Mostrando entradas con la etiqueta "A-dicciones". Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta "A-dicciones". Mostrar todas las entradas
miércoles, 22 de febrero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Última parte
*Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro.
Lacan en el Seminario 10, dice que el síntoma debe constituirse en su forma clásica para poder salir de él vía el significante. “…Para que el síntoma salga de su estado de enigma todavía informulado, el paso a dar no es que se formule, es que en el sujeto se perfile algo tal que le sugiera que hay una causa para eso…” (Lacan, 1963, 303). Esto implica salir del puro autoerotismo que Lacan llama goce del idiota (Lacan, 1973, 114), para poder construir un síntoma, percatándose de él, como sujeto responsable.
Ahora bien, si el síntoma se basta a sí mismo, ¿cómo hacerlo entrar en el análisis?, ¿cómo hacer devenir un síntoma analítico? Para ello, entonces, tendrá que devenir un síntoma dirigido al Otro.
Para el psicoanálisis, se tratará entonces de la puesta en forma del síntoma y no de la puesta en forma del individuo, se tratará de abrir la vía para reconocer allí la función que tiene para cada quién “la obesidad”, es decir, de introducir en el autoerotismo la dimensión significante, y con ello, en ese desfiladero por la palabra, apostar al sujeto, aquel que se desvanece entre la ciencia y el discurso médico.
Notas:
(1) Esta cuestión fue abordada en detalle por MARTIN MOGABURU, JP; OLDECOP, A; SILVA, B; TENDLARZ, E; GOMEZ, G: “Anverso y reverso de una Ley: Algunas reflexiones”, en Memorias del I Congreso internacional de investigación y práctica profesional de psicología Tomo III, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología, 2009. Artículo publicado también en formato virtual en: http://a-nomia.blogspot.com/2011/01/anverso-y-reverso-de-una-ley-algunas.html
(2) M. es llevado a la consulta por su mamá quien está preocupada por su comportamiento: M. contesta mal, hace berrinches, está cansado de que lo carguen y le digan “grandote, gordito” a lo que responde llorando o pelándose con compañeros.La mamá no sabe como responder a los “pedidos continuos” de M. de juguetes y “otras cosas”, objetos en cuya lista se inscribe la comida. “Hay que pedirle que deje de comer, no se llena, nunca se conforma” según sus palabras.
Bibliografía:
FREUD, Sigmund: “Conferencia 17: El sentido de los síntomas”, en Obras Completas Vol. 16, Amorrortu, Buenos Aires, 1984.
FREUD, Sigmund: “Conferencia 23: Los caminos de la formación de síntoma”, en Obras Completas Vol. 16, Amorrortu, Buenos Aires, 1984.
FREUD, Sigmund: “Más allá del principio del placer”, en Obras Completas Vol. 18, Amorrortu, Buenos Aires, 1984.
LACAN, Jacques: “Seminario 10: La angustia”, Paidos, Buenos Aires, 2006.
LACAN, Jacques: “Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, Paidos, Buenos Aires, 1987.
LACAN, Jacques: “Seminario 16: De Otro al otro”, Paidos, Buenos Aires, 2008.
LACAN, Jacques: “Seminario 20: Aún”, Paidos, Buenos Aires, 2008.
LACAN, Jacques: “Psicoanálisis y medicina” en Intervenciones y Textos I, Manantial, Buenos Aires, 2006.
MILLER, Jacques-Alain: “Curso del 16 de Enero de 2008”. (Inédito).
MILLER, Jacques-Alain: “Curso del 19 de Noviembre de 2008”. (Inédito).
MILLER, Jacques-Alain: “Introducción al método psicoanalítico”, Eolia-Paidos, Buenos Aires, 1997.
MILLER, Jacques-Alain: “Seminario de Barcelona” en Freudiana 19, Escuela Europea de Psicoanálisis (EEP).
TENDLARZ, E; GOMEZ, G; MARTIN MOGABURU, JP; OLDECOP, A; SILVA, B: “Anverso y reverso de una Ley: Algunas reflexiones”, en Memorias del I Congreso internacional de investigación y práctica profesional de psicología Tomo III, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología, 2009.
http://www.who.int/es/. Página de la Organización Mundial de la Salud, consultada el 5 de abril de 2010.
http://www.hcdn.gov.ar/. Página de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, consultada el 8 de abril de 2010.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Obesidad,
Subjetividad
miércoles, 15 de febrero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Séptima parte
*Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro.
El síntoma en la obesidad
Para hablar de síntoma en psicoanálisis, es necesario apelar al sentido. Ir de la satisfacción pulsional, al goce hallado en el síntoma. Es decir, que a la exclusividad en el objeto y fijación libidinal en donde el acto de comer se satisface, debe añadirse la vertiente del sentido, del sentido singular del síntoma. Y, este sentido se explica por el significante.
La obesidad está en los listados de las llamadas nuevas patologías; patologías del acto, del consumo, propias de nuestra época. Son aquellas de la pulsión, en donde parece que no hay lugar a una formación del inconciente como para hablar de un síntoma en sentido analítico; en tanto que a pesar de que eso habla, el sujeto no dice nada al respecto. Así, podemos pensar, que en el acto compulsivo de comer, lo que no sale de la boca como pregunta por el deseo del Otro, ingresa en forma del objeto comida para sellarla. Cuando el sujeto quiere adelgazar, comienza el desfile de consumo de diferentes tratamientos y terapias (consumo de la oferta tecnológica) que intentan remover el síntoma (en el sentido médico del término) sin operar su causa, lo cual culmina en ciertos casos con una práctica real sobre el cuerpo, como si el cinturón gástrico pudiera poner al “hambre” en su sitio.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Obesidad,
Subjetividad
miércoles, 8 de febrero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Sexta parte
*Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro.
Podemos decir entonces, que hay algo más que “invita” a comer y que no es el hambre y hasta decimos que hay un más allá de la necesidad biológica, en tanto se trata de un sujeto del deseo.
Sobre eso nos dice M., un niño de 10 años, quien tras el recorrido por médicos y nutricionistas, la sugerencia de eliminar ciertos alimentos, sustituirlos por otros y la referencia obligada a hacer ejercicios, grita entre sollozos “que sabe el médico de mi hambre” (2).
Entonces, la obesidad como síntoma, podría pensarse en tanto síntoma de la época; época en la cual los individuos son nombrados para seguir gozando de todo aquello que el mercado oferta, y, este goce, nos presenta un sujeto consumido en su acto de consumir, lo que deja como saldo, un individuo objeto del consumo.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Obesidad,
Subjetividad
miércoles, 1 de febrero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Quinta parte
*Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro.
Parece ser que el hambre en la obesidad, deja lugar al atracón, que comúnmente es llamado angustia oral, pero, es un acto que justamente evita la angustia, si decimos que actuar es quitarle a la angustia su certeza (Lacan, 1963). En tal sentido, el sujeto obeso, puede decirse es preventivo en tanto previene un vacío, un encuentro con la imposibilidad estructural. Un acto que daría cuenta de un no querer saber nada acerca de la falta, un atraco al deseo. En otras palabras, se impone un siempre lleno, una im-postura en donde el hambre, necesariamente remite a otro objeto por más que este se instale en la comida. Es el objeto de la pulsión, anclado en la ilusoria creencia en la posibilidad de la satisfacción plena: la existencia de la relación sexual, de la posibilidad de adecuación. Freud en “Más allá del principio del placer” dice en relación a la pulsión : “… nunca cesa de aspirar a su satisfacción plena, que consistiría en la repetición de una vivencia primaria de satisfacción; todas las formaciones sustitutivas y reactivas, y todas las sublimaciones, son insuficientes para cancelar su tensión acuciante, y la diferencia entre el placer de satisfacción hallado y el pretendido engendra el factor pulsionante, que no admite aferrarse a ninguna de las situaciones establecidas, sino que, en las palabras del poeta, … ” (Freud, 1920, 42). Esto da cuenta de este fracaso y éxito de la repetición; éxito en tanto ganancia de placer de otra índole en tanto hay satisfacción parcial, y fracaso en relación a la imposibilidad de ligazón de la pulsión en su satisfacción plena. Algo se satisface, pero no se cancela; continúa la búsqueda, en tanto no hay objeto adecuado. En relación a esto es que Lacan, en el seminario 16, nos dice: “El sujeto hace la estructura del goce, pero hasta nueva orden, todo lo que pueda esperarse de ello, son prácticas de recuperación. Es decir que lo que el sujeto recupera no tiene nada que ver con el goce, sino con su pérdida.” (Lacan, 1969, 104).
Etiquetas:
"A-dicciones",
Obesidad,
Subjetividad
miércoles, 25 de enero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Cuarta parte
*Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro.
La obesidad como síntoma
Para la medicina el síntoma es señal de que algo anda mal, y, en tanto tal hay que hacerlo desaparecer para que las cosas funcionen bien; siguiendo el concepto de salud de la OMS, hacia el completo bienestar.
La clínica del psicoanálisis de orientación lacaniana –en tanto orientación a lo real- permite dar testimonio de la satisfacción hallada en el síntoma. En el obeso, la compulsión a comer da cuenta que la pulsión se entrama en ese acto. “En el no poder parar” se encuentra un empuje constante. El “no poder para de comer”, el pasaje por el objeto comida da cuenta que de la pulsión algo siempre se satisface. En la obesidad hallamos a alguien, el obeso, en una encrucijada más allá de la voluntad de bien-estar, los esfuerzos y las promesas ideales; es una voluntad otra que fuerza constantemente al sujeto, a quedar envuelto en un goce, que no deja de producir sufrimiento y malestar en el sujeto. Se trata de un placer no sentido como tal.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Obesidad,
Subjetividad
miércoles, 18 de enero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Tercera parte
*Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro.
Siguiendo lo que dice Lacan en “Psicoanálisis y medicina”, se puede afirmar el carácter marginal del psicoanálisis al respecto, tenido en cuenta, como mencionamos anteriormente en relación a la psicología, como una ayuda externa (Lacan, 1966, 86). Pero, el psicoanálisis dirá algo acerca del sujeto en la clínica y no del individuo del caso. Desde el psicoanálisis, siempre suponemos la existencia de un sujeto, y un sujeto podría decirse es alguien que entre otras cosas se construye un cuerpo y goza de él; tal es así, que en todo tratamiento que se le demande a un psicoanalista, este procederá a hacer una localización subjetiva del sufrimiento y del padecer, a fin de dar lugar a lo singular y heterogéneo de un sujeto más allá de lo global y las generalidades homogéneas de la personalidad del obeso. Entonces, nos proponemos pensar que sedentarismo y comer compulsivamente, no forman parte de categorías que caracterizarían a un ser para el sujeto obeso, sino más bien respuestas subjetivas al malestar, y, un modo singular de gozar del propio cuerpo.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Obesidad,
Subjetividad
miércoles, 11 de enero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Segunda parte
*Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro
De la obesidad al sujeto obeso
En la actualidad, se habla de la obesidad como una de las mayores pandemias del siglo, tal es así, que organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, mediante su comité de expertos la define como “la enfermedad epidémica no transmisible más grande del mundo”; mismo organismo que definió a la salud como estado de completo bienestar. Por otra parte, en Argentina, la ley de trastornos alimentarios promulgada en 2008 (Ley 26396), comprende a la obesidad, junto con la bulimia y la anorexia (1), como enfermedades relacionadas con inadecuadas formas de ingesta alimentaria.
La psicología ha sido y es convocada por el discurso de la ciencia a dar respuesta y tratamiento a aquellos trastornos en los que podría decirse se observa, un más allá de lo biológico. Tal es así, que en los abordajes establecidos para el tratamiento de la obesidad llamados interdisciplinarios, el rol del psicólogo muchas veces se reduce al análisis, control y mantenimiento de la conducta alimentaria (adecuación), por lo que, cuestiones como el sedentarismo y comer compulsivamente, harían entre otras cosas a la personalidad del obeso.
Lo que comúnmente se acusa como el factor psicológico dentro de los tratamientos integrales que abordan dicha patología, muchas veces viene a nombrar a aquello que se resiste al “éxito” de la cura, en este caso, adelgazar.
Las causas psicológicas podría pensarse entonces que aparecen cuando en “lo vivo” no está la respuesta o se obstaculizan los objetivos terapéuticos por causas que van más allá del cuerpo de la biología.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Obesidad,
Subjetividad
miércoles, 4 de enero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Primera parte
* Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro.
Introducción:
La obesidad, considerada en la actualidad como una de las pandemias más grandes del siglo, es abordada por diferentes disciplinas que intentan dar respuesta dentro de lo que se inscribe en el marco de la salud y enfermedad.
Nos proponemos en este trabajo abordar el goce que subyace en la posición del obeso ubicando al síntoma en la perspectiva del psicoanálisis, y desde allí promover una intervención que de lugar a lo que hay de singular en cada sujeto, apostando a introducir la palabra en esa modalidad de satisfacción, que se presenta por fuera del inconciente.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Obesidad,
Subjetividad
miércoles, 7 de septiembre de 2011
El objeto-comida en la ética del soltero (*1) * - Cuarta parte
* Trabajo presentado en el Congreso de AASM(2009) Griselda Belucci, Juan Pablo Martin Mogaburu, Cecilia Mastropierro, María del Carmen Perez Cavalar, Edit Tendlarz
Lo singular en juego
El psicoanálisis ofrece una orientación a la ética de lo singular: se trata de indagar en cómo juega lo pulsional en torno al objeto en cada sujeto. Una intervención en estos casos, tendría que apuntar al goce que se juega en cada sujeto. Podemos decir que lo propio de cada sujeto marca una diferencia respecto del empuje hacia lo homogéneo de la época; un reverso de la operación homogeneizante que destituye al sujeto, incorporándolo a su máquina unificante.
El psicoanálisis hará su apuesta: pondrá en juego lo singular de cada quien, tratando al mismo tiempo de localizar el goce singular que arma la fantasmática del uno por uno.
Bibliografía general
Freud, Sigmund: Obras completas, Tomo XXI. Buenos Aires, Amorrortu,
Lacan, Jacques: Seminario 17. El reverso del psicoanálisis, Paidós, Bs. As., 1992.
–––––––––––––: Seminario 21, inédito.
–––––––––––––: “Kant con Sade” en Escritos 2. Editorial Siglo XXI, México, 1984.
–––––––––––––: Radiofonía y televisión, Anagrama, Bs. As., 1977.
Miller, Jacques-Alain: Los signos del goce. Buenos Aires, Paidós, 1998.
–––––––––––––––––: El partenaire-síntoma, Paidós, Bs. As., 2008.
–––––––––––––––––: “Seminario de Barcelona” en Freudiana 19, Escuela Europea de Psicoanálisis (EEP).
Recalcati, Massimo: La última cena: Bulimia y Anorexia, Ediciones del Cifrado, Bs. As., 2004.
Freud
Etiquetas:
"A-dicciones",
Obesidad,
Subjetividad
miércoles, 31 de agosto de 2011
El objeto-comida en la ética del soltero (*1) * - Tercera parte
* Trabajo presentado en el Congreso de AASM (2009) Griselda Belucci, Juan Pablo Martin Mogaburu, Cecilia Mastropierro, María del Carmen Perez Cavalar, Edit Tendlarz
Una respuesta particular
Retomando la cuestión planteada por Lacan en relación a la ética del soltero, donde no se requiere del cuerpo del otro para gozar del propio cuerpo. De modo que dicho “soltero” ha encontrado un objeto que viene a suplir esa función (medio de goce) que cumpliría una pareja. En esta posición clínica, el partenaire, en tanto que sirve para gozar del propio cuerpo, ha perdido su valor ya que se presenta una convicción en torno a ese objeto. Jacques-Alain Miller, se refiere al respecto de la siguiente manera: “El goce se produce siempre en el cuerpo del Uno pero por medio del cuerpo del Otro. En este sentido, el goce es siempre autoerótico, siempre es autístico”. (Miller, 2008, p. 411). Podría decirse, entonces, que el ideal de disfrutar cada uno con su objeto es solidario a la máxima del sujeto obeso en su intento de prescindir del partenaire sexual a través de la satisfacción que se obtiene en relación al objeto-comida. Hay que considerar que, en esta ética, existe una relación dialéctica con el objeto, y que esta dialéctica no permite la entrada de un tercero que vaya a realizar una separación. No hay discontinuidad, el empuje al objeto-comida es constante.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Obesidad,
Subjetividad
miércoles, 24 de agosto de 2011
El objeto-comida en la ética del soltero (*1) * - Segunda parte
*Trabajo presentado en el Congreso de AASM (2009) Griselda Belucci, Juan Pablo Martin Mogaburu, Cecilia Mastropierro, María del Carmen Perez Cavalar, Edit Tendlarz
De la orden que no ordena
Asistimos a una época en que ciertos ideales han caído, donde ha declinado la función paterna y la autoridad . De modo que nos encontraríamos con diferentes modalidades y múltiples modos de goce no regulados por la ley. La figura del padre ha caído y ahora es el objeto de consumo lo que se sitúa por arriba de todo sujeto, imponiendo su propia ley y estableciendo su norma. Tal es así que podría decirse que las leyes del mercado promovidas por el discurso capitalista han desplazado al ciudadano del centro de la escena, adviniendo en su lugar el consumidor, en donde el derecho y el deber se reducen a un mismo imperativo: consumir.
Contrariamente a la posición que deviene del nombre del padre, lo que se advierte es el movimiento hacia el consumo masivo. Al no contar con el límite y la mediación que instaura dicha función (NP), existe un empuje a consumir en forma desmedida, en donde más que un nombre que organice hay un ser nombrado a la orden de consumir. Podemos plantearnos si se podría ubicar a la obesidad como paradigma de este hiperconsumo.
El sujeto obeso muestra una fijación al objeto pulsional, con el cual obtiene una ganancia de goce, por fuera del inconsciente, refractaria al discurso del amo. La prevalencia es la del discurso neo-capitalista, donde al lugar del S1, de los significantes amos, viene el mercado junto a la incidencia de la ciencia, con su producción de gadgets, a comandar. Podríamos pensar al obeso, entonces, como alguien alienado en este mandato de consumir, dormido en la creencia imaginaria de la existencia de un objeto adecuado a la satisfacción; pero este empuje al consumo, al igual que el de la pulsión, es constante. De modo que existe una paradoja en esta época: los objetos de consumo no son creados para satisfacernos, sino que, como muchas veces promueven una permanente insatisfacción.
Estaríamos entonces obligados a ser felices mediante el consumo de objetos que no nos sacian. El psicoanalista italiano Máximo Recalcati se refiere a esto como falta radical incalmable, en donde el vacío constituye el trasfondo del objeto-comida. Dirá al respecto que “el vacío que habita al sujeto no depende de la sustancia del objeto, sino que está hecho de la misma tela, por decirlo así, que trama al sujeto mismo…” . En dichos de un paciente: “Siento que quiero tener mi estómago siempre lleno, es como un gran vacío que quiero llenar… siempre tengo hambre for ever, me lo paso viendo televisión y comiendo”. Este dicho puede pensarse en lo que Lacan llamó en La ética del psicoanálisis “exigencia de goce”. Una doctrina del superyó, una exigencia antiadaptativa, del retorno de una satisfacción primaria. El fundamento de esta ética es el goce, no es la ética del bienestar, del placer, sino su más allá. El sujeto tiene como bien supremo algo que no es placentero. Su búsqueda no es la del bien sino la de su goce, se dirá, del lado del mal fundamental, que es lo que Freud desarrolla en Más allá del principio del placer y, como dijimos, en Malestar en la cultura.
Asistimos a una época en que ciertos ideales han caído, donde ha declinado la función paterna y la autoridad . De modo que nos encontraríamos con diferentes modalidades y múltiples modos de goce no regulados por la ley. La figura del padre ha caído y ahora es el objeto de consumo lo que se sitúa por arriba de todo sujeto, imponiendo su propia ley y estableciendo su norma. Tal es así que podría decirse que las leyes del mercado promovidas por el discurso capitalista han desplazado al ciudadano del centro de la escena, adviniendo en su lugar el consumidor, en donde el derecho y el deber se reducen a un mismo imperativo: consumir.
Contrariamente a la posición que deviene del nombre del padre, lo que se advierte es el movimiento hacia el consumo masivo. Al no contar con el límite y la mediación que instaura dicha función (NP), existe un empuje a consumir en forma desmedida, en donde más que un nombre que organice hay un ser nombrado a la orden de consumir. Podemos plantearnos si se podría ubicar a la obesidad como paradigma de este hiperconsumo.
El sujeto obeso muestra una fijación al objeto pulsional, con el cual obtiene una ganancia de goce, por fuera del inconsciente, refractaria al discurso del amo. La prevalencia es la del discurso neo-capitalista, donde al lugar del S1, de los significantes amos, viene el mercado junto a la incidencia de la ciencia, con su producción de gadgets, a comandar. Podríamos pensar al obeso, entonces, como alguien alienado en este mandato de consumir, dormido en la creencia imaginaria de la existencia de un objeto adecuado a la satisfacción; pero este empuje al consumo, al igual que el de la pulsión, es constante. De modo que existe una paradoja en esta época: los objetos de consumo no son creados para satisfacernos, sino que, como muchas veces promueven una permanente insatisfacción.
Estaríamos entonces obligados a ser felices mediante el consumo de objetos que no nos sacian. El psicoanalista italiano Máximo Recalcati se refiere a esto como falta radical incalmable, en donde el vacío constituye el trasfondo del objeto-comida. Dirá al respecto que “el vacío que habita al sujeto no depende de la sustancia del objeto, sino que está hecho de la misma tela, por decirlo así, que trama al sujeto mismo…” . En dichos de un paciente: “Siento que quiero tener mi estómago siempre lleno, es como un gran vacío que quiero llenar… siempre tengo hambre for ever, me lo paso viendo televisión y comiendo”. Este dicho puede pensarse en lo que Lacan llamó en La ética del psicoanálisis “exigencia de goce”. Una doctrina del superyó, una exigencia antiadaptativa, del retorno de una satisfacción primaria. El fundamento de esta ética es el goce, no es la ética del bienestar, del placer, sino su más allá. El sujeto tiene como bien supremo algo que no es placentero. Su búsqueda no es la del bien sino la de su goce, se dirá, del lado del mal fundamental, que es lo que Freud desarrolla en Más allá del principio del placer y, como dijimos, en Malestar en la cultura.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Obesidad,
Subjetividad
miércoles, 17 de agosto de 2011
El objeto-comida en la ética del soltero (*1) * - Primera parte
*Trabajo presentado en el Congreso de Investigadores del Mercosur (2009) Griselda Belucci, Juan Pablo Martin Mogaburu, Cecilia Mastropierro, María del Carmen Perez Cavalar, Edit Tendlarz
En la sociedad actual, podemos ubicar la modalidad en que ciertos individuos responden a los malestares que les generan las situaciones de la vida contemporánea .
En El malestar en la cultura , de 1930, Freud señala que el consumo de narcóticos es un síntoma acotado y plantea lo siguiente: “La vida como nos es impuesta resulta gravosa, nos trae hartos dolores, desengaños, tareas insolubles, para soportarla no podemos prescindir de calmantes. Hay de tres clases: poderosas distracciones que nos hagan evaluar como muy mínimas nuestras miserias, satisfacciones sustitutivas que las reduzcan, y sustancias embriagadoras que nos vuelvan insensibles a ellas. Algo de ese tipo resulta indispensable (…) no solo se le debe a la sustancia embriagadora la ganancia inmediata de placer, sino una cuota de independencia ardientemente anhelada, respecto del mundo exterior bien se sabe que con ayuda del quitapenas es posibles sustraerse en cualquier momento a la presión de la realidad, y refugiarse en un mundo propio, que ofrece mejores condiciones de sensación”.
Siguiendo las indicaciones de Freud, sostenemos que el sujeto obeso nos confronta con una posición que Jacques Lacan llamó la ética del soltero. Esta ética la podemos pensar como una forma en que prevalece la relación del sujeto con el objeto-comida, y donde la satisfacción hallada en ese “encuentro” hace que prescinda de cualquier relación posible con otro “humano”.
Intentaremos abordar la pregunta acerca del goce implicado en esa posición y en relación a las características propias de nuestra época con los imperativos de inmediatez y felicidad, donde el sujeto obeso aparece como el paradigma del hiperconsumo. Apostamos a una reflexión acerca de esta problemática que abordaremos desde la perspectiva del psicoanálisis, promoviendo una intervención que posibilite una separación con ese objeto, lo que podrá abrir a una mediación por vía de la palabra.
En la sociedad actual, podemos ubicar la modalidad en que ciertos individuos responden a los malestares que les generan las situaciones de la vida contemporánea .
En El malestar en la cultura , de 1930, Freud señala que el consumo de narcóticos es un síntoma acotado y plantea lo siguiente: “La vida como nos es impuesta resulta gravosa, nos trae hartos dolores, desengaños, tareas insolubles, para soportarla no podemos prescindir de calmantes. Hay de tres clases: poderosas distracciones que nos hagan evaluar como muy mínimas nuestras miserias, satisfacciones sustitutivas que las reduzcan, y sustancias embriagadoras que nos vuelvan insensibles a ellas. Algo de ese tipo resulta indispensable (…) no solo se le debe a la sustancia embriagadora la ganancia inmediata de placer, sino una cuota de independencia ardientemente anhelada, respecto del mundo exterior bien se sabe que con ayuda del quitapenas es posibles sustraerse en cualquier momento a la presión de la realidad, y refugiarse en un mundo propio, que ofrece mejores condiciones de sensación”.
Siguiendo las indicaciones de Freud, sostenemos que el sujeto obeso nos confronta con una posición que Jacques Lacan llamó la ética del soltero. Esta ética la podemos pensar como una forma en que prevalece la relación del sujeto con el objeto-comida, y donde la satisfacción hallada en ese “encuentro” hace que prescinda de cualquier relación posible con otro “humano”.
Intentaremos abordar la pregunta acerca del goce implicado en esa posición y en relación a las características propias de nuestra época con los imperativos de inmediatez y felicidad, donde el sujeto obeso aparece como el paradigma del hiperconsumo. Apostamos a una reflexión acerca de esta problemática que abordaremos desde la perspectiva del psicoanálisis, promoviendo una intervención que posibilite una separación con ese objeto, lo que podrá abrir a una mediación por vía de la palabra.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Obesidad,
Subjetividad
martes, 20 de julio de 2010
UNO U OTRO* - Tercera parte
*por J. Ventoso - Artículo publicado en el "Aperiódico Psicoanalítico"
Una verdad que resiste al saber
Hay sujetos para quienes se abre otra instancia: a la satisfacción que brinda una sustancia tóxica se “suma” (o mejor dicho, se resta) aquella otra, opaca, de un síntoma. Para un hombre, fue la perturbadora necesidad de un ritual nocturno, que enmarcaba el consumo de la droga, y que acompañaba años atrás sus prácticas masturbatorias. Con el análisis fue cobrando relieve su papel de muralla contra los encuentros con el otro sexo, al que procuraba mantener dormido.
Para otro, el síntoma se encarnó en un significante: picarse, que enlazó con su compulsión a comer, según una modalidad propia de su padre: “picar” de los platos de otros comensales. Su obesidad, la vergüenza que le ocasionaba, los efectos de segregación, sólo entonces se le hicieron entonces patentes. “Picar en el plato de otro” fue más adelante una referencia a las infidelidades del padre, un secreto guardado por este sujeto durante años. A partir de allí, se abrieron sus interrogantes por la relación matrimonial entre sus padres... y la suya propia.
Como podemos notar, en ninguno de estos casos se sintomatiza el consumo de droga en sí mismo, sino que se lo enlaza metonímicamente con alguna otra compulsión, que lleva a una pregunta por la sexualidad. La precipitación del síntoma efectúa el pasaje de una satisfacción sabida, a otra no sabida. De ahí el título de este apartado, tomado de un texto de Lacan (4), donde da esta definición de síntoma:
“Así, la verdad halla en el goce cómo resistir al saber”.
Se trata de la división misma del sujeto entre verdad y saber. Pero es preciso añadir el goce: el síntoma es una verdad gozada en la ignorancia.
De este modo, volvemos a la distinción entre el uso de drogas y el síntoma. Ambos implican una satisfacción, y una suplencia de la relación sexual que no existe. Pero el síntoma se presenta como división subjetiva -al menos en tanto haya habido "histerización" del discurso, anudamiento de ese síntoma al analista.
Esta diferencia no depende de la "naturaleza" del síntoma: los hay que satisfacen y no dividen, no implican un cuestionamiento para su portador, que parece arreglárselas muy bien con eso. Incluso Lacan plantea, ya en los años '60 (5), que el estado “natural” del síntoma sería el de un goce cerrado en sí mismo, oponiéndolo precisamente al acting-out, que llama al Otro. De modo que es necesario un artificio, el de la transferencia. En otras palabras, al síntoma como puro goce ha de añadirse el amor, un amor inédito, ligado a la invención del dispositivo analítico: el amor al saber inconsciente.1
BIBLIOGRAFÍA
1- Freud, Sigmund, Los orígenes del psicoanálisis (correspondencia con W. Fliess), Carta N 79 (22-12-97 ), en Obras Completas, Biblioteca Nueva.
2- Freud, Sigmund, Dosteievsky y el parricidio, Ídem.
3- Laurent, Eric, “Tres observaciones sobre la toxicomanía”, en Sujeto, goce y modernidad II, Atuel - TyA.
4- Lacan, Jacques, “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad”, en Intervenciones y textos, N 2, Manantial.
5- Lacan, Jacques, El seminario, Libro X: La angustia (inédito).
Una verdad que resiste al saber
Hay sujetos para quienes se abre otra instancia: a la satisfacción que brinda una sustancia tóxica se “suma” (o mejor dicho, se resta) aquella otra, opaca, de un síntoma. Para un hombre, fue la perturbadora necesidad de un ritual nocturno, que enmarcaba el consumo de la droga, y que acompañaba años atrás sus prácticas masturbatorias. Con el análisis fue cobrando relieve su papel de muralla contra los encuentros con el otro sexo, al que procuraba mantener dormido.
Para otro, el síntoma se encarnó en un significante: picarse, que enlazó con su compulsión a comer, según una modalidad propia de su padre: “picar” de los platos de otros comensales. Su obesidad, la vergüenza que le ocasionaba, los efectos de segregación, sólo entonces se le hicieron entonces patentes. “Picar en el plato de otro” fue más adelante una referencia a las infidelidades del padre, un secreto guardado por este sujeto durante años. A partir de allí, se abrieron sus interrogantes por la relación matrimonial entre sus padres... y la suya propia.
Como podemos notar, en ninguno de estos casos se sintomatiza el consumo de droga en sí mismo, sino que se lo enlaza metonímicamente con alguna otra compulsión, que lleva a una pregunta por la sexualidad. La precipitación del síntoma efectúa el pasaje de una satisfacción sabida, a otra no sabida. De ahí el título de este apartado, tomado de un texto de Lacan (4), donde da esta definición de síntoma:
“Así, la verdad halla en el goce cómo resistir al saber”.
Se trata de la división misma del sujeto entre verdad y saber. Pero es preciso añadir el goce: el síntoma es una verdad gozada en la ignorancia.
De este modo, volvemos a la distinción entre el uso de drogas y el síntoma. Ambos implican una satisfacción, y una suplencia de la relación sexual que no existe. Pero el síntoma se presenta como división subjetiva -al menos en tanto haya habido "histerización" del discurso, anudamiento de ese síntoma al analista.
Esta diferencia no depende de la "naturaleza" del síntoma: los hay que satisfacen y no dividen, no implican un cuestionamiento para su portador, que parece arreglárselas muy bien con eso. Incluso Lacan plantea, ya en los años '60 (5), que el estado “natural” del síntoma sería el de un goce cerrado en sí mismo, oponiéndolo precisamente al acting-out, que llama al Otro. De modo que es necesario un artificio, el de la transferencia. En otras palabras, al síntoma como puro goce ha de añadirse el amor, un amor inédito, ligado a la invención del dispositivo analítico: el amor al saber inconsciente.1
BIBLIOGRAFÍA
1- Freud, Sigmund, Los orígenes del psicoanálisis (correspondencia con W. Fliess), Carta N 79 (22-12-97 ), en Obras Completas, Biblioteca Nueva.
2- Freud, Sigmund, Dosteievsky y el parricidio, Ídem.
3- Laurent, Eric, “Tres observaciones sobre la toxicomanía”, en Sujeto, goce y modernidad II, Atuel - TyA.
4- Lacan, Jacques, “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad”, en Intervenciones y textos, N 2, Manantial.
5- Lacan, Jacques, El seminario, Libro X: La angustia (inédito).
Etiquetas:
"A-dicciones",
Psicoanálisis y psicoterapias
martes, 13 de julio de 2010
UNO U OTRO* - Segunda parte
*por J. Ventoso - Artículo publicado en el "Aperiódico Psicoanalítico"
Transferencia salvaje
El acting-out es definido, en la orientación de Lacan, por su dirección hacia el Otro. Muestra aquello que no pudo ser articulado en la palabra; en este sentido, el acting-out es un llamado a la interpretación. Lo cual no implica que ella sea posible, que estén dadas las condiciones favorables; pero en tanto es portador de esa dirección hacia el Otro, puede ser definido como “transferencia salvaje”.
Por otra parte, si bien pone en juego el ser objetal, implica una salida de la elección del "no pienso". No es la identificación masiva y ciega al objeto de goce, como ocurre en el pasaje al acto, sino mostración de la verdad de ese objeto, y tentativa de reintroducirlo en una escena simbólica. En este sentido, es crucial distinguir la vertiente del pasaje al acto, la salida fuera de la escena (incluso en una vertiente suicida), del consumo bajo la modalidad del acting-out, cuando aún tiene posibilidades de ser traducido como un llamado.
Por otra parte, hay en esa mostración un acento cuestionador. Recordemos el ejemplo tomado por Lacan entre los casos de Freud: la joven homosexual, que se dedica a cortejar a una dama de dudosa reputación ante las narices mismas de su padre, despertando su ira, y haciendo que él la lleve a la consulta del analista. La elección de la homosexualidad era para esa muchacha un estandarte que esgrimía contra el padre, demasiado ciego para lo que está en juego en el amor.
El uso de drogas cumple muchas veces un papel similar. Tiene en común con la posición de la joven homosexual el ser una elección de goce que se aparta de la norma-lidad establecida por el Amo. Es la rebelión de la particularidad, contra las imposiciones de lo que debe ser para todos. Pero adquiere además un cariz "cínico": no cree en los semblantes -los ideales, las costumbres, las tradiciones, todos los artificios simbólicos, culturales y sociales que regulan la circulación y la distribución del goce en una comunidad. Vistos desde lo real de la satisfacción pulsional, corporal, son semblants (término francés que sólo muy aproximadamente puede ser traducido como "apariencias"), aunque son inherentes al funcionamiento del discurso, del lazo social.
El toxicómano, en su "cinismo", esgrime lo real del goce como argumento contra esos semblantes. Al modo del protagonista del film Trainspotting, los toma uno por uno: casarse, trabajar, tener hijos, ganar dinero, etcétera, y los interroga: “¿por qué tengo que hacerlo?” No es una posición basada en una crítica ideológica, sino en su goce: sabe que no es necesario hacer todo ese rodeo por el Otro para obtenerlo.
El goce es ante todo goce del Uno; el pasaje por el Otro, por las complicaciones del deseo y el amor, es un circuito secundario, sobreagregado. En esto, el toxicómano se parece al retrato que nos da Freud del alcohólico, quien se preguntaría: “¿por qué reemplazar a la botella por la mujer?” A tal pregunta, quizá sólo el recorrido de un análisis podría responder, pero de una forma invertida: “prefieres la botella porque La mujer no existe...” Es un modo de rechazar la elección de una mujer, que implica atravesar la castración, la inexistencia de una complementariedad ideal de los goces del varón y de la mujer.
El imperativo cínico de nuestros tiempos se articula así: la única verdad es el goce, como goce del Uno, y has de obtenerlo bajo la forma de un objeto del mercado. Si algo ocupa el sitio del Otro universal, es el mercado, cuyo mecanismo es fundamentalmente diferente de otras regulaciones simbólicas. De esa máxima, en el sentido kantiano del término, el toxicómano se hace portavoz. Pero él agrega un matiz, contrario a los designios del Amo moderno: el goce no podría ser capturado totalmente por lo universal del mercado; es preciso introducir una condición de segregación, para buscar eso que escapa, que se sustrae al imperativo del “para todos igual”. Por eso la propuesta de que la droga salga de esa condición segregativa, que su consumo sea legalizado -que se la pueda adquirir en el mercado como un producto más- es una falsa solución, pues permanece dentro de la misma lógica colectiva.
En semejante encrucijada, lo que golpea a los sujetos es la angustia de verse reducidos también ellos a objetos, especialmente cuando no hay coordenadas simbólicas que regulen la inserción en la producción y en el intercambio, incluida la elección del partenaire sexual. De ahí el momento crítico que es la adolescencia. El acting-out suele ser, en estos casos, un modo de mostrar esa verdad del objeto al que se ven reducidos, en tal "odioso cambalache", cuando fracasan los semblantes.
Al mismo tiempo, llaman a la puerta del Otro, encarnado por la familia o por otras instituciones; buscan hacerle falta. Puede ser una oportunidad, y no debemos desperdiciarla. La jugada es hacer lugar a ese llamado a la interpretación; pero no “interpretando” en el sentido vulgar que ha tomado ese término, sino leyéndolo como signo de un sujeto.
Transferencia salvaje
El acting-out es definido, en la orientación de Lacan, por su dirección hacia el Otro. Muestra aquello que no pudo ser articulado en la palabra; en este sentido, el acting-out es un llamado a la interpretación. Lo cual no implica que ella sea posible, que estén dadas las condiciones favorables; pero en tanto es portador de esa dirección hacia el Otro, puede ser definido como “transferencia salvaje”.
Por otra parte, si bien pone en juego el ser objetal, implica una salida de la elección del "no pienso". No es la identificación masiva y ciega al objeto de goce, como ocurre en el pasaje al acto, sino mostración de la verdad de ese objeto, y tentativa de reintroducirlo en una escena simbólica. En este sentido, es crucial distinguir la vertiente del pasaje al acto, la salida fuera de la escena (incluso en una vertiente suicida), del consumo bajo la modalidad del acting-out, cuando aún tiene posibilidades de ser traducido como un llamado.
Por otra parte, hay en esa mostración un acento cuestionador. Recordemos el ejemplo tomado por Lacan entre los casos de Freud: la joven homosexual, que se dedica a cortejar a una dama de dudosa reputación ante las narices mismas de su padre, despertando su ira, y haciendo que él la lleve a la consulta del analista. La elección de la homosexualidad era para esa muchacha un estandarte que esgrimía contra el padre, demasiado ciego para lo que está en juego en el amor.
El uso de drogas cumple muchas veces un papel similar. Tiene en común con la posición de la joven homosexual el ser una elección de goce que se aparta de la norma-lidad establecida por el Amo. Es la rebelión de la particularidad, contra las imposiciones de lo que debe ser para todos. Pero adquiere además un cariz "cínico": no cree en los semblantes -los ideales, las costumbres, las tradiciones, todos los artificios simbólicos, culturales y sociales que regulan la circulación y la distribución del goce en una comunidad. Vistos desde lo real de la satisfacción pulsional, corporal, son semblants (término francés que sólo muy aproximadamente puede ser traducido como "apariencias"), aunque son inherentes al funcionamiento del discurso, del lazo social.
El toxicómano, en su "cinismo", esgrime lo real del goce como argumento contra esos semblantes. Al modo del protagonista del film Trainspotting, los toma uno por uno: casarse, trabajar, tener hijos, ganar dinero, etcétera, y los interroga: “¿por qué tengo que hacerlo?” No es una posición basada en una crítica ideológica, sino en su goce: sabe que no es necesario hacer todo ese rodeo por el Otro para obtenerlo.
El goce es ante todo goce del Uno; el pasaje por el Otro, por las complicaciones del deseo y el amor, es un circuito secundario, sobreagregado. En esto, el toxicómano se parece al retrato que nos da Freud del alcohólico, quien se preguntaría: “¿por qué reemplazar a la botella por la mujer?” A tal pregunta, quizá sólo el recorrido de un análisis podría responder, pero de una forma invertida: “prefieres la botella porque La mujer no existe...” Es un modo de rechazar la elección de una mujer, que implica atravesar la castración, la inexistencia de una complementariedad ideal de los goces del varón y de la mujer.
El imperativo cínico de nuestros tiempos se articula así: la única verdad es el goce, como goce del Uno, y has de obtenerlo bajo la forma de un objeto del mercado. Si algo ocupa el sitio del Otro universal, es el mercado, cuyo mecanismo es fundamentalmente diferente de otras regulaciones simbólicas. De esa máxima, en el sentido kantiano del término, el toxicómano se hace portavoz. Pero él agrega un matiz, contrario a los designios del Amo moderno: el goce no podría ser capturado totalmente por lo universal del mercado; es preciso introducir una condición de segregación, para buscar eso que escapa, que se sustrae al imperativo del “para todos igual”. Por eso la propuesta de que la droga salga de esa condición segregativa, que su consumo sea legalizado -que se la pueda adquirir en el mercado como un producto más- es una falsa solución, pues permanece dentro de la misma lógica colectiva.
En semejante encrucijada, lo que golpea a los sujetos es la angustia de verse reducidos también ellos a objetos, especialmente cuando no hay coordenadas simbólicas que regulen la inserción en la producción y en el intercambio, incluida la elección del partenaire sexual. De ahí el momento crítico que es la adolescencia. El acting-out suele ser, en estos casos, un modo de mostrar esa verdad del objeto al que se ven reducidos, en tal "odioso cambalache", cuando fracasan los semblantes.
Al mismo tiempo, llaman a la puerta del Otro, encarnado por la familia o por otras instituciones; buscan hacerle falta. Puede ser una oportunidad, y no debemos desperdiciarla. La jugada es hacer lugar a ese llamado a la interpretación; pero no “interpretando” en el sentido vulgar que ha tomado ese término, sino leyéndolo como signo de un sujeto.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Psicoanálisis y psicoterapias
miércoles, 7 de julio de 2010
UNO U OTRO* - Primera parte
*`por J. Ventoso - Artículo publicado en el "Aperiódico Psicoanalítico"
Las toxicomanías no son síntomas, al menos en su definición psicoanalítica: un significante enigmático, que representa al sujeto del inconsciente, y que -gracias al artificio de la transferencia- llama a un saber supuesto capaz de responder al enigma así surgido. A lo sumo, pueden ser "síntomas sociales", es decir, signos de lo que no funciona, de lo que se atraviesa en el camino, impidiendo que las cosas marchen al paso que marca el imperativo de la conformidad.
Desde el psicoanálisis, es preciso abordarlas, ante todo, como una satisfacción; esto es algo que sí tienen en común con el síntoma. Freud colocaba esa satisfacción libidinal propia de las toxicomanías bajo la rúbrica del autoerotismo. La masturbación sería su matriz primordial, origen y modelo de todas las demás adicciones (1, 2); es goce del Uno, que excluye al Otro como tal.
Siendo el Otro el lugar de la palabra -donde ésta es sancionada en sus efectos de verdad- y también el "tesoro del significante", el uso de drogas necesariamente interferirá con toda dialéctica que ponga en juego la verdad del sujeto. De ahí las dificultades para insertar al toxicómano en la función de la palabra y el campo del lenguaje, que definen la operación analítica.
Pero esta exclusión del Otro atañe en particular al Otro sexo. De ahí el nexo que Freud establecía con la masturbación, y que puede volver a ser verificado en nuestra práctica cotidiana. Es notorio que la masturbación es perfectamente compatible con la conservación de un vínculo libidinal en el fantasma; aquí debemos preguntarnos si el autoerotismo de esta práctica con las drogas se limita a ese plano, al refugio en lo imaginario, o si implica obtener una satisfacción real sin fantasma. El estricto uso de la sustancia para producir un efecto en el cuerpo, ¿está determinado por el inconsciente, e incluido en alguna escena fantasmática? A este interrogante es necesario responder de un modo no dogmático, desde el caso por caso.
No obstante, la especial dificultad que el uso de drogas implica para el análisis, el rechazo del inconsciente que acarrea, nos inclina a pensar en un autoerotismo "puro", sin fantasma. Esto supone un grado máximo de obturación de las preguntas que suscita la sexualidad. De un modo más radical, diremos que el recurso a estas sustancias permite esquivar el imposible que subyace, velado, en el encuentro de los sexos: la no-relación sexual, forma real de la castración.
Este es el beneficio primario de la toxicomanía, al que el sujeto no se muestra dispuesto a renunciar fácilmente. La sustancia tóxica funciona como tapón de una falla, de un agujero, el mismo al que se refería Freud al decir que hay una "rajadura" inherente a la pulsión sexual, que impide la satisfacción plena.
La neurosis nos enseña que en ese mismo lugar de falla, pueden surgir el síntoma, la inhibición, o la angustia. Y de esos huéspedes molestos puede emanar también la demanda de saber qué es lo que "eso" quiere decir. Al suturar esa hiancia con la apelación al tóxico, en el mismo movimiento se evacua la posibilidad de la pregunta. Es una opción, la de no querer saber nada de eso. Ante la elección forzada: O no pienso o no soy, el toxicómano se inclina por el "soy" que implica "yo no pienso"; es el pensamiento inconsciente el que así resulta rechazado, y el sujeto persevera entonces en su (falso) ser de goce.
Claro que esa ignorancia -auténtica "pasión del ser"- no es específica del uso de drogas. También está presente en el síntoma, al menos durante el tiempo en que no suscita una demanda de análisis. Pero el síntoma es solidario de la falla misma en la que se ha alojado, y por eso es una ignorancia fracasada; aversión, horror de saber, que sin embargo conserva ese saber como inconsciente. El retorno de lo reprimido puede plantear entonces su pregunta al sujeto, y llevarlo al análisis. No sucede lo mismo con las toxicomanías, que no suscitan una demanda de sentido.
El objeto-droga no es un significante que localice una pregunta; es, al contrario, una respuesta que antecede a la pregunta misma, impidiendo que se formule. Es por esta función de tapón de la falta en el Otro, que resulta tentador aproximar la droga al fetiche. Cuando esa función es exitosa, nos encontramos ante "verdaderos” toxicómanos, para quienes la droga es un partenaire satisfactorio y privilegiado, a la vez que pueden recurrir indistintamente a las múltiples sustancias que el mercado les ofrece (3). Con las drogas, logran paliar suficientemente la inexistencia de La mujer. Para tales sujetos parecen cerrarse las puertas que llevan a un psicoanálisis.
Otros casos, más favorables, son aquellos en los que el uso de la droga no realiza plenamente esa aportación de goce, sino que hay una brecha por la cual el sujeto puede aún ser sensible a las intimaciones del inconsciente. Dos coyunturas pueden resultar propicias para la intervención psicoanalítica: el acting-out y el síntoma.
Las toxicomanías no son síntomas, al menos en su definición psicoanalítica: un significante enigmático, que representa al sujeto del inconsciente, y que -gracias al artificio de la transferencia- llama a un saber supuesto capaz de responder al enigma así surgido. A lo sumo, pueden ser "síntomas sociales", es decir, signos de lo que no funciona, de lo que se atraviesa en el camino, impidiendo que las cosas marchen al paso que marca el imperativo de la conformidad.
Desde el psicoanálisis, es preciso abordarlas, ante todo, como una satisfacción; esto es algo que sí tienen en común con el síntoma. Freud colocaba esa satisfacción libidinal propia de las toxicomanías bajo la rúbrica del autoerotismo. La masturbación sería su matriz primordial, origen y modelo de todas las demás adicciones (1, 2); es goce del Uno, que excluye al Otro como tal.
Siendo el Otro el lugar de la palabra -donde ésta es sancionada en sus efectos de verdad- y también el "tesoro del significante", el uso de drogas necesariamente interferirá con toda dialéctica que ponga en juego la verdad del sujeto. De ahí las dificultades para insertar al toxicómano en la función de la palabra y el campo del lenguaje, que definen la operación analítica.
Pero esta exclusión del Otro atañe en particular al Otro sexo. De ahí el nexo que Freud establecía con la masturbación, y que puede volver a ser verificado en nuestra práctica cotidiana. Es notorio que la masturbación es perfectamente compatible con la conservación de un vínculo libidinal en el fantasma; aquí debemos preguntarnos si el autoerotismo de esta práctica con las drogas se limita a ese plano, al refugio en lo imaginario, o si implica obtener una satisfacción real sin fantasma. El estricto uso de la sustancia para producir un efecto en el cuerpo, ¿está determinado por el inconsciente, e incluido en alguna escena fantasmática? A este interrogante es necesario responder de un modo no dogmático, desde el caso por caso.
No obstante, la especial dificultad que el uso de drogas implica para el análisis, el rechazo del inconsciente que acarrea, nos inclina a pensar en un autoerotismo "puro", sin fantasma. Esto supone un grado máximo de obturación de las preguntas que suscita la sexualidad. De un modo más radical, diremos que el recurso a estas sustancias permite esquivar el imposible que subyace, velado, en el encuentro de los sexos: la no-relación sexual, forma real de la castración.
Este es el beneficio primario de la toxicomanía, al que el sujeto no se muestra dispuesto a renunciar fácilmente. La sustancia tóxica funciona como tapón de una falla, de un agujero, el mismo al que se refería Freud al decir que hay una "rajadura" inherente a la pulsión sexual, que impide la satisfacción plena.
La neurosis nos enseña que en ese mismo lugar de falla, pueden surgir el síntoma, la inhibición, o la angustia. Y de esos huéspedes molestos puede emanar también la demanda de saber qué es lo que "eso" quiere decir. Al suturar esa hiancia con la apelación al tóxico, en el mismo movimiento se evacua la posibilidad de la pregunta. Es una opción, la de no querer saber nada de eso. Ante la elección forzada: O no pienso o no soy, el toxicómano se inclina por el "soy" que implica "yo no pienso"; es el pensamiento inconsciente el que así resulta rechazado, y el sujeto persevera entonces en su (falso) ser de goce.
Claro que esa ignorancia -auténtica "pasión del ser"- no es específica del uso de drogas. También está presente en el síntoma, al menos durante el tiempo en que no suscita una demanda de análisis. Pero el síntoma es solidario de la falla misma en la que se ha alojado, y por eso es una ignorancia fracasada; aversión, horror de saber, que sin embargo conserva ese saber como inconsciente. El retorno de lo reprimido puede plantear entonces su pregunta al sujeto, y llevarlo al análisis. No sucede lo mismo con las toxicomanías, que no suscitan una demanda de sentido.
El objeto-droga no es un significante que localice una pregunta; es, al contrario, una respuesta que antecede a la pregunta misma, impidiendo que se formule. Es por esta función de tapón de la falta en el Otro, que resulta tentador aproximar la droga al fetiche. Cuando esa función es exitosa, nos encontramos ante "verdaderos” toxicómanos, para quienes la droga es un partenaire satisfactorio y privilegiado, a la vez que pueden recurrir indistintamente a las múltiples sustancias que el mercado les ofrece (3). Con las drogas, logran paliar suficientemente la inexistencia de La mujer. Para tales sujetos parecen cerrarse las puertas que llevan a un psicoanálisis.
Otros casos, más favorables, son aquellos en los que el uso de la droga no realiza plenamente esa aportación de goce, sino que hay una brecha por la cual el sujeto puede aún ser sensible a las intimaciones del inconsciente. Dos coyunturas pueden resultar propicias para la intervención psicoanalítica: el acting-out y el síntoma.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Psicoanálisis y psicoterapias
miércoles, 5 de mayo de 2010
Entrevista a Deborah Fleischer * - Última parte
Entrevista realizada por Juan Pablo Martin Mogaburu
*Doctora en psicología
Directora del CID San Luis del Instituto Oscar Massotta
Profesora de la Facultad de Psicología – UBA
Investigadora UBACyT
AME De la Escuela de la Orientación Lacaniana
En la investigación “Alcances y actualidad del concepto de compulsión” (UBACyT) que estuvo bajo su dirección desde el año 2006, se habló de adicciones y de la repetición como proveniente de lo Real y no solamente desde la cadena significante. Hemos extraído un fragmento del discurso de apertura pronunciado por el Prof. Osvaldo Umerez en donde él se pregunta: “¿qué sería eso tan propio de la pulsión de donde toma su raíz la repetición? Me parece que debe ser este apremio, esta coerción que le viene al sujeto desde lo Real y que, en todo caso, es presubjetiva…como dice Freud, no es que el sujeto se satisfaga, sino que se satisface algo y desde allí se sitúa el sujeto”¿Podría agregar una reflexión al respecto?
Agregaré lo que dijo Oscar Cuervo en esas Jornadas, desde la perspectiva de Kierkegaard: Lo que hace falta aclarar es que el término danés con el que Kierkegaard se refiere a esta anhelada repetición, es Gjientagelse. Esta palabra, que se puede traducir como “repetición”, se presta a malos entendidos. Porque su etimología dice, más bien, re-toma. Se vincula con ciertos términos del lenguaje jurídico, la reintegratio, reintegración. Es decir, el recobrar un bien que se ha perdido. Los daneses además tienen la palabra de origen latino repetition. Es decir, si Kierkegaard usó Gjientagelse es porque le pareció que no se trataba de una mera repetición, del hábito que se repite día a día igual, o mucho peor todavía, de lo que se va desgastando día a día. Se trata más bien de la reintegración, la recuperación. Se trata de recuperar el amor para que cada vez sea la primera vez. Lo cual es todo lo contrario de la repetición monótona de la rutina del matrimonio, en el cual el hombre empieza a ver a la que años atrás fue su joven amada ya como parte de un paisaje familiar y va aburriéndose de ella. La Gjientagelse es lo contrario de eso. Es la recuperación. El asunto es cómo recuperar lo que se pierde. Lo que sugiere –indirectamente; es que hay una condición previa para alcanzar la repetición (Gjientagelse). Esto resulta muy característico del pensamiento kierkegaardiano. Casi nunca trata al asunto principal de manera expresa, pero lo rodea y, sobre todo, le dedica mucho tiempo a la condición previa. La condición previa para lograr esa recuperación es la de admitir que todo está perdido. Si uno no llega a esta posición, no puede ni imaginar cómo es posible recobrarlo.
Por su parte Lacan dirá: Yo hablo de lo Real como imposible en la medida en que creo que lo Real es, hay que decirlo, sin ley. El verdadero Real implica la ausencia de ley. Lo Real no tiene orden.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Entrevistas,
Fleischer
miércoles, 28 de abril de 2010
Entrevista a Deborah Fleischer * - Tercera parte
Entrevista realizada por Juan Pablo Martin Mogaburu
*Doctora en psicología
Directora del CID San Luis del Instituto Oscar Massotta
Profesora de la Facultad de Psicología – UBA
Investigadora UBACyT
AME De la Escuela de la Orientación Lacaniana
Lacan en el seminario 10 habla de devolver al síntoma a su forma clásica, ya que no puede tomárselo por las orejas. Teniendo en cuenta esto: ¿Qué estatuto cobra el síntoma en el adicto? ¿Como se establece la dirección de la cura en esta clínica?
La experiencia del análisis, a diferencia del concepto hegeliano no es ya una experiencia del yo ni del sí mismo. El núcleo de nuestro ser no coincide con el yo. Este es el sentido de la experiencia analítica, y, alrededor de este sentido, nuestra experiencia se ha organizado. Tampoco comparte la ambición de algunos artistas, filósofos, escritores, que buscar una autodeterminación y el atravesamiento de un límite, intentando modificar estados de conciencia. Para Foucault, por ejemplo, se trata del sujeto que se reconoce como tal. Ese no es el sujeto para Lacan, por lo menos desde 1958.
La experiencia del análisis introduce la cuestión del sujeto y la de su responsabilidad, responsabilidad que la droga intenta dejar fuera de juego. La dificultad en el tratamiento del adicto es pasar de esa experiencia intransmisible a esta otra, del análisis, dado que el psicoanálisis se ocupa de ese sujeto que la ciencia excluye, y es en ese sentido una nueva torsión de la experiencia, por ser una experiencia que no propicia nuevos fantasmas. No se trata de colmar al sujeto por el objeto droga, sino de su división. En tanto experiencia transmisible se trata de que el sujeto diga, lo que implica que la droga deje de cumplir esa función unificante, para convertirse en un objeto de la serie.
*Doctora en psicología
Directora del CID San Luis del Instituto Oscar Massotta
Profesora de la Facultad de Psicología – UBA
Investigadora UBACyT
AME De la Escuela de la Orientación Lacaniana
Lacan en el seminario 10 habla de devolver al síntoma a su forma clásica, ya que no puede tomárselo por las orejas. Teniendo en cuenta esto: ¿Qué estatuto cobra el síntoma en el adicto? ¿Como se establece la dirección de la cura en esta clínica?
La experiencia del análisis, a diferencia del concepto hegeliano no es ya una experiencia del yo ni del sí mismo. El núcleo de nuestro ser no coincide con el yo. Este es el sentido de la experiencia analítica, y, alrededor de este sentido, nuestra experiencia se ha organizado. Tampoco comparte la ambición de algunos artistas, filósofos, escritores, que buscar una autodeterminación y el atravesamiento de un límite, intentando modificar estados de conciencia. Para Foucault, por ejemplo, se trata del sujeto que se reconoce como tal. Ese no es el sujeto para Lacan, por lo menos desde 1958.
La experiencia del análisis introduce la cuestión del sujeto y la de su responsabilidad, responsabilidad que la droga intenta dejar fuera de juego. La dificultad en el tratamiento del adicto es pasar de esa experiencia intransmisible a esta otra, del análisis, dado que el psicoanálisis se ocupa de ese sujeto que la ciencia excluye, y es en ese sentido una nueva torsión de la experiencia, por ser una experiencia que no propicia nuevos fantasmas. No se trata de colmar al sujeto por el objeto droga, sino de su división. En tanto experiencia transmisible se trata de que el sujeto diga, lo que implica que la droga deje de cumplir esa función unificante, para convertirse en un objeto de la serie.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Entrevistas,
Fleischer
miércoles, 21 de abril de 2010
Entrevista a Deborah Fleischer * - Segunda parte
Entrevista realizada por Juan Pablo Martin Mogaburu
*Doctora en psicología
Directora del CID San Luis del Instituto Oscar Massotta
Profesora de la Facultad de Psicología – UBA
Investigadora UBACyT
AME De la Escuela de la Orientación Lacaniana
Teniendo en cuenta que desde el psicoanálisis se sostiene que el sujeto siempre es responsable, ¿puede hablarse de responsabilidad por parte del sujeto adicto? ¿Cabría llamarlo sujeto?
Actualmente la gente se presenta al consultorio dándose un diagnóstico: estoy deprimido, soy bipolar, soy toxicómano. Ese aparente saber esconde un deseo de no saber. De engañarse.
Si seguimos la definición de Freud de que la angustia no engaña y es el único afecto que no se liga a una representación, encontramos ya un motivo para investigarla así como para diferenciarla de la inhibición en tanto. Se trata en la inhibición de un no querer saber mientras que en la angustia se anticipan eventos catastróficos
La lógica actual se sostiene en el enfoque es que los trastornos se definen por su respuesta al medicamento, de modo que a la pregunta: “¿Que es la depresión?”, la respuesta es: “La depresión es lo que reacciona a los antidepresivos“. Podemos encontrar aquí la posición enunciada por Hipócrates: "Es el tratamiento en definitiva el que revela la naturaleza de las enfermedades." Freud pensaba lo mismo cuando escribe sobre la cocaína, la cocaína actúa sobre la lesión no detectada.
Podemos decir que hay consumo de drogas en las distintas estructuras clínicas, teniendo la droga una función diferente en cada una. Lo mismo pasa respecto de lo que se presenta habitualmente en la clínica como: tristeza, angustia, inhibición, aversión de sí, baja autoestima, etc.. La clínica freudiana y lacaniana ofrece un esclarecimiento que deshace todo vínculo de la depresión con factores orgánicos y permite diferenciar precisamente estas manifestaciones. El psicoanálisis toma en cuenta para el diagnóstico tres estructuras: las neurosis, las psicosis y las perversiones. No hace de la depresión una estructura clínica. Lo que cuenta es la posibilidad de que la depresión se juegue en las diferentes estructuras y tengan una función diversa, no sólo en las mismas, sino en cada sujeto en particular, es decir, cómo cada sujeto se inscribe, con su sufrimiento, en una de estas estructuras. Se comprenderá que se trata, por lo tanto, de una clínica de uno a uno; de allí que se puede decir que. De allí que nuestra clínica no trata la depresión sino al sujeto que dice estar afectado por depresión y consecuentemente se hace necesario entonces tratar de ubicar el fenómeno depresivo en la estructura y en la singularidad de cada sujeto. Por lo tanto el paso inaugural para que un análisis pueda advenir es abordar al sujeto por sus dichos suponiendo que eso remite a otra cosa y que, a su vez, para ser despejada, es necesario que el sujeto hable. Allí podemos plantearnos la cuestión de la responsabilidad. Retomaré el tema de la experiencia y del resto de su pregunta en la respuesta siguiente.
*Doctora en psicología
Directora del CID San Luis del Instituto Oscar Massotta
Profesora de la Facultad de Psicología – UBA
Investigadora UBACyT
AME De la Escuela de la Orientación Lacaniana
Teniendo en cuenta que desde el psicoanálisis se sostiene que el sujeto siempre es responsable, ¿puede hablarse de responsabilidad por parte del sujeto adicto? ¿Cabría llamarlo sujeto?
Actualmente la gente se presenta al consultorio dándose un diagnóstico: estoy deprimido, soy bipolar, soy toxicómano. Ese aparente saber esconde un deseo de no saber. De engañarse.
Si seguimos la definición de Freud de que la angustia no engaña y es el único afecto que no se liga a una representación, encontramos ya un motivo para investigarla así como para diferenciarla de la inhibición en tanto. Se trata en la inhibición de un no querer saber mientras que en la angustia se anticipan eventos catastróficos
La lógica actual se sostiene en el enfoque es que los trastornos se definen por su respuesta al medicamento, de modo que a la pregunta: “¿Que es la depresión?”, la respuesta es: “La depresión es lo que reacciona a los antidepresivos“. Podemos encontrar aquí la posición enunciada por Hipócrates: "Es el tratamiento en definitiva el que revela la naturaleza de las enfermedades." Freud pensaba lo mismo cuando escribe sobre la cocaína, la cocaína actúa sobre la lesión no detectada.
Podemos decir que hay consumo de drogas en las distintas estructuras clínicas, teniendo la droga una función diferente en cada una. Lo mismo pasa respecto de lo que se presenta habitualmente en la clínica como: tristeza, angustia, inhibición, aversión de sí, baja autoestima, etc.. La clínica freudiana y lacaniana ofrece un esclarecimiento que deshace todo vínculo de la depresión con factores orgánicos y permite diferenciar precisamente estas manifestaciones. El psicoanálisis toma en cuenta para el diagnóstico tres estructuras: las neurosis, las psicosis y las perversiones. No hace de la depresión una estructura clínica. Lo que cuenta es la posibilidad de que la depresión se juegue en las diferentes estructuras y tengan una función diversa, no sólo en las mismas, sino en cada sujeto en particular, es decir, cómo cada sujeto se inscribe, con su sufrimiento, en una de estas estructuras. Se comprenderá que se trata, por lo tanto, de una clínica de uno a uno; de allí que se puede decir que. De allí que nuestra clínica no trata la depresión sino al sujeto que dice estar afectado por depresión y consecuentemente se hace necesario entonces tratar de ubicar el fenómeno depresivo en la estructura y en la singularidad de cada sujeto. Por lo tanto el paso inaugural para que un análisis pueda advenir es abordar al sujeto por sus dichos suponiendo que eso remite a otra cosa y que, a su vez, para ser despejada, es necesario que el sujeto hable. Allí podemos plantearnos la cuestión de la responsabilidad. Retomaré el tema de la experiencia y del resto de su pregunta en la respuesta siguiente.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Entrevistas,
Fleischer
miércoles, 14 de abril de 2010
Entrevista a Deborah Fleischer* - Primera parte
Entrevista realizada por Juan Pablo Martin Mogaburu
*Doctora en psicología
Directora del CID San Luis del Instituto Oscar Massotta
Profesora de la Facultad de Psicología – UBA
Investigadora UBACyT
AME De la Escuela de la Orientación Lacaniana
Teniendo en cuenta las particularidades de la época, al modo en como se vive la pulsión en nuestros días, y, el lugar que ocupa allí el consumo ¿Cuál sería la particularidad del consumo de drogas en relación a la demás llamadas nuevas patologías del consumo o nuevos síntomas?
Debemos preguntarnos si “la toxicomanía” es un síntoma o no lo es. Así como algunos posfreudianos toman como borderline los pacientes que muestran impulsividad, falta de control en el uso de estupefacientes, u otras compulsiones desde la posición de Freud y Lacan podemos plantearnos la discusión de ese eje, para ubicar su generalización, donde se ubica compulsión como un rasgo esencial de los llamados Borderline (Ver DSMIV). A partir de ello es necesario diferenciar los pacientes borderline de las psicosis ordinarias de las que habla Lacan, pero también diferenciarla de los cuadros como las toxicomanías, y otras adicciones. Lacan a diferencia de los posfreudianos intenta hacer síntoma el no síntoma. El no síntoma de los “borderline”, pero nosotros podemos plantearnos lo mismo en los toxicómanos, es decir hablar de borderline o hablar de adictos es una generalización que pierde de vista el síntoma.
¿Qué diferenciación puede establecerse entre los llamados nuevos consumos de los consumos más clásicos?
La adicción actual es el intento radical de desembarazarse de toda experiencia, precipitando al sujeto del lado de la pura reacción. Esto lleva a diferenciar el consumo como búsqueda de experiencia de filósofos y escritores de otras épocas y lo que ocurre en la llamada “toxicomanía de masas” que se extiende a escala mundial como fenómeno de los últimos 30 años. Algunos autores consideran la experiencia ("Erfahrung") algo inmediato, como lo hace Hegel, quién en el título original de la Fenomenología del espíritu la nombra Ciencia de la experiencia de la conciencia, con lo cual ubica a la conciencia en un camino hacía la ciencia y donde ya se puede recoger una definición de experiencia en esa unidad. Se considera a la experiencia siempre como la experiencia de un saber. Bataille sostiene que la experiencia, como inmediatez, es justamente introducir el saber.
La búsqueda de «una experiencia» en la «adicción» rechaza el saber. Podemos ubicar dos recortes clínicos: un caso citado por Germán García dónde la analizante afirma que «la droga me sacó de la droga», argumentando así que la lucidez que le provocaba le hacía insoportable la droga. El segundo ejemplo es de mi práctica. Se trata de un paciente que viene «fumado» a la sesión, supuestamente porque esto le abriría la posibilidad de la asociación libre, su aceleración es tal que no puede detenerse en ningún tema, termina diciendo estoy perdido, lo que me lleva a señalarle esto que dice y cortar la sesión.
*Doctora en psicología
Directora del CID San Luis del Instituto Oscar Massotta
Profesora de la Facultad de Psicología – UBA
Investigadora UBACyT
AME De la Escuela de la Orientación Lacaniana
Teniendo en cuenta las particularidades de la época, al modo en como se vive la pulsión en nuestros días, y, el lugar que ocupa allí el consumo ¿Cuál sería la particularidad del consumo de drogas en relación a la demás llamadas nuevas patologías del consumo o nuevos síntomas?
Debemos preguntarnos si “la toxicomanía” es un síntoma o no lo es. Así como algunos posfreudianos toman como borderline los pacientes que muestran impulsividad, falta de control en el uso de estupefacientes, u otras compulsiones desde la posición de Freud y Lacan podemos plantearnos la discusión de ese eje, para ubicar su generalización, donde se ubica compulsión como un rasgo esencial de los llamados Borderline (Ver DSMIV). A partir de ello es necesario diferenciar los pacientes borderline de las psicosis ordinarias de las que habla Lacan, pero también diferenciarla de los cuadros como las toxicomanías, y otras adicciones. Lacan a diferencia de los posfreudianos intenta hacer síntoma el no síntoma. El no síntoma de los “borderline”, pero nosotros podemos plantearnos lo mismo en los toxicómanos, es decir hablar de borderline o hablar de adictos es una generalización que pierde de vista el síntoma.
¿Qué diferenciación puede establecerse entre los llamados nuevos consumos de los consumos más clásicos?
La adicción actual es el intento radical de desembarazarse de toda experiencia, precipitando al sujeto del lado de la pura reacción. Esto lleva a diferenciar el consumo como búsqueda de experiencia de filósofos y escritores de otras épocas y lo que ocurre en la llamada “toxicomanía de masas” que se extiende a escala mundial como fenómeno de los últimos 30 años. Algunos autores consideran la experiencia ("Erfahrung") algo inmediato, como lo hace Hegel, quién en el título original de la Fenomenología del espíritu la nombra Ciencia de la experiencia de la conciencia, con lo cual ubica a la conciencia en un camino hacía la ciencia y donde ya se puede recoger una definición de experiencia en esa unidad. Se considera a la experiencia siempre como la experiencia de un saber. Bataille sostiene que la experiencia, como inmediatez, es justamente introducir el saber.
La búsqueda de «una experiencia» en la «adicción» rechaza el saber. Podemos ubicar dos recortes clínicos: un caso citado por Germán García dónde la analizante afirma que «la droga me sacó de la droga», argumentando así que la lucidez que le provocaba le hacía insoportable la droga. El segundo ejemplo es de mi práctica. Se trata de un paciente que viene «fumado» a la sesión, supuestamente porque esto le abriría la posibilidad de la asociación libre, su aceleración es tal que no puede detenerse en ningún tema, termina diciendo estoy perdido, lo que me lleva a señalarle esto que dice y cortar la sesión.
Etiquetas:
"A-dicciones"
miércoles, 7 de abril de 2010
Entrevista a Ernesto S. Sinatra * - Última parte
Entrevista realizada por María Belén Silva
* Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora, 1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004); "Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos-" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" de próxima aparición por Grama Ediciones
¿Cuál es su opinión sobre las diferentes instituciones que se especializan en la “rehabilitación” del toxicómano?
Como siempre, hay de todo; pero las instituciones que nos interesan –y las que pretendemos que se consoliden para servirnos de ellas- son aquellas que dan lugar a las diferencias subjetivas, las que no aplastan a sus internos con el nombre de ‘adicto’ pensando que ‘son todos iguales’, sino aquellas que respetan que se trata de algo más que de un proceso químico a resolver, y dan lugar a la intervención del psicoanalista cuando ésta es requerida –por ejemplo, mientras dura una internación de desintoxicación. Pero no debemos olvidar que se trata aquí de una cuestión de reconocimiento de la autoridad analítica –y no sólo de tal o cual analista- y que construirla es nuestra responsabilidad, la de los analistas, haciendo saber qué hacemos y de qué modo y que para ello contamos con los dispositivos de formación que dispensan en nuestra ciudad, por ejemplo, de los que disponemos en la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y el Instituto Clínico de Buenos Aires(ICBA); como así también con dispositivos Asistenciales (RED Asistencial de la EOL y PAUSA –dedicada a las urgencias subjetivas-) con los que brindamos atención a la comunidad.
¿Cuál es su opinión acerca de las campañas de prevención?
¿Cómo prevenir lo que no se puede dejar de hacer? El límite de las campañas de prevención es el goce que anima justamente eso que se quiere prevenir: hace años una campaña hacía saber que la droga era un viaje de ida…¡Fantástico, si precisamente lo que pretenden una buena parte de los que las consumen es precisamente eso: un viaje de ida sin retorno a las miserias de las cuales se ha partido! Como se ve, es un problema muy difícil pero que no puede soslayarse, ya que se trata de una cuestión de Estado.
Por último y para finalizar me gustaría conocer su opinión sobre el tema de la despenalización de la droga en la Argentina.
Se trata, a mi entender, de un gran debate que está por producirse. Es preciso en primer lugar crear las condiciones para frenar el empuje global al consumo; en segundo lugar aclarar criterios de jurisprudencia, de normas legales, ya que –por ejemplo- no es lo mismo despenalizar que legalizar las condiciones del consumo ya que (una vez más) para el psicoanálisis se trata de que cada quien se haga cargo de las consecuencias de sus actos sobre sí mismo y sobre terceros –y en este punto se entrecruzan lo público y lo privado.
Etiquetas:
"A-dicciones",
Entrevistas,
Sinatra
Suscribirse a:
Entradas (Atom)