Mostrando entradas con la etiqueta Amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amor. Mostrar todas las entradas
miércoles, 7 de mayo de 2014
El ballet de la hija, la madre y la mujer.* - Última parte
*por
Graciela Giraldi.
Por
un lado, en la obra cinematográfica Nina se ofrece a la mirada de
los otros en su danza en tanto poesía corporal, lo que nos hace
reflexionar acerca de que en esa elección que cada bailarín realiza
de danzar toda una vida no es sin el goce del cuerpo, goce que
también incluye privaciones de otras satisfacciones.
Pero
en Nina, ¿cuál es su goce más allá del que obtiene al danzar?
Ella
goza de ser la niña de los ojos de mamá, de allí y la gracia
infantil.
Y,
consecuentemente, sus inhibiciones se ponen al rojo vivo cuando su
profesor le demanda representar en el baile al cisne negro, con sus
semblantes de sensualidad y seducción femenina.
Ella
no puede imaginarse con alas cuando baila porque tiene la convicción,
la certeza de que le crecerán y para ello se incrusta canutos en su
espalda que la llenan de escoriaciones.
Esta
cuestión evoca la renegación como una de las respuestas de la niña
ante la falta de pene que Freud sitúa en su texto sobre la
femineidad. (1)
Ahora,
si bien Nina logra ser elegida por el director de la obra para
representar en el ballet a los dos cisnes, ella queda atrapada entre
la espada y la pared, entre la niña y la mujer.
En
el film, el personaje de Nina representa la problemática de la
elección femenina y es que para hacerse mujer, cada una tendrá que
separarse de ese lugar de objeto que ha ocupado en el deseo de la
madre.
Y
si leemos la problemática de Nina como una cuestión clínica
podemos pensar que en el acto suicida ella encarnó a la niña que se
separa en lo real de la madre, ofreciéndose a su mirada como el
objeto del sacrificio a la manera del cordero pascual.
A
la manera de conclusión y anzuelo para las elaboraciones que sumará
el lector, considero que para el acceso a la femineidad cada mujer
debe cernir algo del estrago materno, ese real del que dan cuenta los
testimonios de los AE (analistas de las escuelas de la Asociación
Mundial de Psicoanálisis) apoyándose en aisladas representaciones
como: la Reyna de la noche y la mirada rasgada; o el vozarrón del
marido para una analizante que se hacia devastar por su partenaire.
Referencias
bibliográficas:
Freud
S., Sexualidad
femenina, tomo VIII.
Obras Completas, Ed. Biblioteca Nueva.
Lacan
J., Encore,
Sem. XX, Editorial Paidós.
Miller,
J-A., El niño entre la mujer y la madre,
Revista Nueva Red CEREDA, Nº 1, 1998.
Laurent
E. Posiciones femeninas del ser,
en Sexualidad femenina de la Colección Orientación lacaniana.
Testimonios
del pase, página WEB de la AMP.
Etiquetas:
Amor,
Psicoanalisis y femeneidad
miércoles, 30 de abril de 2014
El ballet de la hija, la madre y la mujer.* - Cuarta parte
La
reina madre exige a su hijo que elija esposa entre las jóvenes, él
piensa en Odette y se niega, pero en ese momento entra un noble
desconocido, es el mago con su hija Odile.
El
príncipe, hechizado por el mago cree ver en Odile a Odette y la
escoge como esposa.
Robarth
se descubre y muestra a Odette a lo lejos. Sigfrido se da cuenta de
su confusión y corre desesperado al lago.
Odette,
al descubrir que Sigfrido ha guardado amor eterno a otra, y que por
lo tanto el hechizo no puede ser roto, se suicida.
En
la trama del film, el sueño de Nina que reproduce esta natural y
bien lograda interpretación del cisne blanco, caracterizado por la
ino histsu cencia oria del lago de los cisnes, es realizado en lo
real: Odette, la elegida por el príncipe, la que portaba la
sensualidad del cisne negro, se suicida.
¿Por
qué?, nos preguntamos.
¿Por
qué Nina se corta de la vida en el momento en que era ovacionada por
el público por su baile bien logrado, qué la llevó a ese acto si
ella logró ser elegida por el director del Ballet para representar
la Reina de los cisnes, por qué no pudo hacer uso del lugar que
tanto esfuerzo le llevó conseguirlo?
¿O
tal vez ella terminó con su vida ofreciéndose a la mirada de la
madre como su objeto-niña perdido en lo real?
Etiquetas:
Amor,
Psicoanalisis y femeneidad
miércoles, 23 de abril de 2014
El ballet de la hija, la madre y la mujer.* - Tercera parte
*por
Graciela Giraldi.
De
entrada, el film comienza con el relato de un sueño de la joven,
donde se pone en juego la necesidad de ser amada, cuestión que
caracteriza la problemática femenina: “Tuve
un sueño muy raro anoche, sobre la chica que se convertía en cisne.
Necesitaba amor para romper el hechizo. Pero su príncipe se enamora
de la chica equivocada, así que se suicidó.”
La
historia de esta película es una versión moderna del lago de los
cisnes, en la cual el príncipe Sigfrido es demandado por su madre a
escoger una esposa entre las muchachas que estarán en la fiesta que
ella le preparará.
La
voluntad materna de casarlo amilana al príncipe y sus amigos deciden
invitarlo a ir de caza.
En
el bosque, cerca del lago comienzan a salir del agua unos cisnes que
se van convirtiendo en hermosas jóvenes, él se queda flechado por
Odette, su reina.
Ella
le cuenta que fue transformada en cisne junto con sus compañeras por
el malvado mago Rothbart, que vuelven a su forma humana por las
noches y que el hechizo de ella sólo puede romperlo quien le jure
amor eterno.
Pero
cuando Sigfrido le va a jurar amor eterno aparece el mago R. quien
convierte a las jóvenes nuevamente en cisnes para evitar que el
príncipe rompa el hechizo.
Como
estaba previsto, se celebra la fiesta en el castillo donde el
príncipe deberá elegir esposa.
Etiquetas:
Amor,
Psicoanalisis y femeneidad
miércoles, 16 de abril de 2014
El ballet de la hija, la madre y la mujer.* - Segunda parte
*por
Graciela Giraldi.
Dado
que el arte interpreta las
cuestiones humanas, y le enseña al psicoanálisis que lo que no
puede ser dicho con palabras se lo puede mostrar,
nos apoyaremos en la película titulada “El
cisne negro”, dirigida por
Darren Aronofsky, en tanto que en la trama de dicho film salta a la
vista el lazo tortuoso que la protagonista Nina mantiene con su
madre, lo que se extiende también a su relación teñida por la
envidia con dos de sus compañeras del ballet.
El
drama de Nina nos muestra su fascinación por la madre sin fallas, lo
que le impide a Nina acceder a su sexualidad femenina separándose de
ese lugar dado por su madre: su niña adorada, su falo.
Nina
espera demasiado de esa madre, pero no solamente ser reconocida por
realizar el Ideal materno de representar en la danza a la Reyna de
los cisnes, lugar que su madre anhelaba para sí misma, un deseo que
dejó truncado; sino que Nina espera de la madre lo imposible: que le
diga cómo ser una mujer, lo que ninguna madre puede decir,
simplemente porque no existe un saber sobre el ser mujer que se pueda
trasmitir de una a otra.
Nina
rechaza tomar contacto con ese agujero de saber en relación al ser
mujer, ante lo cual cada una debe inventarse.
Etiquetas:
Amor,
Psicoanalisis y femeneidad
miércoles, 9 de abril de 2014
El ballet de la hija, la madre y la mujer.* - Primera parte
*por
Graciela Giraldi.
Sabemos
desde Freud que el acceso a la sexualidad femenina implica dejar de
ser la nena de mamá, y con Lacan que la maternidad no define a las
mujeres, como tampoco la anatomía, ni el género al cual se
pertenece.
En
la práctica analítica lacaniana constatamos que no es teniendo
hijos que las mujeres acceden a su femineidad, en tanto la solución
maternal del tener es más bien lo opuesto al ser mujer, respuesta
que la histérica busca encontrar en la Otra mujer: ¿Qué es ser una
mujer?
El
psicoanálisis aloja desde el inicio algo insoslayable y estructural
en el trabajo analizante, y es el replanteo que se hace la hija de su
relación con la madre en su abordaje a la sexualidad femenina.
Mediante
estas cuestiones que son llevadas al diván por las analizantes
mujeres cada una va tejiendo su hacerse mujer sesión por sesión, y
con su propio estilo, dando cuenta de la variedad de anudamientos que
se realizan en el abordaje a la femineidad.
Etiquetas:
Amor,
Psicoanalisis y femeneidad
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Un loco amor * - Última parte
*
Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la
EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con la participación
de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca.)
La
posición de un analista
El juez
interviniente en la causa hace lugar a un analista.
La
particularidad del loco amor de Eme -si no se
encuentran en ella, indicios de una estructura forclusiva- es en
tanto ha hecho equivaler la posición de objeto de goce -que ocupa
para su padre- a la posición de objeto de amor -en la que encuentra
coagulada la razón de su ser- que la resguarda de la locura
familiar,.
Loco amor
porque renuncia de esta forma, a ser sujeto deseante.
Transacción
que la “salvaría” en su fantasmática, de ser objeto de goce de
la madre.
¿Puede
funcionar este amor como suplencia de la función paterna?
El
analista sin responder en sintonía con los semblantes sociales y sin
enloquecer frente a estos goces desenfrenados, con su breve
intervención -en esta causa jurídica- propiciará
algún ordenamiento simbólico, algo menos precario, que el amor a
ese padre idealizado por Eme.
Este
analista “sin diván” y sin hacer asistencialismo (8) pero
haciendo semblante de objeto a (9) podrá abstenerse de su propio
goce e intentará hacer surgir algo del efecto sujeto.
Y así
podrá bordear la singularidad del amor y del deseo de Eme.
Condición
necesaria para poder escucharla diciendo:
“He
decidido ser lo que el Otro hizo de mí: la mujer de mi padre.”
Etiquetas:
Amor,
Biopolítica,
Violencia
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Un loco amor * - Cuarta parte
*
Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la
EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con
la participación de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca.)
Algunas
consideraciones
El incesto
no es novedoso y la actualidad con su aceleración nos corre,
dejándonos atónitos frente a la decadencia del orden simbólico
preexistente.
Esta causa
jurídica nos llevó a examinar con la ayuda de un juez, el Código
Penal de la República Argentina (4)
En sus
artículos 119 al 123 observamos, que no se sancionan estos hábitos
en tanto haya consentimiento (5) del incestuado y que éste sea mayor
de trece años.
Es la
sociedad quien las condena escandalosamente, desde el horror al
incesto.
Claro
está, que hay atenuantes y agravantes pero no es la ley penal la que
lo prohíbe, sino que es la sociedad quien lo condena moralmente,
desde el horror que el incesto inspira. (6)
Lo que se
presenta es una puesta en acto de lo que participa en la
constitución subjetiva de todo ser parlante y que ha de permanecer
reprimido –los bien conocidos tres diques freudianos-. (7): Asco,
vergüenza, y conciencia moral.
¿Qué es
lo distinto en este caso?
¿Cuál es
la diferencia hoy, en nuestros días?
Etiquetas:
Amor,
Biopolítica,
Violencia
miércoles, 28 de agosto de 2013
Un loco amor * - Tercera parte
*
Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la
EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con
la participación de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca.)
Una
caótica novela familiar
Este
tramado siniestro podría perfectamente ser el argumento fílmico de
un amor absurdo y grotesco.
¿Qué
objeto/causa de deseo para esta madre/abuela tan permisiva en un
inicio –inclusive frente a la evidencia del nacimiento de su primer
hijo/nieto?
¿Y por
qué luego tan iracunda sobre el final cuando
interrumpe por primera vez, el diálogo con su hija y con su esposo,
por considerarse recién allí defraudada por ambos?
¿Qué
decir de la función paterna tan mixturada?
¿Qué
sujeto deseante puede resultar allí donde nadie quiere perder nada?
¿A qué
goce se renuncia?
La
hija/esposa renegando de la castración ve en su padre/marido al
único hombre de su vida, a la única persona a quien ha llegado a
amar.
El padre
como único adulto, que quedó “del lado de ella, cuando todos la
hostigaban.
Los
hermanos ahora con la segregación a tope y con sus juegos abusivos
antes – en la infancia ella y cuatro de sus hermanos jugaban a
tener relaciones sexuales entre ellos y las concretaban- no le
perdonan a Eme haber sido la elegida de su padre.
La
vindicta pública queda a cargo de los vecinos por el horror que les
genera este amor prohibido.
Etiquetas:
Amor,
Biopolítica,
Violencia
miércoles, 21 de agosto de 2013
Un loco amor * - Segunda parte
*
Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la
EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con
la participación de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca.)
Recorte
de la causa y del caso Eme
Eme
tiene que presentarse en el Juzgado al casi revelarse la
relación “especial” de la joven con su padre, hecho por el que
fue además, culpabilizada y estigmatizada por su madre y hermanos.
Al nacer
su primer hijo sólo despertó sospechas pero ya con el segundo, Eme
se posicionó como pareja de su padre, decidiendo la convivencia
fuera de la familia originaria.
Por
sostener este lazo, fue condenada al exilio por el
Otro social.
Al
respecto Eme dice no entender, cuál es el problema de constituir una
pareja con su padre y reclama:
“¿Quién
puso la ley esa… que yo no puedo vivir con mi padre?” Luego
interpela:
“Ahora,
¿No es peor, no es asqueroso, esto de los matrimonios del mismo
sexo?”
Etiquetas:
Amor,
Biopolítica,
Violencia
miércoles, 14 de agosto de 2013
Un loco amor * - Primera parte
*
Por Silvia Salvarezza (Argumento presentado en las Jornadas de la
EOL, Buenos Aires 2010 y en el EA Brasil 2011 con
la participación de Silvia Batisttuzzi y Mónica Lucca. )
“Quien desordena su casa, hereda
viento (…)”* Proverbios, 11 -
(1)
Introducción
Eme, un
fenómeno freak desarticulado a la castración, al Padre (2) nos
interroga y aún hoy horroriza - al ser transmitido por los medios
masivos de comunicación- con un hecho que le sucede.
¿Cómo
proceder?
Nuestra
intervención en el campo social
Llega Eme
al Equipo Interdisciplinario de los Juzgados de Familia, tras
judicializarse su situación.
La
Institución demanda evaluar, controlar y psicodiagnosticar en
tan sólo tres entrevistas. Quieren saber, si Eme
de 23 años puede proteger a sus dos pequeños hijos, producto
del vínculo incestuoso con su padre, quien la iniciara sexualmente a
la temprana edad de 11 años. A propósito de este dato Eme acota
que ella también comenzó a “sentir cosas” por él.
A partir
de allí se le demanda al perito psicólogo - en este caso analista –
evaluar, controlar y psicodiagnosticar en un breve lapso.
El
psicoanalista con su acto no retrocederá, aún cuando lo que se le
pida es recubrir un mal encuentro y reducir los efectos del malestar
generados por las instituciones donde trabajamos. Suponiendo a Eme
como sujeto ético y de derecho, (3) el quehacer clínico puede
desplegarse en estos ámbitos, que responden al orden público.
Etiquetas:
Amor,
Biopolítica,
Violencia
miércoles, 1 de septiembre de 2010
¿CÓMO AMAMOS HOY?* - Sexta entrega
*Este texto forma parte del libro “¿Todo sobre las drogas?” (págs.156/164) de Ernesto S. Sinatra, Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora, 1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004); "Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" (Grama Ediciones, 2010)
2.3 La química del amor femenino
Hace ya algunos años escribí ¿Por qué los hombres son como son? libro en el que intenté situar ciertos ejes de la sexualidad masculina que determinan el malentendido de los sexos a partir del ensañamiento de los hombres con el falo (elemento central de los desajustes con el Otro sexo, pivote del rechazo al goce femenino en nombre de la castración). Hoy, luego de haberle dedicado a la empresa un segundo volumen1, nunca imaginé que esa pregunta –encarnada tradicionalmente como queja por las mujeres- encontraría su respuesta desde las neurociencias.
A través de una resonancia magnética nuclear se habría detectado que la amígdala del cerebro es uno de los centros primarios de la actividad emocional; pero esto no es todo, ya que a partir de aquí se afirma que las emociones tendrían género, pues se habría corroborado que la mayor presencia de oxitocina en las mujeres que en los hombres las encausa a ellas decididamente hacia el amor (especialmente en las madres, ya que es una hormona más activa en ese estado).
Deberíamos entonces responder que los hombres ‘son como son’ a causa del predominio de testosterona y –aquí viene la novedad–, especialmente por su escasa capacidad para emplear la otra hormona de referencia, la oxitocina, abanderada química de la liberación química femenina del nuevo siglo. A los hombres les faltaría lo que las mujeres producen sin inhibición (como sí lo harían los hombres con la oxitocina, inhibida por la testosterona).
Hace algunos días los periódicos han publicado, alarmados, índices crecientes de daños cardíacos producidos en las mujeres de nuestro país a causa de su agitado nivel de vida. Al mismo tiempo, algunas experimentaciones dicen haber comprobado que ‘las caricias y los abrazos cumplen una función terapéutica en el corazón de la mujer’, literalmente.
Aquí también –como no imaginarlo– es la oxitocina la encargada de bajar la presión sanguínea y el ritmo cardíaco. Ergo, hay que abrazarse más, lo que lleva a una indicación orientada desde la industria del comportamiento: conseguir partenairees (masculinos o no) que las abracen más.
Ahora comprobemos otras cualidades terapéuticas y funcionales atribuidas a la nueva panacea química, supuesta base real de la industria del amor aplicadas al género femenino: ‘estrechan el vínculo entre madres e hijos’; nos hace ‘mejores personas, más confiadas y confiables; pero, atención, sobre todo ayudaría a que las mujeres logren partenaires estables, ya que esta hormona: lograría ‘determinar el partenaire sexual por su capacidad de estimular a las mujeres para formar vínculos emocionales fuertes’.
Se desprende una ideología del amor, reintroducida por la química del sexo: desde influir en la elección del partenaire, hasta controlar el amor-pasional limitando sus efectos contingentes (ya que se sabe que la durabilidad es pautada).
Pero aún hay algo más, salida especialmente dedicada para aquellas mujeres que no han tenido demasiado éxito en la elección del partenaire sexuado, ya sea por desinterés o por neurosis: se habría demostrado que ‘shopping y sexo dan la misma satisfacción’ . Mis queridas señoras, señoritas, por si no lo entendieron aun: si no tienen partenaire tienen tarjeta de crédito. El shopping las espera; y -él sí- no las va a defraudar.
Pero por esta vía volvemos a encontrarnos, nuevamente, en el reino de los semblantes, deslizándonos –ahora de un modo canallesco– en una nueva de lo real.
2.3 La química del amor femenino
Hace ya algunos años escribí ¿Por qué los hombres son como son? libro en el que intenté situar ciertos ejes de la sexualidad masculina que determinan el malentendido de los sexos a partir del ensañamiento de los hombres con el falo (elemento central de los desajustes con el Otro sexo, pivote del rechazo al goce femenino en nombre de la castración). Hoy, luego de haberle dedicado a la empresa un segundo volumen1, nunca imaginé que esa pregunta –encarnada tradicionalmente como queja por las mujeres- encontraría su respuesta desde las neurociencias.
A través de una resonancia magnética nuclear se habría detectado que la amígdala del cerebro es uno de los centros primarios de la actividad emocional; pero esto no es todo, ya que a partir de aquí se afirma que las emociones tendrían género, pues se habría corroborado que la mayor presencia de oxitocina en las mujeres que en los hombres las encausa a ellas decididamente hacia el amor (especialmente en las madres, ya que es una hormona más activa en ese estado).
Deberíamos entonces responder que los hombres ‘son como son’ a causa del predominio de testosterona y –aquí viene la novedad–, especialmente por su escasa capacidad para emplear la otra hormona de referencia, la oxitocina, abanderada química de la liberación química femenina del nuevo siglo. A los hombres les faltaría lo que las mujeres producen sin inhibición (como sí lo harían los hombres con la oxitocina, inhibida por la testosterona).
Hace algunos días los periódicos han publicado, alarmados, índices crecientes de daños cardíacos producidos en las mujeres de nuestro país a causa de su agitado nivel de vida. Al mismo tiempo, algunas experimentaciones dicen haber comprobado que ‘las caricias y los abrazos cumplen una función terapéutica en el corazón de la mujer’, literalmente.
Aquí también –como no imaginarlo– es la oxitocina la encargada de bajar la presión sanguínea y el ritmo cardíaco. Ergo, hay que abrazarse más, lo que lleva a una indicación orientada desde la industria del comportamiento: conseguir partenairees (masculinos o no) que las abracen más.
Ahora comprobemos otras cualidades terapéuticas y funcionales atribuidas a la nueva panacea química, supuesta base real de la industria del amor aplicadas al género femenino: ‘estrechan el vínculo entre madres e hijos’; nos hace ‘mejores personas, más confiadas y confiables; pero, atención, sobre todo ayudaría a que las mujeres logren partenaires estables, ya que esta hormona: lograría ‘determinar el partenaire sexual por su capacidad de estimular a las mujeres para formar vínculos emocionales fuertes’.
Se desprende una ideología del amor, reintroducida por la química del sexo: desde influir en la elección del partenaire, hasta controlar el amor-pasional limitando sus efectos contingentes (ya que se sabe que la durabilidad es pautada).
Pero aún hay algo más, salida especialmente dedicada para aquellas mujeres que no han tenido demasiado éxito en la elección del partenaire sexuado, ya sea por desinterés o por neurosis: se habría demostrado que ‘shopping y sexo dan la misma satisfacción’ . Mis queridas señoras, señoritas, por si no lo entendieron aun: si no tienen partenaire tienen tarjeta de crédito. El shopping las espera; y -él sí- no las va a defraudar.
Pero por esta vía volvemos a encontrarnos, nuevamente, en el reino de los semblantes, deslizándonos –ahora de un modo canallesco– en una nueva de lo real.
miércoles, 25 de agosto de 2010
¿CÓMO AMAMOS HOY?* - Quinta entrega
*Este texto forma parte del libro “¿Todo sobre las drogas?” (págs.156/164) de Ernesto S. Sinatra, Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora, 1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004); "Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" (Grama Ediciones, 2010)
2.2 La industria de la economía del comportamiento nos hará inhalar confianza
Hoy sería posible, a partir de la neuro-economía (audaz cruce de la neurobiología con la economía) que la ciencia ‘mire’ el cerebro como quien mira lo que sucede en una empresa. ¿Para qué? La respuesta es obvia: por supuesto, para identificar las conductas de los consumidores e incidir sobre sus hábitos. ¿Y de qué manera?
De un modo extremadamente simple: veamos el primer efecto de la industria aplicada a la economía del comportamiento. Se dice que se ha comprobado que la substancia de la confianza es producto de una hormona: la oxitocina1. Por ello se ha llegado a idear un spray nasal que aumentar僘 鼠a confianza en los otros�(sic.), al par que disminuir僘 粗l sentimiento de peligrosidad causado por los extras� Al respecto no sabemos si de un modo irico o asertivo, nuestro conocido Antonio Damasio ha llegado a proponer dar ese tratamiento a los mitines para tranquilizar a las masas, infundi駭doles por un suculento roc卲 atmosf駻ico lanzado a escala masiva la confianza que la argumentaci pol咜ica no pudo o no supo administrar (supongo que algunos de uds. podr僘 estar pensando que tendr僘mos de este modo resuelto el problema del lazo asociativo, no so en la tensi campo-gobierno, sino -tambi駭- en nuestra Escuela, ya que bastar僘 con rociar la sala con oxitocina para distender las tensiones especulares y promover la confianza en el colega).
La oxitocina, hormona empleada como técnica de mercadeo serviría para ‘aceptar riesgos sociales que surjan de las interacciones personales’ (sic.). En una palabra, la aplicación de esta substancia contribuiría a la confianza –por ejemplo– del inversor, es decir, del consumidor; mientras que si generalizáramos este principio, nos encontraríamos, nada más ni nada menos, con un fundamento hormonal del lazo asociativo. El instinto gregario freudiano no tendría por causa la indefensión natural de la cría humana que conduciría a una nostálgica dirección al padre y a elaborar sus complejas relaciones con él, sino que el simple y automático empleo de una hormona nos ligaría al semejante, sin más ni menos.
Comprueben que ya podemos extraer de aquí un fundamento químico del amor sin manifestación alguna de subjetividad: con el empleo de la oxitocina resolveríamos el problema social y sexual de un solo golpe (perdón, de una sola aplicación).
miércoles, 18 de agosto de 2010
¿CÓMO AMAMOS HOY?* - Cuarta entrega
*Este texto forma parte del libro “¿Todo sobre las drogas?” (págs.156/164) de Ernesto S. Sinatra, Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora, 1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004); "Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" (Grama Ediciones, 2010)
Comprobemos algunos de esas consecuencias en algunos casos ejemplares.
2.1 Lo efímero de la pasión y su tratamiento
¿Cuánto dura la atracción sexual en una pareja, cuánto tarda en extinguirse la pasión?
Como bien saben –o se imaginan– los que se formulan esta pregunta ya saben la respuesta: la pasión ya los ha abandonado. Por eso cuando la interrogación es re-introducida por la ciencia en nombre de la química sexual debemos suponer que la neuro-economía y sus técnicas de mercadeo están vislumbrando alguna aplicación redituable.
El principio de partida consistió en afirmar que las investigaciones realizadas demuestran que la atracción sexual por el ser amado se debe a la coexistencia de tres neuro-transmisores: dopamina, noradrenalina y serotonina. La primera conclusión llevaría a afirmar que la pasión de una pareja dura entre uno y tres años (los dejo que cada uno haga sus cuentas). Y la conclusión propiciatoria del remedio que vendrá es muy simple:
Para extender la durabilidad de una relación pasional…hace falta confianza.
Ahora bien, ¿cómo y dónde se consigue confianza?
Comprobemos algunos de esas consecuencias en algunos casos ejemplares.
2.1 Lo efímero de la pasión y su tratamiento
¿Cuánto dura la atracción sexual en una pareja, cuánto tarda en extinguirse la pasión?
Como bien saben –o se imaginan– los que se formulan esta pregunta ya saben la respuesta: la pasión ya los ha abandonado. Por eso cuando la interrogación es re-introducida por la ciencia en nombre de la química sexual debemos suponer que la neuro-economía y sus técnicas de mercadeo están vislumbrando alguna aplicación redituable.
El principio de partida consistió en afirmar que las investigaciones realizadas demuestran que la atracción sexual por el ser amado se debe a la coexistencia de tres neuro-transmisores: dopamina, noradrenalina y serotonina. La primera conclusión llevaría a afirmar que la pasión de una pareja dura entre uno y tres años (los dejo que cada uno haga sus cuentas). Y la conclusión propiciatoria del remedio que vendrá es muy simple:
Para extender la durabilidad de una relación pasional…hace falta confianza.
Ahora bien, ¿cómo y dónde se consigue confianza?
miércoles, 11 de agosto de 2010
¿CÓMO AMAMOS HOY?* - Tercera entrada
Este texto forma parte del libro “¿Todo sobre las drogas?” (págs.156/164) de Ernesto S. Sinatra, Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora, 1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004); "Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" (Grama Ediciones, 2010)
2 - EL AMOR QUÍMICO SE COTIZA EN EL MERCADO
En otra oportunidad1 me referí a las paradojas del consumo y clasifiqué las conductas del consumidor en torno de tres respuestas subjetivas: tontos, cínicos y canallas.
Siguiendo la enseñanza de Jacques Lacan identifiqué a los tontos en su función de individuos de masas, aquellos que creen en el Otro ciegamente, objetos manipulables dispuestos a la medida del mercado. El mercado, promotor de la identificación de los consumidores para formarlos obedientes a sus leyes, consumidores amalgamados previamente por la publicidad para determinar sus comportamientos, programados a la medida del individuo universal ‘globalizado’ a partir del ‘Todos consumidores’: todos iguales, homogéneos, es decir, objetos a ser consumidos por el mercado.
Eric Laurent demostraba recientemente cómo, en la aplicación de una regla, de cualquier regla, se encubre una elección de goce: es decir, que en el intento de regular los comportamientos universalmente (ley, regla, norma o procedimiento) se contrabandea el goce de su aplicación. Una regla nunca dirá el goce que cifra en las condiciones de su aplicación: la gula del super-yo siempre acecha entre líneas.
Por eso la canallada define muy bien tal aplicación de leyes en nombre del mercado (recordemos que Lacan caracteriza al canalla como aquél que, sabiendo de la inexistencia del Otro, se aprovecha y ocupa ese lugar vacío, transformándose él mismo en el Otro del Otro –como si ese Otro realmente existiese, haciéndolo existir por ese ‘simple’ procedimiento de sustitución).
Por el otro lado, quedar fuera de las leyes de la ciudad, tal es el intento de los toxicómanos, quienes pretenden de un modo cínico gozar a partir de la inexistencia del Otro; aunque a menudo esos mismos individuos son re-incorporados en esas mismas redes desde las múltiples ofertas de colectivización del goce (granjas de rehabilitación, centros de asistencia para toxicómanos, redes sanitarias para drogadictos).
En estas coordenadas, ¿qué queda del amor?
Lo que vamos a considerar ahora constituye un tratamiento de lo real del goce que tiene precisas consecuencias sobre la subjetividad al operar en nombre de la ciencia.
Con el empleo de fármacos se intenta, una vez más, hacernos ‘tragar la píldora’2. La originalidad del discurso capitalista hace posible esta torsión del discurso del amo a partir del ‘Todos consumidores’: ciencia y tecnología de punta amalgamados, forcluyen al sujeto en nombre del universal promovido por el mercado.
Desde una neo-disciplina, la neuro-economía (audaz cruce de la neurobiología con la economía) se ha arribado a la invención de un nuevo amor.
Se trata aquí de una nueva promesa de felicidad, producto y combinación de las más sofisticadas técnicas del mercadeo: el amor químico.
Con substancias de la producción industrial combinadas con otras producidas por el organismo, la ciencia intenta hacer posible –suturando la no-relación sexual– lo que se consideraba imposible hasta hace un momento nomás: con el tapón del amor químico se nos ofrece la promesa de una felicidad por vía del mercado.
Pero consideremos más de cerca el alcance de esta intervención del mercado sobre los cuerpos. Nuestra hipótesis de base es que en la época de la inexistencia del Otro se pretende colocar en el lugar vacío del Dios-padre-occidental al Dios químico como causa de lo humano.
Se trata de un nuevo intento de rediseñar lo real del goce a partir de la proliferación de semblantes cientificistas producidos en torno de un programa universal de localización de lo real neuronal, supuesto etiológico del comportamiento humano.
Para nosotros, es claro que no se trata aquí de rechazar el programa de investigación en sí mismo (sería una tontería), sino de designar las precisas consecuencias de aplastamiento subjetivo que se promueven en su aplicación, ya que con el fundamento neuro-biológico del comportamiento se intenta desplazar la función real del acto como eje de la elección subjetiva, promoviendo una ideología del consumo que rechaza la responsabilidad como fundamento ético de la acción humana.
2 - EL AMOR QUÍMICO SE COTIZA EN EL MERCADO
En otra oportunidad1 me referí a las paradojas del consumo y clasifiqué las conductas del consumidor en torno de tres respuestas subjetivas: tontos, cínicos y canallas.
Siguiendo la enseñanza de Jacques Lacan identifiqué a los tontos en su función de individuos de masas, aquellos que creen en el Otro ciegamente, objetos manipulables dispuestos a la medida del mercado. El mercado, promotor de la identificación de los consumidores para formarlos obedientes a sus leyes, consumidores amalgamados previamente por la publicidad para determinar sus comportamientos, programados a la medida del individuo universal ‘globalizado’ a partir del ‘Todos consumidores’: todos iguales, homogéneos, es decir, objetos a ser consumidos por el mercado.
Eric Laurent demostraba recientemente cómo, en la aplicación de una regla, de cualquier regla, se encubre una elección de goce: es decir, que en el intento de regular los comportamientos universalmente (ley, regla, norma o procedimiento) se contrabandea el goce de su aplicación. Una regla nunca dirá el goce que cifra en las condiciones de su aplicación: la gula del super-yo siempre acecha entre líneas.
Por eso la canallada define muy bien tal aplicación de leyes en nombre del mercado (recordemos que Lacan caracteriza al canalla como aquél que, sabiendo de la inexistencia del Otro, se aprovecha y ocupa ese lugar vacío, transformándose él mismo en el Otro del Otro –como si ese Otro realmente existiese, haciéndolo existir por ese ‘simple’ procedimiento de sustitución).
Por el otro lado, quedar fuera de las leyes de la ciudad, tal es el intento de los toxicómanos, quienes pretenden de un modo cínico gozar a partir de la inexistencia del Otro; aunque a menudo esos mismos individuos son re-incorporados en esas mismas redes desde las múltiples ofertas de colectivización del goce (granjas de rehabilitación, centros de asistencia para toxicómanos, redes sanitarias para drogadictos).
En estas coordenadas, ¿qué queda del amor?
Lo que vamos a considerar ahora constituye un tratamiento de lo real del goce que tiene precisas consecuencias sobre la subjetividad al operar en nombre de la ciencia.
Con el empleo de fármacos se intenta, una vez más, hacernos ‘tragar la píldora’2. La originalidad del discurso capitalista hace posible esta torsión del discurso del amo a partir del ‘Todos consumidores’: ciencia y tecnología de punta amalgamados, forcluyen al sujeto en nombre del universal promovido por el mercado.
Desde una neo-disciplina, la neuro-economía (audaz cruce de la neurobiología con la economía) se ha arribado a la invención de un nuevo amor.
Se trata aquí de una nueva promesa de felicidad, producto y combinación de las más sofisticadas técnicas del mercadeo: el amor químico.
Con substancias de la producción industrial combinadas con otras producidas por el organismo, la ciencia intenta hacer posible –suturando la no-relación sexual– lo que se consideraba imposible hasta hace un momento nomás: con el tapón del amor químico se nos ofrece la promesa de una felicidad por vía del mercado.
Pero consideremos más de cerca el alcance de esta intervención del mercado sobre los cuerpos. Nuestra hipótesis de base es que en la época de la inexistencia del Otro se pretende colocar en el lugar vacío del Dios-padre-occidental al Dios químico como causa de lo humano.
Se trata de un nuevo intento de rediseñar lo real del goce a partir de la proliferación de semblantes cientificistas producidos en torno de un programa universal de localización de lo real neuronal, supuesto etiológico del comportamiento humano.
Para nosotros, es claro que no se trata aquí de rechazar el programa de investigación en sí mismo (sería una tontería), sino de designar las precisas consecuencias de aplastamiento subjetivo que se promueven en su aplicación, ya que con el fundamento neuro-biológico del comportamiento se intenta desplazar la función real del acto como eje de la elección subjetiva, promoviendo una ideología del consumo que rechaza la responsabilidad como fundamento ético de la acción humana.
miércoles, 4 de agosto de 2010
¿CÓMO AMAMOS HOY?* - Segunda parte
Este texto forma parte del libro “¿Todo sobre las drogas?” de Ernesto S. Sinatra, (págs.156/164) Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora, 1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004); "Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" (Grama Ediciones, 2010)
El trabajo analítico en esta dirección intentará resituar las coordenadas singulares de cada individuo para que advenga sujeto del inconsciente1. La operación transferencial, por la vía del amor al saber ofrecerá la coartada para dar tratamiento al goce des-localizado, pero derramado en el organismo.
De la irrupción de goce sin ligazón, des-localizado por el sufrimiento que ha tomado la carne y el pensamiento, a la re-localización del goce en el cuerpo configurado por la re-libidinización de los bordes pulsionales, haciendo existir el inconsciente por la vía de lo que los analistas llamamos el objeto a , invención del doctor Lacan para dar cuenta de la paradójica satisfacción humana que se apodera de trozos del cuerpo desde los cuales podemos arribar a la elucidación de la causa del deseo para, entonces sí, aliviar el sufrimiento.
Por ello se trata para nosotros de una decisión, trazada en nombre del deseo del analista, ya no en la espera tradicional y nostálgica de un padre que responda. Ese padre, el de la tradición, el de las pretendidas garantías infinitas, él ya no existe y no podremos revivirlo.
Hacer función de objeto para el analista es no dejarse tomar por el representante representativo del amo de turno, rehusar a transformarse en ‘agente del marketing de la industria’. Hacer función de objeto para cada analista es nuestra vía para responder a la neurosis de masas, para no hacer nosotros, a su vez, masa con las neurosis en el nombre del padre. Responder así a la presión del mercado que intenta que consumamos sus medicamentos, que usemos de un modo a-crítico sus instituciones normativizantes, que acatemos ciegamente a sus diagnósticos automáticos, recordando que en cada norma que se intenta aplicar en el nombre del bien común nunca se explicita que lo primero que se espera de la norma que se aplica es que a ella se obedezca, pues el goce de su aplicación siempre es acumulación de poder, aunque aquél que la aplique no tenga de ello ni la menor idea2.
Queremos analistas advertidos –junto a psiquiatras decididos– para respetar la subjetividad cada vez más amenazada por la normativización del mercado consumista que empuja a la soledad globalizada, en la paradoja de inundar los escaparates de las tiendas con innúmeros productos de la mano de la tecnología más avanzada.
Pero ¿y el amor -más allá de su localización en Internet, al que ya hicimos referencia- donde encontrarlo hoy?
miércoles, 28 de julio de 2010
¿CÓMO AMAMOS HOY?* - Primera Parte
*Este texto forma parte del libro “¿Todo sobre las drogas?” de Ernesto S. Sinatra, (págs.156/164) Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Psicoanalista, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); co-fundador del TYA (red de Toxicomanía y Alcoholismo) y autor de "Consecuencias del psicoanálisis" (Anáfora, 1991); "¿Por qué los hombres son como son?" (Atuel, 1993); "La racionalidad del psicoanálisis" (Plural, 1996); "Más allá de las drogas" (Plural, 2000);"De los conceptos a los matemas" (Cuad.del ICBA, 2001); "Nosotros, los hombres" (Tres Haches,2003); "Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis" (C.ICBA 2004); "Las neurosis -jeroglíficos, blasones, laberintos" (C.ICBA, 2009) y "¿Todo sobre las drogas?" (Grama Ediciones, 2010)
“El amor es tóxico”
1 – EL AMOR PÁNICO
Decíamos que la toxicomanía generalizada nombra el empuje al goce autista que recae sobre todos los individuos –objeto real del consumo– reunidos con sus gadgets en soledad globalizada. Pero entonces, ya que los fenómenos que caracterizan a las patologías actuales llevan la marca de ese goce autista, ¿qué lugar para el amor?
Hoy el amor -el encuentro con el Otro sexo- verdaderamente suele dar miedo, un miedo pánico. Saben ustedes que el ataque de pánico constituye un fenómeno que es destacado por el Manual de Diagnóstico en Salud Mental (DSM) en un lugar relevante, vamos a precisar ahora por qué.
La sociología contemporánea caracteriza a la época actual por el pasaje de la sociedad tradicional a la sociedad de riesgo y describe las transformaciones sociales producidas a partir de este pasaje1.
El desprendimiento de la tradición por parte de la sociedad moderna deja a los ciudadanos solos frente al porvenir; el encadenamiento del pasado con el futuro advino precario pues la tradición ya no asegura con sus normas y rituales un futuro predecible; en la modernidad tardía la conexión de lo pasado y lo futuro adviene contingente, ya no necesaria. Por todo eso, para nosotros el pánico –conjuntamente con la depresión– constituyen dos paradigmas actuales de nuestro tiempo.
Centrémonos ahora en el denominado ataque de pánico, en él se halla incluido su protagonista: el pánico, afecto que, en principio, marca el punto exacto del desfallecimiento del Otro, la caída del Otro de la tradición y sus normas que daban garantía a los ciudadanos para hacerle previsible el mañana: como suele decirse, en el pánico no hay Otro que valga: el individuo se halla mortalmente solo frente a su dolor de existir. Pero también el pánico evidencia, al mismo tiempo, la ausencia máxima de sentido: de pronto algo surge que desespera al sujeto, llevándolo hasta la máxima sensación de vértigo, pero cuando se intenta precisar qué fue lo que pasó, allí no ocurrió -en verdad- nada; o lo que es lo mismo, aunque las consecuencias sean devastadoras a nivel del cuerpo –sudor, agitación, sensación de muerte, etc.– lo que ocurrió no tiene ningún sentido. En el ataque de pánico se evidencia la falla constitutiva del sentido, no hay sentido que pueda evitar o explicar lo que allí ha acontecido; o –permítanme que lo diga de esta forma– no hay sentido que opere en el nombre del padre para fijar la irrupción del goce en el cuerpo, para decir que no a ese radical sin-sentido que parece terminar con todo.
Es en esta perspectiva que el pánico es el afecto de la inexistencia misma del Otro (del Otro apaciguador, del buen padre, del padre de la tradición normativizante). Pero también es el pánico el afecto que marca la presencia concomitante de lo real sin investidura representacional (no hay palabra que nombre –es decir: que apacigüe– lo que acontece); el pánico da cuenta de la falta misma de representación, de la fuga estructural del sentido, de la ausencia irremediable del Otro del lenguaje (del que el padre freudiano había parodiado ser el garante en la pantomima edípica al confundir prohibición con imposibilidad).
Un problema clínico de aquí se desprende, y es acuciante: cómo transformar el pánico en angustia en cada caso de urgencia subjetiva.
“El amor es tóxico”
1 – EL AMOR PÁNICO
Decíamos que la toxicomanía generalizada nombra el empuje al goce autista que recae sobre todos los individuos –objeto real del consumo– reunidos con sus gadgets en soledad globalizada. Pero entonces, ya que los fenómenos que caracterizan a las patologías actuales llevan la marca de ese goce autista, ¿qué lugar para el amor?
Hoy el amor -el encuentro con el Otro sexo- verdaderamente suele dar miedo, un miedo pánico. Saben ustedes que el ataque de pánico constituye un fenómeno que es destacado por el Manual de Diagnóstico en Salud Mental (DSM) en un lugar relevante, vamos a precisar ahora por qué.
La sociología contemporánea caracteriza a la época actual por el pasaje de la sociedad tradicional a la sociedad de riesgo y describe las transformaciones sociales producidas a partir de este pasaje1.
El desprendimiento de la tradición por parte de la sociedad moderna deja a los ciudadanos solos frente al porvenir; el encadenamiento del pasado con el futuro advino precario pues la tradición ya no asegura con sus normas y rituales un futuro predecible; en la modernidad tardía la conexión de lo pasado y lo futuro adviene contingente, ya no necesaria. Por todo eso, para nosotros el pánico –conjuntamente con la depresión– constituyen dos paradigmas actuales de nuestro tiempo.
Centrémonos ahora en el denominado ataque de pánico, en él se halla incluido su protagonista: el pánico, afecto que, en principio, marca el punto exacto del desfallecimiento del Otro, la caída del Otro de la tradición y sus normas que daban garantía a los ciudadanos para hacerle previsible el mañana: como suele decirse, en el pánico no hay Otro que valga: el individuo se halla mortalmente solo frente a su dolor de existir. Pero también el pánico evidencia, al mismo tiempo, la ausencia máxima de sentido: de pronto algo surge que desespera al sujeto, llevándolo hasta la máxima sensación de vértigo, pero cuando se intenta precisar qué fue lo que pasó, allí no ocurrió -en verdad- nada; o lo que es lo mismo, aunque las consecuencias sean devastadoras a nivel del cuerpo –sudor, agitación, sensación de muerte, etc.– lo que ocurrió no tiene ningún sentido. En el ataque de pánico se evidencia la falla constitutiva del sentido, no hay sentido que pueda evitar o explicar lo que allí ha acontecido; o –permítanme que lo diga de esta forma– no hay sentido que opere en el nombre del padre para fijar la irrupción del goce en el cuerpo, para decir que no a ese radical sin-sentido que parece terminar con todo.
Es en esta perspectiva que el pánico es el afecto de la inexistencia misma del Otro (del Otro apaciguador, del buen padre, del padre de la tradición normativizante). Pero también es el pánico el afecto que marca la presencia concomitante de lo real sin investidura representacional (no hay palabra que nombre –es decir: que apacigüe– lo que acontece); el pánico da cuenta de la falta misma de representación, de la fuga estructural del sentido, de la ausencia irremediable del Otro del lenguaje (del que el padre freudiano había parodiado ser el garante en la pantomima edípica al confundir prohibición con imposibilidad).
Un problema clínico de aquí se desprende, y es acuciante: cómo transformar el pánico en angustia en cada caso de urgencia subjetiva.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)