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miércoles, 28 de mayo de 2014
Sujetos autistas: el nuevo Golem del cognitivismo*- Última Parte
Los tratamientos previstos por el
amplio conglomerado de las terapias cognitivo comportamentales se
basan en estos supuestos. El lenguaje, conceptalizado como un sistema
separado del sujeto que con el desarrollo se iría incorporando, es
el déficit que se atribuye a los sujetos autistas, el
disfuncionamiento de un puro mecanismo cognitivo de la palabra. Los
protocolos apuntan al aprendizaje de la construcción de frases
simples y al adiestramiento para pronunciarlas en las situaciones
apropiadas.1
Este “injerto” de un stock léxico suele confrontar al sujeto
autista con el rechazo de su dirigirse al Otro con consecuencias de
rupturas más o menos brutales del espacio en el que el Otro
amenazador había quedado por fuera.2
Los efectos de no escuchar la “cifra
enigmática” sobre la que los sujetos autistas nos hablan hace
recordar a lo que J.L.Borges escribiera con genio poético de un
hombre que quiso saber lo que Dios sabe creando a otro hombre.3
A pesar de, como todos, quedar aprisionado en la red sonora de Antes,
Ayer, Mientras, Ahora y de haber realizado tan “alta hechicería”,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.
1
Briole, G., “Ficciones autísticas”, Virtualia n° 23,
Publicación virtual de la Escuela de la Orientación Lacaniana,
Nov. 2011.
2
Laurent, E., “La cifra del autismo”, Virtualia n° 23,
Publicación virtual de la Escuela de la Orientación Lacaniana,
Nov. 2011.
3
Borges, J.L., “El Golem”, El otro el mismo, Obras
Completas, Emecé, Bs.As., pág. 883.
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miércoles, 21 de mayo de 2014
Sujetos autistas: el nuevo Golem del cognitivismo*- Segunda Parte
* por Esteban Stringa
La verdad que se persigue no surge de
tomar en cuenta el decir del sujeto que se dirige a alguien –al
Otro para ser más precisos–, direccionalidad a tener en cuenta aun
si se trata de las esterotipias y ecolalias de niños autistas. El
terapeuta, entonces, debe estar a la escucha, no del ser hablante
singular que es el paciente, sino de los efectos del medicamento. A
partir del residuo de esta práctica, se le superpone un tratamiento
de “apoyo” en el ámbito de lo “mental” que tratará de
producir cierta regulación del síntoma por vía de la sugestión.
Como no hay definición científica de la norma mental –se trata
del conjunto personal de hábitos, creencias, sensaciones, etc– es
necesario pasarla a alguna forma de objetividad cuantificable.1
Las teorías de la identidad
mente-cerebro presuponen que las sensaciones y pensamientos, es
decir, el campo entero de la psicología implícito en nuestras
prácticas de atribución de los innumerables estados mentales,
pertenecen a una teoría científica que podría ser reducida a la
física y química del cerebro combinadas con la ciencia
computacional. El proyecto de reducir los estados mentales a los
formalismos de la computación tropieza, primero, con que ambos
estados tienen propiedades formales muy diferentes.2
Además, el conjunto total de los estados computacionales de un
sistema dado se define implícitamente en forma simultánea, esto es,
en función de la totalidad de sus relaciones, ya determinadas de
antemano, con todos los demás estados, distinguiendo así cada uno
de éstos de todos los demás –definición necesaria para poder
sostener el automatismo en las “decisiones” que toma el sistema.
Ninguna teoría psicológica podría individualizar ni definir
implícitamente sus estados proponiendo un conjunto de leyes que
distingan entre un estado psicológico y otro, definidos estos y
todas sus relaciones de antemano. Este proyecto pertenece más a la
ciencia ficción que a las ciencias propiamente dichas. La idea de
hacer equivaler los estados mentales a estados computacionales se
redujo a unas pocas posibilidades postulándoselos como formas
ideales de funcionamiento.3
La identificación establecida fija
la objetividad con la única propiedad que tienen en común estados
tan diferentes: un número surgido de alguna “medición”. Esto
implica que lo cuantitativamente idéntico tendría las mismas
propiedades, es decir, se refreriría a la “misma” enfermedad. El
valor medio estadístico deviene la norma mental que establece,
intempestivamente, la existencia de una salud mental. Y, por ende, el
desvío más allá de cierto límite, estipulado como lo anormal,
define al síntoma como una cantidad en exceso referida a la
frecuencia o intensidad de un determinado signo observable. El
cálculo estadístico no sirve ni para justificar ni para garantizar
el éxito de la inferencia inductiva operada porque el paso de las
observaciones a las leyes generales no es una conclusión lógica
sino una decisión política.
La estadística sirve, en este caso, para reintroducir en un cálculo
posible lo que no responde a los protocolos terapéuticos
pero al precio de eliminar de las consideraciones aritméticas el
probable caso que contradiga la eficacia terapéutica. Tal caducidad
de la excepción anula la hiancia que haría lugar a lo singular del
sujeto.
1
Aflalo, A., “Cuestionarios y cientificismo”, Freudiana n°
40, E.E.P. de Catalunya, marzo-junio de 2004.
2
Putnam, H., “La importancia de ser Austin: la necesidad de una
´segunda ingenuidad´”, Sentido, sinsentido y los sentidos,
Paidós, Barcelona, 2000, pag. 85-95.
3
Ïbidem.
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miércoles, 14 de mayo de 2014
Sujetos autistas: El nuevo Golem del cognitivismo*- Primera Parte
* por Esteban Stringa
La importancia dada al cerebro como
asiento de las actividades mentales desde los años ´70 ha
medicalizado la psiquiatría. El conocimiento de lo real de una
enfermedad, construido con las relaciones del funcionamiento
neuro-bio-químico, ya no surge de la clínica sino de la dependencia
del síntoma respecto del ideal de lo real, de un real optimizado
como un funcionamiento y sometido al cálculo.1
Desde los años ´80 tanto el diagnóstico como el tratamiento se
centran en la insuficiencia respecto del funcionamiento antes que en
los conflictos que evoca la hipótesis del inconsciente.2
El autismo ha pasado de ser un cuadro caracterizado por
las dificultades de “interacción personal” y “adaptación
social” para convertirse en un “trastorno generalizado del
desarrollo” (neuro-bio-psico-…) referido a “déficits
cognitivos”.3
Una de las hipótesis respecto de su etiología se construyó a
partir de la detección, en un número pequeño de niños autistas,
de un incremento de los niveles periféricos de serotonina y de que
se sabía que es en los tres primeros años de vida cuando se da la
inervación serotoninérgica de la corteza cerebral y del sistema
límbico. Como hay evidencia de que la amígdala es una de las
estructuras límbicas ligada a procesos de aprendizaje y al
reconocimiento del significado emocional y social del lenguaje,
atribuyeron la etiología a su disfuncionamiento.4
Infieren que están implicados los mecanismos de neurotransmisión
serotoninérgicos de la amígdala aunque no se sepa cómo se llega a
esa perturbación por lo que, además de que para el mecanicismo
implícito en esta hipótesis es una grave falla que no haya una
proposición escrita de la causa, ningún tratamiento basado en este
conocimiento será causal.
Es con las técnicas de imagen usadas, tomografías o
resonancias magnéticas, que correlacionan, a partir de un
experimento “funcional”, una determinada imagen de una zona del
cerebro, como la amígdala, en la que predomina determinado signo
neurobioquímico, con la función que estaría en déficit. Las
correlaciones, medidas del grado de interdependencia existente entre
dos variables en un experimento aleatorio, no “miden” que un
valor sea causa del otro sino que sólo dicen que se dan al mismo
tiempo.5
Para el autismo, además, las correlaciones encontradas no se dan en
todos los casos. Aun así concluyen que si las imágenes encontradas
en algunos casos son las mismas, la causa sería la misma para todos.
1
Miller, J.-A., Curso de la Orientación Lacaniana: “El lugar y el
lazo”, inédito, clase del 21 de marzo de 2001.
2
Íbidem.
3
Mardomingo, M.J., “Neurobiología del espectrum autista”,
www.familianova-schola.com,
España, 2002.
4
Íbidem.
5
Rojas Lagarde, A., Bach, R.M., Introducción a la probabilidad y
estadística, EUCA, Bs.As., 1978, pag. 318-335.
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miércoles, 11 de septiembre de 2013
Un loco amor * - Última parte
*
Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la
EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con la participación
de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca.)
La
posición de un analista
El juez
interviniente en la causa hace lugar a un analista.
La
particularidad del loco amor de Eme -si no se
encuentran en ella, indicios de una estructura forclusiva- es en
tanto ha hecho equivaler la posición de objeto de goce -que ocupa
para su padre- a la posición de objeto de amor -en la que encuentra
coagulada la razón de su ser- que la resguarda de la locura
familiar,.
Loco amor
porque renuncia de esta forma, a ser sujeto deseante.
Transacción
que la “salvaría” en su fantasmática, de ser objeto de goce de
la madre.
¿Puede
funcionar este amor como suplencia de la función paterna?
El
analista sin responder en sintonía con los semblantes sociales y sin
enloquecer frente a estos goces desenfrenados, con su breve
intervención -en esta causa jurídica- propiciará
algún ordenamiento simbólico, algo menos precario, que el amor a
ese padre idealizado por Eme.
Este
analista “sin diván” y sin hacer asistencialismo (8) pero
haciendo semblante de objeto a (9) podrá abstenerse de su propio
goce e intentará hacer surgir algo del efecto sujeto.
Y así
podrá bordear la singularidad del amor y del deseo de Eme.
Condición
necesaria para poder escucharla diciendo:
“He
decidido ser lo que el Otro hizo de mí: la mujer de mi padre.”
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miércoles, 4 de septiembre de 2013
Un loco amor * - Cuarta parte
*
Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la
EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con
la participación de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca.)
Algunas
consideraciones
El incesto
no es novedoso y la actualidad con su aceleración nos corre,
dejándonos atónitos frente a la decadencia del orden simbólico
preexistente.
Esta causa
jurídica nos llevó a examinar con la ayuda de un juez, el Código
Penal de la República Argentina (4)
En sus
artículos 119 al 123 observamos, que no se sancionan estos hábitos
en tanto haya consentimiento (5) del incestuado y que éste sea mayor
de trece años.
Es la
sociedad quien las condena escandalosamente, desde el horror al
incesto.
Claro
está, que hay atenuantes y agravantes pero no es la ley penal la que
lo prohíbe, sino que es la sociedad quien lo condena moralmente,
desde el horror que el incesto inspira. (6)
Lo que se
presenta es una puesta en acto de lo que participa en la
constitución subjetiva de todo ser parlante y que ha de permanecer
reprimido –los bien conocidos tres diques freudianos-. (7): Asco,
vergüenza, y conciencia moral.
¿Qué es
lo distinto en este caso?
¿Cuál es
la diferencia hoy, en nuestros días?
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miércoles, 28 de agosto de 2013
Un loco amor * - Tercera parte
*
Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la
EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con
la participación de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca.)
Una
caótica novela familiar
Este
tramado siniestro podría perfectamente ser el argumento fílmico de
un amor absurdo y grotesco.
¿Qué
objeto/causa de deseo para esta madre/abuela tan permisiva en un
inicio –inclusive frente a la evidencia del nacimiento de su primer
hijo/nieto?
¿Y por
qué luego tan iracunda sobre el final cuando
interrumpe por primera vez, el diálogo con su hija y con su esposo,
por considerarse recién allí defraudada por ambos?
¿Qué
decir de la función paterna tan mixturada?
¿Qué
sujeto deseante puede resultar allí donde nadie quiere perder nada?
¿A qué
goce se renuncia?
La
hija/esposa renegando de la castración ve en su padre/marido al
único hombre de su vida, a la única persona a quien ha llegado a
amar.
El padre
como único adulto, que quedó “del lado de ella, cuando todos la
hostigaban.
Los
hermanos ahora con la segregación a tope y con sus juegos abusivos
antes – en la infancia ella y cuatro de sus hermanos jugaban a
tener relaciones sexuales entre ellos y las concretaban- no le
perdonan a Eme haber sido la elegida de su padre.
La
vindicta pública queda a cargo de los vecinos por el horror que les
genera este amor prohibido.
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Violencia
miércoles, 21 de agosto de 2013
Un loco amor * - Segunda parte
*
Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la
EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con
la participación de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca.)
Recorte
de la causa y del caso Eme
Eme
tiene que presentarse en el Juzgado al casi revelarse la
relación “especial” de la joven con su padre, hecho por el que
fue además, culpabilizada y estigmatizada por su madre y hermanos.
Al nacer
su primer hijo sólo despertó sospechas pero ya con el segundo, Eme
se posicionó como pareja de su padre, decidiendo la convivencia
fuera de la familia originaria.
Por
sostener este lazo, fue condenada al exilio por el
Otro social.
Al
respecto Eme dice no entender, cuál es el problema de constituir una
pareja con su padre y reclama:
“¿Quién
puso la ley esa… que yo no puedo vivir con mi padre?” Luego
interpela:
“Ahora,
¿No es peor, no es asqueroso, esto de los matrimonios del mismo
sexo?”
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miércoles, 14 de agosto de 2013
Un loco amor * - Primera parte
*
Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la
EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con
la participación de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca. )
“Quien desordena su casa, hereda
viento (…)”* Proverbios, 11 -
(1)
Introducción
Eme, un
fenómeno freak desarticulado a la castración, al Padre (2) nos
interroga y aún hoy horroriza - al ser transmitido por los medios
masivos de comunicación- con un hecho que le sucede.
¿Cómo
proceder?
Nuestra
intervención en el campo social
Llega Eme
al Equipo Interdisciplinario de los Juzgados de Familia, tras
judicializarse su situación.
La
Institución demanda evaluar, controlar y psicodiagnosticar en
tan sólo tres entrevistas. Quieren saber, si Eme
de 23 años puede proteger a sus dos pequeños hijos, producto
del vínculo incestuoso con su padre, quien la iniciara sexualmente a
la temprana edad de 11 años. A propósito de este dato Eme acota
que ella también comenzó a “sentir cosas” por él.
A partir
de allí se le demanda al perito psicólogo - en este caso analista –
evaluar, controlar y psicodiagnosticar en un breve lapso.
El
psicoanalista con su acto no retrocederá, aún cuando lo que se le
pida es recubrir un mal encuentro y reducir los efectos del malestar
generados por las instituciones donde trabajamos. Suponiendo a Eme
como sujeto ético y de derecho, (3) el quehacer clínico puede
desplegarse en estos ámbitos, que responden al orden público.
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miércoles, 2 de mayo de 2012
LA VIOLENCIA COTIDIANA* - Última parte
Según pasan los años; homenaje a Jacques Lacan
*Pablo Fridman (AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico
Cuando se intenta predicar una armonía del consumo, en términos de libre acceso a los objetos (el llamado libre juego de la economía), no se trata aquí ciertamente, de la posición del científico neutral, que partiendo de la forclusión del sujeto busca despejar un real, un real específico del cual intenta apoderarse. Se trata de una posición ideológica, pletórica de subjetividad no admitida como tal, que procura un retorno a un ideal imposible, el de una cultura sin malestar que se juega en un uso ilimitado del mundo, un “paraíso” virtual sin esfuerzos, ni dificultades. Frente a ésta ideología se ubican los desadaptados, los que no cumplen con las expectativas que los “expertos” sueñan. El aplastamiento de la diferencia y la compulsión al consumo, producen una violencia que implica el retorno del malestar en la cultura, de la peor forma. No se trata aquí de la sublimación, de los cambios, de las reformulaciones, sino del rechazo liso y llano, de la destrucción de los lazos por la destrucción misma, como una respuesta al malestar en sí misma. Es la paradoja del “todos consumidores”, y al mismo tiempo “el que no consume no existe”. El desafío del psicoanálisis es ofrecer un modo de soportar la inconsistencia del Otro, sin ceder al llamado al consumo despiadado de objetos de consumo, que implica una consumición violenta del sujeto.
La época, sin lugar a dudas produce una clínica, un modo de pensar la perturbación, de diagnosticarla y de tratarla. En el campo de lo psíquico no hay inmutables, lo que en la Edad Media era designado como conducta “piadosa”, hoy puede ser considerado un delirio místico; lo que en otro momento era parte de lo comunitario, de lo aceptado socialmente, hoy puede ser “desadaptativo” , o a la inversa. Que la violencia sea cotidiana, induce a la pregunta por la cultura que le da origen, que la produce, mas allá de la conmiseración, o de la queja vana.
Referencias bibliográficas:
Aleman J.: Benetton, el horror, en “Cuestiones Antifilosóficas en Jacques Lacan”, Pág. 47, Buenos Aires: Atuel, 1993.
Zizek S.: La suspensión política de la ética”, Pág. 14, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2005.
Agamben G.: Profanaciones, Pág. 103, Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2005.
Esposito R.: Bios, Buenos Aires, Ed. Amorrortu, 2006.
Agamben G.: Estado de Excepción, Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2004.
Laurent E.: El Nombre del Padre: psicoanálisis y democracia, en el libro Jacques Lacan Política y Psicoanálisis, Pág. 70, Buenos Aires: Ed. Nueva Visión, 2006.
Foucault M.: Seguridad, territorio, población, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2006.
Miller J-A: Una Fantasía, en Revista Lacaniana, Año 3 Nº3, Pág, 14, Buenos Aires: Ed. EOL, 2005.
Freud S.: Malestar en la Cultura, en O.C., T. XXI, Pág. 85, Buenos Aires: Ed. Amorrortu, 1979.
Según la expresión diagnostica del DSM IV (clasificación de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (American Psychiatric Association).
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miércoles, 25 de abril de 2012
LA VIOLENCIA COTIDIANA* - Quinta parte
*Pablo Fridman (AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico
La idea de un ideal basado en una armonía homogénea, que pone el énfasis en la adaptación compulsiva a dicha armonía, requiere de una cultura solidaria del “estado de excepción”, de las medidas excepcionales a favor de un acuerdo imposible e inexistente, que en los hechos produce una sociedad que controla los cuerpos y sus modos de existencia, al modo de lo que Michel Foucault llamaba “la sociedad del biopoder” .
El acento adaptativo corresponde a la época del ascenso del objeto a al cenit social, como la imagen del objeto a que comanda, eso falla, como lo señala Jacques-Alain Miller . Es el modo sintomático de predicar un orden que ya se sabe fracasado. Se trata de un pretendido ateoricismo (“los mercados funcionan solos”) que se sostiene en un cinismo disfrazado de cientificismo, cuando la intención es borrar de la cultura el malestar que conlleva por instituirse como tal, el malestar que le es inherente por “insuficiencia de las normas” que rigen las relaciones entre las personas.
La idea de un ideal basado en una armonía homogénea, que pone el énfasis en la adaptación compulsiva a dicha armonía, requiere de una cultura solidaria del “estado de excepción”, de las medidas excepcionales a favor de un acuerdo imposible e inexistente, que en los hechos produce una sociedad que controla los cuerpos y sus modos de existencia, al modo de lo que Michel Foucault llamaba “la sociedad del biopoder” .
El acento adaptativo corresponde a la época del ascenso del objeto a al cenit social, como la imagen del objeto a que comanda, eso falla, como lo señala Jacques-Alain Miller . Es el modo sintomático de predicar un orden que ya se sabe fracasado. Se trata de un pretendido ateoricismo (“los mercados funcionan solos”) que se sostiene en un cinismo disfrazado de cientificismo, cuando la intención es borrar de la cultura el malestar que conlleva por instituirse como tal, el malestar que le es inherente por “insuficiencia de las normas” que rigen las relaciones entre las personas.
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miércoles, 18 de abril de 2012
LA VIOLENCIA COTIDIANA* - Cuarta parte
*Pablo Fridman (AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico
¿Cómo son los vínculos humanos en el “Estado de Excepción”? El “estado de excepción” abre a la arbitrariedad de la ley, y así, consuma su esencia: la ley es, por definición, en esencia arbitraria. Se trata de un ideal superyoico que fuerza a una supuesta armonía, bajo la consigna de que si en la democracia todo puede expresarse, esto, eventualmente, debe ser defendido con medidas de excepción, que impiden (por fuerza), esa misma expresión. Es la paradoja que denuncia Freud en el “Malestar en la Cultura”: la paz se preserva con la sangre.
Como lo señala Eric Laurent: “Así pues, lejos de asistir a la expansión de una política entendida como mecanismo de arbitraje y respeto a las normas, vemos expandirse el estado de excepción.” Para Slavoj Zizek, la imagen última del tratamiento actual del homo sacer, es un avión de guerra sobrevolando el cielo, del cual no se está seguro que va a caer: bombas o paquetes de comida . Esta observación es tomada de la guerra de Afganistán, cuando luego, o antes, de un bombardeo, pasan aviones norteamericanos que dejan caer medicamentos y provisiones (“reparan” el daño que otros aviones norteamericanos han hecho).
El estado de excepción es, en definitiva, para la preservación y expansión de los bienes. El discurso capitalista, tal como Jacques Lacan lo enuncia, es un dispositivo para, por medio del saber científico, promover la producción de objetos, objetos de consumo. Ante cualquier desperfecto (guerras, hambre, diferencias culturales, etc.), la máquina de producción de objetos restablece su objetivo principal. No se trata aquí de estigmatizar la actividad mercantil, desde una posición que podría pensarse como romántica, sino de advertir las consecuencias en la cultura de situar el lazo de discurso en función de la producción de objetos. Se trata de la maquina que no para, desencadenada, desligada del Otro. En la mayoría de los homicidios actuales la vida de la víctima se interpone respecto de la apropiación violenta de los objetos, por tanto la vida pasa a segundo plano respecto del uso de los objetos. No son homicidios pasionales, o por venganza, o políticos, etc. Al menguar las grandes convicciones de la modernidad, cambian los móviles de la violencia cotidiana. Por otra parte, también es casi un lugar común decir que en la delincuencia se han perdido los “códigos”, la violencia arbitraria es una constante.
¿Cómo son los vínculos humanos en el “Estado de Excepción”? El “estado de excepción” abre a la arbitrariedad de la ley, y así, consuma su esencia: la ley es, por definición, en esencia arbitraria. Se trata de un ideal superyoico que fuerza a una supuesta armonía, bajo la consigna de que si en la democracia todo puede expresarse, esto, eventualmente, debe ser defendido con medidas de excepción, que impiden (por fuerza), esa misma expresión. Es la paradoja que denuncia Freud en el “Malestar en la Cultura”: la paz se preserva con la sangre.
Como lo señala Eric Laurent: “Así pues, lejos de asistir a la expansión de una política entendida como mecanismo de arbitraje y respeto a las normas, vemos expandirse el estado de excepción.” Para Slavoj Zizek, la imagen última del tratamiento actual del homo sacer, es un avión de guerra sobrevolando el cielo, del cual no se está seguro que va a caer: bombas o paquetes de comida . Esta observación es tomada de la guerra de Afganistán, cuando luego, o antes, de un bombardeo, pasan aviones norteamericanos que dejan caer medicamentos y provisiones (“reparan” el daño que otros aviones norteamericanos han hecho).
El estado de excepción es, en definitiva, para la preservación y expansión de los bienes. El discurso capitalista, tal como Jacques Lacan lo enuncia, es un dispositivo para, por medio del saber científico, promover la producción de objetos, objetos de consumo. Ante cualquier desperfecto (guerras, hambre, diferencias culturales, etc.), la máquina de producción de objetos restablece su objetivo principal. No se trata aquí de estigmatizar la actividad mercantil, desde una posición que podría pensarse como romántica, sino de advertir las consecuencias en la cultura de situar el lazo de discurso en función de la producción de objetos. Se trata de la maquina que no para, desencadenada, desligada del Otro. En la mayoría de los homicidios actuales la vida de la víctima se interpone respecto de la apropiación violenta de los objetos, por tanto la vida pasa a segundo plano respecto del uso de los objetos. No son homicidios pasionales, o por venganza, o políticos, etc. Al menguar las grandes convicciones de la modernidad, cambian los móviles de la violencia cotidiana. Por otra parte, también es casi un lugar común decir que en la delincuencia se han perdido los “códigos”, la violencia arbitraria es una constante.
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miércoles, 11 de abril de 2012
LA VIOLENCIA COTIDIANA* - tercera parte
*Pablo Fridman (AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico
Los proyectos biopolíticos, o sea los que ponen la política al servicio de “como se debe vivir”, generan proyectos llamados tanatopolíticos , que matan por el “como se debe vivir” a los que no cumplen con los designios establecidos (es matar por el bien vivir, paradójicamente). Se trata de absolutizar, y normatizar, de hacer un “para todos” del criterio de lo que significa para cada uno “vivir bien”, haciendo de esta variable, una norma general. Es un ejemplo paradigmático extremo de estas premisas el proyecto nazi, que debe eliminar a los “impuros” para curar de su sola presencia a la sociedad alemana, para restablecer la pureza perdida. Es una lógica similar la que ha detentado el Proceso Militar en la Argentina, donde la idea ha sido la “aniquilación” del enemigo, a tal punto de sustraer, de secuestrar indefinidamente, a los hijos de las víctimas: había que hacer desaparecer todo rastro del otro. Aun así existen diferencias entre los proyectos tanatopolíticos del tipo nazi (que buscan por medio de la extinción de algunos la preservación de la pureza), de los proyectos tanatopolíticos actuales: las guerras preventivas por seguridad (que por la vía de una supuesta defensa del terrorismo, apuntan a la expansión de mercados económicos globales).
Lo paradójico de la época actual es que simultáneamente a una compulsión a la adaptación a un orden general, globalizado, se genera un continuo “estado de excepción” (como el mismo Giorgio Agamben lo destaca ), lo que implica arrasar las particularidades subjetivas. El estado de excepción, más que una simple laguna normativa, es la apertura de un vacío legal que se convierte en norma. Es la suspensión de las leyes en función de un objetivo aparentemente superior, como, por ejemplo, las guerras, los golpes de estado, etc. El objetivo superior, las necesidades expansivas, no se detienen por el pacto de las leyes, por el contrario, la legalidad es un estorbo.
Los proyectos biopolíticos, o sea los que ponen la política al servicio de “como se debe vivir”, generan proyectos llamados tanatopolíticos , que matan por el “como se debe vivir” a los que no cumplen con los designios establecidos (es matar por el bien vivir, paradójicamente). Se trata de absolutizar, y normatizar, de hacer un “para todos” del criterio de lo que significa para cada uno “vivir bien”, haciendo de esta variable, una norma general. Es un ejemplo paradigmático extremo de estas premisas el proyecto nazi, que debe eliminar a los “impuros” para curar de su sola presencia a la sociedad alemana, para restablecer la pureza perdida. Es una lógica similar la que ha detentado el Proceso Militar en la Argentina, donde la idea ha sido la “aniquilación” del enemigo, a tal punto de sustraer, de secuestrar indefinidamente, a los hijos de las víctimas: había que hacer desaparecer todo rastro del otro. Aun así existen diferencias entre los proyectos tanatopolíticos del tipo nazi (que buscan por medio de la extinción de algunos la preservación de la pureza), de los proyectos tanatopolíticos actuales: las guerras preventivas por seguridad (que por la vía de una supuesta defensa del terrorismo, apuntan a la expansión de mercados económicos globales).
Lo paradójico de la época actual es que simultáneamente a una compulsión a la adaptación a un orden general, globalizado, se genera un continuo “estado de excepción” (como el mismo Giorgio Agamben lo destaca ), lo que implica arrasar las particularidades subjetivas. El estado de excepción, más que una simple laguna normativa, es la apertura de un vacío legal que se convierte en norma. Es la suspensión de las leyes en función de un objetivo aparentemente superior, como, por ejemplo, las guerras, los golpes de estado, etc. El objetivo superior, las necesidades expansivas, no se detienen por el pacto de las leyes, por el contrario, la legalidad es un estorbo.
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miércoles, 4 de abril de 2012
LA VIOLENCIA COTIDIANA* - Segunda parte
*Pablo Fridman (AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico
¿Cómo tratar, entonces, la diferencia? Establecer los contrastes de lo múltiple, como diferencias de lo absoluto del origen biológico de cada uno, constituye una atadura impuesta de los sujetos al cuerpo natural, al cuerpo como cuerpo orgánico genético. Por esta vía se instaura la condena al otro por haber nacido de determinada manera, y por eso, por momentos, ser un peligro potencial (musulmanes, judíos, etc.).
La lógica de las guerras preventivas parte de las ataduras de los sujetos a los cuerpos biológicos de la genética. Se trata del imperativo de adaptar, de modo compulsivo, las diferencias culturales al consumo global. Todo puede devenir objeto de consumo, hasta lo horroroso , hasta lo que genera un rechazo inevitable.
En este orden, la clínica descriptiva clásica de lo psíquico ha sido reemplazada por una disciplina normativa y adaptativa. Como lo indica Slavoj Zizek se trata del “gobierno burocrático de los expertos que culmina en la biopolítica de reducir la población a una colección de homo sacer” (Homo Sacer es una oscura figura del derecho romano arcaico extraída por Giorgio Agamben en su obra filosófica, en que la vida humana se incluye en el orden jurídico únicamente bajo la forma de su exclusión, es la nuda vida, es decir la vida “a quien cualquiera puede dar muerte pero que es a la vez insacrificable”, es la vida de aquel que ha sido ofrendado a los dioses, pero que ha evitado el sacrificio, es la vida profanada a los dioses ). Si el criterio a emplear es el grado de adaptabilidad…, en relación a los sujetos, queda escaso margen para lo propio, lo no determinado por la norma, es decir lo que escapa a “lo normal”. Los sujetos aparentemente adaptados coexisten muchas veces con la disolución de los lazos familiares y sociales, los sujetos plenamente adaptados coexisten con la ruptura de los lazos al Otro, lazos necesarios para la vida. Jacques Lacan definía al sujeto psicótico como el “normal”, el sujeto que no puede diferenciarse de ningún modo de la norma que habita, el que no puede introducir ningún cambio, ninguna marca.
¿Cómo tratar, entonces, la diferencia? Establecer los contrastes de lo múltiple, como diferencias de lo absoluto del origen biológico de cada uno, constituye una atadura impuesta de los sujetos al cuerpo natural, al cuerpo como cuerpo orgánico genético. Por esta vía se instaura la condena al otro por haber nacido de determinada manera, y por eso, por momentos, ser un peligro potencial (musulmanes, judíos, etc.).
La lógica de las guerras preventivas parte de las ataduras de los sujetos a los cuerpos biológicos de la genética. Se trata del imperativo de adaptar, de modo compulsivo, las diferencias culturales al consumo global. Todo puede devenir objeto de consumo, hasta lo horroroso , hasta lo que genera un rechazo inevitable.
En este orden, la clínica descriptiva clásica de lo psíquico ha sido reemplazada por una disciplina normativa y adaptativa. Como lo indica Slavoj Zizek se trata del “gobierno burocrático de los expertos que culmina en la biopolítica de reducir la población a una colección de homo sacer” (Homo Sacer es una oscura figura del derecho romano arcaico extraída por Giorgio Agamben en su obra filosófica, en que la vida humana se incluye en el orden jurídico únicamente bajo la forma de su exclusión, es la nuda vida, es decir la vida “a quien cualquiera puede dar muerte pero que es a la vez insacrificable”, es la vida de aquel que ha sido ofrendado a los dioses, pero que ha evitado el sacrificio, es la vida profanada a los dioses ). Si el criterio a emplear es el grado de adaptabilidad…, en relación a los sujetos, queda escaso margen para lo propio, lo no determinado por la norma, es decir lo que escapa a “lo normal”. Los sujetos aparentemente adaptados coexisten muchas veces con la disolución de los lazos familiares y sociales, los sujetos plenamente adaptados coexisten con la ruptura de los lazos al Otro, lazos necesarios para la vida. Jacques Lacan definía al sujeto psicótico como el “normal”, el sujeto que no puede diferenciarse de ningún modo de la norma que habita, el que no puede introducir ningún cambio, ninguna marca.
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Biopolítica,
Violencia
miércoles, 28 de marzo de 2012
LA VIOLENCIA COTIDIANA* - Primera parte
*Pablo Fridman( AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico
La violencia cotidiana es la de los imperativos de adaptación de la época, imperativos marcados por la pregnancia del consumo de objetos. Si el sujeto es en tanto sujeto de consumo, esta posición demarca de hecho una exterioridad amenazante, junto a una interioridad apremiante: se trata de no quedar fuera de lo que define la pertenencia, es imperativo adaptarse a la exigencia incesante de la apropiación irrefrenable.
En este contexto discursivo, la política que corresponde es la que se apropia de los cuerpos como cuerpos de consumo. Se instaura un deber ser que implica un programa de vida, donde rige lo “saludable”, la ciencia avanza en términos de regular el goce del cuerpo. A ésta aspiración de control de los goces del cuerpo, Michel Foucault la ha llamado “Biopolítica”: es el intento de regular, por medio de la apropiación de los cuerpos, de las condiciones de vida. Es la política de la expansión compulsiva de los mercados, que se apropia de los cuerpos.
La violencia cotidiana es la de los imperativos de adaptación de la época, imperativos marcados por la pregnancia del consumo de objetos. Si el sujeto es en tanto sujeto de consumo, esta posición demarca de hecho una exterioridad amenazante, junto a una interioridad apremiante: se trata de no quedar fuera de lo que define la pertenencia, es imperativo adaptarse a la exigencia incesante de la apropiación irrefrenable.
En este contexto discursivo, la política que corresponde es la que se apropia de los cuerpos como cuerpos de consumo. Se instaura un deber ser que implica un programa de vida, donde rige lo “saludable”, la ciencia avanza en términos de regular el goce del cuerpo. A ésta aspiración de control de los goces del cuerpo, Michel Foucault la ha llamado “Biopolítica”: es el intento de regular, por medio de la apropiación de los cuerpos, de las condiciones de vida. Es la política de la expansión compulsiva de los mercados, que se apropia de los cuerpos.
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