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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Un loco amor * - Última parte

* Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con la participación de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca.)
La posición de un analista

El juez interviniente en la causa hace lugar a un analista.
La particularidad del loco amor de Eme -si no se encuentran en ella, indicios de una estructura forclusiva- es en tanto ha hecho equivaler la posición de objeto de goce -que ocupa para su padre- a la posición de objeto de amor -en la que encuentra coagulada la razón de su ser- que la resguarda de la locura familiar,.
Loco amor porque renuncia de esta forma, a ser sujeto deseante.
Transacción que la “salvaría” en su fantasmática, de ser objeto de goce de la madre.
¿Puede funcionar este amor como suplencia de la función paterna?
El analista sin responder en sintonía con los semblantes sociales y sin enloquecer frente a estos goces desenfrenados, con su breve intervención -en esta causa jurídica- propiciará algún ordenamiento simbólico, algo menos precario, que el amor a ese padre idealizado por Eme.
Este analista “sin diván” y sin hacer asistencialismo (8) pero haciendo semblante de objeto a (9) podrá abstenerse de su propio goce e intentará hacer surgir algo del efecto sujeto.

Y así podrá bordear la singularidad del amor y del deseo de Eme.
Condición necesaria para poder escucharla diciendo:
“He decidido ser lo que el Otro hizo de mí: la mujer de mi padre.”

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Un loco amor * - Cuarta parte

* Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con la participación de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca.)
Algunas consideraciones

El incesto no es novedoso y la actualidad con su aceleración nos corre, dejándonos atónitos frente a la decadencia del orden simbólico preexistente.
Esta causa jurídica nos llevó a examinar con la ayuda de un juez, el Código Penal de la República Argentina (4)
En sus artículos 119 al 123 observamos, que no se sancionan estos hábitos en tanto haya consentimiento (5) del incestuado y que éste sea mayor de trece años.
Es la sociedad quien las condena escandalosamente, desde el horror al incesto.
Claro está, que hay atenuantes y agravantes pero no es la ley penal la que lo prohíbe, sino que es la sociedad quien lo condena moralmente, desde el horror que el incesto inspira. (6)
Lo que se presenta es una puesta en acto de lo que participa en la constitución subjetiva de todo ser parlante y que ha de permanecer reprimido –los bien conocidos tres diques freudianos-. (7): Asco, vergüenza, y conciencia moral.
¿Qué es lo distinto en este caso?
¿Cuál es la diferencia hoy, en nuestros días?

miércoles, 28 de agosto de 2013

Un loco amor * - Tercera parte

* Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con la participación de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca.)
Una caótica novela familiar

Este tramado siniestro podría perfectamente ser el argumento fílmico de un amor absurdo y grotesco.
¿Qué objeto/causa de deseo para esta madre/abuela tan permisiva en un inicio –inclusive frente a la evidencia del nacimiento de su primer hijo/nieto?
¿Y por qué luego tan iracunda sobre el final cuando interrumpe por primera vez, el diálogo con su hija y con su esposo, por considerarse recién allí defraudada por ambos?
¿Qué decir de la función paterna tan mixturada?
¿Qué sujeto deseante puede resultar allí donde nadie quiere perder nada?
¿A qué goce se renuncia?
La hija/esposa renegando de la castración ve en su padre/marido al único hombre de su vida, a la única persona a quien ha llegado a amar.
El padre como único adulto, que quedó “del lado de ella, cuando todos la hostigaban.
Los hermanos ahora con la segregación a tope y con sus juegos abusivos antes – en la infancia ella y cuatro de sus hermanos jugaban a tener relaciones sexuales entre ellos y las concretaban- no le perdonan a Eme haber sido la elegida de su padre.
La vindicta pública queda a cargo de los vecinos por el horror que les genera este amor prohibido.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Un loco amor * - Segunda parte

* Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con la participación de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca.)
Recorte de la causa y del caso Eme

Eme tiene que presentarse en el Juzgado al casi revelarse la relación “especial” de la joven con su padre, hecho por el que fue además, culpabilizada y estigmatizada por su madre y hermanos.
Al nacer su primer hijo sólo despertó sospechas pero ya con el segundo, Eme se posicionó como pareja de su padre, decidiendo la convivencia fuera de la familia originaria.
Por sostener este lazo, fue condenada al exilio por el Otro social.
Al respecto Eme dice no entender, cuál es el problema de constituir una pareja con su padre y reclama:
“¿Quién puso la ley esa… que yo no puedo vivir con mi padre?” Luego interpela:
“Ahora, ¿No es peor, no es asqueroso, esto de los matrimonios del mismo sexo?”

miércoles, 14 de agosto de 2013

Un loco amor * - Primera parte

* Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con la participación de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca. )
Quien desordena su casa, hereda
viento (…)”* Proverbios, 11 -
(1)

Introducción

Eme, un fenómeno freak desarticulado a la castración, al Padre (2) nos interroga y aún hoy horroriza - al ser transmitido por los medios masivos de comunicación- con un hecho que le sucede.
¿Cómo proceder?

Nuestra intervención en el campo social

Llega Eme al Equipo Interdisciplinario de los Juzgados de Familia, tras judicializarse su situación.
La Institución demanda evaluar, controlar y psicodiagnosticar en tan sólo tres entrevistas. Quieren saber, si Eme de 23 años puede proteger a sus dos pequeños hijos, producto del vínculo incestuoso con su padre, quien la iniciara sexualmente a la temprana edad de 11 años. A propósito de este dato Eme acota que ella también comenzó a “sentir cosas” por él.
A partir de allí se le demanda al perito psicólogo - en este caso analista – evaluar, controlar y psicodiagnosticar en un breve lapso.
El psicoanalista con su acto no retrocederá, aún cuando lo que se le pida es recubrir un mal encuentro y reducir los efectos del malestar generados por las instituciones donde trabajamos. Suponiendo a Eme como sujeto ético y de derecho, (3) el quehacer clínico puede desplegarse en estos ámbitos, que responden al orden público.

miércoles, 2 de mayo de 2012

LA VIOLENCIA COTIDIANA* - Última parte


Según pasan los años; homenaje a Jacques Lacan

*Pablo Fridman (AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico

Cuando se intenta predicar una armonía del consumo, en términos de libre acceso a los objetos (el llamado libre juego de la economía), no se trata aquí ciertamente, de la posición del científico neutral, que partiendo de la forclusión del sujeto busca despejar un real, un real específico del cual intenta apoderarse. Se trata de una posición ideológica, pletórica de subjetividad no admitida como tal, que procura un retorno a un ideal imposible, el de una cultura sin malestar que se juega en un uso ilimitado del mundo, un “paraíso” virtual sin esfuerzos, ni dificultades. Frente a ésta ideología se ubican los desadaptados, los que no cumplen con las expectativas que los “expertos” sueñan. El aplastamiento de la diferencia y la compulsión al consumo, producen una violencia que implica el retorno del malestar en la cultura, de la peor forma. No se trata aquí de la sublimación, de los cambios, de las reformulaciones, sino del rechazo liso y llano, de la destrucción de los lazos por la destrucción misma, como una respuesta al malestar en sí misma. Es la paradoja del “todos consumidores”, y al mismo tiempo “el que no consume no existe”. El desafío del psicoanálisis es ofrecer un modo de soportar la inconsistencia del Otro, sin ceder al llamado al consumo despiadado de objetos de consumo, que implica una consumición violenta del sujeto.

La época, sin lugar a dudas produce una clínica, un modo de pensar la perturbación, de diagnosticarla y de tratarla. En el campo de lo psíquico no hay inmutables, lo que en la Edad Media era designado como conducta “piadosa”, hoy puede ser considerado un delirio místico; lo que en otro momento era parte de lo comunitario, de lo aceptado socialmente, hoy puede ser “desadaptativo” , o a la inversa. Que la violencia sea cotidiana, induce a la pregunta por la cultura que le da origen, que la produce, mas allá de la conmiseración, o de la queja vana.



Referencias bibliográficas:
  Aleman J.: Benetton, el horror, en “Cuestiones Antifilosóficas en Jacques Lacan”, Pág. 47, Buenos Aires: Atuel, 1993.
  Zizek S.: La suspensión política de la ética”, Pág. 14, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2005.
  Agamben G.: Profanaciones, Pág. 103, Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2005.
  Esposito R.: Bios, Buenos Aires, Ed. Amorrortu, 2006.
  Agamben G.: Estado de Excepción, Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2004.
  Laurent E.: El Nombre del Padre: psicoanálisis y democracia, en el libro Jacques Lacan Política y Psicoanálisis, Pág. 70, Buenos Aires: Ed. Nueva Visión, 2006.
  Foucault M.: Seguridad, territorio, población, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2006.
  Miller J-A: Una Fantasía, en Revista Lacaniana, Año 3 Nº3, Pág, 14, Buenos Aires: Ed. EOL, 2005.
  Freud S.: Malestar en la Cultura, en O.C., T. XXI, Pág. 85, Buenos Aires: Ed. Amorrortu, 1979.
  Según la expresión diagnostica del DSM IV (clasificación de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (American Psychiatric Association).

miércoles, 25 de abril de 2012

LA VIOLENCIA COTIDIANA* - Quinta parte

*Pablo Fridman (AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico

La idea de un ideal basado en una armonía homogénea, que pone el énfasis en la adaptación compulsiva a dicha armonía, requiere de una cultura solidaria del “estado de excepción”, de las medidas excepcionales a favor de un acuerdo imposible e inexistente, que en los hechos produce una sociedad que controla los cuerpos y sus modos de existencia, al modo de lo que Michel Foucault llamaba “la sociedad del biopoder” .

El acento adaptativo corresponde a la época del ascenso del objeto a al cenit social, como la imagen del objeto a que comanda, eso falla, como lo señala Jacques-Alain Miller . Es el modo sintomático de predicar un orden que ya se sabe fracasado. Se trata de un pretendido ateoricismo (“los mercados funcionan solos”) que se sostiene en un cinismo disfrazado de cientificismo, cuando la intención es borrar de la cultura el malestar que conlleva por instituirse como tal, el malestar que le es inherente por “insuficiencia de las normas”  que rigen las relaciones entre las personas.

miércoles, 18 de abril de 2012

LA VIOLENCIA COTIDIANA* - Cuarta parte

*Pablo Fridman (AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico

¿Cómo son los vínculos humanos en el “Estado de Excepción”? El “estado de excepción” abre a la arbitrariedad de la ley, y así, consuma su esencia: la ley es, por definición, en esencia arbitraria. Se trata de un ideal superyoico que fuerza a una supuesta armonía, bajo la consigna de que si en la democracia todo puede expresarse, esto, eventualmente, debe ser defendido con medidas de excepción, que impiden (por fuerza), esa misma expresión. Es la paradoja que denuncia Freud en el “Malestar en la Cultura”: la paz se preserva con la sangre.

Como lo señala Eric Laurent: “Así pues, lejos de asistir a la expansión de una política entendida como mecanismo de arbitraje y respeto a las normas, vemos expandirse el estado de excepción.”  Para Slavoj Zizek, la imagen última del tratamiento actual del homo sacer, es un avión de guerra sobrevolando el cielo, del cual no se está seguro que va a caer: bombas o paquetes de comida . Esta observación es tomada de la guerra de Afganistán, cuando luego, o antes, de un bombardeo, pasan aviones norteamericanos que dejan caer medicamentos y provisiones (“reparan” el daño que otros aviones norteamericanos han hecho).

El estado de excepción es, en definitiva, para la preservación y expansión de los bienes. El discurso capitalista, tal como Jacques Lacan lo enuncia, es un dispositivo para, por medio del saber científico, promover la producción de objetos, objetos de consumo. Ante cualquier desperfecto (guerras, hambre, diferencias culturales, etc.), la máquina de producción de objetos restablece su objetivo principal. No se trata aquí de estigmatizar la actividad mercantil, desde una posición que podría pensarse como romántica, sino de advertir las consecuencias en la cultura de situar el lazo de discurso en función de la producción de objetos. Se trata de la maquina que no para, desencadenada, desligada del Otro. En la mayoría de los homicidios actuales la vida de la víctima se interpone respecto de la apropiación violenta de los objetos, por tanto la vida pasa a segundo plano respecto del uso de los objetos. No son homicidios pasionales, o por venganza, o políticos, etc. Al menguar las grandes convicciones de la modernidad, cambian los móviles de la violencia cotidiana. Por otra parte, también es casi un lugar común decir que en la delincuencia se han perdido los “códigos”, la violencia arbitraria es una constante.

miércoles, 11 de abril de 2012

LA VIOLENCIA COTIDIANA* - tercera parte

*Pablo Fridman (AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico

Los proyectos biopolíticos, o sea los que ponen la política al servicio de “como se debe vivir”, generan proyectos llamados tanatopolíticos , que matan por el “como se debe vivir” a los que no cumplen con los designios establecidos (es matar por el bien vivir, paradójicamente). Se trata de absolutizar, y normatizar, de hacer un “para todos” del criterio de lo que significa para cada uno “vivir bien”, haciendo de esta variable, una norma general. Es un ejemplo paradigmático extremo de estas premisas el proyecto nazi, que debe eliminar a los “impuros” para curar de su sola presencia a la sociedad alemana, para restablecer la pureza perdida. Es una lógica similar la que ha detentado el Proceso Militar en la Argentina, donde la idea ha sido la “aniquilación” del enemigo, a tal punto de sustraer, de secuestrar indefinidamente, a los hijos de las víctimas: había que hacer desaparecer todo rastro del otro. Aun así existen diferencias entre los proyectos tanatopolíticos del tipo nazi (que buscan por medio de la extinción de algunos la preservación de la pureza), de los proyectos tanatopolíticos actuales: las guerras preventivas por seguridad (que por la vía de una supuesta defensa del terrorismo, apuntan a la expansión de mercados económicos globales).

Lo paradójico de la época actual es que simultáneamente a una compulsión a la adaptación a un orden general, globalizado, se genera un continuo “estado de excepción” (como el mismo Giorgio Agamben lo destaca ), lo que implica arrasar las particularidades subjetivas. El estado de excepción, más que una simple laguna normativa, es la apertura de un vacío legal que se convierte en norma. Es la suspensión de las leyes en función de un objetivo aparentemente superior, como, por ejemplo, las guerras, los golpes de estado, etc. El objetivo superior, las necesidades expansivas, no se detienen por el pacto de las leyes, por el contrario, la legalidad es un estorbo.

miércoles, 4 de abril de 2012

LA VIOLENCIA COTIDIANA* - Segunda parte

*Pablo Fridman (AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico

¿Cómo tratar, entonces, la diferencia? Establecer los contrastes de lo múltiple, como diferencias de lo absoluto del origen biológico de cada uno, constituye una atadura impuesta de los sujetos al cuerpo natural, al cuerpo como cuerpo orgánico genético. Por esta vía se instaura la condena al otro por haber nacido de determinada manera, y por eso, por momentos, ser un peligro potencial (musulmanes, judíos, etc.).

La lógica de las guerras preventivas parte de las ataduras de los sujetos a los cuerpos biológicos de la genética. Se trata del imperativo de adaptar, de modo compulsivo, las diferencias culturales al consumo global. Todo puede devenir objeto de consumo, hasta lo horroroso , hasta lo que genera un rechazo inevitable.

En este orden, la clínica descriptiva clásica de lo psíquico ha sido reemplazada por una disciplina normativa y adaptativa. Como lo indica Slavoj Zizek se trata del “gobierno burocrático de los expertos que culmina en la biopolítica de reducir la población a una colección de homo sacer”  (Homo Sacer es una oscura figura del derecho romano arcaico extraída por Giorgio Agamben en su obra filosófica, en que la vida humana se incluye en el orden jurídico únicamente bajo la forma de su exclusión, es la nuda vida, es decir la vida “a quien cualquiera puede dar muerte pero que es a la vez insacrificable”, es la vida de aquel que ha sido ofrendado a los dioses, pero que ha evitado el sacrificio, es la vida profanada a los dioses ). Si el criterio a emplear es el grado de adaptabilidad…, en relación a los sujetos, queda escaso margen para lo propio, lo no determinado por la norma, es decir lo que escapa a “lo normal”. Los sujetos aparentemente adaptados coexisten muchas veces con la disolución de los lazos familiares y sociales, los sujetos plenamente adaptados coexisten con la ruptura de los lazos al Otro, lazos necesarios para la vida. Jacques Lacan definía al sujeto psicótico como el “normal”, el sujeto que no puede diferenciarse de ningún modo de la norma que habita, el que no puede introducir ningún cambio, ninguna marca.

miércoles, 28 de marzo de 2012

LA VIOLENCIA COTIDIANA* - Primera parte

*Pablo Fridman( AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico

La violencia cotidiana es la de los imperativos de adaptación de la época, imperativos marcados por la pregnancia del consumo de objetos. Si el sujeto es en tanto sujeto de consumo, esta posición demarca de hecho una exterioridad amenazante, junto a una interioridad apremiante: se trata de no quedar fuera de lo que define la pertenencia, es imperativo adaptarse a la exigencia incesante de la apropiación irrefrenable.

En este contexto discursivo, la política que corresponde es la que se apropia de los cuerpos como cuerpos de consumo. Se instaura un deber ser que implica un programa de vida, donde rige lo “saludable”, la ciencia avanza en términos de regular el goce del cuerpo. A ésta aspiración de control de los goces del cuerpo, Michel Foucault la ha llamado “Biopolítica”: es el intento de regular, por medio de la apropiación de los cuerpos, de las condiciones de vida. Es la política de la expansión compulsiva de los mercados, que se apropia de los cuerpos.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

La respuesta a un discurso de violencia* - Última Parte




*Por Adela Fryd (Miembro de la EOL – AME)
Artículo publicado en el “Aperiódico Psicoanalítico”

Quisiera entonces destacar aquí que lo que se pone en juego son sujetos que deniegan, llegando a desconocer lo más oscuro e inquietante que los alberga. O, al decir freudiano, las pulsiones que los habitan. Pero si bien se trata de niños que no llegan a ningún reconocimiento ni de sí mismos ni del Otro, estigmatizados por una indiferencia atroz, su posición es una respuesta con la que cuentan frente al traumatismo producido por estos encuentros paradigmáticos del Otro que no existe en esta época.
Por ello, quedan fragilizados frente al hecho traumático y, a diferencia del caso de Claus y Lucas, en el cual la responsabilidad por la respuesta se plasma en las diversas actuaciones de la vida, en estos casos se trasluce una irresponsabilidad ante el propio goce, que a su vez redunda en una imposibilidad para poder responder o escuchar sus propias satisfacciones sintomáticas.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

La respuesta a un discurso de violencia* - Sexta Parte

*Por Adela Fryd (Miembro de la EOL – AME)
Artículo publicado en el “Aperiódico Psicoanalítico”

El niño nace en un vacío, en un lugar donde el Otro lo espera o no. Casi siempre vemos, cuando nos traen al niño a una consulta, que un otro lo alojó de alguna manera. Es ese encuentro lo que le va a plantear la entrada en un discurso parental. Le va a poner palabras a ese goce sin palabras, a eso que perdió al nacer y que nunca va a reencontrar. A ese encuentro, Lacan lo va a llamar “el niño traumatizado”, traumatizado por su goce, por sus satisfacciones, traumatizado por ese encuentro que no se sabe cómo va a recibir o escuchar. Existe un ejemplo importante en la clínica, que relata Lacan en el Seminario XI: “Ví con mis propios ojos el mutismo de un niño que no había sido escuchado en su voz en el momento oportuno”.[1] Lacan nombra la mirada, para poder decir que vio con sus propios ojos a un niño que no había sido escuchado precozmente, y en el momento su voz no había sido escuchada. Frente a este acontecimiento el niño entra en un mutismo total. Él no responde con su voz, porque no le respondieron a su voz.
Cuando ningún Otro regula, lo que aparece es un comandamiento, que resulta muy común en esta época, que impone el gozar. Lo vemos, por ejemplo, con las drogas; muchos chicos se sienten interpelados a probar ciertas drogas, o incluso a exhibir su capacidad de ser violentos. Se sienten obligados a mostrar frente a los otros la violencia. Éric Laurent lo plantea como una antinomia entre el goce narcisista y la disposición al Otro. Ubica a estos niños en una tiranía narcisista -como lo llamaba Lacan- donde lo que se produce es la tiranía de todos o el tormento del yo.[2]
Ante estas destituciones tan tempranas del Otro, aparece entonces como respuesta un empuje a la impulsión. El cuerpo propio del niño con su violencia aparece como un Otro. Si el niño rechaza tomar los significantes del Otro, podrá llegar a optar por una falsa separación en forma de una verdadera fuga por el lado motriz. Así es como las satisfacciones se presentan más directamente al sujeto a través de gadgets (como por ejemplo la Playstation, la Wii y los juegos de computadora). El gadget es prácticamente una práctica autista, condensa una satisfacción autoerótica, porque claramente no pasa por el Otro. Son niños que no pueden acceder a los productos de un discurso, como cuentos, historietas o montajes de ficción con muñecos. La satisfacción está tan ligada a los objetos que lo que muestran los gadgets es cómo “el objeto tiene más valor que el ideal.”[3]


[1] Jaques Lacan, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires: Paidós, 1987.
[2] Éric Laurent, “La tiranía narcisista”, en Uno por uno, n° 39, 1994.
[3] Éric Laurent y Jacques-Alain Miller, El Otro que no existe y sus comités de ética, Buenos Aires: Paidós, 2005.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La respuesta a un discurso de violencia* - Quinta Parte

*Por Adela Fryd (Miembro de la EOL – AME)
Artículo publicado en el “Aperiódico Psicoanalítico”

Un niño irrefrenable de tres años que llamaremos S., con una llamativa lucidez dice: yo hago lo que quiero, yo decido lo que quiero y yo voy a decir lo que se tiene que hacer. Cuando organizan una salida y le piden que se ponga las zapatillas, él contesta: no, me voy a poner las zapatillas de papá. Este niño maravilló a los padres porque mostró una soltura muy diferente a sus otros hijos. Aparecía como un meteorito extasiando a la madre con su simpatía y se ubicaba como el ideal de su padre, ya que a su padre le hubiera gustado ser aquello que es su hijo. ¿Por qué vienen entonces a la consulta, si este niño es maravilloso?
El problema era que su hijo, supuestamente excepcional, se había tornado intratable; según ellos, pretendía ser reconocido a cada minuto en lo que decía, lo cual era una locura. Este niño era un revolucionario de sí mismo. Permanentemente tenía que estar justificado y autentificado por el Otro. Este exceso que estamos describiendo terminó siendo un exceso de goce para el niño mismo. Se encontraba excedido porque ninguna de las palabras que le ofrecía el Otro podía pacificarlo.
Este objeto precioso que, en un punto, fue para los otros también, es su responsabilidad quedar fijado a ello y creer que eso es posible y en principio, a éste niño le es difícil la separación con la madre, dificultando así la aparición de un objeto que intermedie entre el y ella, objeto guía de aquello que se perdió como goce con la madre.
El sujeto se constituye el lugar que llamamos “campo del Otro” tomando al Otro como lugar simbólico constituyente, de ahí que lo diferenciemos de cualquier otro que rodea al niño. No cualquiera puede instituir este lugar. El narcisismo también se constituye en el campo del Otro, y ello es una forma de investidura libidinal necesaria para la vida. El niño se encuentra con significantes que toma del Otro, con significantes que le permitirán nombrar lo innombrable para poder hacer algo con lo que a él le sucede y poder darle alguna significación.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La respuesta a un discurso de violencia* - Cuarta Parte

*Por Adela Fryd (Miembro de la EOL – AME)
Artículo publicado en el “Aperiódico Psicoanalítico”

En cambio, es fuerte el contraste que se escucha en la violencia de los niños cuando no hay ningún semblante del Otro que funcione o ninguna ley que se enuncie. Y es precisamente esto lo que se escucha en los denominados “síntomas de la época”. Nos referiremos a niños en su exhibición tiránica, niños que se ubican desde muy pequeños haciendo oídos sordos y solamente dirigidos por lo que ellos deciden. Es posible encontrarnos en la práctica analítica con niños que son más amos que sus padres, niños que se ubican con una paridad asombrosa frente a cualquier adulto que intente hacer reconocer su autoridad. Desde muy temprano se puede registrar en la escuela la intolerancia por parte de los maestros sobre el actuar de estos niños, que no escuchan, que se escapan y que responden cuando quieren.
Es ciertamente notable que estos niños cuenten, muy tempranamente, con la posibilidad de usar un lenguaje plagado de agudezas. No dejan de sorprender al analista y a sus padres por su discurso hábil, lleno de matices, lo cual, precisamente, los torna insobornables.
Se trata de sujetos que ya desde los tres años hacen lo que quieren; al parecer no responden a nadie, sólo les importa lo que ellos dicen y hablan cuando quieren. Y cuando hablan son muy atractivos, tienen la virtud de haber armado un sujeto tocado por el significante.
Son niños que pretenden querer ser reconocidos por el Otro desde la creencia de que eligen ser lo que deciden. Y ser los niños “solos” que hacen lo que quieren. Así marchan y no hay nadie, aparentemente, que los pueda parar. Pero necesitan el reconocimiento, no sólo del Otro, sino de los otros que lo rodean.
Jacques-Alain Miller lo formula de una manera muy precisa. Asegura cómo de repente toman un significante y hacen de éste un comandamiento, pretendiendo todo el tiempo ser autentificados en eso que exponen, incluso en lo injustificable.
Podríamos decir que ese tomame como soy porque yo soy así que se escucha con tanta frecuencia en adultos, resulta sorprendente cuando se trata de niños.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

La respuesta a un discurso de violencia* - Tercera Parte

*Por Adela Fryd (Miembro de la EOL – AME)
Artículo publicado en el “Aperiódico Psicoanalítico”

Para poder plantear estos puntos, he tomado una novela en la que se construye un testimonio conmovedor, una fábula incisiva acerca de los horrores de la guerra y del totalitarismo.[1] Horrores que, si bien pertenecen a un universo inventado por la imaginación o la locura de sus personajes, nos permiten adentrarnos en este tema de una manera ejemplar.
Los gemelos Claus y Lucas muestran lo que puede llegar a ser la iniciación de la vida en medio de ese discurso. La presencia del Otro toma los semblantes del horror y del desamparo, al mismo tiempo que los personajes que lo encarnan se responsabilizan de su maldad o miseria porque encuentran razones para justificarla.
En esta trilogía, Agota Kristof presenta una verificación de cómo el traumatismo producido por el horror, el totalitarismo y el vínculo agonizante de las guerras nos devuelve una mirada del mundo con ojos y palabras de niño malo.
En cambio, podríamos decir que los discursos modernos producen una mirada del mundo con ojos y palabras de niños despóticos, caprichosos y hasta de pequeños canallas.
En la novela, Claus y Lucas son dejados en manos de su abuela, personaje que es emblema del horror y la brutalidad sin ningún velo. La madre de los niños los ha dejado con ella supuestamente porque ésta es la única posibilidad de supervivencia con la que cuentan.
Quisiera compartir una cita del capítulo titulado “Ejercicio de endurecimiento del espíritu”:
La abuela nos dice:
-¡Hijos de perra!
La gente nos dice:
-¡Hijos de bruja! ¡Hijos de puta!
[...]
Cuando oímos esas palabras se nos pone la cara roja, nos zumban los oídos, nos escuecen los ojos y nos tiemblan las rodillas.
No queremos ponernos rojos, ni temblar. Queremos acostumbrarnos a los insultos y a las palabras que hieren.
Nos instalamos en la mesa de la cocina, uno frente al otro, y mirándonos a los ojos, nos decimos palabras cada vez más y más atroces.
Uno:
-¡Cabrón! ¡Tontolculo!
El otro:
-¡Maricón! ¡Hijoputa!
Y continuamos así hasta que las palabras ya no nos entran en el cerebro, ni nos entran siquiera en las orejas.
De ese modo nos ejercitamos una media hora al día más o menos, y después vamos a pasear por las calles.
Nos las arreglamos para que la gente nos insulte y constatamos que al fin hemos conseguido permanecer indiferentes.
Pero están también las palabras antiguas.
Nuestra madre nos decía:
-¡Queridos míos! ¡Mis amorcitos! ¡Mi vida! ¡Mis pequeñines adorados!
Cuando nos acordamos de esas palabras, los ojos se nos llenan de lágrimas.
Esas palabras las tenemos que olvidar, porque ahora ya nadie nos dice palabras semejantes, y porque el recuerdo que tenemos es una carga demasiado pesada para soportarla.

Esta novela apunta a realzar lo que sería la respuesta al otro que encarna el horror, ante la suposición de que el otro podría ser monstruoso o causarles daño. Hay en la novela distintos personajes y no todos son perversos. No solamente se registra una respuesta fuertemente violenta por parte de los niños, sino que ellos mismos advienen como sujetos diferentes a partir de esos lazos y esos encuentros. Sabemos que un sujeto es uno antes y después de realizar un acto, estos niños emergen fortalecidos, endurecidos después de las decisiones que toman en cada contingencia.
 Como habíamos planteado antes, Claus y Lucas van constituyendo una fantasmática como defensa frente a lo real insoportable, pero veremos hacia el final de la novela, que hay un momento donde no funciona más, después de haber dado ambos, distintas versiones y respuestas, quedan aniquilados, no pudiendo separarse de aquello a lo que fueron reducidos como objetos, “la sombra del objeto cae sobre el yo”.[2]


[1] Nos referimos a la novela de Agota Kristof: Claus y Lucas, Barcelona: El Aleph, 2007.
[2] Sigmund Freud, Duelo y melancolía, 1917.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

La respuesta a un discurso de violencia* - Segunda Parte

*Adela Fryd (Miembro de la EOL – AME) 

Artículo publicado en el “Aperiódico Psicoanalítico”
 
Nos encontramos, del lado de los niños, con respuestas tiránicas, con un despotismo a veces violento, agresivo y hasta maldito. ¿Por qué denominamos a este discurso como traumático? Porque hay algo del lado de los niños que irrumpe con una violencia que afecta hasta al propio cuerpo. Se trata de niños que quedan a veces disparados por esa impulsión. Si el Otro es inconsistente, si no hay un discurso unificante, aparece allí la violencia, la precariedad y el abuso.
Si pensamos en referencia a la respuesta que suscita en los niños lo intolerable, lo insoportable de los hechos traumáticos caracterizados, en principio, por tener un sentido o justificación aparente. Nos referimos en este caso a las guerras o a los maltratos institucionalizados. No queremos decir aquí que las guerras tengan sentido a nivel ético, pero es cierto que generaciones enteras aparecen dedicadas a ello. ¿Cómo podríamos comparar estos efectos con aquellas respuestas producidas frente a los hechos traumáticos sin sentido, aquellos que emergen de la precariedad generalizada de estos discursos a los que nos referiremos?
Si bien los efectos de violencia sufridos por los niños pueden dejarlos ahí, el sujeto también puede tomar en sus manos su destino, dar otra versión de las cosas, y no sólo quedarse fijado a ese lugar donde fue ubicado por Otro.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

La respuesta a un discurso de violencia* - Primera Parte

*Por Adela Fryd (Miembro EOL – AME)

Artículo publicado en el “Aperiódico Psicoanalítico”

Durante los últimos decenios se han constatado acontecimientos que podríamos definir como hechos traumáticos que han caído sobre el sujeto. Podríamos acordar que aquello que llamamos hecho traumático es una irrupción de violencia que cae sobre el sujeto y de la cual el sujeto mismo, en principio, no es responsable.
Podemos así pensar en una época en que el espanto no es sólo posible sino que avasalla formando parte de la vida. En todos estos sucesos, el horror está encarnado en otros. Hay aquí semblantes muy señalizados que marcan diferentes figuras del espanto, de la injusticia. Y allí también vemos al sujeto, a los niños, armando una respuesta desde la violencia.
Pero quisiera poner en relación estas respuestas con los efectos que producen los discursos contemporáneos en los niños que, sin tener ese condimento de horror, de brutalidad y desamparo, cumplen todas las condiciones para provocar la proliferación de lo traumático. No sólo por la violencia, sino por la fragilidad de los sujetos.
Discursos que, sobre todo, no están capacitados para canalizar, para valorizar al ser de cada uno. Pienso, por ejemplo, en los discursos de padres muy narcisistas. Si bien siempre hay por estructura una carencia del Otro[1] donde sostenerse, donde referirse, estos discursos encarnan un Otro que suele tener un despliegue imaginario, ostentoso y de alguna manera inconsistente.


[1] Llamamos “Otro”, con mayúscula, al otro simbólico que preexiste al sujeto.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

“Violencia en las Escuelas – Conferencia en Ushuaia del 4-4-08” * - Última parte



*Por Mario Goldenberg - Psicoanalista, miembro de la EOL y la AMP

 
Considero que desde las políticas se puede intervenir, desde el psicoanálisis podemos aportar a los dispositivos, sin embargo las preguntas son varias: cómo pensar los gabinetes, cómo pensar las formas de castigo, etc. Por ejemplo, es absurdo que un chico que pateó, golpeó y le pegó a la maestra tenga tres días de suspensión y esa sea la pena máxima. De todos modos, no pondría el acento en el castigo, sabemos por  todo lo que ha trabajado Foucault (y es interesante las vueltas que le dio Deleuze) respecto de los modos de control y cómo se han pensado las instituciones disciplinarias. El problema es que las instituciones disciplinarias de hoy día en el momento de actuar -y la violencia en las escuelas lo demuestra- no son eficaces.  Lo disciplinario ha quedado diluido. El punto no sería volver a constituir la escuela en una cárcel, ni reforzar la cuestión del castigo, evidentemente es un tema a pensar, a repensar y a debatir.
Hay una formulación de Lacan y del psicoanálisis que es clave y es que “el sujeto es siempre responsable”, lo cual no es solamente pensable para los adultos, sino también para la psicosis y para la clínica con niños y adolescentes. Creo que es un punto central poder pensar la responsabilidad del sujeto y esto no toca solamente a los adolescentes y los niños, sino también a los docentes.
El punto clave que se puede trasmitir, tanto en un tratamiento psicoanalítico como en las instancias educativas, es poder responsabilizar al sujeto. Ya que justamente lo que se ve complicado en la subjetividad es que el sujeto no pueda responsabilizarse por sus actos. La formulación de Lacan nos sirve en tanto no hay víctimas, el sujeto es siempre responsable.
En ese sentido hay una segunda vuelta que es asumir esa responsabilidad, y el trabajo del psicoanálisis es ese. La cuestión central en relación a la clínica, es cómo responsabilizar al sujeto. Dentro de las coordenadas actuales, el punto central es cómo poder responsabilizar al sujeto de su goce.
Muchas gracias por la invitación a los colegas del CEPU y del IOM de Ushuaia.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

“Violencia en las Escuelas – Conferencia en Ushuaia del 4-4-08” * - Séptima parte

*Por Mario Goldenberg - Psicoanalista, miembro de la EOL y la AMP

Si queremos intentar comprender el por qué de la violencia en el ámbito escolar, el tema del sentido es central, ya que también  encontramos (además de los mandatos de goce y de los mandatos de la época de la felicidad, etc., etc.) una promoción del sin sentido. Pensemos en el hecho de ofrecer para que alguien sea feliz una fórmula química,  a veces escuchamos pacientes que están pasando por un mal momento y reciben algún tipo de medicación, luego vienen a plantear que toman su medicación desde hace dos meses y no se sienten bien; como si solamente por tomar una fórmula química se fueran a sentir bien. Hay una espera en esa sustancia, en este sentido, la droga por más que sea legal o ilegal va en la misma dirección, producir un bienestar. Sabemos que ese bienestar siempre es episódico, es un efecto de placer momentáneo y nada más. Evidentemente la medicación tiene un uso para el psicoanálisis, no es que nosotros promovemos la medicación ni estamos en contra, hay un uso que puede permitir a determinados sujetos salir de situaciones difíciles o tratar casos que de otra manera no podrían ser tratados. El punto es que la sustancia en sí carece de sentido, tanto para el adicto como para el medicado. Creer que a los niños medicados con Ritalina se les va a resolver el desorden de atención ADD-que es el nuevo trastorno de moda- es un absurdo.
Toda la promoción del discurso actual apunta al sin sentido, y la ciencia fundamentalmente. En una conferencia en Roma en el año 73´, le preguntan a Lacan sobre la religión y él dice que “la ciencia actual produce un real tan arrasador, un efecto tan devastador en los sujetos – por ejempo la cuestión de las cirugías, etc., etc.- que hace más necesaria la religión”. Introduzco el tema de la religión en el punto en que la religión implica una oferta de sentido. Por ejemplo el trabajo que hacen las Iglesias Evangelistas tiene que ver con la posibilidad de hacer lazo. Ofrecen escucha y ofrecen lazo, y en esta época donde no se escucha a nadie, eso es algo. Para medicar no hace falta escuchar.
El psicoanálisis está dentro de las ofertas de escucha allí donde no existen muchas. En este punto, lo que fui encontrando en los lugares donde pude conversar sobre violencia en las escuelas, es cómo desde lo escolar, desde lo educativo, se pueden formular políticas, instancias donde producir que esos sujetos sean escuchados y donde producir también modos de hacer lazo.
En cuanto a los adolescentes actuales, entre pares se arman lazos muy fuertes, por ejemplo me encontré con varios pacientes que dicen que tienen hermanos, no hermanos de sangre, sino que llaman así a un amigo, pero falta el padre. Hay lazos entre pares, se habla hace unos años de las tribus urbanas, en ellas se pueden ubicar distintos modos de hacer lazo, la pregunta sería alrededor de qué. Me parece que es central ese abismo que se produce entre estos padres que llaman al celular a los hijos para saber dónde están ya que el gran tema es la seguridad, pero que después no saben qué les pasa.
Entonces ¿cómo tejer lazo desde las políticas? Hay un libro de Silvia Dutchasky a quien tuve oportunidad de invitar a unas jornadas en la Facultad de Psicología, donde la autora comenta distintos modos de dispositivos capaces de generar lazo a partir de la institución escolar. Es decir, establecer lazo no solamente en el ámbito de lo educativo, sino a partir o de la escuela hacia la sociedad.