Seminario IV– por la devoración del objeto. Con La clínica del vacío me pareció necesario enfatizar otra dimensión, la del odio, el rechazo de la vida no como llamado de amor sino como ansias de muerte. Hay una gran diferencia entre la anorexia en tanto llamado de amor y la anorexia en tanto apetito de muerte. La reflexión de Lacan acerca de la anorexia reaparece siempre en los momentos tópicos de su enseñanza. Por ejemplo, cuando es evocada como figura clínica clave para acceder a la categoría de goce, come ocurre en los Complejos familiares, pero también en relación a la categoría de deseo, como vemos en el curso del Seminario IV y en su escrito sobre la Dirección de la cura. Sintéticamente, se puede considerar que esta suerte de doble lectura que propone Lacan del fenómeno de la anorexia (por un lado, lugar de un goce mortífero, melancólico-toxicómano; por el otro, estrategia de defensa y de separación del deseo del sujeto respecto del carácter sofocante de la demanda del Otro) enfatiza el doble ánimo que caracteriza al sujeto anoréxico como tal: manifestación del Todestrieb, apetito de muerte, deseo larval, ansias de destrucción, disminución radical, y aniquilación melancólica del sentimiento de la vida, nirvanización del principio de placer, pero también estrategia de separación orientada a diferenciar el estatuto del deseo al de la necesidad, carácter irreductible del deseo a la demanda del Otro, deseo como deseo de nada, deseo de Otro, enfermedad del amor, demanda radical del signo de amor.
Si en el amor convergen deseo y goce, la anorexia y la bulimia oponen deseo y goce y excluyen la conversión del amor. El deseo anoréxico es de hecho un deseo de muerte y el goce bulímico puede presentarse no solo como una forma de compensación sino también como una devastación pulsional.
(Entrevista publicada en el "Aperiódico Psicoanalítico")
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Anorexia,
Bulimia,
Entrevistas,
Recalcati
martes, 2 de febrero de 2010
Entrevista a Massimo Recalcati* - Tercera parte
*Massimo Recalcati reside en Italia.
Director Científico del “Istituto di Ricerca di Psicoanalisi” (IRPA)
Fundador de “Jonas: Centro de investigación de nuevos síntomas”
Docente CEPUSPP (Centre Einseignement Postgradue en Psychiatrie et
Psychotherapie) de Lausana
¿Qué relación hay entre el cuerpo y el objeto a? ¿Cuál es el destino del objeto a en la bulimia y la anorexia?
Desde un punto de vista fenomenológico, anorexia y bulimia representan el derecho y el revés de una misma figura. Nosotros escribimos “anorexia-bulimia”, con guión, para indicar la pertenencia recíproca. La anorexia es, desde este punto de vista, una bulimia virtual, mientras que la bulimia sería la descompensación del proyecto de dominación pulsional de la anorexia. Desde el punto de vista del objeto pequeño (a) encontramos sin embargo entre ambas oscilaciones el mismo punto de vacío que caracteriza la actividad de la pulsión oral. La anoréxica lo incorpora, lo siente en el estómago, lo anhela activamente rehusándose a comer, o, mejor, como afirma Lacan, comiendo la nada, mientras la bulímica lo puede hallar solo en el clímax del goce: devora todo para alcanzar el vacío del objeto-seno. Quiere poner bajo los dientes el vacío de la Cosa, ese vacío que es imposible comer, en torno al cual se da siempre la actividad de la pulsión oral.
Particularmente, la anoréxica parece estabilizar una tensión especial entre alienación y separación. Mi tesis es que en la anorexia tenemos una separación-contra-alienación. ¿Qué significa esto? La anorexia invoca y practica de manera aparentemente radical la separación. En principio la separación respecto a la demanda del Otro y de modo más general a toda forma posible de demanda. No demanda nada, rechaza todo. Por otra parte, esta separación parecería que se produce sin pérdida -la cual es estructuralmente efecto de la pérdida del significante; el objeto pequeño a parece quedar del lado del sujeto en vez de ser trasferido hacia el campo del Otro. Es este el carácter radicalmente determinado que caracteriza a la elección anoréxica. La exigencia de la separación adviene por negación de la pérdida y no por su aceptación subjetiva. Se podría decir, acaso con un tono más kleiniano, que en la anorexia la separación adviene sin que vaya acompañada por un trabajo efectivo de luto. Se trata de una separación por voluntad y no por deseo.
En la bulimia y en la anorexia, ¿la intrusión de lo real en la cura, deja el objeto a de lado? ¿Qué relación se puede establecer entre la angustia y la anorexia?
Desde un punto de vista general se puede afirmar que la anorexia, tendencialmente, carece de angustia, porque opera con una estrategia de evasión de la angustia. La apatía anoréxica quiere subvertir el carácter estructural de la angustia. Si la angustia marca la emergencia del objeto pequeño a como índice del carácter pulsional del cuerpo, la anorexia es un intento de cimentar la imagen, de sustraerla a las perturbaciones de la angustia, de modificar por medio de ella una idea del sujeto como pura identidad. El ser se solidifica rechazando la alienación significante. Si para Lacan la angustia manifiesta el espesor real del cuerpo pulsional, la anorexia erige un dique imaginario que busca ocultar esta alteridad interna. Para la anorexia la única experiencia posible de la alteridad es la del alimento y las calorías. Solo en la descompensación de la bulimia, la pulsión emerge nuevamente infringiendo el dique del yo ideal y exhibiendo el carácter acéfalo del movimiento pulsional.
Desde este punto de vista, la anoréxica refuta freudianamente a Heidegger: no es la nada sino el cuerpo lo que angustia. Por eso su objetivo –el de la anoréxica– consiste en llevar a cabo, por oposición al pánico que puede surgir cuando se debilita la anorexia, un dominio yoico-voluntarístico del cuerpo. Se trata de alejar el objeto de la angustia. Por esta razón hallamos en nuestros pacientes fobias infantiles relacionadas a ciertos alimentos y podemos hablar del problema, más general, de las relaciones entre prácticas anoréxicas y sistema fóbico-obsesivo…
El intento por dominar al cuerpo adviene como idealización de la imagen especular. Con Lacan sabemos que una de las funciones fundamentales de la imagen es la de revestir el cuerpo pulsional dotándolo de límites (para Lacan el esquizofrénico es quien no tiene acceso al imaginario). Cuando el cuerpo pierde su imagen podemos tener distintos fenómenos clínicos. Por ejemplo la melancolía, que es de gran importancia para la clínica de la anorexia. Sin imagen narcisista, el cuerpo emerge como puro objeto-descarte, come kakon, real bruto, cuerpo privado del sentimiento mismo de la vida, cuerpo ya muerto.
Cuando el control anoréxico cede, se puede infiltrar la angustia. Es una infiltración que señala la imposibilidad para la imagen narcisista de revestir integralmente el cuerpo pulsional, el desprendimiento entre el cuerpo narcisista y el cuerpo erógeno. En la experiencia con el espejo, lo que puede angustiar se encuentra siempre en relación a un exceso de carne, de grasa que mancha la bella imagen, una suerte de residuo que encarna el objeto pequeño (a) como algo que resulta imposible de reflejar, algo que no puede ser especular. Por eso el tiempo de la pubertad continúa siendo un tiempo imbricado en el desencadenamiento de la anorexia. En la pubertad, es lo real del cuerpo lo que aflora en primer plano. El rechazo anoréxico no es aquí, ante todo, rechazo del objeto oral sino rechazo del cuerpo. Rechazo a tomar aisladamente las dos vías del rechazo del propio cuerpo en cuanto cuerpo sexual y rechazo del cuerpo del Otro en cuanto sede de goce y de deseo.
(Entrevista publicada en el "Aperiódico Psicoanalítico")
Director Científico del “Istituto di Ricerca di Psicoanalisi” (IRPA)
Fundador de “Jonas: Centro de investigación de nuevos síntomas”
Docente CEPUSPP (Centre Einseignement Postgradue en Psychiatrie et
Psychotherapie) de Lausana
¿Qué relación hay entre el cuerpo y el objeto a? ¿Cuál es el destino del objeto a en la bulimia y la anorexia?
Desde un punto de vista fenomenológico, anorexia y bulimia representan el derecho y el revés de una misma figura. Nosotros escribimos “anorexia-bulimia”, con guión, para indicar la pertenencia recíproca. La anorexia es, desde este punto de vista, una bulimia virtual, mientras que la bulimia sería la descompensación del proyecto de dominación pulsional de la anorexia. Desde el punto de vista del objeto pequeño (a) encontramos sin embargo entre ambas oscilaciones el mismo punto de vacío que caracteriza la actividad de la pulsión oral. La anoréxica lo incorpora, lo siente en el estómago, lo anhela activamente rehusándose a comer, o, mejor, como afirma Lacan, comiendo la nada, mientras la bulímica lo puede hallar solo en el clímax del goce: devora todo para alcanzar el vacío del objeto-seno. Quiere poner bajo los dientes el vacío de la Cosa, ese vacío que es imposible comer, en torno al cual se da siempre la actividad de la pulsión oral.
Particularmente, la anoréxica parece estabilizar una tensión especial entre alienación y separación. Mi tesis es que en la anorexia tenemos una separación-contra-alienación. ¿Qué significa esto? La anorexia invoca y practica de manera aparentemente radical la separación. En principio la separación respecto a la demanda del Otro y de modo más general a toda forma posible de demanda. No demanda nada, rechaza todo. Por otra parte, esta separación parecería que se produce sin pérdida -la cual es estructuralmente efecto de la pérdida del significante; el objeto pequeño a parece quedar del lado del sujeto en vez de ser trasferido hacia el campo del Otro. Es este el carácter radicalmente determinado que caracteriza a la elección anoréxica. La exigencia de la separación adviene por negación de la pérdida y no por su aceptación subjetiva. Se podría decir, acaso con un tono más kleiniano, que en la anorexia la separación adviene sin que vaya acompañada por un trabajo efectivo de luto. Se trata de una separación por voluntad y no por deseo.
En la bulimia y en la anorexia, ¿la intrusión de lo real en la cura, deja el objeto a de lado? ¿Qué relación se puede establecer entre la angustia y la anorexia?
Desde un punto de vista general se puede afirmar que la anorexia, tendencialmente, carece de angustia, porque opera con una estrategia de evasión de la angustia. La apatía anoréxica quiere subvertir el carácter estructural de la angustia. Si la angustia marca la emergencia del objeto pequeño a como índice del carácter pulsional del cuerpo, la anorexia es un intento de cimentar la imagen, de sustraerla a las perturbaciones de la angustia, de modificar por medio de ella una idea del sujeto como pura identidad. El ser se solidifica rechazando la alienación significante. Si para Lacan la angustia manifiesta el espesor real del cuerpo pulsional, la anorexia erige un dique imaginario que busca ocultar esta alteridad interna. Para la anorexia la única experiencia posible de la alteridad es la del alimento y las calorías. Solo en la descompensación de la bulimia, la pulsión emerge nuevamente infringiendo el dique del yo ideal y exhibiendo el carácter acéfalo del movimiento pulsional.
Desde este punto de vista, la anoréxica refuta freudianamente a Heidegger: no es la nada sino el cuerpo lo que angustia. Por eso su objetivo –el de la anoréxica– consiste en llevar a cabo, por oposición al pánico que puede surgir cuando se debilita la anorexia, un dominio yoico-voluntarístico del cuerpo. Se trata de alejar el objeto de la angustia. Por esta razón hallamos en nuestros pacientes fobias infantiles relacionadas a ciertos alimentos y podemos hablar del problema, más general, de las relaciones entre prácticas anoréxicas y sistema fóbico-obsesivo…
El intento por dominar al cuerpo adviene como idealización de la imagen especular. Con Lacan sabemos que una de las funciones fundamentales de la imagen es la de revestir el cuerpo pulsional dotándolo de límites (para Lacan el esquizofrénico es quien no tiene acceso al imaginario). Cuando el cuerpo pierde su imagen podemos tener distintos fenómenos clínicos. Por ejemplo la melancolía, que es de gran importancia para la clínica de la anorexia. Sin imagen narcisista, el cuerpo emerge como puro objeto-descarte, come kakon, real bruto, cuerpo privado del sentimiento mismo de la vida, cuerpo ya muerto.
Cuando el control anoréxico cede, se puede infiltrar la angustia. Es una infiltración que señala la imposibilidad para la imagen narcisista de revestir integralmente el cuerpo pulsional, el desprendimiento entre el cuerpo narcisista y el cuerpo erógeno. En la experiencia con el espejo, lo que puede angustiar se encuentra siempre en relación a un exceso de carne, de grasa que mancha la bella imagen, una suerte de residuo que encarna el objeto pequeño (a) como algo que resulta imposible de reflejar, algo que no puede ser especular. Por eso el tiempo de la pubertad continúa siendo un tiempo imbricado en el desencadenamiento de la anorexia. En la pubertad, es lo real del cuerpo lo que aflora en primer plano. El rechazo anoréxico no es aquí, ante todo, rechazo del objeto oral sino rechazo del cuerpo. Rechazo a tomar aisladamente las dos vías del rechazo del propio cuerpo en cuanto cuerpo sexual y rechazo del cuerpo del Otro en cuanto sede de goce y de deseo.
(Entrevista publicada en el "Aperiódico Psicoanalítico")
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Anorexia,
Bulimia,
Entrevistas,
Recalcati
miércoles, 27 de enero de 2010
Entrevista a Massimo Recalcati* - Segunda Parte
*Massimo Recalcati reside en Italia.
Director Científico del “Istituto di Ricerca di Psicoanalisi” (IRPA)
Fundador de “Jonas: Centro de investigación de nuevos síntomas”
Docente CEPUSPP (Centre Einseignement Postgradue en Psychiatrie et Psychotherapie) de Lausana
¿Qué es la clínica del vacío? ¿Cómo se articula la clínica del vacío con la clínica psicoanalítica?
La expresión “clínica del vacío” ha sido propuesta para definir en primer término una metamorfosis que ha investido al sujeto llamado post-moderno. Se trata de esa metamorfosis que tiende a reducir la dimensión subjetiva de la falta en ser y la del deseo, en la de un vacío, ya sin ningún lazo con el deseo. Por lo tanto debemos distinguir el propio vacío de la clínica del vacío, de la falta producida por el corte significante. La reducción de la falta a vacío comporta en primer término un efecto de falso dominio. La falta trasformada en vacío ofrece la ilusión de que el vacío se puede llenar, como ocurre en la bulimia o en otras formas de dependencia patológicas adictivas, o como ocurre con la anorexia, donde la ilusión es que ese vacío puede osificarse, volverse pleno y centro de gravedad –y de goce– del sujeto.
En segundo lugar, con la expresión “clínica del vacío” hemos querido definir una clínica que ya no puede ser pensada a través de la centralidad del binomio represión-retorno de lo reprimido –al que hace referencia la noción freudiana de síntoma–, sino que exige colocar en su centro el binomio angustia-defensa. Este cambio supone una cierta decadencia de la experiencia subjetiva del deseo frente a la emergencia, en lo social, del goce que se presenta siempre más imbricado con la actividad de la pulsión de muerte. El binomio angustia-defensa se orienta a entender el debilitamiento, la decadencia contemporánea del síntoma; la anorexia-bulimia, así como las estrategias pulsionales, al suprimir el lazo con el Otro y su inevitable inestabilidad, conducen exclusivamente a enfatizar un goce alternativo al sexual. Pero conducen también a encuadrar esos fenómenos psicopatológicos allí donde ya no se halla en el centro la ruptura del lazo social o la desviación de la norma, sino una adhesión excesiva. La clínica del vacío es en este sentido también una clínica de la falsa adaptación, del disfraz, del yo (moi), de la normalidad o, como diría Bollas, de la personalidad “normótica” que, a diferencia de los cuadros clásicos de la psicosis, no rompen con la realidad cotidiana, sino que rompen el lazo con su deseo, alienándose en identificaciones sociales rígidas. Se trata de ese campo clínico que Lacan, en la Cuestión preliminar, llamó “psicosis sociales”, en las que no prevalece la ruptura con el “buen orden” sino su asimilación a-crítica. Es este el vértice teórico de lo que estudiamos en Italia, colaborando con el Ministerio de las Políticas Juveniles: el poder del ícono social del cuerpo flaco en la difusión epidémica de la anorexia entre las mujeres jóvenes.
En síntesis: la “clínica del vacío” no es solo una clínica de la des-inserción (débranchement), para retomar un término propuesto por Miller, sino también una clínica de la adhesión excesiva a los semblantes sociales. Esto significa que en el uso que hacemos de esta categoría, no utilizamos la experiencia del vacío como indicio de una estructura determinada de la personalidad, como sí ocurre para Kernberg, quien considera el aspecto del “vacío crónico” o del “vacío difundido” como un rasgo específico de la personalidad border-line. La perspectiva de la “clínica del vacío” no supone la existencia de una personalidad border-line, sino que es ella misma la que se coloca como una clínica border-line. En este sentido adviene la centralidad del binomio angustia-defensa, puesto que ya no se coloca en su centro al sujeto del deseo, y se problematiza la discontinuidad del diagnóstico diferencial. De hecho, no es evidente si en los sujetos que se presentan a raíz de los llamados nuevos síntomas se halla en juego una clínica de la forclusión, por lo tanto reconducible a la clínica de la psicosis, o una clínica de la represión, reconducible a la clínica de la neurosis. Forclusión y represión solo raramente se manifiestan con fuerza de evidencia. Se trata entonces de considerar la dificultad del sujeto para ubicarse en el psicoanálisis en una relación de deseo con el Otro sin saber si esta dificultad es un indicio de una ausencia forclusiva del Nombre del Padre o de una dificultad del sujeto de vitalizar fálicamente su existencia. En este sentido la clínica del vacío es una clínica suspendida, border-line, radicalmente bajo transferencia, porque será solo la relación analítica la que va a orientar el diagnostico diferencial.
(Entrevista publicada en el "Aperiódico Psicoanalítico")
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Recalcati
miércoles, 20 de enero de 2010
Entrevista a Massimo Recalcati * - Primera parte
*Massimo Recalcati reside en Italia.
Director Científico del “Istituto di Ricerca di Psicoanalisi” (IRPA)
Fundador de “Jonas: Centro de investigación de nuevos síntomas”
Docente CEPUSPP (Centre Einseignement Postgradue en Psychiatrie et
Psychotherapie) de Lausana
Psychotherapie) de Lausana
¿Cómo definiría la anorexia y la bulimia en la contemporaneidad?
Uno de los rasgos fundamentales de la contemporaneidad consiste en un debilitamiento generalizado del lazo con el Otro. El sujeto contemporáneo aparece, en este sentido, como desprendido del Otro, a la deriva. Como muchos han señalado, la potencia simbólica del gran Otro se ha debilitado irreversiblemente, y el nuestro es un tiempo, como decía Adorno en Minima Moralia, del goce monádico, es decir de una exasperación del individuo que excluye la dimensión trans-individual del sujeto. Siguiendo a Lacan, debemos de hecho distinguir entre individuo y sujeto. Ante todo porque el sujeto se encuentra estructuralmente dividido en cuanto a lo que implica, en lo más íntimo suyo, la presencia del Otro (del deseo y de la alteridad con la que está constituido) y por lo tanto no es del todo asimilable al individuo que, por el contrario, ya desde su etimología significa un ente “sin división”. El goce de la monada es, en este sentido, una alternativa a la experiencia subjetiva del deseo como apertura hacia el Otro. En nuestros tiempos, la hegemonía del discurso del capitalista sostiene una nueva ilusión respecto al de la religión y de la razón positivista. Sostiene la ilusión del objeto del deseo como encarnado en el objeto de goce, es decir la ilusión de que es posible, por medio del consumo del objeto de goce, curar las heridas que inflige la realidad humana, y que la vuelve estructuralmente precaria y faltante.
La producción electrizada de la pirotecnia de los objetos-gadgets envuelve al sujeto híper-moderno en una atmósfera de manías colectivas. El lazo, la relación con el Otro y la dimensión del intercambio erótico-amoroso que esto implica cede lugar a la relación unilateral con la serie ilimitada de partners-inhumanos. La anorexia y la bulimia son dos declinaciones ejemplares de esta sustitución y de esta nueva (y post-humana) versión del lazo social. Para la anoréxica, el partner fundamental se vuelve su propia imagen idealizada. El mundo se reduce a la superficie lisa y aséptica del espejo. Su pasión es una pasión de consistencia: lograr ser idéntica a su imagen ideal. Su empresa es un dominio: gobernar el cuerpo, ejercitar un dominio de la voluntad sobre su apetito haciendo en realidad de esta voluntad el lugar superyoico de un goce pulsional. Eso que los Kestemberg han definido precisamente como el “vértigo de la dominación”, que perturba la posición pulsional del cuerpo regulado de la castración simbólica e impone la renuncia a un estilo de vida, a una forma invertida, post-humana, de dandismo. Y sin embargo sabemos que la prolongación de la abstinencia genera a su vez un fenómeno incontrolable del cuerpo, el de la producción de endorfinas que invisten al sujeto de una corriente de excitación.
Por el contrario, en el caso de la bulímica asistimos a la actividad pura de la pulsión, y no a su interdicción fanática, llevada a un primer plano: aquí no cuenta el objeto que se come sino solo la propia actividad de comer. Esta compulsión a comer todo constituye el punto de máxima convergencia de la bulimia con el nuevo imperativo social que regula el programa -los objetivos- de la Cultura: lo que cuenta no es qué objeto se consume sino la propia actividad de consumo, el “consumo del consumo”, como ha dicho Baudrillard. Es este el otro aspecto del súper-yo contemporáneo. Si el higienismo fundamentalista de la anorexia lleva a una exasperación pulsional de la voluntad kantiana, la devoración bulímica exalta la función sádica del goce como nueva forma del súper-yo social.
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miércoles, 13 de enero de 2010
Anorexia, angustia y duelo* - Última parte
*por Graciela Sobral (Madrid)
Algunas conclusiones
La estructura subjetiva, es decir, la coordinación del falo y el objeto a, la construcción del fantasma y la organización del deseo ponen freno a la pulsión de muerte, civilizándola. No obstante, la pulsión se manifiesta en la conducta del sujeto, a través del acto.
En nuestro caso, que tomamos como ejemplo de un desencadenamiento anoréxico a partir de una pérdida y que nos permite mostrar la relación entre anorexia y duelo, vemos que Marta es consciente de la falta que podría dolerle, pero no experimenta ese dolor. Como afirma sabiamente Freud en su Fenomenología de las dificultades del proceso de duelo, en Duelo y Melancolía, en este caso ella sabe que ha perdido un objeto pero no sabe lo que ha perdido subjetivamente con él. Si bien, en nuestro caso, no se trata de una melancolía como en el ejemplo freudiano. Marta hace un síntoma anoréxico que la sostiene hasta que éste se torna bulimia. Podemos observar que cumple la función de mantener oculto para ella lo que ha perdido con él. Todavía no sabemos en qué circunstancias se da el paso a bulimia, pero sí sabemos que ésta la desespera, es decir, la angustia. Marta intenta controlar todo en su vida y no soporta el descontrol del atracón. En lugar de la purgación, habitual en los casos de bulimia, toma un frasco de pastillas. No se trata de vaciarse, como una pérdida de goce, sino de un paso al acto para desaparecer de la escena que la angustia ¿Qué podemos decir de este paso al acto? De entrada podemos decir que pone de manifiesto algo que la anorexia mantenía oculto. Si la anorexia funciona como un fantasma, la bulimia constituye un movimiento que rompe el equilibrio fantasmático porque introduce un empuje pulsional que lo desborda. Si Marta hubiera continuado con el síntoma anoréxico seguramente este paso al acto no se hubiera producido. Frente a la desaparición de su abuelo debía surgir la pregunta tanto por su falta (¿Cómo vivir sin él?) como por el lugar de ella sin el sostén del abuelo (¿Dónde vivir sin la falta del Otro para alojarse? ¿Qué o quién es ella ahora, cuando ya no le falta al Otro?). Como hemos dicho, en lugar de las preguntas propias para iniciar el trabajo del duelo, surge el síntoma anoréxico. Cuando éste vira a bulimia y el atracón la angustia, no soporta la angustia y hace un paso al acto. De la relación de amor con el abuelo que la sostenía en un lugar de privilegio (i (a)), pasa a ser un objeto caído (a) en tanto que ha perdido el lugar que ocupaba en el Otro. Esto desvela un aspecto universal de la relación del sujeto con el objeto a, normalmente velado por (i(a)): el sujeto identifica su ser al objeto caduco, resto de la operación significante, que Lacan nombra con los términos tomados del caso de la joven homosexual de Freud, niederkomen lassen, el sujeto identificado al objeto que se deja caer.
En el caso de Marta, la dificultad para hacer el duelo la hizo pasar del sostén provisional de la anorexia (pseudofantasma) a devenir un objeto resto, caído del Otro. Como es frecuente en estos casos, el curso de las entrevistas ha llevado la cuestión a su dificultad con el amor en la relación con los chicos, según la lógica histérica y con las marcas provenientes del estrago.
(Artículo publicado en el " Aperiódico Psicoanalítico ")
miércoles, 6 de enero de 2010
Anorexia, duelo, angustia* - Tercera parte
* por Graciela Sobral (Madrid)
Ejemplo clínico
Para ilustrar este desarrollo voy a comentar las coordenadas de un caso que he recibido recientemente y del que ignoro aún algunos elementos analíticos fundamentales. No obstante, lo traigo como ejemplo porque reúne varios de los aspectos que he querido articular: angustia, duelo y fantasma en relación con la anorexia-bulimia.
Los padres se dirigen a mí, con una gran urgencia subjetiva: Marta es una joven de 18 años que tomó un frasco de pastillas, en un intento de suicidio. La ingresaron en el hospital para hacerle un lavado de estómago. El intento autolítico lo hizo después de un atracón, desesperada por no poder evitar los atracones (sin embargo, la impronta oral se mantiene en el intento de suicidio mismo). Hace dos años comenzó a padecer una anorexia que fue virando a bulimia, pero dice no tener problemas, salvo la bulimia misma. Sólo sabe que hace dos años su abuelo materno, personaje muy querido para ella, enfermó y, a los pocos meses, murió. Vivió con sus padres en la casa de sus abuelos hasta que pudieron comprarse una casa propia, cuando ella tenía 9 años. De su madre, que tiene una relación difícil con su propia madre, no recuerda nada hasta los 10 u 11 años, porque trabajaba mucho y no estaba nunca. (La relación con la madre es un punto esencial que debe ser interrogado en el trabajo analítico. Así, por ejemplo, le hice observar en su momento que esta falta de recuerdos no podía obedecer al poco tiempo que la madre estaba en casa con ella en razón de su trabajo, sino que respondía al trabajo de la represión, ligado seguramente a lo difícil de la relación con la madre). Sí recuerda a su padre, con el que salía los fines de semana y a su abuelo, que la llevaba al colegio y le daba la merienda. Interrogada por su dolor y por el de su madre frente a la muerte del abuelo dice que ella no quiso darse cuenta, ni cuando enfermó ni cuando murió; y que su madre se hizo la fuerte para no causar más dolor ni a su propia madre, ni a su marido, ni a su hija. Se trata de una ausencia de duelo, duplicada en este caso por la madre, que tampoco lo hace y no muestra la falta que supondría estar en duelo.
(Artículo publicado en "Aperiódico Psiconanalítico")
Ejemplo clínico
Para ilustrar este desarrollo voy a comentar las coordenadas de un caso que he recibido recientemente y del que ignoro aún algunos elementos analíticos fundamentales. No obstante, lo traigo como ejemplo porque reúne varios de los aspectos que he querido articular: angustia, duelo y fantasma en relación con la anorexia-bulimia.
Los padres se dirigen a mí, con una gran urgencia subjetiva: Marta es una joven de 18 años que tomó un frasco de pastillas, en un intento de suicidio. La ingresaron en el hospital para hacerle un lavado de estómago. El intento autolítico lo hizo después de un atracón, desesperada por no poder evitar los atracones (sin embargo, la impronta oral se mantiene en el intento de suicidio mismo). Hace dos años comenzó a padecer una anorexia que fue virando a bulimia, pero dice no tener problemas, salvo la bulimia misma. Sólo sabe que hace dos años su abuelo materno, personaje muy querido para ella, enfermó y, a los pocos meses, murió. Vivió con sus padres en la casa de sus abuelos hasta que pudieron comprarse una casa propia, cuando ella tenía 9 años. De su madre, que tiene una relación difícil con su propia madre, no recuerda nada hasta los 10 u 11 años, porque trabajaba mucho y no estaba nunca. (La relación con la madre es un punto esencial que debe ser interrogado en el trabajo analítico. Así, por ejemplo, le hice observar en su momento que esta falta de recuerdos no podía obedecer al poco tiempo que la madre estaba en casa con ella en razón de su trabajo, sino que respondía al trabajo de la represión, ligado seguramente a lo difícil de la relación con la madre). Sí recuerda a su padre, con el que salía los fines de semana y a su abuelo, que la llevaba al colegio y le daba la merienda. Interrogada por su dolor y por el de su madre frente a la muerte del abuelo dice que ella no quiso darse cuenta, ni cuando enfermó ni cuando murió; y que su madre se hizo la fuerte para no causar más dolor ni a su propia madre, ni a su marido, ni a su hija. Se trata de una ausencia de duelo, duplicada en este caso por la madre, que tampoco lo hace y no muestra la falta que supondría estar en duelo.
(Artículo publicado en "Aperiódico Psiconanalítico")
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Anorexia, angustia y duelo* - Segunda parte
* por Graciela Sobral (Madrid)
Relación anorexia-duelo
La pérdida de un ser querido también debemos pensarla en relación al fantasma, al lugar que ocupaba el objeto perdido en el fantasma del sujeto. El duelo es el trabajo de elaboración de dicha pérdida. También en el seminario La Angustia, Lacan nos da una indicación que resulta muy útil en este punto porque especifica que sólo hay duelo por la pérdida de un objeto que nos concierne en cuanto a nuestra propia falta; dice literalmente: “sólo estamos en duelo de alguien de quien podemos decirnos yo era su falta”.
Frente a la pérdida, igual que en la angustia, hay algo del sostén fantasmático que tambalea. No se trata tanto de lo que el objeto era para nosotros como de lo que nosotros éramos para él en el sentido de la castración: qué clase de objeto (a, falo) éramos para el otro, qué lugar nos daba y hemos perdido. No nos falta tanto el otro como nosotros mismos. ¿Qué seremos, ahora, sin el otro? Ésa es la clave del duelo.
Frente a la pérdida, la anoréxica realiza la misma operación que hemos descrito en relación a la angustia: no toma nota de la pérdida y por lo tanto no hace el duelo porque sustituye el objeto -tanto el objeto perdido como su lugar en relación a la falta del Otro- por la vía de la manipulación del objeto. Restituye el objeto y no se confronta con la falta, con el hecho de que ella ya no le falta al Otro, sino con el vacío, que no es para nada lo mismo.
(Artículo publicado en el "Aperiódico psicoanalítico")
Relación anorexia-duelo
La pérdida de un ser querido también debemos pensarla en relación al fantasma, al lugar que ocupaba el objeto perdido en el fantasma del sujeto. El duelo es el trabajo de elaboración de dicha pérdida. También en el seminario La Angustia, Lacan nos da una indicación que resulta muy útil en este punto porque especifica que sólo hay duelo por la pérdida de un objeto que nos concierne en cuanto a nuestra propia falta; dice literalmente: “sólo estamos en duelo de alguien de quien podemos decirnos yo era su falta”.
Frente a la pérdida, igual que en la angustia, hay algo del sostén fantasmático que tambalea. No se trata tanto de lo que el objeto era para nosotros como de lo que nosotros éramos para él en el sentido de la castración: qué clase de objeto (a, falo) éramos para el otro, qué lugar nos daba y hemos perdido. No nos falta tanto el otro como nosotros mismos. ¿Qué seremos, ahora, sin el otro? Ésa es la clave del duelo.
Frente a la pérdida, la anoréxica realiza la misma operación que hemos descrito en relación a la angustia: no toma nota de la pérdida y por lo tanto no hace el duelo porque sustituye el objeto -tanto el objeto perdido como su lugar en relación a la falta del Otro- por la vía de la manipulación del objeto. Restituye el objeto y no se confronta con la falta, con el hecho de que ella ya no le falta al Otro, sino con el vacío, que no es para nada lo mismo.
(Artículo publicado en el "Aperiódico psicoanalítico")
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Anorexia, duelo, angustia* - Primera parte
* por Graciela Sobral ( Madrid )
La anorexia-bulimia tiene como telón de fondo, normalmente, un problema vinculado al encuentro o desencuentro con la sexualidad, pero el desencadenamiento no siempre está relacionado directamente con esta cuestión. Observamos que, en numerosos casos, éste se produce frente a la dificultad para elaborar el duelo por la pérdida de un objeto. Es decir, ante la pérdida de un ser querido, el sujeto hace un síntoma anoréxico en lugar del duelo.
Esta cuestión nos ha llevado a preguntarnos por la relación entre anorexia y duelo, pregunta a la que intentaremos responder pasando por la angustia.
Anorexia y angustia: ¿Por qué las anoréxicas no se angustian?
Es frecuente que el sujeto histérico padezca angustia, pero no es así en el sujeto anoréxico, aunque sea histérico. El Seminario X, La Angustia, nos da una clave para intentar esclarecer la relación de la anorexia con la angustia y también con el duelo.
Jacques Lacan señala la aparición de la angustia frente a dos situaciones aparentemente opuestas, que vamos a referir exclusivamente al terreno de las neurosis:
1- hay angustia cuando falta la falta
2- hay angustia ante la inminencia del deseo del Otro
1- cuando falta la falta
Es el caso paradigmático en la anorexia: la “madre de la papilla asfixiante” que no transmite la falta y pone en juego un deseo devorador, donde el sujeto es tomado como objeto y fijado a una posición de goce que adolece de la falta. Ésta permitiría al sujeto orientarse en relación al deseo. Frente a este Otro, la anorexia es una maniobra para introducir un vacío que da lugar a un falso deseo.
2- ante la inminencia del deseo del Otro
En el encuentro con el deseo del Otro, cuando el deseo se aproxima al goce, el sujeto es reclamado como objeto, en tanto causa el deseo. Si el sujeto puede desprenderse de un objeto, si puede perder algo de su propio cuerpo y ponerlo en juego como objeto causa, podrá utilizarlo como mediación entre él y el Otro, separándose. Si no, se identificará él mismo al objeto, ya no causa, sino objeto resto, desecho, y ofrecerá al Otro su propia desaparición.
Estas dos situaciones, aparentemente opuestas, tienen sin embargo algo muy importante en común: en ambas no hay lugar para el sujeto, o el sujeto está en riesgo. Frente a estas dos coyunturas puede surgir la angustia. Pero la anoréxica tiene la posibilidad de evitarla a partir del recurso que le brinda un objeto muy particular: el objeto nada.
En el caso del estrago materno, la maniobra con el “objeto nada” permite horadar y poner a distancia al Otro devorador, es decir, crear artificialmente la falta que falta para conseguir un espacio que dé lugar a la aparición del deseo, a partir de la falsa premisa que iguala falta y vacío.
En relación al deseo del Otro, puede cederlo como un objeto que hace las veces de objeto separador, si bien no funciona como causa de deseo.
La angustia se produce frente a la emergencia de un real que desestabiliza el fantasma. Cuando el fantasma tambalea, el sujeto pierde el suelo que lo sostiene y la realidad misma queda en cuestión. En la anorexia, frente a esta situación, el sujeto manipula el objeto y realiza una sustitución sintomática que le permite reconstruir la realidad desde la perspectiva anoréxica. Así como podemos decir que el rechazo de la anoréxica abre la vía a un pseudodeseo, diremos que la anorexia misma funciona como un fantasma porque restablece la posición del sujeto con su objeto. Pero este “pseudofantasma” es frágil porque no se trata ni del objeto causa ni del objeto velado del fantasma. El sujeto pone en juego el objeto simbólico “nada”, con el que intenta producir un vacío real, al servicio de restablecer el equilibrio en riesgo.
( Artículo publicado en el "Aperiódico psiconanalítico" )
La anorexia-bulimia tiene como telón de fondo, normalmente, un problema vinculado al encuentro o desencuentro con la sexualidad, pero el desencadenamiento no siempre está relacionado directamente con esta cuestión. Observamos que, en numerosos casos, éste se produce frente a la dificultad para elaborar el duelo por la pérdida de un objeto. Es decir, ante la pérdida de un ser querido, el sujeto hace un síntoma anoréxico en lugar del duelo.
Esta cuestión nos ha llevado a preguntarnos por la relación entre anorexia y duelo, pregunta a la que intentaremos responder pasando por la angustia.
Anorexia y angustia: ¿Por qué las anoréxicas no se angustian?
Es frecuente que el sujeto histérico padezca angustia, pero no es así en el sujeto anoréxico, aunque sea histérico. El Seminario X, La Angustia, nos da una clave para intentar esclarecer la relación de la anorexia con la angustia y también con el duelo.
Jacques Lacan señala la aparición de la angustia frente a dos situaciones aparentemente opuestas, que vamos a referir exclusivamente al terreno de las neurosis:
1- hay angustia cuando falta la falta
2- hay angustia ante la inminencia del deseo del Otro
1- cuando falta la falta
Es el caso paradigmático en la anorexia: la “madre de la papilla asfixiante” que no transmite la falta y pone en juego un deseo devorador, donde el sujeto es tomado como objeto y fijado a una posición de goce que adolece de la falta. Ésta permitiría al sujeto orientarse en relación al deseo. Frente a este Otro, la anorexia es una maniobra para introducir un vacío que da lugar a un falso deseo.
2- ante la inminencia del deseo del Otro
En el encuentro con el deseo del Otro, cuando el deseo se aproxima al goce, el sujeto es reclamado como objeto, en tanto causa el deseo. Si el sujeto puede desprenderse de un objeto, si puede perder algo de su propio cuerpo y ponerlo en juego como objeto causa, podrá utilizarlo como mediación entre él y el Otro, separándose. Si no, se identificará él mismo al objeto, ya no causa, sino objeto resto, desecho, y ofrecerá al Otro su propia desaparición.
Estas dos situaciones, aparentemente opuestas, tienen sin embargo algo muy importante en común: en ambas no hay lugar para el sujeto, o el sujeto está en riesgo. Frente a estas dos coyunturas puede surgir la angustia. Pero la anoréxica tiene la posibilidad de evitarla a partir del recurso que le brinda un objeto muy particular: el objeto nada.
En el caso del estrago materno, la maniobra con el “objeto nada” permite horadar y poner a distancia al Otro devorador, es decir, crear artificialmente la falta que falta para conseguir un espacio que dé lugar a la aparición del deseo, a partir de la falsa premisa que iguala falta y vacío.
En relación al deseo del Otro, puede cederlo como un objeto que hace las veces de objeto separador, si bien no funciona como causa de deseo.
La angustia se produce frente a la emergencia de un real que desestabiliza el fantasma. Cuando el fantasma tambalea, el sujeto pierde el suelo que lo sostiene y la realidad misma queda en cuestión. En la anorexia, frente a esta situación, el sujeto manipula el objeto y realiza una sustitución sintomática que le permite reconstruir la realidad desde la perspectiva anoréxica. Así como podemos decir que el rechazo de la anoréxica abre la vía a un pseudodeseo, diremos que la anorexia misma funciona como un fantasma porque restablece la posición del sujeto con su objeto. Pero este “pseudofantasma” es frágil porque no se trata ni del objeto causa ni del objeto velado del fantasma. El sujeto pone en juego el objeto simbólico “nada”, con el que intenta producir un vacío real, al servicio de restablecer el equilibrio en riesgo.
( Artículo publicado en el "Aperiódico psiconanalítico" )
miércoles, 16 de diciembre de 2009
De la anoréxia al síntoma * - Última parte
*Por Verónica Carbone
Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana
AP de la Escuela de la Orientación Lacaniana
De la anorexia al síntoma.
Esos sujetos que comen nada, que ponen muchas veces en riego su vida. Aquellos con los cuales muchas veces se debe intervenir indicando una internación. Esos sujetos llamados anoréxicos son una vertiente, un producto que propone el consenso social, llevando la subjetividad a una posición de objeto.
Eso quiere decir algo, otra cosa y se puede ir revelando. El analista está allí para recibirlo, acoger su palabra, sabiendo que hay que partir de un imposible de acceder que llamamos real.
La diferencia de abordaje del síntoma anoréxico de un sujeto y su relación con el cuerpo hace que las consecuencias sean opuestas, y algunas veces no verificables en el tiempo.
En la viñeta presentada nos hubiéramos centrado en la anorexia como tal, si poseyéramos una técnica del trastorno con base biológica. Preguntando por la comida, indicando métodos de alimentación que permitieran re-encausar adaptativamente la relación alimentaria normal.
¿Podríamos llamar a este modo de tratamiento, una anorexia mental? Chatura del pensamiento en relación con el nada que tiene el sujeto anoréxico. Siendo en un caso el terapeuta el que se ubica como aquel que puede suturar esa nada y volver a hacer armónica la relación del sujeto con el medio.
Para la orientación lacaniana la anorexia es un síntoma. Es la significación que le ha dado un sujeto a los significantes que le vienen del Otro y que lo han determinado en su ser. Es la relación con la que Lacan llamó lalengua esa que es solamente singular, de cada uno. Lo que permitirá tratar esa nada como un objeto al cual ese sujeto se relaciona de diferentes maneras, tratando de obturar el vacío estructural de la vida humana.
Podemos decir con J.A. Miller que el síntoma es acontecimiento del cuerpo. Esta paciente pudo ir historizando su vida. Darle diferentes sentidos que a lo largo de un análisis irán cayendo para acceder a un saber sobre sí que no será con el que vino, pero sí construido por ella y que dará cuenta de la utilidad de un análisis en la vida de alguien que quiere padecer menos.
La anorexia es vulgarmente la falta anormal de comer. Para el psicoanálisis es la relación de un sujeto que pone en juego un goce mortífero, sin piedad, en bullicioso silencio y obscena imagen de un cuerpo muchas veces cadavérico.
(Este artículo fue publicado en el " Aperiódico Psicoanalítico ".)
Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana
AP de la Escuela de la Orientación Lacaniana
De la anorexia al síntoma.
Esos sujetos que comen nada, que ponen muchas veces en riego su vida. Aquellos con los cuales muchas veces se debe intervenir indicando una internación. Esos sujetos llamados anoréxicos son una vertiente, un producto que propone el consenso social, llevando la subjetividad a una posición de objeto.
Eso quiere decir algo, otra cosa y se puede ir revelando. El analista está allí para recibirlo, acoger su palabra, sabiendo que hay que partir de un imposible de acceder que llamamos real.
La diferencia de abordaje del síntoma anoréxico de un sujeto y su relación con el cuerpo hace que las consecuencias sean opuestas, y algunas veces no verificables en el tiempo.
En la viñeta presentada nos hubiéramos centrado en la anorexia como tal, si poseyéramos una técnica del trastorno con base biológica. Preguntando por la comida, indicando métodos de alimentación que permitieran re-encausar adaptativamente la relación alimentaria normal.
¿Podríamos llamar a este modo de tratamiento, una anorexia mental? Chatura del pensamiento en relación con el nada que tiene el sujeto anoréxico. Siendo en un caso el terapeuta el que se ubica como aquel que puede suturar esa nada y volver a hacer armónica la relación del sujeto con el medio.
Para la orientación lacaniana la anorexia es un síntoma. Es la significación que le ha dado un sujeto a los significantes que le vienen del Otro y que lo han determinado en su ser. Es la relación con la que Lacan llamó lalengua esa que es solamente singular, de cada uno. Lo que permitirá tratar esa nada como un objeto al cual ese sujeto se relaciona de diferentes maneras, tratando de obturar el vacío estructural de la vida humana.
Podemos decir con J.A. Miller que el síntoma es acontecimiento del cuerpo. Esta paciente pudo ir historizando su vida. Darle diferentes sentidos que a lo largo de un análisis irán cayendo para acceder a un saber sobre sí que no será con el que vino, pero sí construido por ella y que dará cuenta de la utilidad de un análisis en la vida de alguien que quiere padecer menos.
La anorexia es vulgarmente la falta anormal de comer. Para el psicoanálisis es la relación de un sujeto que pone en juego un goce mortífero, sin piedad, en bullicioso silencio y obscena imagen de un cuerpo muchas veces cadavérico.
(Este artículo fue publicado en el " Aperiódico Psicoanalítico ".)
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