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miércoles, 1 de septiembre de 2010
¿CÓMO AMAMOS HOY?* - Sexta entrega
*Este texto forma parte del libro “¿Todo sobre las drogas?” (págs.156/164) de Ernesto S. Sinatra, Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora, 1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004); "Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" (Grama Ediciones, 2010)
2.3 La química del amor femenino
Hace ya algunos años escribí ¿Por qué los hombres son como son? libro en el que intenté situar ciertos ejes de la sexualidad masculina que determinan el malentendido de los sexos a partir del ensañamiento de los hombres con el falo (elemento central de los desajustes con el Otro sexo, pivote del rechazo al goce femenino en nombre de la castración). Hoy, luego de haberle dedicado a la empresa un segundo volumen1, nunca imaginé que esa pregunta –encarnada tradicionalmente como queja por las mujeres- encontraría su respuesta desde las neurociencias.
A través de una resonancia magnética nuclear se habría detectado que la amígdala del cerebro es uno de los centros primarios de la actividad emocional; pero esto no es todo, ya que a partir de aquí se afirma que las emociones tendrían género, pues se habría corroborado que la mayor presencia de oxitocina en las mujeres que en los hombres las encausa a ellas decididamente hacia el amor (especialmente en las madres, ya que es una hormona más activa en ese estado).
Deberíamos entonces responder que los hombres ‘son como son’ a causa del predominio de testosterona y –aquí viene la novedad–, especialmente por su escasa capacidad para emplear la otra hormona de referencia, la oxitocina, abanderada química de la liberación química femenina del nuevo siglo. A los hombres les faltaría lo que las mujeres producen sin inhibición (como sí lo harían los hombres con la oxitocina, inhibida por la testosterona).
Hace algunos días los periódicos han publicado, alarmados, índices crecientes de daños cardíacos producidos en las mujeres de nuestro país a causa de su agitado nivel de vida. Al mismo tiempo, algunas experimentaciones dicen haber comprobado que ‘las caricias y los abrazos cumplen una función terapéutica en el corazón de la mujer’, literalmente.
Aquí también –como no imaginarlo– es la oxitocina la encargada de bajar la presión sanguínea y el ritmo cardíaco. Ergo, hay que abrazarse más, lo que lleva a una indicación orientada desde la industria del comportamiento: conseguir partenairees (masculinos o no) que las abracen más.
Ahora comprobemos otras cualidades terapéuticas y funcionales atribuidas a la nueva panacea química, supuesta base real de la industria del amor aplicadas al género femenino: ‘estrechan el vínculo entre madres e hijos’; nos hace ‘mejores personas, más confiadas y confiables; pero, atención, sobre todo ayudaría a que las mujeres logren partenaires estables, ya que esta hormona: lograría ‘determinar el partenaire sexual por su capacidad de estimular a las mujeres para formar vínculos emocionales fuertes’.
Se desprende una ideología del amor, reintroducida por la química del sexo: desde influir en la elección del partenaire, hasta controlar el amor-pasional limitando sus efectos contingentes (ya que se sabe que la durabilidad es pautada).
Pero aún hay algo más, salida especialmente dedicada para aquellas mujeres que no han tenido demasiado éxito en la elección del partenaire sexuado, ya sea por desinterés o por neurosis: se habría demostrado que ‘shopping y sexo dan la misma satisfacción’ . Mis queridas señoras, señoritas, por si no lo entendieron aun: si no tienen partenaire tienen tarjeta de crédito. El shopping las espera; y -él sí- no las va a defraudar.
Pero por esta vía volvemos a encontrarnos, nuevamente, en el reino de los semblantes, deslizándonos –ahora de un modo canallesco– en una nueva de lo real.
2.3 La química del amor femenino
Hace ya algunos años escribí ¿Por qué los hombres son como son? libro en el que intenté situar ciertos ejes de la sexualidad masculina que determinan el malentendido de los sexos a partir del ensañamiento de los hombres con el falo (elemento central de los desajustes con el Otro sexo, pivote del rechazo al goce femenino en nombre de la castración). Hoy, luego de haberle dedicado a la empresa un segundo volumen1, nunca imaginé que esa pregunta –encarnada tradicionalmente como queja por las mujeres- encontraría su respuesta desde las neurociencias.
A través de una resonancia magnética nuclear se habría detectado que la amígdala del cerebro es uno de los centros primarios de la actividad emocional; pero esto no es todo, ya que a partir de aquí se afirma que las emociones tendrían género, pues se habría corroborado que la mayor presencia de oxitocina en las mujeres que en los hombres las encausa a ellas decididamente hacia el amor (especialmente en las madres, ya que es una hormona más activa en ese estado).
Deberíamos entonces responder que los hombres ‘son como son’ a causa del predominio de testosterona y –aquí viene la novedad–, especialmente por su escasa capacidad para emplear la otra hormona de referencia, la oxitocina, abanderada química de la liberación química femenina del nuevo siglo. A los hombres les faltaría lo que las mujeres producen sin inhibición (como sí lo harían los hombres con la oxitocina, inhibida por la testosterona).
Hace algunos días los periódicos han publicado, alarmados, índices crecientes de daños cardíacos producidos en las mujeres de nuestro país a causa de su agitado nivel de vida. Al mismo tiempo, algunas experimentaciones dicen haber comprobado que ‘las caricias y los abrazos cumplen una función terapéutica en el corazón de la mujer’, literalmente.
Aquí también –como no imaginarlo– es la oxitocina la encargada de bajar la presión sanguínea y el ritmo cardíaco. Ergo, hay que abrazarse más, lo que lleva a una indicación orientada desde la industria del comportamiento: conseguir partenairees (masculinos o no) que las abracen más.
Ahora comprobemos otras cualidades terapéuticas y funcionales atribuidas a la nueva panacea química, supuesta base real de la industria del amor aplicadas al género femenino: ‘estrechan el vínculo entre madres e hijos’; nos hace ‘mejores personas, más confiadas y confiables; pero, atención, sobre todo ayudaría a que las mujeres logren partenaires estables, ya que esta hormona: lograría ‘determinar el partenaire sexual por su capacidad de estimular a las mujeres para formar vínculos emocionales fuertes’.
Se desprende una ideología del amor, reintroducida por la química del sexo: desde influir en la elección del partenaire, hasta controlar el amor-pasional limitando sus efectos contingentes (ya que se sabe que la durabilidad es pautada).
Pero aún hay algo más, salida especialmente dedicada para aquellas mujeres que no han tenido demasiado éxito en la elección del partenaire sexuado, ya sea por desinterés o por neurosis: se habría demostrado que ‘shopping y sexo dan la misma satisfacción’ . Mis queridas señoras, señoritas, por si no lo entendieron aun: si no tienen partenaire tienen tarjeta de crédito. El shopping las espera; y -él sí- no las va a defraudar.
Pero por esta vía volvemos a encontrarnos, nuevamente, en el reino de los semblantes, deslizándonos –ahora de un modo canallesco– en una nueva de lo real.
miércoles, 25 de agosto de 2010
¿CÓMO AMAMOS HOY?* - Quinta entrega
*Este texto forma parte del libro “¿Todo sobre las drogas?” (págs.156/164) de Ernesto S. Sinatra, Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora, 1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004); "Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" (Grama Ediciones, 2010)
2.2 La industria de la economía del comportamiento nos hará inhalar confianza
Hoy sería posible, a partir de la neuro-economía (audaz cruce de la neurobiología con la economía) que la ciencia ‘mire’ el cerebro como quien mira lo que sucede en una empresa. ¿Para qué? La respuesta es obvia: por supuesto, para identificar las conductas de los consumidores e incidir sobre sus hábitos. ¿Y de qué manera?
De un modo extremadamente simple: veamos el primer efecto de la industria aplicada a la economía del comportamiento. Se dice que se ha comprobado que la substancia de la confianza es producto de una hormona: la oxitocina1. Por ello se ha llegado a idear un spray nasal que aumentar僘 鼠a confianza en los otros�(sic.), al par que disminuir僘 粗l sentimiento de peligrosidad causado por los extras� Al respecto no sabemos si de un modo irico o asertivo, nuestro conocido Antonio Damasio ha llegado a proponer dar ese tratamiento a los mitines para tranquilizar a las masas, infundi駭doles por un suculento roc卲 atmosf駻ico lanzado a escala masiva la confianza que la argumentaci pol咜ica no pudo o no supo administrar (supongo que algunos de uds. podr僘 estar pensando que tendr僘mos de este modo resuelto el problema del lazo asociativo, no so en la tensi campo-gobierno, sino -tambi駭- en nuestra Escuela, ya que bastar僘 con rociar la sala con oxitocina para distender las tensiones especulares y promover la confianza en el colega).
La oxitocina, hormona empleada como técnica de mercadeo serviría para ‘aceptar riesgos sociales que surjan de las interacciones personales’ (sic.). En una palabra, la aplicación de esta substancia contribuiría a la confianza –por ejemplo– del inversor, es decir, del consumidor; mientras que si generalizáramos este principio, nos encontraríamos, nada más ni nada menos, con un fundamento hormonal del lazo asociativo. El instinto gregario freudiano no tendría por causa la indefensión natural de la cría humana que conduciría a una nostálgica dirección al padre y a elaborar sus complejas relaciones con él, sino que el simple y automático empleo de una hormona nos ligaría al semejante, sin más ni menos.
Comprueben que ya podemos extraer de aquí un fundamento químico del amor sin manifestación alguna de subjetividad: con el empleo de la oxitocina resolveríamos el problema social y sexual de un solo golpe (perdón, de una sola aplicación).
miércoles, 18 de agosto de 2010
¿CÓMO AMAMOS HOY?* - Cuarta entrega
*Este texto forma parte del libro “¿Todo sobre las drogas?” (págs.156/164) de Ernesto S. Sinatra, Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora, 1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004); "Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" (Grama Ediciones, 2010)
Comprobemos algunos de esas consecuencias en algunos casos ejemplares.
2.1 Lo efímero de la pasión y su tratamiento
¿Cuánto dura la atracción sexual en una pareja, cuánto tarda en extinguirse la pasión?
Como bien saben –o se imaginan– los que se formulan esta pregunta ya saben la respuesta: la pasión ya los ha abandonado. Por eso cuando la interrogación es re-introducida por la ciencia en nombre de la química sexual debemos suponer que la neuro-economía y sus técnicas de mercadeo están vislumbrando alguna aplicación redituable.
El principio de partida consistió en afirmar que las investigaciones realizadas demuestran que la atracción sexual por el ser amado se debe a la coexistencia de tres neuro-transmisores: dopamina, noradrenalina y serotonina. La primera conclusión llevaría a afirmar que la pasión de una pareja dura entre uno y tres años (los dejo que cada uno haga sus cuentas). Y la conclusión propiciatoria del remedio que vendrá es muy simple:
Para extender la durabilidad de una relación pasional…hace falta confianza.
Ahora bien, ¿cómo y dónde se consigue confianza?
Comprobemos algunos de esas consecuencias en algunos casos ejemplares.
2.1 Lo efímero de la pasión y su tratamiento
¿Cuánto dura la atracción sexual en una pareja, cuánto tarda en extinguirse la pasión?
Como bien saben –o se imaginan– los que se formulan esta pregunta ya saben la respuesta: la pasión ya los ha abandonado. Por eso cuando la interrogación es re-introducida por la ciencia en nombre de la química sexual debemos suponer que la neuro-economía y sus técnicas de mercadeo están vislumbrando alguna aplicación redituable.
El principio de partida consistió en afirmar que las investigaciones realizadas demuestran que la atracción sexual por el ser amado se debe a la coexistencia de tres neuro-transmisores: dopamina, noradrenalina y serotonina. La primera conclusión llevaría a afirmar que la pasión de una pareja dura entre uno y tres años (los dejo que cada uno haga sus cuentas). Y la conclusión propiciatoria del remedio que vendrá es muy simple:
Para extender la durabilidad de una relación pasional…hace falta confianza.
Ahora bien, ¿cómo y dónde se consigue confianza?
miércoles, 11 de agosto de 2010
¿CÓMO AMAMOS HOY?* - Tercera entrada
Este texto forma parte del libro “¿Todo sobre las drogas?” (págs.156/164) de Ernesto S. Sinatra, Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora, 1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004); "Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" (Grama Ediciones, 2010)
2 - EL AMOR QUÍMICO SE COTIZA EN EL MERCADO
En otra oportunidad1 me referí a las paradojas del consumo y clasifiqué las conductas del consumidor en torno de tres respuestas subjetivas: tontos, cínicos y canallas.
Siguiendo la enseñanza de Jacques Lacan identifiqué a los tontos en su función de individuos de masas, aquellos que creen en el Otro ciegamente, objetos manipulables dispuestos a la medida del mercado. El mercado, promotor de la identificación de los consumidores para formarlos obedientes a sus leyes, consumidores amalgamados previamente por la publicidad para determinar sus comportamientos, programados a la medida del individuo universal ‘globalizado’ a partir del ‘Todos consumidores’: todos iguales, homogéneos, es decir, objetos a ser consumidos por el mercado.
Eric Laurent demostraba recientemente cómo, en la aplicación de una regla, de cualquier regla, se encubre una elección de goce: es decir, que en el intento de regular los comportamientos universalmente (ley, regla, norma o procedimiento) se contrabandea el goce de su aplicación. Una regla nunca dirá el goce que cifra en las condiciones de su aplicación: la gula del super-yo siempre acecha entre líneas.
Por eso la canallada define muy bien tal aplicación de leyes en nombre del mercado (recordemos que Lacan caracteriza al canalla como aquél que, sabiendo de la inexistencia del Otro, se aprovecha y ocupa ese lugar vacío, transformándose él mismo en el Otro del Otro –como si ese Otro realmente existiese, haciéndolo existir por ese ‘simple’ procedimiento de sustitución).
Por el otro lado, quedar fuera de las leyes de la ciudad, tal es el intento de los toxicómanos, quienes pretenden de un modo cínico gozar a partir de la inexistencia del Otro; aunque a menudo esos mismos individuos son re-incorporados en esas mismas redes desde las múltiples ofertas de colectivización del goce (granjas de rehabilitación, centros de asistencia para toxicómanos, redes sanitarias para drogadictos).
En estas coordenadas, ¿qué queda del amor?
Lo que vamos a considerar ahora constituye un tratamiento de lo real del goce que tiene precisas consecuencias sobre la subjetividad al operar en nombre de la ciencia.
Con el empleo de fármacos se intenta, una vez más, hacernos ‘tragar la píldora’2. La originalidad del discurso capitalista hace posible esta torsión del discurso del amo a partir del ‘Todos consumidores’: ciencia y tecnología de punta amalgamados, forcluyen al sujeto en nombre del universal promovido por el mercado.
Desde una neo-disciplina, la neuro-economía (audaz cruce de la neurobiología con la economía) se ha arribado a la invención de un nuevo amor.
Se trata aquí de una nueva promesa de felicidad, producto y combinación de las más sofisticadas técnicas del mercadeo: el amor químico.
Con substancias de la producción industrial combinadas con otras producidas por el organismo, la ciencia intenta hacer posible –suturando la no-relación sexual– lo que se consideraba imposible hasta hace un momento nomás: con el tapón del amor químico se nos ofrece la promesa de una felicidad por vía del mercado.
Pero consideremos más de cerca el alcance de esta intervención del mercado sobre los cuerpos. Nuestra hipótesis de base es que en la época de la inexistencia del Otro se pretende colocar en el lugar vacío del Dios-padre-occidental al Dios químico como causa de lo humano.
Se trata de un nuevo intento de rediseñar lo real del goce a partir de la proliferación de semblantes cientificistas producidos en torno de un programa universal de localización de lo real neuronal, supuesto etiológico del comportamiento humano.
Para nosotros, es claro que no se trata aquí de rechazar el programa de investigación en sí mismo (sería una tontería), sino de designar las precisas consecuencias de aplastamiento subjetivo que se promueven en su aplicación, ya que con el fundamento neuro-biológico del comportamiento se intenta desplazar la función real del acto como eje de la elección subjetiva, promoviendo una ideología del consumo que rechaza la responsabilidad como fundamento ético de la acción humana.
2 - EL AMOR QUÍMICO SE COTIZA EN EL MERCADO
En otra oportunidad1 me referí a las paradojas del consumo y clasifiqué las conductas del consumidor en torno de tres respuestas subjetivas: tontos, cínicos y canallas.
Siguiendo la enseñanza de Jacques Lacan identifiqué a los tontos en su función de individuos de masas, aquellos que creen en el Otro ciegamente, objetos manipulables dispuestos a la medida del mercado. El mercado, promotor de la identificación de los consumidores para formarlos obedientes a sus leyes, consumidores amalgamados previamente por la publicidad para determinar sus comportamientos, programados a la medida del individuo universal ‘globalizado’ a partir del ‘Todos consumidores’: todos iguales, homogéneos, es decir, objetos a ser consumidos por el mercado.
Eric Laurent demostraba recientemente cómo, en la aplicación de una regla, de cualquier regla, se encubre una elección de goce: es decir, que en el intento de regular los comportamientos universalmente (ley, regla, norma o procedimiento) se contrabandea el goce de su aplicación. Una regla nunca dirá el goce que cifra en las condiciones de su aplicación: la gula del super-yo siempre acecha entre líneas.
Por eso la canallada define muy bien tal aplicación de leyes en nombre del mercado (recordemos que Lacan caracteriza al canalla como aquél que, sabiendo de la inexistencia del Otro, se aprovecha y ocupa ese lugar vacío, transformándose él mismo en el Otro del Otro –como si ese Otro realmente existiese, haciéndolo existir por ese ‘simple’ procedimiento de sustitución).
Por el otro lado, quedar fuera de las leyes de la ciudad, tal es el intento de los toxicómanos, quienes pretenden de un modo cínico gozar a partir de la inexistencia del Otro; aunque a menudo esos mismos individuos son re-incorporados en esas mismas redes desde las múltiples ofertas de colectivización del goce (granjas de rehabilitación, centros de asistencia para toxicómanos, redes sanitarias para drogadictos).
En estas coordenadas, ¿qué queda del amor?
Lo que vamos a considerar ahora constituye un tratamiento de lo real del goce que tiene precisas consecuencias sobre la subjetividad al operar en nombre de la ciencia.
Con el empleo de fármacos se intenta, una vez más, hacernos ‘tragar la píldora’2. La originalidad del discurso capitalista hace posible esta torsión del discurso del amo a partir del ‘Todos consumidores’: ciencia y tecnología de punta amalgamados, forcluyen al sujeto en nombre del universal promovido por el mercado.
Desde una neo-disciplina, la neuro-economía (audaz cruce de la neurobiología con la economía) se ha arribado a la invención de un nuevo amor.
Se trata aquí de una nueva promesa de felicidad, producto y combinación de las más sofisticadas técnicas del mercadeo: el amor químico.
Con substancias de la producción industrial combinadas con otras producidas por el organismo, la ciencia intenta hacer posible –suturando la no-relación sexual– lo que se consideraba imposible hasta hace un momento nomás: con el tapón del amor químico se nos ofrece la promesa de una felicidad por vía del mercado.
Pero consideremos más de cerca el alcance de esta intervención del mercado sobre los cuerpos. Nuestra hipótesis de base es que en la época de la inexistencia del Otro se pretende colocar en el lugar vacío del Dios-padre-occidental al Dios químico como causa de lo humano.
Se trata de un nuevo intento de rediseñar lo real del goce a partir de la proliferación de semblantes cientificistas producidos en torno de un programa universal de localización de lo real neuronal, supuesto etiológico del comportamiento humano.
Para nosotros, es claro que no se trata aquí de rechazar el programa de investigación en sí mismo (sería una tontería), sino de designar las precisas consecuencias de aplastamiento subjetivo que se promueven en su aplicación, ya que con el fundamento neuro-biológico del comportamiento se intenta desplazar la función real del acto como eje de la elección subjetiva, promoviendo una ideología del consumo que rechaza la responsabilidad como fundamento ético de la acción humana.
miércoles, 4 de agosto de 2010
¿CÓMO AMAMOS HOY?* - Segunda parte
Este texto forma parte del libro “¿Todo sobre las drogas?” de Ernesto S. Sinatra, (págs.156/164) Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora, 1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004); "Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" (Grama Ediciones, 2010)
El trabajo analítico en esta dirección intentará resituar las coordenadas singulares de cada individuo para que advenga sujeto del inconsciente1. La operación transferencial, por la vía del amor al saber ofrecerá la coartada para dar tratamiento al goce des-localizado, pero derramado en el organismo.
De la irrupción de goce sin ligazón, des-localizado por el sufrimiento que ha tomado la carne y el pensamiento, a la re-localización del goce en el cuerpo configurado por la re-libidinización de los bordes pulsionales, haciendo existir el inconsciente por la vía de lo que los analistas llamamos el objeto a , invención del doctor Lacan para dar cuenta de la paradójica satisfacción humana que se apodera de trozos del cuerpo desde los cuales podemos arribar a la elucidación de la causa del deseo para, entonces sí, aliviar el sufrimiento.
Por ello se trata para nosotros de una decisión, trazada en nombre del deseo del analista, ya no en la espera tradicional y nostálgica de un padre que responda. Ese padre, el de la tradición, el de las pretendidas garantías infinitas, él ya no existe y no podremos revivirlo.
Hacer función de objeto para el analista es no dejarse tomar por el representante representativo del amo de turno, rehusar a transformarse en ‘agente del marketing de la industria’. Hacer función de objeto para cada analista es nuestra vía para responder a la neurosis de masas, para no hacer nosotros, a su vez, masa con las neurosis en el nombre del padre. Responder así a la presión del mercado que intenta que consumamos sus medicamentos, que usemos de un modo a-crítico sus instituciones normativizantes, que acatemos ciegamente a sus diagnósticos automáticos, recordando que en cada norma que se intenta aplicar en el nombre del bien común nunca se explicita que lo primero que se espera de la norma que se aplica es que a ella se obedezca, pues el goce de su aplicación siempre es acumulación de poder, aunque aquél que la aplique no tenga de ello ni la menor idea2.
Queremos analistas advertidos –junto a psiquiatras decididos– para respetar la subjetividad cada vez más amenazada por la normativización del mercado consumista que empuja a la soledad globalizada, en la paradoja de inundar los escaparates de las tiendas con innúmeros productos de la mano de la tecnología más avanzada.
Pero ¿y el amor -más allá de su localización en Internet, al que ya hicimos referencia- donde encontrarlo hoy?
miércoles, 28 de julio de 2010
¿CÓMO AMAMOS HOY?* - Primera Parte
*Este texto forma parte del libro “¿Todo sobre las drogas?” de Ernesto S. Sinatra, (págs.156/164) Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora, 1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004); "Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" (Grama Ediciones, 2010)
“El amor es tóxico”
1 – EL AMOR PÁNICO
Decíamos que la toxicomanía generalizada nombra el empuje al goce autista que recae sobre todos los individuos –objeto real del consumo– reunidos con sus gadgets en soledad globalizada. Pero entonces, ya que los fenómenos que caracterizan a las patologías actuales llevan la marca de ese goce autista, ¿qué lugar para el amor?
Hoy el amor -el encuentro con el Otro sexo- verdaderamente suele dar miedo, un miedo pánico. Saben ustedes que el ataque de pánico constituye un fenómeno que es destacado por el Manual de Diagnóstico en Salud Mental (DSM) en un lugar relevante, vamos a precisar ahora por qué.
La sociología contemporánea caracteriza a la época actual por el pasaje de la sociedad tradicional a la sociedad de riesgo y describe las transformaciones sociales producidas a partir de este pasaje1.
El desprendimiento de la tradición por parte de la sociedad moderna deja a los ciudadanos solos frente al porvenir; el encadenamiento del pasado con el futuro advino precario pues la tradición ya no asegura con sus normas y rituales un futuro predecible; en la modernidad tardía la conexión de lo pasado y lo futuro adviene contingente, ya no necesaria. Por todo eso, para nosotros el pánico –conjuntamente con la depresión– constituyen dos paradigmas actuales de nuestro tiempo.
Centrémonos ahora en el denominado ataque de pánico, en él se halla incluido su protagonista: el pánico, afecto que, en principio, marca el punto exacto del desfallecimiento del Otro, la caída del Otro de la tradición y sus normas que daban garantía a los ciudadanos para hacerle previsible el mañana: como suele decirse, en el pánico no hay Otro que valga: el individuo se halla mortalmente solo frente a su dolor de existir. Pero también el pánico evidencia, al mismo tiempo, la ausencia máxima de sentido: de pronto algo surge que desespera al sujeto, llevándolo hasta la máxima sensación de vértigo, pero cuando se intenta precisar qué fue lo que pasó, allí no ocurrió -en verdad- nada; o lo que es lo mismo, aunque las consecuencias sean devastadoras a nivel del cuerpo –sudor, agitación, sensación de muerte, etc.– lo que ocurrió no tiene ningún sentido. En el ataque de pánico se evidencia la falla constitutiva del sentido, no hay sentido que pueda evitar o explicar lo que allí ha acontecido; o –permítanme que lo diga de esta forma– no hay sentido que opere en el nombre del padre para fijar la irrupción del goce en el cuerpo, para decir que no a ese radical sin-sentido que parece terminar con todo.
Es en esta perspectiva que el pánico es el afecto de la inexistencia misma del Otro (del Otro apaciguador, del buen padre, del padre de la tradición normativizante). Pero también es el pánico el afecto que marca la presencia concomitante de lo real sin investidura representacional (no hay palabra que nombre –es decir: que apacigüe– lo que acontece); el pánico da cuenta de la falta misma de representación, de la fuga estructural del sentido, de la ausencia irremediable del Otro del lenguaje (del que el padre freudiano había parodiado ser el garante en la pantomima edípica al confundir prohibición con imposibilidad).
Un problema clínico de aquí se desprende, y es acuciante: cómo transformar el pánico en angustia en cada caso de urgencia subjetiva.
“El amor es tóxico”
1 – EL AMOR PÁNICO
Decíamos que la toxicomanía generalizada nombra el empuje al goce autista que recae sobre todos los individuos –objeto real del consumo– reunidos con sus gadgets en soledad globalizada. Pero entonces, ya que los fenómenos que caracterizan a las patologías actuales llevan la marca de ese goce autista, ¿qué lugar para el amor?
Hoy el amor -el encuentro con el Otro sexo- verdaderamente suele dar miedo, un miedo pánico. Saben ustedes que el ataque de pánico constituye un fenómeno que es destacado por el Manual de Diagnóstico en Salud Mental (DSM) en un lugar relevante, vamos a precisar ahora por qué.
La sociología contemporánea caracteriza a la época actual por el pasaje de la sociedad tradicional a la sociedad de riesgo y describe las transformaciones sociales producidas a partir de este pasaje1.
El desprendimiento de la tradición por parte de la sociedad moderna deja a los ciudadanos solos frente al porvenir; el encadenamiento del pasado con el futuro advino precario pues la tradición ya no asegura con sus normas y rituales un futuro predecible; en la modernidad tardía la conexión de lo pasado y lo futuro adviene contingente, ya no necesaria. Por todo eso, para nosotros el pánico –conjuntamente con la depresión– constituyen dos paradigmas actuales de nuestro tiempo.
Centrémonos ahora en el denominado ataque de pánico, en él se halla incluido su protagonista: el pánico, afecto que, en principio, marca el punto exacto del desfallecimiento del Otro, la caída del Otro de la tradición y sus normas que daban garantía a los ciudadanos para hacerle previsible el mañana: como suele decirse, en el pánico no hay Otro que valga: el individuo se halla mortalmente solo frente a su dolor de existir. Pero también el pánico evidencia, al mismo tiempo, la ausencia máxima de sentido: de pronto algo surge que desespera al sujeto, llevándolo hasta la máxima sensación de vértigo, pero cuando se intenta precisar qué fue lo que pasó, allí no ocurrió -en verdad- nada; o lo que es lo mismo, aunque las consecuencias sean devastadoras a nivel del cuerpo –sudor, agitación, sensación de muerte, etc.– lo que ocurrió no tiene ningún sentido. En el ataque de pánico se evidencia la falla constitutiva del sentido, no hay sentido que pueda evitar o explicar lo que allí ha acontecido; o –permítanme que lo diga de esta forma– no hay sentido que opere en el nombre del padre para fijar la irrupción del goce en el cuerpo, para decir que no a ese radical sin-sentido que parece terminar con todo.
Es en esta perspectiva que el pánico es el afecto de la inexistencia misma del Otro (del Otro apaciguador, del buen padre, del padre de la tradición normativizante). Pero también es el pánico el afecto que marca la presencia concomitante de lo real sin investidura representacional (no hay palabra que nombre –es decir: que apacigüe– lo que acontece); el pánico da cuenta de la falta misma de representación, de la fuga estructural del sentido, de la ausencia irremediable del Otro del lenguaje (del que el padre freudiano había parodiado ser el garante en la pantomima edípica al confundir prohibición con imposibilidad).
Un problema clínico de aquí se desprende, y es acuciante: cómo transformar el pánico en angustia en cada caso de urgencia subjetiva.
miércoles, 7 de abril de 2010
Entrevista a Ernesto S. Sinatra * - Última parte
Entrevista realizada por María Belén Silva
* Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora, 1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004); "Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos-" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" de próxima aparición por Grama Ediciones
¿Cuál es su opinión sobre las diferentes instituciones que se especializan en la “rehabilitación” del toxicómano?
Como siempre, hay de todo; pero las instituciones que nos interesan –y las que pretendemos que se consoliden para servirnos de ellas- son aquellas que dan lugar a las diferencias subjetivas, las que no aplastan a sus internos con el nombre de ‘adicto’ pensando que ‘son todos iguales’, sino aquellas que respetan que se trata de algo más que de un proceso químico a resolver, y dan lugar a la intervención del psicoanalista cuando ésta es requerida –por ejemplo, mientras dura una internación de desintoxicación. Pero no debemos olvidar que se trata aquí de una cuestión de reconocimiento de la autoridad analítica –y no sólo de tal o cual analista- y que construirla es nuestra responsabilidad, la de los analistas, haciendo saber qué hacemos y de qué modo y que para ello contamos con los dispositivos de formación que dispensan en nuestra ciudad, por ejemplo, de los que disponemos en la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y el Instituto Clínico de Buenos Aires(ICBA); como así también con dispositivos Asistenciales (RED Asistencial de la EOL y PAUSA –dedicada a las urgencias subjetivas-) con los que brindamos atención a la comunidad.
¿Cuál es su opinión acerca de las campañas de prevención?
¿Cómo prevenir lo que no se puede dejar de hacer? El límite de las campañas de prevención es el goce que anima justamente eso que se quiere prevenir: hace años una campaña hacía saber que la droga era un viaje de ida…¡Fantástico, si precisamente lo que pretenden una buena parte de los que las consumen es precisamente eso: un viaje de ida sin retorno a las miserias de las cuales se ha partido! Como se ve, es un problema muy difícil pero que no puede soslayarse, ya que se trata de una cuestión de Estado.
Por último y para finalizar me gustaría conocer su opinión sobre el tema de la despenalización de la droga en la Argentina.
Se trata, a mi entender, de un gran debate que está por producirse. Es preciso en primer lugar crear las condiciones para frenar el empuje global al consumo; en segundo lugar aclarar criterios de jurisprudencia, de normas legales, ya que –por ejemplo- no es lo mismo despenalizar que legalizar las condiciones del consumo ya que (una vez más) para el psicoanálisis se trata de que cada quien se haga cargo de las consecuencias de sus actos sobre sí mismo y sobre terceros –y en este punto se entrecruzan lo público y lo privado.
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miércoles, 31 de marzo de 2010
Entrevista a Ernesto S. Sinatra* - Tercera parte
Entrevista realizada por María Belén Silva
*Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundialde Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora,1991); "¿Por qué los hombres son como son?"(Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004);"Las neurosis -jeroglíficos,blasones, laberintos-" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" de próxima aparición por Grama Ediciones.
*Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundialde Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora,1991); "¿Por qué los hombres son como son?"(Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004);"Las neurosis -jeroglíficos,blasones, laberintos-" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" de próxima aparición por Grama Ediciones.
¿Se puede pensar la adicción a las drogas como un síntoma social propio de nuestra época? ¿Por qué?
En un sentido la adicción a las drogas consideradas como una satisfacción ‘egoísta’ que ocurre en el propio cuerpo –es decir: auto-erótica- podría ser considerado como un síntoma social; pero debemos agregar aquí el empuje del mercado de consumo a la producción de gadgets centrados en el ‘sí mismo’. Una publicidad de electrodomésticos lo mostraba con claridad, ofrecía la santidad al consumo femenino…sólo con la compra de un artefacto: San-yo.
¿De qué manera se puede pensar el cuerpo en la toxicomanía?
Habitualmente como la superficie sobre la cual se intenta gozar por medio de la instalación de una substancia. Hacer gozar el cuerpo como Uno, como una unidad indivisible es la tarea que pretende conseguir el toxicómano más decidido.
¿Desde el psicoanálisis, cómo considera usted que podría ser el tratamiento de un toxicómano?
Nadie es ‘toxicómano’, ‘drogadicto’ ni ‘adicto’; no atendemos a ningún adicto en cuanto tal. El psicoanálisis da tratamiento a una persona que sufre, que tiene problemas con los actos de su vida, con sus pensamientos, con los familiares que le han tocado en suerte y con los que debe convivir, con la elección de su sexualidad y las consecuencias que de ella se desprenden con sus parejas…Para que la operación analítica sea exitosa el analista deberá apuntar a que el sujeto se despoje de su ser drogadicto; y para eso están las entrevistas preliminares, condición de un análisis.
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miércoles, 24 de marzo de 2010
Entrevista a Ernesto S. Sinatra* - Segunda parte
Entrevista realizada por María Belén Silva Salas
* Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL);
Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundialde Psicoanálisis (AMP);
co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo)
y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora,
1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La
racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las
drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del
ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las
entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004);
"Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos-" (C.ICBA, 2009) y
"¿Todo sobre las drogas?" de próxima aparición por Grama Ediciones
¿Cómo se podría pensar la búsqueda de estados de inconsciencia o de olvidos que producen la utilización de la droga?
Precisamente ha sido El empuje al olvido un nombre que elegí para caracterizar la época (y que he desarrollado en un libro reciente “¿Todo sobre las drogas?” ); ya que no sólo hay que pensar en los efectos sufridos por el sujeto a nivel neurológico de la droga-dependencia, sino en los efectos pretendidos por él (aún de modo inconsciente): olvidar las consecuencias de los actos no realizados, y/o de los realizados en contra de su propio deseo; ‘salirse de sí’. No hace falta mucha inteligencia para comprobar la función de los medios de comunicación para acelerar infinitamente este efecto. Pensemos en uno de los fenómenos freak actuales que promueve nuestra admirable TV; por ejemplo, con la creación de una imagen ofrecida para gozar de la identificación a lo imposible, imagen creada por un hombre con múltiples cirugías (cuya elección sexual está siempre puesta en duda), sujeto poseedor de una fortuna con la que todo parecería ser posible, fortuna concebida en el nombre del padre -pero contra él- en una versión hiper-moderna del auto-didacta que triunfó en el show-business a fuerza de “todo se compra con dinero”: los tele-adictos, fascinados con él.
¿Cómo considera usted que se relaciona la violencia y la droga?
La violencia es una consecuencia ineludible de la des-protección del Estado a los ciudadanos en el mundo globalizado. El ‘hay de todo y para todos’ choca contra las realizaciones personales y las condiciones de creciente marginalidad en las que vivimos. El pretendido ‘bien social’ no puede ser garantizado con la economía actual del mercado mientras se regule (y catalogue) a los ciudadanos según su poder adquisitivo, es decir, como consumidores y no como ciudadanos.
En las condiciones de marginalidad actual, violencia-droga constituyen una pareja preocupante, no sólo por sus efectos de criminalidad, sino porque se instituye la figura del drogadicto a nivel social como la ‘causa universal del mal’. Pero cuidado, ya que tampoco se trata de victimizar el consumo ni al ‘adicto’, ya que cada uno es responsable de un modo ineludible de sus actos, pero sí se trata de intentar al menos resituar las coordenadas del problema real.
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miércoles, 17 de marzo de 2010
Entrevista a Ernesto S. Sinatra* - Primera parte
Entrevista realizada por María Belén Silva Salas
*Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana, Psicoanalista,
Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador
del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias
del psicoanálisis" (Anáfora,1991); "¿Por qué los hombres son como son?"
(Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá
de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del
*Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana, Psicoanalista,
Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador
del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias
del psicoanálisis" (Anáfora,1991); "¿Por qué los hombres son como son?"
(Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá
de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del
ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las
entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004);
"Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos-" (C.ICBA, 2009) y
"¿Todo sobre las drogas?" de próxima aparición por Grama Ediciones
¿Desde el psicoanálisis qué se entiende por toxicomanía?
Al elegir el término ‘toxicomanías’ y sustituirlo al de ‘drogadicción’ hemos subrayado la función subjetiva en el consumo: destacamos el efecto de elación –al que el concepto de manía remite- pero no menos la puesta fuera de sí, de rechazo del inconsciente al que son proclives los individuos que recurren a las substancias tóxicas. De ese modo, además, incluimos el problema de las toxicomanías como una cuestión clínica y no como un problema de otros campos -como el jurídico o el correccional, por ejemplo.
¿Usted qué opinión tiene sobre la influencia del contexto que rodea al toxicómano, es decir, la familia, la sociedad, etcétera?
Evidentemente, hay un empuje al consumo generalizado que enmarca la elección que realiza el toxicómano. La función de globalización que impulsa el mercado de consumo empuja a lo uniforme y ese mismo mercado encuentra en las drogas una mercancía muy redituable que ofrece a los consumidores; no se le escapa a usted que el uso de este término -consumidores- se emplea tanto para los que compran mercancías, cualesquiera fueren, como asimismo para los ‘drogadictos’. Y las familias, como siempre, hacen lo que pueden.
Teniendo en cuenta que en la sociedad de consumo actual surgen continuamente objetos nuevos de consumo ¿De qué manera se podrían pensar las nuevas drogas que se encuentran en el mercado?
Los objetos de consumo y las drogas son objetos solidarios. Toda droga es una mercancía; y habrá ‘nuevas drogas’ como existirán nuevas mercaderías. Para entender este proceso, el psicoanálisis evidencia que con la producción de drogas se trata de buscar medios de insertar satisfacción donde no la hay; es decir, intentar producir modos de gozar en el punto en el que la subjetividad se halla marcada por un vacío central, por una falla radical, una inadecuación radical entre los sexos. Y precisamente en ese punto se montan las substancias tóxicas para ofrecer ‘felicidad’, ‘placer extremo’, ‘novedad’, ‘éxtasis’; ‘paz en los pensamientos’ o simplemente ‘olvidar’ (empleo aquí términos recogidos de ‘consumidores’ habituales); pero como usted sabe, también vienen a este punto los dispositivos técnicos que resaltaba Martin Heidegger y que hoy se visten de ropajes tecnológicos y se distribuyen a escala planetaria (los gadgets del mercado) prometiendo una satisfacción universal para todos; lo que no sólo es una falacia sino una radical impostura: nadie sabe lo que el otro quiere, ni puede saberlo. Cuando alguien dice que lo sabe, no hay que equivocarse: ése trata de imponer su dominio sobre el individuo. Cualquier resonancia que provoque este planteo de los usos en el campo político, no es casualidad.
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