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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Kusama, atrapar el tiempo por la escritura* – Última parte

*Por Elvira Dianno (Artículo publicado en el Aperiódico)

Acacia olor a muerte” es el punto final de la self obliteration, de la destrucción de todo, la muerte del cuerpo de Mimiko en el espejo, la desintegración de la materia y luego la soledad del amante frente a lo fallido del amor vencido por la muerte de su amada a quien le dice “¡Oh, mujer que podría haberte comido viva!” 1 para así fundir los dos corazones

El arte a Yayoi Kusama –según sus propias declaraciones2 –la ha salvado del suicidio, sin embargo no parece haberla puesto a salvo ni de lo real ni de la muerte.

Sus períodos de escritura más frondosa fueron en la década del ‘70 cuando regresa de New York a Japón y se interna en un psiquiátrico donde vive desde entonces
Kusama intenta algo más con la escritura, intenta algo más con la escritura que lo realizado en su obra plástica en las infinitas cortinas de lienzos que cuelgan en los muros de los museos y caen en su relato.

A este respecto leemos en Lacan “Me interesa la escritura porque pienso que históricamente se ha entrado en lo real por fragmentos de escritura, a saber, se cesó de imaginar”3 Quizá Lacan también hubiera dicho de Kusama lo que le dedicó a Marguerite Duras como homenaje “en su materia, el artista siempre le lleva la delantera —al psicoanalista—, y que no tiene por qué hacer de psicólogo donde el artista le desbroza el camino.” y agrega “Marguerite Duras evidencia saber sin mí lo que yo ense­ño “4

Yayoi elige estas palabras para finalizar “Acacia…” “La distancia entre el cielo y la tierra retornó a la nada, y todo lo que permanecía a la deriva en este espacio era el silencio de un corazón vacío”5 .

Entonces, tal vez, Yayoi podría decir con Marguerite Duras "Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad total y descubrir que sólo la escritura te salvará"6


Lecturas
Kusama, Y., Acacia olor a muerte, Ed Mansalva-Malba, Buenos Aires 2013
Kusama, Y. Obsesión Infinita, Ed Mansalva-Malba, Buenos Aires 2013
Lacan, Jacques, S 23 El sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006
Miller, Jacques Alain “Lógicas de la vida amorosa” Ed Manantial, Buenos Aires, 2009
Miller, Jacques Alain “El ultimísimo Lacan” Paidós, Buenos Aires, 2013
1 Op cit, pág 72
2 http://www.revistaenie.clarin.com/arte/Yayoi-Kusama-arte-remedio-dolor_0_950904911.html
3 Lacan Jacques , S23 El sinthome,Paidós, Buenos Aires, 2006, pág 68
4 Lacan, J. (1993) “Homenaje a Marguerite Duras, del rapto de Lol V. Stein” en Intervenciones y textos 2. Buenos Aires: Manantial Pág. 66
5 Op cit Pág. 92
6 Duras, Margarite Escribir, Tusquets, Madrid,1991 Pág. 22

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Kusama, atrapar el tiempo por la escritura* – Tercera parte

*Por Elvira Dianno

Las fantasmáticas efímeras vidas -de las que está advertida la autora- parecen detenerse por instantes en el encuentro fugaz de dos cuerpos a la hora del amor, tal lo dicho en este también fugaz anuncio del texto “El único regalo de esta corta e insignificante temporada de carne y hueso fue sólo un instante de blancura a la madrugada”1 .
Kusama usa un insólito color para pintar sus palabras, un color que tiene una presencia singular en su obra como si fuera el fondo de un real: el semen, las acacias blancas que cubren el cadáver de Mimiko, el blanco de los cuartos de las instalaciones en los museos, sobre las que luego se estamparán miles, infinitos puntos.

Kusama- cuya historia infantil de abusos ha sido muy difundida, sometida por su madre a espiar a su padre en sus andanzas con geishas para luego descargar en ella su ira – entra desde pequeña en un irrefrenable mundo de alucinaciones auditivas y visuales, imágenes que luego troca en infinitos puntos cual tela agujereada con la que velar fallidamente los trozos de real que se escabullen en lienzos y esculturas. Es casi inevitable encontrar en este relato un intento más del mismo tenor solo que aquí agrega -si se quiere- un color y una textura nuevos, el amor. “El amor era, lo que es difícil de olvidar, para morir pisoteando la muerte”2. ¿Será el amor a muerte del que nos habla Jacques Alain Miller en Lógicas de la vida amorosa?

Un amor más allá de la muerte, más allá de la obliteration3, nombre que la artista le da al mecanismo mediante el cual destruir el yo para fundirse como un punto en el infinito, cubriéndose y cubriendo todo de puntos, todo el fondo blanco obliterado en puntos.
1 op cit pág 89
2 Op cit pág 82
3 Obliteration en inglés annihilation, blotting out, deletion, effacement, elimination, eradication, erasure, expunction, extirpation, rooting out, sponging out, wiping out en español desaparecer, exterminar, destruir completamente.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Kusama, atrapar el tiempo por la escritura* – Segunda parte

*Por Elvira Dianno

En la misma línea de su obra como artista plástica y escultora, en este cuento de Kusama podemos leer un relato que describe un real imposible de velar y donde añade el intento de atrapar el tiempo en una tela, en el arte, aunque el espacio sinfín del cosmos estuviera en el proceso de ser destruido: arte, tierra y seres humanos. Para Kusama, los humanos son fantasmas efímeros, en un mundo que lo es y donde nada se puede capturar, tampoco la belleza. Para Yayoi Kusama, como para Lacan, “el espacio no es real pero el tiempo sí lo es”1.

La autora ubica la belleza inmutable de Afrodita en tensión con los cambios del paisaje que envejecería, insistiendo en su demanda al Otro del tiempo, al Otro de la Belleza, al de la Juventud.

Leemos: “La región de su alguna vez denso vello púbico se había pulverizado, no habían quedado rastros del intervalo de Eros se había vuelto una ruina negra .Eros hueco expandiéndose en el aire para llenar el espacio vacío”2. Eros y por debajo de Eros, Thanatos llegando implacable de la mano del tiempo y en otro momento dice “Las flores encomendaban sus vidas al latido del reloj…todas las cosas sólo al principio parecían eternas”3 Kusama también sabe que no hay la eternidad.

Luego de la muerte de su amada , con su cuerpo en el jardín cubierto de pétalos de acacias blancas desintegrándose , Masao busca en el espejo la imagen de Mimiko y no la encuentra, al hallar sólo su propia imagen envejecida, lo hace trizas y todo desaparece alrededor y el cuerpo se pulveriza comido por larvas y vuelto al polvo.

¿Adónde habían ido la forma, la belleza y la imagen? Asoma –compacto- lo real tras lo imaginario que -desintegrado -se desvanece. Yayoi Kusama aquí también parece seguir a Lacan, sabe de la distinción entre el cuerpo –que es imaginario - y el organismo que se ubicará en el registro de lo real pulverizándose con el tiempo.
1 Miller, Jacques Alain “El ultimísimo Lacan” Paidós, Buenos Aires, 2013, Pág. 107
2 op cit Pág. 84
3 op cit Pág 80

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Kusama, atrapar el tiempo por la escritura* – Primera parte

*Por Elvira Dianno (Artículo publicado en el Aperiódico)

Del Reina Sofía1 al Malba2, del Withney3 al Pompidou4 los infinitos puntos de Yayoi Kusama5 cubren árboles, muros, mobiliarios, lienzos y -en no menos infinitas luces- sus instalaciones transmiten un mundo de ilimitados bordes, trozos de cuerpos, multiplicación de penes y rostros en planos y volumen: intentos de velar- cada vez- un real que insiste en asomarse en los intersticios de cada fragmentación. El mundo Kusama se instala en los alrededores de los museos fundiendo todo en una policromía que abarcará lo animado y lo inanimado, en una retrospectiva de su obra del 1950 al 2013 que incluyen trabajos en papel, esculturas, videos, slideshows y un par de publicaciones nuevas.

Si bien la artista ha sido mundialmente reconocida por su obra plástica, su producción escrita incluye una docena de novelas y poemas y una autobiografía de su vida en Nueva York: Manhattan Suicide Addict, publicada en 1978.

En su último libro “Acacia olor a muerte”6, uno de sus cuentos -de nombre homónimo- relata la historia de Masao, un joven pintor hiper-realista quien se había mantenido virgen hasta el encuentro con quien luego fuera su mujer durante tres años, a la sazón modelo de la escuela de arte y prostituta: Mimiko, quien enferma de cáncer de útero y muere. El joven esposo permanecerá junto a su cuerpo en descomposición manteniendo relaciones con él mientras todo el mundo orgánico a su alrededor se desintegra y desvanece por “los cambios traídos por el tiempo al drama cósmico”7
1 Museo de Madrid
2 Museo Arte Latinoamericano de Buenos Aires
3 Museo de Nueva York
4 Museo de París
5 Kusama Yayoi, artista contemporánea Japón (Matsumoto 1929) vive en un psiquiátrico desde 1977
6 Kusama, Y. ,Acacia olor a muerte,Ed Mansalva-MAlba, Buenos Aires 2013
7 Kusama, Y. ,Acacia olor a muerte, en Acacia olor a muerte Ed Mansalva-MAlba, Buenos Aires 2013
Pág. 82

miércoles, 24 de noviembre de 2010

PERIODISMO Y VERDAD* – Última parte

* por Gustavo Dessal. Nacido en la Argentina, reside en Madrid desde 1982, donde ejerce una práctica analítica privada. Es AME de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y coordinador del Nuevo Centro de Estudios de Psicoanálisis del Instituto del Campo Freudiano. Ha publicado más de un centenar de artículos en España, Inglaterra, Francia, Argentina y Brasil.

Y alguien haría muy bien en preguntarse cómo se determina la verdad en el transcurso de un psicoanálisis, si, como afirmamos, ella es por definición soberana, y tiende a realizarse por la propia fuerza de su lógica interna. Lo interesante es constatar que es el sujeto mismo quien experimenta la convicción de que algo en su decir ha llegado al sitio de la verdad. Lo siente en tanto la verdad lo sorprende, lo divide, y suspende al menos por un instante el sentido de su discurso, desgarra la envoltura de sus convicciones, consigue conmover los cimientos de sus creencias. La verdad es una revelación súbita, aunque se tome tiempo para presentarse en la palabra. Durante muchos años atendí a un sujeto que desde su infancia se caracterizaba por la mentira compulsiva. Como en la famosa paradoja de Zenón, el paciente se presentó ante mí diciendo “Miento”. ¿Cómo distinguir en su discurso la verdad de la mentira?  La respuesta me vino al cabo de un tiempo, cuando comprendí que el único esfuerzo que debía realizar para establecer esa diferencia era no hacer ningún esfuerzo. Nada de lo que el paciente (este o cualquier otro) nos relata es apriori verdadero o falso. Es en la deriva de la palabra donde el sujeto tropieza de golpe con la verdad, que se le impone desde el inconsciente, haciéndole decir lo que no esperaba, produciendo una subversión en la intención de su discurso, incluso en la intención mentirosa. 
Pero conviene tener en cuenta que la verdad no posee por sí misma una virtud metamórfica, esto es, que su sola presencia no basta para cambiar a un sujeto. Se requiere algo más, una cierta sensibilidad a la verdad que es ya una propiedad ética del ser hablante, una propiedad que no constituye una dotación universal, y que remite a una decisión que cada uno toma por su cuenta, una decisión cuyo mecanismo y origen no puede determinarse, pero que juega un papel fundamental en el desarrollo de una cura, y me atrevería a decir que en el desarrollo de una vida. 
Por último, quisiera insistir en un punto que ya he mencionado, y que sospecho constituye un punto de partida, y también de llegada, que un analista y un periodista pueden compartir: el anhelo de que la verdad traiga consecuencias, y no se reduzca a un mero testimonio. Numerosas veces la historia nos ha presentado ejemplos de verdades que hubieran debido producir profundas conmociones, y que sin embargo no dieron lugar a nada. También el sujeto  particular dispone de mecanismos que le permiten renegar de la verdad, de reconocerla y al mismo tiempo desmentirla de un modo perverso o cínico, y estos mecanismos pueden actuar de idéntica manera en el plano colectivo. No es necesario citar ejemplos de un “Sabíamos pero no queríamos saber”, porque son de sobra conocidos. La ilusión ilustrada de una humanidad que abrazada a las premisas de la razón avanza  de forma inexorable hacia la verdad, ha sufrido una terrible derrota. No por ello renunciamos a los valores de la Ilustración, pero desde Freud estamos un poco más advertidos de que la verdad no está sólo hecha de luz, sino  también de algunas oscuridades. 

miércoles, 17 de noviembre de 2010

PERIODISMO Y VERDAD* – Sexta parte




* por Gustavo Dessal. Nacido en la Argentina, reside en Madrid desde 1982, donde ejerce una práctica analítica privada. Es AME de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y coordinador del Nuevo Centro de Estudios de Psicoanálisis del Instituto del Campo Freudiano. Ha publicado más de un centenar de artículos en España, Inglaterra, Francia, Argentina y Brasil. 

Si me interesa destacar este ejemplo, es porque desde luego se trata de algo completamente distinto a la manipulación intencionada de la verdad, como fue el caso de las tristemente célebres armas de destrucción masiva del régimen de Sadam Hussein, o la conocida campaña que un importante sector de los medios españoles viene llevando a cabo para persistir en la tesis de que la ETA estuvo involucrada en los atentados del 11-M. Es interesante contrastar ambos ejemplos, puesto que nos da una idea de que la ética también puede ser concebida desde el ángulo de la respuesta a la verdad. El pueblo norteamericano no se mostró demasiado desconforme cuando la prensa le reveló por fin la perversa manipulación de la verdad realizada por la Administración Bush. Al gobierno español, en cambio, su intento de disfrazar la verdad le supuso la derrota electoral. Dos respuestas diferentes, cuyo contraste nos sirve para determinar que el conocimiento de la verdad no es en sí mismo suficiente si ello no trae consigo consecuencias, es decir, si lo real no resulta conmovido.
¿Cuál es el peligro que vemos surgir cada día más como resultado de la democratización de los medios de comunicación, de su alcance cada vez más universal, comenzando por la televisión hasta llegar a internet, una fuente infinita de acceso a la información? Que todo lo que se lee, se oye y se mira, sea tomado como verdad. Más aún, que el rebajamiento progresivo de la posición crítica por parte de los sujetos conduzca a un desvanecimiento de la verdad, a un mundo en el cual ya no importe realmente saber qué cosa es verdadera y cuál no lo es, porque sea indiferente, o porque en las reglas de la vida virtual la distinción entre lo verdadero y lo falso deje de existir. ¿Es esto posible, o es una nueva exageración, como el artículo de Adrian Turpin? Posiblemente sea una advertencia desmedida, pero que conviene tener en cuenta. Al menos los ideólogos de internet no han pasado por alto este problema, y se debaten sobre cómo establecer criterios de veracidad sin contrariar el principio del acceso universal y la gratuidad de los contenidos. Los responsables de Wikipedia, que pretende ser la mayor enciclopedia que jamás haya existido, toman una serie de recaudos para asegurar la verdad de sus artículos, y someterlos al juicio crítico de lectores expertos. Pero este ejemplo es una pequeña gota en un océano de información imprecisa, cuyas posibilidades de control ni siquiera es seguro que sea deseable. He aquí el problema: quién determina lo que es verdad y lo que no lo es, cuando sabemos muy bien que todos los que se proclaman amos de la verdad conducen a lo peor. El absolutismo de la verdad puede ser tan nefasto como su degradación, por eso conviene no pretender que se la puede decir toda.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

PERIODISMO Y VERDAD* – Quinta parte

* por Gustavo Dessal. Nacido en la Argentina, reside en Madrid desde 1982, donde ejerce una práctica analítica privada. Es AME de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y coordinador del Nuevo Centro de Estudios de Psicoanálisis del Instituto del Campo Freudiano. Ha publicado más de un centenar de artículos en España, Inglaterra, Francia, Argentina y Brasil.

Vayamos a un ejemplo:
El 1 de abril pasado el suplemento del Financial Times publicó un reportaje titulado “Not tonight, darling, I’m on line” (“Esta noche no, cariño, estoy conectado”) en la que Adrian Turpin investiga las consecuencias que la adicción a la pornografía en internet puede tener para la vida sexual de las parejas reales. Las consecuencias que extrae el autor del artículo son alarmantes. Según sus cálculos, el acceso casi ilimitado de internet a la pornografía produce una dependencia adictiva instantánea equivalente a la del crack, lo que supone una peligrosa disminución de los contactos sexuales reales, con serios riesgos futuros para el mantenimiento de los niveles de natalidad necesarios para la subsistencia de la especie humana. ¿Cómo está construido este reportaje? Por supuesto, al estilo moderno, consistente en utilizar un mecanismo que de entrada conmueva los resortes identificatorios del lector: el relato de una historia individual, en este caso la de Michael, un hombre apesadumbrado y culpable de pasar más tiempo con imágenes de mujeres que con su esposa real. Michael no es presentado como un pervertido, sino todo lo contrario. Es un hombre corriente, como millones de hombres, que ama a su mujer y está preocupado por las consecuencias que sus pecados virtuales puedan tener sobre su matrimonio. La virtud del artículo consiste en elegir como protagonista a alguien que podría ser cualquier hombre, y con el cual todo hombre podría sentir una empatía. El paso siguiente, como es habitual en la mecánica de estos artículos, es la de presentarnos la opinión de psicólogos y psicoterapeutas  asombrosamente experimentados desde hace décadas en esta clase de problemas, y que sacan a relucir cifras y porcentajes que el lector no tiene más remedio que aceptar, si está dispuesto a seguir la lógica del artículo y sus conclusiones. Tampoco faltan los testimonios de las víctimas, en este caso las mujeres, que declaran que sus maridos adictos a internet pretenden realizar con ellas actos a todas luces degradantes, y eso si hay suerte, puesto que muchas otras se sienten totalmente abandonadas en el plano sexual.
Si damos crédito al artículo, las conclusiones son terribles: internet es un importante factor que pone en peligro la vida sexual de los seres humanos, al menos la de los matrimonios o parejas de hecho. No tenemos ninguna razón para suponer que la historia de Michael no sea cierta, del mismo modo en que podemos confiar en que las declaraciones de algunas mujeres y de unos cuantos “expertos” no se proponen  faltar a la verdad. No obstante, al menos si uno no forma parte de ese sentimiento colectivo del pecado que caracteriza a la sociedad anglosajona, percibimos que hay algo en el artículo que no se adecúa a la verdad, y es precisamente su pretensión de universalidad. No obstante, la lectura del reportaje  nos deja la impresión, una vez más, de que la verdad es un grandioso movimiento de la palabra independiente de cualquier intención de decir la verdad. Todos los testimonios de los adictos a la pornografía que son invocados allí coinciden en afirmar que cada vez buscan algo más, y que de los pechos grandes pasan a los culos grandes, y de los dúos a los tríos y de los tríos a las orgías colectivas, y aún así, a pesar de pasarse horas y horas enganchados a la red, sólo consiguen una cosa: aumentar su insatisfacción. Esa es, en definitiva, la verdad que, sin proponérselo, el artículo nos revela: que en la vida humana toda búsqueda de la felicidad se ve malograda por una imposibilidad interna a la sexualidad misma, y que ninguna mujer, ni siquiera esa mujer a la carta que puede solicitarse en internet,  nos asegura el acceso a una satisfacción plena. Otra conclusión a la que el psicoanálisis ha podido llegar en lo tocante a la verdad, es que ella siempre nos sorprende, porque rebasa la intención del sujeto, quien incluso cuando pretende mentir puede acabar diciéndola.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

PERIODISMO Y VERDAD* – Cuarta parte





* por Gustavo Dessal. Nacido en la Argentina, reside en Madrid desde 1982, donde ejerce una práctica analítica privada. Es AME de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y coordinador del Nuevo Centro de Estudios de Psicoanálisis del Instituto del Campo Freudiano. Ha publicado más de un centenar de artículos en España, Inglaterra, Francia, Argentina y Brasil. 


La concepción psicoanalítica de la verdad se sostiene en una premisa fundamental, que no podemos perder de vista en ningún momento. Tomemos el ejemplo de un esquizofrénico paranoide que asegura haber descubierto una trama nacional, dirigida por los psiquiatras del  hospital en el que ha sido ingresado, y dedicada a introducir opiáceos en los alimentos con el fin de mantener drogada a la población española. Si intentásemos convencer al paciente de la falsedad de esta aseveración delirante, y lo quisiésemos contrastar con la “realidad”, nos encontraríamos con una férrea resistencia. Para el enfermo, su delirio constituye una verdad, y el psicoanalista la acepta como tal en la medida en que sabe que una verdad es una formulación particular, que sólo se sostiene en tanto vale para un determinado sujeto, y que no posee un alcance universal. Por el contrario, al menos en el campo de la subjetividad, toda pretensión de universalización de la verdad puede traer consecuencias perversas, incluso atroces. Todo el mundo sabe que con presuntas verdades podemos fabricar falsas realidades, o al menos podemos manipular la realidad, algo que sucede a menudo.

miércoles, 27 de octubre de 2010

PERIODISMO Y VERDAD* – Tercera parte

* por Gustavo Dessal. Nacido en la Argentina, reside en Madrid desde 1982, donde ejerce una práctica analítica privada. Es AME de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y coordinador del Nuevo Centro de Estudios de Psicoanálisis del Instituto del Campo Freudiano. Ha publicado más de un centenar de artículos en España, Inglaterra, Francia, Argentina y Brasil.


¿En qué se apoya esa confianza en la verdad? En una suerte de fecundo malentendido, consistente en que aquel que nos demanda su ayuda cree que poseemos la verdad que le falta. Somos para él un sujeto supuesto saber la verdad, y esa suposición juega un papel fundamental en el proceso del análisis, un papel que denominamos transferencia. Probablemente sea una disposición mental análoga a la que un lector mantiene con su periódico. Lo lee porque le atribuye la virtud de decir la verdad. En definitiva, en ambos casos la verdad se apoya en una creencia. A su vez, nuestra misión como analistas es ir demostrándole al paciente poco a poco que el auténtico sujeto supuesto saber  la verdad es él mismo, es decir, que la clave de la verdad está en él, en su inconsciente, y le ayudamos a descifrarla.
En este punto es ya interesante situar otra diferencia. Es evidente que para buscar la verdad, el análisis sólo dispone de los dichos del paciente. Los hechos, a los que supuestamente esos dichos se refieren, sólo pesan en tanto han sido incorporados a la palabra, es decir, interpretados por el paciente conforme a ciertas claves que forman parte de su subjetividad. Que un hombre, pongamos por caso, descubra en cierto momento de su análisis  que su dificultad para acercarse a las mujeres proviene del temor que le infundía su padre, no significa que esto haya tenido lugar en los hechos. Si esto es verdad, lo es en un terreno que Freud denominó el de la realidad psíquica. Allí, el enunciado “mi padre me infundía temor” tiene un valor de verdad, aún en el caso en que el padre del sujeto haya sido un ser absolutamente inofensivo.
Freud necesitó un tiempo para comprender esto. Al comienzo, creía en los hechos a los que remitían los relatos de sus pacientes, hasta que dio un paso trascendental, que cambió por completo su concepción de la verdad, el paso de reconocer que la verdad tiene una estructura de ficción. Decir que la verdad tiene estructura de ficción no supone rebajar la verdad al rango de un elemento ficticio. Una ficción es una construcción del lenguaje que posee una lógica propia, basada en sus propias leyes. Al igual que en un relato aceptamos las reglas de la verdad que el mismo nos impone, y estamos dispuestos a dar por verdadero que el protagonista vuele por los aires o vea a través de las paredes como si tal cosa, el psicoanalista sabe que la ficción que desde el inconsciente gobierna la vida de su paciente posee una gravitación análoga a la que los hechos físicos pueden tener sobre la naturaleza, es decir, que produce efectos reales. Algo es para nosotros verdadero en la medida en que sus consecuencias son reales, aunque se trate de una ficción. Si para el hombre de nuestro ejemplo es verdad la ficción de que su padre lo atemorizaba, lo es en la medida en que esa creencia ha contribuido a determinar una inhibición que es real. Y nosotros tenemos la comprobación de que el sujeto ha podido alcanzar una verdad de su inconsciente cuando eso le permite tocar una parte de lo real. Es, sin duda, una diferencia importante con respecto al modo en que el periodismo debe encarar la verdad, como algo que necesariamente debe estar refrendado en los hechos, aunque dejaré en manos de mi compañero de mesa el determinar si este principio se cumple. En el fondo, y esto es algo que imagino que los analistas, los periodistas y los historiadores compartimos, los hechos no son puros y objetivos. La invención de la fotografía aportó un elemento invalorable para la posibilidad de “fijar” los hechos. Ya no nos limitamos a leer sobre una batalla, sino que podemos ver la batalla en imágenes que en la actualidad nos son proporcionadas en tiempo real. Aún así, sabemos que una fotografía o un vídeo es una forma de encuadrar la mirada, y que la mirada puede variar según el ojo que mira. Por lo tanto, incluso el más sofisticado mecanismo de registro de los hechos no deja de ser una interpretación, lo que supone una mediación del lenguaje, y por lo tanto cualquier idea de objetividad absoluta resulta una pretensión ingenua, cuando no reaccionaria. Esto no significa en modo alguno negar que los hechos existen por sí mismos, que los muertos de una guerra son reales, más allá de cualquier interpretación que de su muerte pueda hacerse. Pero a partir del momento en que de eso se testimonia, el acontecimiento queda cautivo de una significación que lo atraviesa, lo moldea, y lo retransmite como representación. Incluso el testigo más fiel, como puede ser una cámara de filmación, nos está dando precisamente eso: una visión.

miércoles, 20 de octubre de 2010

PERIODISMO Y VERDAD* – Segunda parte

 * por Gustavo Dessal . Nacido en la Argentina, reside en Madrid desde 1982, donde ejerce una práctica analítica privada. Es AME de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y coordinador del Nuevo Centro de Estudios de Psicoanálisis del Instituto del Campo Freudiano. Ha publicado más de un centenar de artículos en España, Inglaterra, Francia, Argentina y Brasil. 

En la mayoría de los casos, un sujeto acude a un psicoanalista por estar afectado de alguna suerte de malestar que entorpece su vida. Desde las primeras entrevistas solemos percibir que el sujeto tiene lo que podríamos llamar una intuición sobre la existencia de una verdad. Él está imposibilitado de saberla, puesto que la causa de su padecimiento es inconsciente. Pero si la persona en cuestión reconoce que su problema no tiene una raíz orgánica, no está dispuesta a conformarse con medicamentos,  experimenta el deseo de hablar y de ser escuchado, y está de acuerdo con que las palabras pueden conducirlo a algún lugar, entonces no hay duda de que presiente algo fundamental, incluso aunque al principio sea incapaz de expresarlo, presiente que en algún lugar existe algo que habrá de revelarse, algo que es distinto a lo que él conoce de sí mismo. Incluso con mucha frecuencia el presentimiento se asocia a una cosa que, en el fondo, no se está tan seguro de querer descubrir. Saber la verdad, he aquí una elección a la cual el ser humano jamás puede confrontarse sin experimentar alguna clase de vértigo o vacilación, cuando no es el caso de un absoluto rechazo. Más allá de que todo psicoanálisis está jalonado por una serie de obstáculos que Freud denominó resistencias, cualquier psicoanalista puede distinguir desde un comienzo entre el sujeto que se halla decidido a buscar la verdad, y aquel otro que prefiere escabullirse puesto que sólo ha venido para reasegurarse en los fantasmas con los que justifica su existencia.

miércoles, 13 de octubre de 2010

PERIODISMO Y VERDAD* – Primera parte




*por Gustavo Dessal. Nacido en la Argentina, reside en Madrid desde 1982, donde ejerce una práctica analítica privada. Es AME de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y coordinador del Nuevo Centro de Estudios de Psicoanálisis del Instituto del Campo Freudiano. Ha publicado más de un centenar de artículos en España, Inglaterra, Francia, Argentina y Brasil.
(Intervención en la ELP-Madrid, 19 de mayo de 2006)

Poco después de haber aceptado la invitación a participar esta noche en una conversación sobre el tema de Periodismo y Verdad, comprendí que mi respuesta había sido un tanto irresponsable. Mis conocimientos sobre periodismo no van más allá que el de cualquier lector de periódicos, y las opiniones personales que pueda yo tener sobre esta materia no creo que  sean de interés para nadie. No obstante, si a pesar de todo, y con los debidos ruegos de indulgencia por parte de ustedes, he decidido asistir a este debate, es porque soy psicoanalista, lo cual significa que cada vez que la palabra verdad es invocada, no puedo menos que sentirme concernido. Por lo tanto, en honor a nuestro invitado de esta noche intentaré dar algunas indicaciones sobre el significado del término verdad en psicoanálisis, con el propósito de averiguar hasta qué punto esta forma de abordar la verdad presenta o no alguna concordancia con el modo en que la práctica del periodismo, noble oficio a pesar de quienes se dedican desde dentro y desde fuera a desprestigiarlo, cumple con su objetivo fundamental, que es el de informarnos.  ¿Sobre qué? He ahí la cuestión, y dejo de momento en suspenso la respuesta, en el bien entendido de que mi compañero de mesa tiene mejores conocimientos para contestar sobre este punto.
De entrada, se impone una distinción ineludible, aunque al mismo tiempo tan enorme, que apenas sirve para establecer una primera repartición del problema. El psicoanálisis se ocupa de una verdad que sólo puede concebirse en tanto privada. Con independencia de que en algunas circunstancias restringidas un caso clínico pueda darse a conocer, siempre con los debidos recaudos y disimulo de los datos, o que el psicoanalista pueda transmitir a otro un historial clínico con el fin de solicitar su consejo,  se trata de una verdad que está siempre amparada por esa atmósfera secreta en la que el analizante y el analista se reúnen para llevar a cabo esa experiencia en la que consiste un psicoanálisis.