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miércoles, 13 de noviembre de 2013
MARCAS DE UNA EPOCA: LA OBESIDAD* - Última parte
Obesidad
y pulsión
El consumo
crea la ilusión de completud, sumiendo al sujeto en el autoerotismo
y coartando la posibilidad de lazo social.
Las
prácticas en la obesidad muestran dicho consumo, en la incorporación
irrefrenable de alimentos. Nos muestran ese exceso de goce en un
síntoma que escapa a las coordenadas simbólicas pensadas para la
construcción del síntoma clásico.
Nos
dicen sobre la desregulación pulsional tanto en el plano de la
oralidad como en la mirada. Sabemos que se come no solo a los fines
de la nutrición. Como señala J-A Miller1,
comer va de la mano de beber y hablar, es decir, que se come también
para gozar. Lo que apremia es la pulsión oral, el placer de la boca.
Asimismo,
el cuerpo del obeso se presenta, tal como alude Domenico Cosenza2,
como obscenamente evidente a la mirada del Otro.
Un cuerpo
excedido, que devora, que intenta no dejar restos, no dejar un
espacio que confronte con la falta, con el deseo.
En
esta época, en relación a lo que venimos diciendo y que J-A Miller
ha dado en llamar “Goces sin el Otro”3,
los sujetos muestran su goce y donde el Otro ya no opera con su
mirada en la producción de vergüenza que acote ese goce.
En una
época donde ha caído el N del Padre, donde no hay un Otro que pueda
limitar con su mirada los goces de los sujetos, el Psicoanálisis
intervendrá si los sujetos consienten en la búsqueda de esa verdad
reprimida, de esos significantes que los mantiene ligados a esos
objetos de consumo que más que “hacerlos felices” le garantizan
malestar y estrago.
1
Miller, J-A: El banquete de los analistas
2
Domenico Cosenza “La obesidad como síntoma
contemporáneo” en Aperiódico Psicoanalítico N° 17 “Sigan
gozando!”. Directora Edit Tendlarz
3
Miller, J-A y Laurent, E: El Otro que no existe y
sus comités de ética. Paidós, Bs. As., 2005
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miércoles, 6 de noviembre de 2013
MARCAS DE UNA EPOCA: LA OBESIDAD* - Segunda parte
*Texto
presentado en el Congreso de AASM por Edit Tendlarz, Cecilia
Mastropierro, Claudia Mastropierro, Mercedes Montero.
Época
En
“El malestar en la cultura”1
Freud refiere al antagonismo entre las exigencias pulsionales y las
restricciones que impone la cultura.
La
inclusión del sujeto en el mundo simbólico supone una renuncia
pulsional. La pulsión encuentra un límite en las exigencias del
mundo exterior, en las leyes impuestas por la civilización.
Fuente de
grave sufrimiento, nos dice Freud, cuando el mundo exterior rehúsa
las posibilidades de satisfacción, cuando se encuentran atemperadas
las exigencias de dicha.
En ese
afán en la búsqueda de la felicidad, la vida, en tanto impuesta,
nos resulta gravosa. El sufrimiento amenaza, señala Freud, de tres
lados: desde el cuerpo propio, desde los vínculos con otros seres
humanos y como mencionamos desde el mundo exterior.
Frente a
ello, para soportar la vida, están los calmantes: poderosas
distracciones, satisfacciones sustitutivas y sustancias
embriagadoras.
El papel
que cumplen las restricciones por las influencias exteriores e
interiores es establecido por la noción de superyo. De este modo, se
ubica el carácter prohibitivo del superyo, que pone un freno a las
aspiraciones pulsionales.
Ahora
bien, nuestra época se erige en un imperativo, que más que ofrecer
un límite, orienta, empuja al goce. Se eleva, entonces, la otra cara
del superyo, permisiva, que exige gozar.
El
malestar en nuestra época se corresponde con la invitación
irrefrenable al consumo, con el ofrecimiento de objetos alcanzables,
disponibles en el mercado, garantes de una satisfacción inmediata.
Pero no
hay posibilidad de saciedad, la falta insiste, en tanto aquello que
no puede ser colmado es del orden del deseo.
1
Freud, S: El malestar en la cultura Obras
completas Tomo XXI Amorrortu
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miércoles, 30 de octubre de 2013
MARCAS DE UNA EPOCA: LA OBESIDAD* - Primera parte
*Texto
presentado en el Congreso de AASM por Edit Tendlarz, Cecilia
Mastropierro, Claudia Mastropierro, Mercedes Montero.
Nos
interesa en este trabajo articular la forma en que se presentan los
síntomas actuales, en el entramado de los cuerpos y la época.
Abordaremos la obesidad en tanto síntoma contemporáneo y en cuanto
se nos ofrece como paradigma del hiperconsumo1.
“El
hombre tiene un cuerpo”. No hay identidad para la especie humana
entre el ser y el cuerpo, si no que para el hablante hay una relación
de tener con el cuerpo.
Este
no es un dato de entrada, si no que se construye. Lo sabemos desde
Freud con la “Introducción del Narcisismo”2
cuando refiere a la unificación pulsional. Con Lacan, con el
“Estadio del Espejo”3
que refiere a la constitución del yo y del cuerpo a partir de la
identificación con la imagen unificada del otro.
El
cuerpo se construye en el entramado imaginario y simbólico, pero el
cuerpo que goza es, siguiendo la definición de J-A Miller4,
un “cuerpo viviente”, lo cual destaca la vertiente real.
Cuerpo
afectado de goce, que conduce a la definición de síntoma como
acontecimiento del cuerpo.
Los
cuerpos, habitados por las pulsiones, quedan atrapados en las redes
significantes, atravesados por el discurso actual que es el de una
invitación constante al goce.
Tener
un cuerpo se diferencia de ser un cuerpo. Los animales se identifican
con su ser cuerpo. No ocurre lo mismo en el hombre. El hombre por ser
sujeto, es decir, falta en ser, por estar dividido por efecto del
lenguaje, divide su ser y su cuerpo, “reduciendo este último a la
categoría del tener.”5
Debido a
que tiene un cuerpo tiene síntomas. Para tener síntomas se necesita
un cuerpo y para gozar, también.
Siguiendo
a Miller en esto, entonces hay en los seres parlantes dos cuerpos:
por un lado un cuerpo que sabe lo que necesita para sobrevivir, un
cuerpo regulado, un cuerpo yo, un cuerpo que se puede llamar
epistémico y por el otro, un cuerpo libidinal, desregulado, un
cuerpo que no acata al yo, que no acata lo vital, un cuerpo que sufre
las consecuencias de la represión de la verdad, un cuerpo goce.
Un cuerpo
que cree encontrar en estos objetos el partener adecuado que le
evita además el encuentro con el otro sexo.
Siguiendo
a Lacan: un cuerpo es algo que se goza. Y se goza “corporeizandolo
de manera significante…”. El significante es causa de goce. 6
1
Domenico Cosenza “La obesidad como síntoma
contemporáneo” en Aperiódico Psicoanalítico N° 17 “Sigan
gozando!”. Directora Edit Tendlarz
2
Freud, S: Introducción del Narcisismo. Obras completas. Tomo XIV
Amorrortu
3
Lacan, J: El estadio del espejo como formador de la función del yo.
Escritos 1
4
J-A Miller: Biología lacaniana y acontecimiento
del cuerpo. Diva, Argentina.
5
J-A Miller: “ La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”
Paidos, Argentina, pag,372
6
Lacan, J: El Seminario, Libro 20, Aun, Paidos, Bs. As., 2004, págs
32-33
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miércoles, 22 de febrero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Última parte
*Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro.
Lacan en el Seminario 10, dice que el síntoma debe constituirse en su forma clásica para poder salir de él vía el significante. “…Para que el síntoma salga de su estado de enigma todavía informulado, el paso a dar no es que se formule, es que en el sujeto se perfile algo tal que le sugiera que hay una causa para eso…” (Lacan, 1963, 303). Esto implica salir del puro autoerotismo que Lacan llama goce del idiota (Lacan, 1973, 114), para poder construir un síntoma, percatándose de él, como sujeto responsable.
Ahora bien, si el síntoma se basta a sí mismo, ¿cómo hacerlo entrar en el análisis?, ¿cómo hacer devenir un síntoma analítico? Para ello, entonces, tendrá que devenir un síntoma dirigido al Otro.
Para el psicoanálisis, se tratará entonces de la puesta en forma del síntoma y no de la puesta en forma del individuo, se tratará de abrir la vía para reconocer allí la función que tiene para cada quién “la obesidad”, es decir, de introducir en el autoerotismo la dimensión significante, y con ello, en ese desfiladero por la palabra, apostar al sujeto, aquel que se desvanece entre la ciencia y el discurso médico.
Notas:
(1) Esta cuestión fue abordada en detalle por MARTIN MOGABURU, JP; OLDECOP, A; SILVA, B; TENDLARZ, E; GOMEZ, G: “Anverso y reverso de una Ley: Algunas reflexiones”, en Memorias del I Congreso internacional de investigación y práctica profesional de psicología Tomo III, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología, 2009. Artículo publicado también en formato virtual en: http://a-nomia.blogspot.com/2011/01/anverso-y-reverso-de-una-ley-algunas.html
(2) M. es llevado a la consulta por su mamá quien está preocupada por su comportamiento: M. contesta mal, hace berrinches, está cansado de que lo carguen y le digan “grandote, gordito” a lo que responde llorando o pelándose con compañeros.La mamá no sabe como responder a los “pedidos continuos” de M. de juguetes y “otras cosas”, objetos en cuya lista se inscribe la comida. “Hay que pedirle que deje de comer, no se llena, nunca se conforma” según sus palabras.
Bibliografía:
FREUD, Sigmund: “Conferencia 17: El sentido de los síntomas”, en Obras Completas Vol. 16, Amorrortu, Buenos Aires, 1984.
FREUD, Sigmund: “Conferencia 23: Los caminos de la formación de síntoma”, en Obras Completas Vol. 16, Amorrortu, Buenos Aires, 1984.
FREUD, Sigmund: “Más allá del principio del placer”, en Obras Completas Vol. 18, Amorrortu, Buenos Aires, 1984.
LACAN, Jacques: “Seminario 10: La angustia”, Paidos, Buenos Aires, 2006.
LACAN, Jacques: “Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, Paidos, Buenos Aires, 1987.
LACAN, Jacques: “Seminario 16: De Otro al otro”, Paidos, Buenos Aires, 2008.
LACAN, Jacques: “Seminario 20: Aún”, Paidos, Buenos Aires, 2008.
LACAN, Jacques: “Psicoanálisis y medicina” en Intervenciones y Textos I, Manantial, Buenos Aires, 2006.
MILLER, Jacques-Alain: “Curso del 16 de Enero de 2008”. (Inédito).
MILLER, Jacques-Alain: “Curso del 19 de Noviembre de 2008”. (Inédito).
MILLER, Jacques-Alain: “Introducción al método psicoanalítico”, Eolia-Paidos, Buenos Aires, 1997.
MILLER, Jacques-Alain: “Seminario de Barcelona” en Freudiana 19, Escuela Europea de Psicoanálisis (EEP).
TENDLARZ, E; GOMEZ, G; MARTIN MOGABURU, JP; OLDECOP, A; SILVA, B: “Anverso y reverso de una Ley: Algunas reflexiones”, en Memorias del I Congreso internacional de investigación y práctica profesional de psicología Tomo III, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología, 2009.
http://www.who.int/es/. Página de la Organización Mundial de la Salud, consultada el 5 de abril de 2010.
http://www.hcdn.gov.ar/. Página de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, consultada el 8 de abril de 2010.
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miércoles, 15 de febrero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Séptima parte
*Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro.
El síntoma en la obesidad
Para hablar de síntoma en psicoanálisis, es necesario apelar al sentido. Ir de la satisfacción pulsional, al goce hallado en el síntoma. Es decir, que a la exclusividad en el objeto y fijación libidinal en donde el acto de comer se satisface, debe añadirse la vertiente del sentido, del sentido singular del síntoma. Y, este sentido se explica por el significante.
La obesidad está en los listados de las llamadas nuevas patologías; patologías del acto, del consumo, propias de nuestra época. Son aquellas de la pulsión, en donde parece que no hay lugar a una formación del inconciente como para hablar de un síntoma en sentido analítico; en tanto que a pesar de que eso habla, el sujeto no dice nada al respecto. Así, podemos pensar, que en el acto compulsivo de comer, lo que no sale de la boca como pregunta por el deseo del Otro, ingresa en forma del objeto comida para sellarla. Cuando el sujeto quiere adelgazar, comienza el desfile de consumo de diferentes tratamientos y terapias (consumo de la oferta tecnológica) que intentan remover el síntoma (en el sentido médico del término) sin operar su causa, lo cual culmina en ciertos casos con una práctica real sobre el cuerpo, como si el cinturón gástrico pudiera poner al “hambre” en su sitio.
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miércoles, 8 de febrero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Sexta parte
*Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro.
Podemos decir entonces, que hay algo más que “invita” a comer y que no es el hambre y hasta decimos que hay un más allá de la necesidad biológica, en tanto se trata de un sujeto del deseo.
Sobre eso nos dice M., un niño de 10 años, quien tras el recorrido por médicos y nutricionistas, la sugerencia de eliminar ciertos alimentos, sustituirlos por otros y la referencia obligada a hacer ejercicios, grita entre sollozos “que sabe el médico de mi hambre” (2).
Entonces, la obesidad como síntoma, podría pensarse en tanto síntoma de la época; época en la cual los individuos son nombrados para seguir gozando de todo aquello que el mercado oferta, y, este goce, nos presenta un sujeto consumido en su acto de consumir, lo que deja como saldo, un individuo objeto del consumo.
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miércoles, 1 de febrero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Quinta parte
*Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro.
Parece ser que el hambre en la obesidad, deja lugar al atracón, que comúnmente es llamado angustia oral, pero, es un acto que justamente evita la angustia, si decimos que actuar es quitarle a la angustia su certeza (Lacan, 1963). En tal sentido, el sujeto obeso, puede decirse es preventivo en tanto previene un vacío, un encuentro con la imposibilidad estructural. Un acto que daría cuenta de un no querer saber nada acerca de la falta, un atraco al deseo. En otras palabras, se impone un siempre lleno, una im-postura en donde el hambre, necesariamente remite a otro objeto por más que este se instale en la comida. Es el objeto de la pulsión, anclado en la ilusoria creencia en la posibilidad de la satisfacción plena: la existencia de la relación sexual, de la posibilidad de adecuación. Freud en “Más allá del principio del placer” dice en relación a la pulsión : “… nunca cesa de aspirar a su satisfacción plena, que consistiría en la repetición de una vivencia primaria de satisfacción; todas las formaciones sustitutivas y reactivas, y todas las sublimaciones, son insuficientes para cancelar su tensión acuciante, y la diferencia entre el placer de satisfacción hallado y el pretendido engendra el factor pulsionante, que no admite aferrarse a ninguna de las situaciones establecidas, sino que, en las palabras del poeta, … ” (Freud, 1920, 42). Esto da cuenta de este fracaso y éxito de la repetición; éxito en tanto ganancia de placer de otra índole en tanto hay satisfacción parcial, y fracaso en relación a la imposibilidad de ligazón de la pulsión en su satisfacción plena. Algo se satisface, pero no se cancela; continúa la búsqueda, en tanto no hay objeto adecuado. En relación a esto es que Lacan, en el seminario 16, nos dice: “El sujeto hace la estructura del goce, pero hasta nueva orden, todo lo que pueda esperarse de ello, son prácticas de recuperación. Es decir que lo que el sujeto recupera no tiene nada que ver con el goce, sino con su pérdida.” (Lacan, 1969, 104).
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miércoles, 25 de enero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Cuarta parte
*Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro.
La obesidad como síntoma
Para la medicina el síntoma es señal de que algo anda mal, y, en tanto tal hay que hacerlo desaparecer para que las cosas funcionen bien; siguiendo el concepto de salud de la OMS, hacia el completo bienestar.
La clínica del psicoanálisis de orientación lacaniana –en tanto orientación a lo real- permite dar testimonio de la satisfacción hallada en el síntoma. En el obeso, la compulsión a comer da cuenta que la pulsión se entrama en ese acto. “En el no poder parar” se encuentra un empuje constante. El “no poder para de comer”, el pasaje por el objeto comida da cuenta que de la pulsión algo siempre se satisface. En la obesidad hallamos a alguien, el obeso, en una encrucijada más allá de la voluntad de bien-estar, los esfuerzos y las promesas ideales; es una voluntad otra que fuerza constantemente al sujeto, a quedar envuelto en un goce, que no deja de producir sufrimiento y malestar en el sujeto. Se trata de un placer no sentido como tal.
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miércoles, 18 de enero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Tercera parte
*Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro.
Siguiendo lo que dice Lacan en “Psicoanálisis y medicina”, se puede afirmar el carácter marginal del psicoanálisis al respecto, tenido en cuenta, como mencionamos anteriormente en relación a la psicología, como una ayuda externa (Lacan, 1966, 86). Pero, el psicoanálisis dirá algo acerca del sujeto en la clínica y no del individuo del caso. Desde el psicoanálisis, siempre suponemos la existencia de un sujeto, y un sujeto podría decirse es alguien que entre otras cosas se construye un cuerpo y goza de él; tal es así, que en todo tratamiento que se le demande a un psicoanalista, este procederá a hacer una localización subjetiva del sufrimiento y del padecer, a fin de dar lugar a lo singular y heterogéneo de un sujeto más allá de lo global y las generalidades homogéneas de la personalidad del obeso. Entonces, nos proponemos pensar que sedentarismo y comer compulsivamente, no forman parte de categorías que caracterizarían a un ser para el sujeto obeso, sino más bien respuestas subjetivas al malestar, y, un modo singular de gozar del propio cuerpo.
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miércoles, 11 de enero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Segunda parte
*Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro
De la obesidad al sujeto obeso
En la actualidad, se habla de la obesidad como una de las mayores pandemias del siglo, tal es así, que organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, mediante su comité de expertos la define como “la enfermedad epidémica no transmisible más grande del mundo”; mismo organismo que definió a la salud como estado de completo bienestar. Por otra parte, en Argentina, la ley de trastornos alimentarios promulgada en 2008 (Ley 26396), comprende a la obesidad, junto con la bulimia y la anorexia (1), como enfermedades relacionadas con inadecuadas formas de ingesta alimentaria.
La psicología ha sido y es convocada por el discurso de la ciencia a dar respuesta y tratamiento a aquellos trastornos en los que podría decirse se observa, un más allá de lo biológico. Tal es así, que en los abordajes establecidos para el tratamiento de la obesidad llamados interdisciplinarios, el rol del psicólogo muchas veces se reduce al análisis, control y mantenimiento de la conducta alimentaria (adecuación), por lo que, cuestiones como el sedentarismo y comer compulsivamente, harían entre otras cosas a la personalidad del obeso.
Lo que comúnmente se acusa como el factor psicológico dentro de los tratamientos integrales que abordan dicha patología, muchas veces viene a nombrar a aquello que se resiste al “éxito” de la cura, en este caso, adelgazar.
Las causas psicológicas podría pensarse entonces que aparecen cuando en “lo vivo” no está la respuesta o se obstaculizan los objetivos terapéuticos por causas que van más allá del cuerpo de la biología.
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miércoles, 4 de enero de 2012
EL SUJETO EN LA OBESIDAD* - Primera parte
* Trabajo presentado en el Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur (2010) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Natalia Loprete y Cecilia Mastropierro.
Introducción:
La obesidad, considerada en la actualidad como una de las pandemias más grandes del siglo, es abordada por diferentes disciplinas que intentan dar respuesta dentro de lo que se inscribe en el marco de la salud y enfermedad.
Nos proponemos en este trabajo abordar el goce que subyace en la posición del obeso ubicando al síntoma en la perspectiva del psicoanálisis, y desde allí promover una intervención que de lugar a lo que hay de singular en cada sujeto, apostando a introducir la palabra en esa modalidad de satisfacción, que se presenta por fuera del inconciente.
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miércoles, 7 de septiembre de 2011
El objeto-comida en la ética del soltero (*1) * - Cuarta parte
* Trabajo presentado en el Congreso de AASM(2009) Griselda Belucci, Juan Pablo Martin Mogaburu, Cecilia Mastropierro, María del Carmen Perez Cavalar, Edit Tendlarz
Lo singular en juego
El psicoanálisis ofrece una orientación a la ética de lo singular: se trata de indagar en cómo juega lo pulsional en torno al objeto en cada sujeto. Una intervención en estos casos, tendría que apuntar al goce que se juega en cada sujeto. Podemos decir que lo propio de cada sujeto marca una diferencia respecto del empuje hacia lo homogéneo de la época; un reverso de la operación homogeneizante que destituye al sujeto, incorporándolo a su máquina unificante.
El psicoanálisis hará su apuesta: pondrá en juego lo singular de cada quien, tratando al mismo tiempo de localizar el goce singular que arma la fantasmática del uno por uno.
Bibliografía general
Freud, Sigmund: Obras completas, Tomo XXI. Buenos Aires, Amorrortu,
Lacan, Jacques: Seminario 17. El reverso del psicoanálisis, Paidós, Bs. As., 1992.
–––––––––––––: Seminario 21, inédito.
–––––––––––––: “Kant con Sade” en Escritos 2. Editorial Siglo XXI, México, 1984.
–––––––––––––: Radiofonía y televisión, Anagrama, Bs. As., 1977.
Miller, Jacques-Alain: Los signos del goce. Buenos Aires, Paidós, 1998.
–––––––––––––––––: El partenaire-síntoma, Paidós, Bs. As., 2008.
–––––––––––––––––: “Seminario de Barcelona” en Freudiana 19, Escuela Europea de Psicoanálisis (EEP).
Recalcati, Massimo: La última cena: Bulimia y Anorexia, Ediciones del Cifrado, Bs. As., 2004.
Freud
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miércoles, 31 de agosto de 2011
El objeto-comida en la ética del soltero (*1) * - Tercera parte
* Trabajo presentado en el Congreso de AASM (2009) Griselda Belucci, Juan Pablo Martin Mogaburu, Cecilia Mastropierro, María del Carmen Perez Cavalar, Edit Tendlarz
Una respuesta particular
Retomando la cuestión planteada por Lacan en relación a la ética del soltero, donde no se requiere del cuerpo del otro para gozar del propio cuerpo. De modo que dicho “soltero” ha encontrado un objeto que viene a suplir esa función (medio de goce) que cumpliría una pareja. En esta posición clínica, el partenaire, en tanto que sirve para gozar del propio cuerpo, ha perdido su valor ya que se presenta una convicción en torno a ese objeto. Jacques-Alain Miller, se refiere al respecto de la siguiente manera: “El goce se produce siempre en el cuerpo del Uno pero por medio del cuerpo del Otro. En este sentido, el goce es siempre autoerótico, siempre es autístico”. (Miller, 2008, p. 411). Podría decirse, entonces, que el ideal de disfrutar cada uno con su objeto es solidario a la máxima del sujeto obeso en su intento de prescindir del partenaire sexual a través de la satisfacción que se obtiene en relación al objeto-comida. Hay que considerar que, en esta ética, existe una relación dialéctica con el objeto, y que esta dialéctica no permite la entrada de un tercero que vaya a realizar una separación. No hay discontinuidad, el empuje al objeto-comida es constante.
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miércoles, 24 de agosto de 2011
El objeto-comida en la ética del soltero (*1) * - Segunda parte
*Trabajo presentado en el Congreso de AASM (2009) Griselda Belucci, Juan Pablo Martin Mogaburu, Cecilia Mastropierro, María del Carmen Perez Cavalar, Edit Tendlarz
De la orden que no ordena
Asistimos a una época en que ciertos ideales han caído, donde ha declinado la función paterna y la autoridad . De modo que nos encontraríamos con diferentes modalidades y múltiples modos de goce no regulados por la ley. La figura del padre ha caído y ahora es el objeto de consumo lo que se sitúa por arriba de todo sujeto, imponiendo su propia ley y estableciendo su norma. Tal es así que podría decirse que las leyes del mercado promovidas por el discurso capitalista han desplazado al ciudadano del centro de la escena, adviniendo en su lugar el consumidor, en donde el derecho y el deber se reducen a un mismo imperativo: consumir.
Contrariamente a la posición que deviene del nombre del padre, lo que se advierte es el movimiento hacia el consumo masivo. Al no contar con el límite y la mediación que instaura dicha función (NP), existe un empuje a consumir en forma desmedida, en donde más que un nombre que organice hay un ser nombrado a la orden de consumir. Podemos plantearnos si se podría ubicar a la obesidad como paradigma de este hiperconsumo.
El sujeto obeso muestra una fijación al objeto pulsional, con el cual obtiene una ganancia de goce, por fuera del inconsciente, refractaria al discurso del amo. La prevalencia es la del discurso neo-capitalista, donde al lugar del S1, de los significantes amos, viene el mercado junto a la incidencia de la ciencia, con su producción de gadgets, a comandar. Podríamos pensar al obeso, entonces, como alguien alienado en este mandato de consumir, dormido en la creencia imaginaria de la existencia de un objeto adecuado a la satisfacción; pero este empuje al consumo, al igual que el de la pulsión, es constante. De modo que existe una paradoja en esta época: los objetos de consumo no son creados para satisfacernos, sino que, como muchas veces promueven una permanente insatisfacción.
Estaríamos entonces obligados a ser felices mediante el consumo de objetos que no nos sacian. El psicoanalista italiano Máximo Recalcati se refiere a esto como falta radical incalmable, en donde el vacío constituye el trasfondo del objeto-comida. Dirá al respecto que “el vacío que habita al sujeto no depende de la sustancia del objeto, sino que está hecho de la misma tela, por decirlo así, que trama al sujeto mismo…” . En dichos de un paciente: “Siento que quiero tener mi estómago siempre lleno, es como un gran vacío que quiero llenar… siempre tengo hambre for ever, me lo paso viendo televisión y comiendo”. Este dicho puede pensarse en lo que Lacan llamó en La ética del psicoanálisis “exigencia de goce”. Una doctrina del superyó, una exigencia antiadaptativa, del retorno de una satisfacción primaria. El fundamento de esta ética es el goce, no es la ética del bienestar, del placer, sino su más allá. El sujeto tiene como bien supremo algo que no es placentero. Su búsqueda no es la del bien sino la de su goce, se dirá, del lado del mal fundamental, que es lo que Freud desarrolla en Más allá del principio del placer y, como dijimos, en Malestar en la cultura.
Asistimos a una época en que ciertos ideales han caído, donde ha declinado la función paterna y la autoridad . De modo que nos encontraríamos con diferentes modalidades y múltiples modos de goce no regulados por la ley. La figura del padre ha caído y ahora es el objeto de consumo lo que se sitúa por arriba de todo sujeto, imponiendo su propia ley y estableciendo su norma. Tal es así que podría decirse que las leyes del mercado promovidas por el discurso capitalista han desplazado al ciudadano del centro de la escena, adviniendo en su lugar el consumidor, en donde el derecho y el deber se reducen a un mismo imperativo: consumir.
Contrariamente a la posición que deviene del nombre del padre, lo que se advierte es el movimiento hacia el consumo masivo. Al no contar con el límite y la mediación que instaura dicha función (NP), existe un empuje a consumir en forma desmedida, en donde más que un nombre que organice hay un ser nombrado a la orden de consumir. Podemos plantearnos si se podría ubicar a la obesidad como paradigma de este hiperconsumo.
El sujeto obeso muestra una fijación al objeto pulsional, con el cual obtiene una ganancia de goce, por fuera del inconsciente, refractaria al discurso del amo. La prevalencia es la del discurso neo-capitalista, donde al lugar del S1, de los significantes amos, viene el mercado junto a la incidencia de la ciencia, con su producción de gadgets, a comandar. Podríamos pensar al obeso, entonces, como alguien alienado en este mandato de consumir, dormido en la creencia imaginaria de la existencia de un objeto adecuado a la satisfacción; pero este empuje al consumo, al igual que el de la pulsión, es constante. De modo que existe una paradoja en esta época: los objetos de consumo no son creados para satisfacernos, sino que, como muchas veces promueven una permanente insatisfacción.
Estaríamos entonces obligados a ser felices mediante el consumo de objetos que no nos sacian. El psicoanalista italiano Máximo Recalcati se refiere a esto como falta radical incalmable, en donde el vacío constituye el trasfondo del objeto-comida. Dirá al respecto que “el vacío que habita al sujeto no depende de la sustancia del objeto, sino que está hecho de la misma tela, por decirlo así, que trama al sujeto mismo…” . En dichos de un paciente: “Siento que quiero tener mi estómago siempre lleno, es como un gran vacío que quiero llenar… siempre tengo hambre for ever, me lo paso viendo televisión y comiendo”. Este dicho puede pensarse en lo que Lacan llamó en La ética del psicoanálisis “exigencia de goce”. Una doctrina del superyó, una exigencia antiadaptativa, del retorno de una satisfacción primaria. El fundamento de esta ética es el goce, no es la ética del bienestar, del placer, sino su más allá. El sujeto tiene como bien supremo algo que no es placentero. Su búsqueda no es la del bien sino la de su goce, se dirá, del lado del mal fundamental, que es lo que Freud desarrolla en Más allá del principio del placer y, como dijimos, en Malestar en la cultura.
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miércoles, 17 de agosto de 2011
El objeto-comida en la ética del soltero (*1) * - Primera parte
*Trabajo presentado en el Congreso de Investigadores del Mercosur (2009) Griselda Belucci, Juan Pablo Martin Mogaburu, Cecilia Mastropierro, María del Carmen Perez Cavalar, Edit Tendlarz
En la sociedad actual, podemos ubicar la modalidad en que ciertos individuos responden a los malestares que les generan las situaciones de la vida contemporánea .
En El malestar en la cultura , de 1930, Freud señala que el consumo de narcóticos es un síntoma acotado y plantea lo siguiente: “La vida como nos es impuesta resulta gravosa, nos trae hartos dolores, desengaños, tareas insolubles, para soportarla no podemos prescindir de calmantes. Hay de tres clases: poderosas distracciones que nos hagan evaluar como muy mínimas nuestras miserias, satisfacciones sustitutivas que las reduzcan, y sustancias embriagadoras que nos vuelvan insensibles a ellas. Algo de ese tipo resulta indispensable (…) no solo se le debe a la sustancia embriagadora la ganancia inmediata de placer, sino una cuota de independencia ardientemente anhelada, respecto del mundo exterior bien se sabe que con ayuda del quitapenas es posibles sustraerse en cualquier momento a la presión de la realidad, y refugiarse en un mundo propio, que ofrece mejores condiciones de sensación”.
Siguiendo las indicaciones de Freud, sostenemos que el sujeto obeso nos confronta con una posición que Jacques Lacan llamó la ética del soltero. Esta ética la podemos pensar como una forma en que prevalece la relación del sujeto con el objeto-comida, y donde la satisfacción hallada en ese “encuentro” hace que prescinda de cualquier relación posible con otro “humano”.
Intentaremos abordar la pregunta acerca del goce implicado en esa posición y en relación a las características propias de nuestra época con los imperativos de inmediatez y felicidad, donde el sujeto obeso aparece como el paradigma del hiperconsumo. Apostamos a una reflexión acerca de esta problemática que abordaremos desde la perspectiva del psicoanálisis, promoviendo una intervención que posibilite una separación con ese objeto, lo que podrá abrir a una mediación por vía de la palabra.
En la sociedad actual, podemos ubicar la modalidad en que ciertos individuos responden a los malestares que les generan las situaciones de la vida contemporánea .
En El malestar en la cultura , de 1930, Freud señala que el consumo de narcóticos es un síntoma acotado y plantea lo siguiente: “La vida como nos es impuesta resulta gravosa, nos trae hartos dolores, desengaños, tareas insolubles, para soportarla no podemos prescindir de calmantes. Hay de tres clases: poderosas distracciones que nos hagan evaluar como muy mínimas nuestras miserias, satisfacciones sustitutivas que las reduzcan, y sustancias embriagadoras que nos vuelvan insensibles a ellas. Algo de ese tipo resulta indispensable (…) no solo se le debe a la sustancia embriagadora la ganancia inmediata de placer, sino una cuota de independencia ardientemente anhelada, respecto del mundo exterior bien se sabe que con ayuda del quitapenas es posibles sustraerse en cualquier momento a la presión de la realidad, y refugiarse en un mundo propio, que ofrece mejores condiciones de sensación”.
Siguiendo las indicaciones de Freud, sostenemos que el sujeto obeso nos confronta con una posición que Jacques Lacan llamó la ética del soltero. Esta ética la podemos pensar como una forma en que prevalece la relación del sujeto con el objeto-comida, y donde la satisfacción hallada en ese “encuentro” hace que prescinda de cualquier relación posible con otro “humano”.
Intentaremos abordar la pregunta acerca del goce implicado en esa posición y en relación a las características propias de nuestra época con los imperativos de inmediatez y felicidad, donde el sujeto obeso aparece como el paradigma del hiperconsumo. Apostamos a una reflexión acerca de esta problemática que abordaremos desde la perspectiva del psicoanálisis, promoviendo una intervención que posibilite una separación con ese objeto, lo que podrá abrir a una mediación por vía de la palabra.
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miércoles, 9 de marzo de 2011
Anverso y reverso de una ley: Algunas reflexiones* - Última Parte
* Trabajo presentado en el Quinto Encuentro de investigadores en Psicología del Mercosur (2009) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Gastón Gomez, María Belén Silva Salas, Edit Tendlarz y Ana Oldecop.
Vemos entonces cómo a partir de las palabras del sujeto podríamos concebir como orfebres (Miller, 2008, Inédito) y el sufrimiento se traduce ahí donde la palabra no alcanza, donde confrontados con la angustia se llega a los atracones (Freud, 1895 [1894]: 95) y no concebimos otra respuesta que comer más y más sin poder parar; o su antítesis “recuperada”: comer menos y menos sin poder parar. Es la pulsión muda que empuja a la satisfacción en un más allá de la homeostasis física. Se trata de un malestar, es cierto.
Para el psicoanálisis se trataría de algo que se inscribe en un cuerpo y que deberá circunscribirse, ceñirse a través de palabras. Según Lacan: “Si el inconciente es lo que es, no una cosa monótona si, en cambio, una cerradura lo más precisa posible, cuyo manejo no es otro que abrirla al revés con una clave-llave, que está más allá de una cifra, esta abertura solo puede servir al sujeto en su demanda de saber. Lo inesperado, es que el sujeto confiese él mismo su verdad y que la confiese sin saberlo.” (Lacan, 1966: 97)
Notas:
(1) “El congreso aprobó la ley de obesidad” en La Nación, 14 de agosto de 2008.
(2) Proyecto de ley OBESIDAD, origen de la Ley promulgada el 2 de septiembre de 2008 en la República Argentina.
(3) Proyecto de ley OBESIDAD, origen de la Ley promulgada el 2 de septiembre de 2008 en la República Argentina.
(4) “El congreso aprobó la ley de obesidad”, en La Nación, 14 de agosto de 2008.
Bibliografía:
· Freud, S.: (1895 [1894]) “Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de neurosis de angustia”, AE III, Buenos Aires, 1999.
· Lacan, J.: “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano” en Escritos 2, Siglo XXI, Buenos Aires, 2002.
· Lacan, J.: “Psicoanálisis y medicina” en Intervenciones y Textos I, Manantial, Buenos Aires, 2006.
· Miller, J.A.: “Curso del 16 de Enero de 2008”. (Inédito).
· Miller, J.A.: “Psicoterapia y Psicoanálisis” en Registros, tomo azul, año 3, Buenos Aires.
· Miller, J.A.: “Curso del 19 de Noviembre de 2008”. (Inédito).
· Diario La Nación, 14 de agosto de 2008.
· http://www.hcdn.gov.ar/. Página de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, consultada el 15 de febrero de 2009
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miércoles, 2 de marzo de 2011
Anverso y reverso de una ley: Algunas reflexiones* - Novena Parte
* Trabajo presentado en el Quinto Encuentro de investigadores en Psicología del Mercosur (2009) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Gastón Gomez, María Belén Silva Salas, Edit Tendlarz y Ana Oldecop.
¿Qué le ofrece el psicoanálisis al sujeto obeso? El tema no sería lo que se come o no, o de los kilos que se ganan o se pierden. Por un lado, hay algo silencioso a modo de goce en el cuerpo que se percibe o no como malestar. Por otra parte, se trataría entonces de, justamente, permitir aflorar vía la transferencia estas identificaciones con el Otro a fin operar con ellas, pero, a su vez, negándose a ocupar el lugar del amo. (Miller, Registros: 10) Se trata entonces desde el psicoanálisis de una voz temblorosa, una voz muy pequeña, al decir de Miller, de velar por el derecho a la singularidad -lo heterogéneo- dentro de la productividad del derecho para todos –lo homogéneo. (Miller, 2008: Inédito)
Desde esta perspectiva aparece UN sujeto en su subversión más plena, por tanto al analista se le supone un saber del lado del sujeto o se lo toma como alguien que acoge el testimonio que se entrega. Es vital entonces para que se produzca una verdad que el deseo del analista sea más fuerte que el de ser el amo. De ahí que la obesidad no sea más que transestructural: No dice nada más allá de lo que el sujeto pueda articular al respecto. En ambos casos, ya sea como verdad a producir o como testimonio a acoger, se trata de palabras.
Desde esta perspectiva no se trata de la epidemia ni de la enfermedad, sino de un sujeto singular obeso. No nos interesa endosar el discurso del amo que produce “delgadez en riesgo”; en palabras de una paciente: “Soy una obesa recuperada.” Podríamos preguntarnos, ¿recuperada de qué? ¿Respuesta anticipada o síntoma?
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miércoles, 23 de febrero de 2011
Anverso y reverso de una ley: Algunas reflexiones* - Octava Parte
* Trabajo presentado en el Quinto Encuentro de investigadores en Psicología del Mercosur (2009) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Gastón Gomez, María Belén Silva Salas, Edit Tendlarz y Ana Oldecop.
La obesidad como tal puede ser “una enfermedad”. Se trataría entonces de determinada gama de tratamientos para determinada enfermedad en tanto falla. En el psicoanálisis se trata justamente de la falla, allí donde el sujeto se produce. En este sentido, podríamos pensar que el deseo, como lo más propio del sujeto, se separa de lo universal (en tanto uni-verso) y retorna en lo singular de la práctica psicoanalítica (Miller, 2008: Inédito) Si el psicoanálisis valora el sujeto y lo más propio del mismo, lo ubica desde un rasgo distintivo que lo hace único y por fuera de toda norma (Miller, 2008: Inédito)
Desde esta perspectiva cobra entonces una relevancia particular el término de “Obesidad” definido como síntoma/respuesta transestructural. Se trata de un diagnóstico, es cierto. Pero, en psicoanálisis se trata de un diagnóstico para luego ser olvidado.
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miércoles, 16 de febrero de 2011
Anverso y reverso de una ley: Algunas reflexiones* - Séptima parte
* Trabajo presentado en el Quinto Encuentro de investigadores en Psicología del Mercosur (2009) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Gastón Gomez, María Belén Silva Salas, Edit Tendlarz y Ana Oldecop.
· Lo heterogéneo: Más allá de la cuantificación.
Ya Freud, en su texto “El malestar en la cultura” había reconocido al cuerpo propio como fuente de displacer. Por otra parte, el psicoanálisis, al igual que en las psicoterapias, nos enseña que el humano no es, sino que tiene un cuerpo que se funda en una imagen en tanto indicada, señalada por Otro que nos permite “re-conocernos” en ella. Desde el psicoanálisis reconocemos entonces, al igual que en las psicoterapias, que “Todo significante del Otro, en tanto que se le reconoció a ese otro la posición del gran Otro, tiene efecto de identificación.” (Miller, Registros: 12) Sin embargo, y a diferencia de las psicoterapias que se basan también en la palabra, lejos de favorecer o desfavorecer identificaciones y centrarse o no en el “saber” acerca de este cuerpo por parte del analista, para el psicoanálisis de lo que se trata es de la producción de un saber no sabido singular que no comporta el menor conocimiento (Lacan, 1993: 773-779).
Se trata entonces de un saber mediado por la palabra en tanto el deseo del hombre no tiene objeto constituible para su deseo. Vemos entonces cómo coincidimos con lo dicho por la legisladora en tanto hay una mediación que falta. Pero por otro lado, disentimos con ella, en tanto, desde el psicoanálisis, ya no se trata de un derecho para todos. En este sentido es que el psicoanálisis ofrece –parafraseando a la honorable legisladora- la posibilidad de una verdad singular para cada subjetividad. Verdad singular que además no conlleva en sí ninguna sugestión por parte del amo de la productividad. De ahí que deba ser una práctica sin valor: en tanto rechazo al lugar de amo posibilitado desde la producción la ciencia, sólo pueden producirse el deseo del analista y el deseo del paciente sin ningún juicio de valor más allá de ellos. (Miller, 2008: Inédito) De esta manera, será el sujeto quien a través de su decir produce un síntoma o una respuesta anticipada que conduce, que contiene, que encubre esta verdad subjetiva. Así, desde el psicoanálisis, si el cuerpo vale por algo es por el goce singular que permite a cada uno.
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miércoles, 9 de febrero de 2011
Anverso y reverso de una ley: Algunas reflexiones* - Sexta Parte*
* Trabajo presentado en el Quinto Encuentro de investigadores en Psicología del Mercosur (2009) por Juan Pablo Martin Mogaburu, Gastón Gomez, María Belén Silva Salas, Edit Tendlarz y Ana Oldecop.
Es en este sentido que definiríamos, al decir de Miller, al psicoanálisis como práctica sin valor. (Miller, 2008: Inédito) Se trataría del sujeto singular. En Psicoanálisis se trata de un sujeto del inconsciente, en tanto es escindido y esto lo define como singular, “in-homogéneo” (Miller, 2008: Inédito). Es incomparable y no evaluable. Ésta es la promesa del discurso analítico por el cual, y de manera natural, estructuralmente, instituye al sujeto por fuera de la evaluación que lo devalúa. (Miller, 2008: Inédito)
Lo homogéneo, entonces, está del lado del marchar como todo el mundo. (Miller, 2008: Inédito) En todas las psicoterapias, que son solidarias de este discurso de la ciencia, se trata de devolver al yo sus funciones de dominio y de síntesis (Miller, Registros: 9). Tal es así, que la terapéutica de la obesidad se vería reducida a la voluntad de autolimitar el goce, en pos de identificarse con el ideal de ser del amo, en donde el paciente debe encontrarse ubicado dentro de ciertos parámetros cuantitativos estipulados por un Otro que sanciona lo que está dentro de los mismos, y a ese Otro habría que identificarse. De esta manera se asegura al individuo, según Lacan, la posibilidad de ir a pedirle al médico/ prepaga su cuota de beneficios con un objetivo preciso inmediato: Ser más delgado. (Lacan, 1966: 90)
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