miércoles, 10 de marzo de 2010

ESTUDIOS PRELIMINARES SOBRE LA ANOREXIA Y BULIMIA EN LOS PRIMEROS ESCRITOS FREUDIANOS * - Última parte




* Este trabajo fue presentado en la XV Jornada de Investigación y el Cuarto Encuentro de Investigadores del Mercosur (Buenos Aires-2008) por:
Edit Beatriz Tendlarz – Osvaldo Rafael Rodríguez– Alicia Donghi - Ezequiel Weitzman - Gastón Gómez



En el texto “Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad” Freud nos transmite, más detalladamente y en una serie de pasos, cómo se produce un síntoma histérico. Primero, está la práctica autoerótica destinada a la ganancia de goce de una zona erógena del cuerpo (el chupeteo de Dora en nuestro caso). Segundo, se produce una soldadura entre ésta con “una representación-deseo tomada del círculo del amor de objeto” (Freud, 1908: 143) (Dora chupándose el pulgar mientras que acariciaba la oreja de su hermano). De esta manera, la fantasía (3) (Freud, 1897: 288) le brinda una escena y un objeto (fijación de objeto a la modalidad pulsional) a la práctica autoerótica (goce pulsional) para la realización de deseo enmarcándose en el campo del principio de placer. Y tercero, el tiempo de la represión con la renuncia “a esta clase de satisfacción masturbatoria y fantaseada, la fantasía misma (…) deviene inconsciente” (Freud, 1908: 143).




Concluye señalando que “si no se introduce otra modalidad de la satisfacción sexual, si la persona permanece en la abstinencia y no consigue sublimar su libido, vale decir, desviar la excitación sexual hacia una meta superior, está dada la condición para que la fantasía inconsciente se refresque, prolifere y se abra paso como síntoma patológico” (Freud, 1908: 143).


En la conferencia 23 titulada “Los caminos de la formación de síntoma”, menciona cómo se producen los síntomas neuróticos. Freud desarrolla la causa de esa producción. Sostiene que las personas “enferman a raíz de una frustración cualquiera, cuando la realidad les escatima la satisfacción de sus deseos sexuales” (Freud, 1916/1917: 274). La libido insatisfecha, rechazada por la realidad, tiene que buscar otros caminos para su satisfacción. Es por el camino de la regresión que “la libido es cautivada por la fijación que ella ha dejado tras sí en esos lugares de su desarrollo” (Freud, 1916/1917: 327).


Estos puntos de fijación no son otra cosa que las fantasías que soportan y fijan una modalidad de satisfacción pulsional, que ha sido resignada en su momento -pero no por completo. Allí Freud se pregunta y se contesta: “¿Cómo encuentra la libido el camino hacia esos lugares de fijación? Bien; todos los objetos y orientaciones de la libido resignados no lo han sido todavía por completo. Ellos o sus retoños son retenidos aún con cierta intensidad en las representaciones de la fantasía. La libido no tiene más que volver a las fantasías para hallar expedito desde ellas el camino a cada fijación reprimida. Estas fantasías gozan de cierta tolerancia (…)” (Freud, 1916/1917: 340). Recordemos el valor de “poetizaciones protectoras” que le brinda Freud a las fantasías. ¿Ante qué las fantasías gozan de cierta tolerancia? Podría decirse que es ante la satisfacción de la pulsión. Se llega al conflicto y, en el mejor de los casos, a la formación del síntoma, si se cumple una “condición de naturaleza cuantitativa” (4), (Freud, 1916/1917: 340), cuando esta regresión de la libido –por una frustración que le impone la realidad a la satisfacción sexual- causa una sobreinvestidura en la fantasía que “se eleva tanto que ellas se vuelven exigentes, desarrollan un esfuerzo, orientado hacia la realización” (Freud, 1916/1917: 340).


Con estas conceptualizaciones retomamos el síntoma anoréxico –histérico- que presenta Dora. Este síntoma aparece después de la escena del beso con el Sr. K. Esta vivencia produce un desprendimiento de displacer por la tendencia a la realización de la fantasía (sobreinvestidura de la fantasía) que enmarcaba su goce pulsional dentro del principio del placer, dejándola sin recursos, a solas en el encuentro con la pulsión oral. Así se constituye el síntoma del asco frente a los alimentos como una formación de compromiso ante la irrupción pulsional más allá del principio del placer.


“El síntoma repite de algún modo aquella modalidad de satisfacción de su temprana infancia (…)” (Freud, 1916/1917: 333), en la cual está implicada la satisfacción de la pulsión oral y la boca como zona erógena privilegiada, cristalizándose en la práctica sexual del chupeteo. Afirma a continuación: “Esta satisfacción está desfigurada por la censura que nace del conflicto, por regla general volcada a una sensación de sufrimiento y mezclada con elementos que provienen de la ocasión que llevó a contraer la enfermedad (…)” (Freud, 1916/1917: 333) El asco es producto de la represión por “la desautorización de lo sexual” que surgió en la escena del beso.


De esta manera es que pensamos este síntoma anoréxico de Dora como un síntoma neurótico, es decir como un sustituto de las satisfacciones sexuales (Freud, 1916/1917: 274.)


A partir del estudio de los primeros textos de la obra de Freud, se derivan conclusiones en relación con la presencia de síntomas anoréxicos y bulímicos tanto en las neurosis actuales (neurastenia y neurosis de angustia) como en las psiconeurosis (en este caso, la histeria).


Es interesante destacar la manera en que la que Freud se ocupa del cuerpo a lo largo del estudio de los diferentes historiales.



________________________________________


Notas


(1) Se observa en el historial cómo Freud va dejando atrás la concepción del trauma sexual como una vivencia realmente acontecida por la práctica sexual infantil, modificando así la concepción sobre el mecanismo de formación del síntoma histérico. Estos “…ya no aparecían más como retoños directos de los recuerdos reprimidos de vivencias sexuales infantiles, sino que entre los síntomas y las impresiones infantiles se intercalaban las fantasías (invenciones de recuerdos) de los enfermos (…) Tras esta enmienda, los «traumas sexuales infantiles» fueron sustituidos en cierto sentido por el «infantilismo de la sexualidad»”. (Freud, 1906 (1905): 266).


(2) “Dora conservaba clara en la memoria una imagen de sus años de infancia: estaba sentada en el suelo, en un rincón, chupándose el pulgar de la mano izquierda, mientras con la derecha daba tironcitos al lóbulo de la oreja de su hermano, que estaba ahí quieto, sentado” (Freud, 1905 (1901): 46-7)


(3) Ya temprano en su obra, Freud le da cualidad de “poetizaciones protectoras” a las fantasías.


(4) Recordemos que en la conferencia 18 “La fijación al trauma, lo inconsciente”, Freud le adjudica un factor económico al trauma: “La aplicamos a una vivencia que en breve lapso provoca en la vida anímica un exceso tal en la intensidad de estímulo que su tramitación o finiquitación (Aufarbeitung) por las vías habituales y normales fracasa, de donde por fuerza resultan trastornos duraderos para la economía energética”. (Freud, 1916/1917: 252, 340, 333, 274.)

Bibliografía:


S. Freud: 1896a, “Manuscrito K. Las neurosis de defensa”, AE 1.
S. Freud: 1896b, “La herencia y la etiología de las neurosis”; AE 3.
S. Freud: 1893, “Carta 14”, AE 1.
S. Freud: 1894, “Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de neurosis de angustia”, AE 3.
S. Freud: 1893-95a, “Estudios sobre la histeria (J. Breuer y S. Freud)”, AE 2.
S. Freud: 1893-95b, (Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos: comunicación preeliminar (Breuer y Freud), AE 2.
S. Freud: 1905 (1901), “Fragmento de análisis de un caso de histeria (Dora)”, AE 7.
S. Freud: 1905, “Tres ensayos de teoría sexual”, AE 7.
S. Freud: 1908, “Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad”, AE 9.
S. Freud: 1897, “Carta 61”, AE 1.
S. Freud: 1895, “Manuscrito G. Melancolía”, AE 1.
S. Freud: 1917 (1915), “Duelo y melancolía”, AE 14.
S. Freud: 1906 (1905), “Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis”, AE 7.
S. Freud: 1916/1917, “Conferencias de introducción al psicoanálisis (Parte III)”, AE 16

miércoles, 3 de marzo de 2010

ESTUDIOS PRELIMINARES SOBRE LA ANOREXIA Y BULIMIA EN LOS PRIMEROS ESCRITOS FREUDIANOS* - Segunda Parte

* Este trabajo fue presentado en la XV Jornada de Investigación y el Cuarto Encuentro de Investigadores   del Mercosur (Buenos Aires-2008) por:
Edit Beatriz Tendlarz – Osvaldo Rafael Rodríguez– Alicia Donghi - Ezequiel Weitzman - Gastón Gómez



Avanzando en estas cuestiones se podrá pesquisar la incidencia en estos síntomas de la boca como zona erógena y de la pulsión oral. En el Manuscrito K (Freud 1896a: 260 a 269) Freud plantea que “Debemos sumirnos hasta lo profundo del enigma psicológico si pretendemos inquirir de dónde proviene el displacer que una estimulación sexual prematura está destinada a desprender, y sin el cual no se explicaría una represión {esfuerzo de desalojo}. La respuesta más inmediata invocará que vergüenza y moralidad son las fuerzas represoras, y que la vecindad natural de los órganos sexuales infaltablemente despertará también asco a raíz de la vivencia sexual (...) Mi opinión es que dentro de la vida sexual tiene que existir una fuente independiente de desprendimiento de displacer; presente ella, puede dar vida a las percepciones de asco, prestar fuerza a la moral, etcétera” (Freud, 1896a: 261/2) Pensamos esta fuente de desprendimiento de displacer como un antecedente del concepto de pulsión –siendo en este texto el núcleo de las neurosis de angustia-, y lo que nombra como órganos sexuales un antecedente de las zonas erógenas; la sexualidad infantil, como traumática (Freud, 1896a: 260).

Con estos antecedentes tomaremos ahora el caso Dora para avanzar en nuestra investigación. Dora presenta -entre otros síntomas histéricos- un síntoma anoréxico. Tal como Freud lo describe en un pasaje del historial “comía mal y confesaba cierta repugnancia por los alimentos” (Freud, 1905 (1901): 27). Aunque Freud en primera instancia reconduce este síntoma a la escena del beso con el señor K que Dora relata que, con efecto retardado (nachträglich), produce un desprendimiento de displacer que se trasluce por desplazamiento en el sentimiento de asco, sin embargo va a discernir la causa de este síntoma a otro factor (1): “En lugar de la sensación genital que en tales circunstancias una muchacha sana no habría dejado de sentir, le sobreviene la sensación de displacer propia de la mucosa del tramo de entrada del aparato digestivo, vale decir, el asco. Sin duda, influyó sobre esta localización la excitación de los labios por el beso; pero yo creo discernir también el efecto de otro factor.” (Freud, 1905 (1901): 27.)
Freud menciona en el apartado “La pulsión sexual en los neuróticos” de “Tres ensayos...” los factores (“el efecto de otro factor”) en la conformación de un síntoma histérico (Freud, 1905, 149/50)


• El carácter constitucional esencial en la histeria en “el despliegue hiperpotente (übermächtig) de la pulsión”


• Sitúa el recurso a la enfermedad “entre el esforzar de la pulsión y la acción contrarrestante de la desautorización sexual”


• En la represión, “un aumento de las resistencias a la pulsión sexual, resistencias que conocimos como vergüenza, asco y moral.”

Y en el caso Dora (Freud, 1905 (1901): 37, 42, 100) menciona acerca del síntoma que:


• “No puede producirse sin cierta solicitación (transacción) somática brindada por un proceso normal o patológico en el interior de un órgano del cuerpo” Es decir, el grano de arena (neurosis de angustia) en todo síntoma neurótico;


• Para que se conforme un síntoma propiamente histérico es necesario un sentido psíquico, que le es soldado en un segundo tiempo; postula una fórmula con validez universal “un síntoma significa la figuración –realización- de una fantasía de contenido sexual, vale decir, de una situación sexual” y que “los fenómenos patológicos son, dicha y llanamente, la práctica sexual de los enfermos.”

Aclaremos que tomamos este síntoma anoréxico siguiendo la misma línea de los otros síntomas que presenta Dora (tos y afonía), es decir, dando cuenta de la misma fantasía inconsciente en la cual se sostiene, en su sentido sexual y en la modalidad pulsional que está en juego.
Freud menciona que Dora había sido en su infancia una chupeteadora (2): “La intensa activación de esta zona erógena a temprana edad es, por tanto, la condición para la posterior solicitación somática de parte del tracto de mucosa que empieza en los labios” (Freud, 1905 (1901): 47).
Este quehacer infantil (sexual) proporciona la precondición somática para la creación de una fantasía. Dora, con su tos, representaba una fantasía (perversa) cuyo contenido refiere a una situación de satisfacción sexual oral en relación con el padre y la Sra. K (fellatio): “Así, esta fantasía perversa de la succión del pene, desde todo punto de vista chocante, tiene el más inocente origen; es la nueva versión de una impresión que ha de llamarse prehistórica, la de la succión del pecho de la madre o de la nodriza” (Freud, 1905 (1901): 46 y 47.)
En “Tres ensayos...” menciona la actividad del chupeteo “como una exteriorización sexual (...) de la práctica sexual infantil” (Freud, 1905: 164), siendo una práctica autoerótica que se satisface en el mismo cuerpo (meta de la pulsión) ya que no está dirigida a otra persona, y que la pulsión nace primero apuntalándose en las necesidades vitales y sólo luego se divorcia de ella: “Quien vea a un niño saciado adormecerse en el pecho materno, con sus mejillas sonrosadas y una sonrisa beatífica, no podrá menos que decirse que este cuadro sigue siendo decisivo también para la expresión de la satisfacción sexual en la vida posterior. La necesidad de repetir la satisfacción sexual se divorcia entonces de la necesidad de buscar alimento”. En esta práctica “está constitucionalmente reforzado el valor erógeno de la zona de los labios” (fuente pulsional). Más adelante dice: “Pero si sobreviene la represión, sentirán asco frente a la comida y producirán vómitos histéricos (recordemos al asco como un dique psíquico producto de la represión inhibiendo el camino de la pulsión sexual) (Freud, 1905: 161 y 164/5).
Siendo la zona labial un campo de acción recíproca {Gemeinsamkeit}, la represión invadirá la pulsión de nutrición. Muchas de mis pacientes con trastornos alimentarios, globus hystericus, estrangulamiento de la garganta y vómitos, fueron en sus años infantiles enérgicas chupeteadoras.” (Freud, 1905: 165).

miércoles, 24 de febrero de 2010

ESTUDIOS PRELIMINARES SOBRE LA ANOREXIA Y BULIMIA EN LOS PRIMEROS ESCRITOS FREUDIANOS * - Primera parte

* Este trabajo fue presentado en la XV Jornada de Investigación y el Cuarto Encuentro de Investigadores del Mercosur (Buenos Aires-2008) por:
Edit Beatriz Tendlarz – Osvaldo Rafael Rodríguez– Alicia Donghi -
Ezequiel Weitzman - Gastón Gómez


En los primeros escritos de Freud encontramos en las distintas neurosis y en la melancolía síntomas anoréxicos y bulímicos, relacionándolos con perturbaciones en la práctica sexual actual de los pacientes en la neurastenia y en la neurosis de angustia; en la histeria cuando la defensa se dirige contra una/s representaciones de tinte sexual que producen un desprendimiento de displacer; con una pérdida de libido en la melancolía; y más tarde cuando conceptualiza la pulsión con la modalidad pulsional y la zona erógena en juego.Por ejemplo, Freud comenta un caso de neurastenia (que se caracteriza por un empobrecimiento libidinal) en un hombre de 34 años que desde hace tres está inapetente y que ha perdido veinte kilos, “un hombre de potencia sólo moderada, frígido” (Freud, 1896). Se puede pensar en este caso la presencia de un síntoma anoréxico. Con respecto a la neurosis de angustia, Freud elabora una extensa sintomatología clínica en la cual menciona varias veces los “ataques de hambre insaciable y vómitos” (Freud, 1894: 92 a 99) que se pueden ubicar más del lado de un síntoma bulímico. La especificidad de estas neurosis (llamadas luego “neurosis actuales”) se encuentra en “un desorden de la vida sexual actual” (Freud, 1896b: 149.), y en que no se produce una tramitación psíquica de la tensión sexual, diferenciándose así de la histeria. Aunque la sintomatología de estas tres neurosis sea semejante, Freud las diferencia unas de otras por un empobrecimiento de excitación (neurastenia) y una acumulación de excitación (neurosis de angustia), en tanto que ésta última se diferencia de la histeria en que: “…aquí como allí, en vez de un procesamiento psíquico interviene una desviación de la excitación hacia lo somático; la diferencia reside meramente en que la excitación en cuyo desplazamiento {descentramiento} se exterioriza la neurosis es puramente somática en la neurosis de angustia (la excitación sexual somática), mientras que en la histeria es psíquica (provocada por un conflicto)” (Freud, 1894: 114) Hay varias referencias de síntomas anoréxicos relacionados con el asco ante los alimentos en la histeria, como son los casos de Anna O., Emmy von N. y Dora entre otros. En Anna O. ubicamos algunos fragmentos: “Ahora se rehusaba por completo a comer; pero permitió que yo la alimentara, de suerte que su nutrición fue en rápido aumento. Después que se le suministraba comida, nunca omitía lavarse la boca, y lo hacía también cuando por una razón cualquiera no había comido nada”. O “La paciente sufrió mucho a causa de la sed; entonces, y sin que pudiera indicar razón alguna, de pronto se le volvió imposible beber. Tomaba en su mano el ansiado vaso de agua, pero tan pronto lo tocaban sus labios, lo arrojaba de sí como si fuera una hidrofóbica” (Freud, 1893-95a: 52.)En el caso de Emmy von N., Freud comenta, sobre la anorexia de nuestra enferma: “Si come apenas es porque no gusta de hacerlo; y no puede obtener gusto alguno del comer porque ese acto está en ella enlazado de antiguo con recuerdos de asco, cuyo monto de afecto no ha experimentado todavía aminoración alguna” (Freud, 1893- 95 a 108). Freud indica que la paciente tiene pensamientos referidos a que se le iba a arruinar el estómago por tomar agua mineral. Se producía el levantamiento de estos síntomas (tanto en Anna O como en Emmy von N.) cuando se reconducían a vivencias traumáticas pasadas y el paciente lograba convocar el afecto que había quedado estrangulado en esas vivencias y expresarlo en palabras, por medio de la abreacción o por sugestión médica (Freud, 1893-95b: 29 a 43.) Así la hidrofobia de Anna O. se levantó cuando, en estado de hipnosis, relató una vivencia que le produjo repugnancia al ver a un perro beber de un vaso (Freud, 1893-95a: 58.) Y la anorexia de Emmy von N. al relatar que de niña, cuando se portaba mal en la mesa y no quería comer, la madre le hacía comer luego de dos horas el mismo plato de carne pero ahora fría. Ella sostiene que ver la grasa rígida le producía asco.
Llama la atención que Freud ya en 1895 se estuviese ocupando de cuestiones del cuerpo, cuidándolo de alguna manera. Refiriéndose a Emma, dice: “Prohibí que arrojara al jardín el postre. Ella todos los días lo tiraba, era un ritual.”

"Belle de Jour" de Luis Buñuel (1967)

miércoles, 17 de febrero de 2010

"BELLE de JOUR" * - Última entrega

* por Olga G. de Molina (Miembro de la AMP)


Cuerpo y Nombre Propio



Es a partir de la escritura de Joyce, de su singularidad, que Lacan desarrolla en su seminario El Sinthome la peculiar relación del escritor con su cuerpo, “como una cáscara”, dice, para señalar “el abandonar”, “dejar caer la relación con el propio cuerpo”, en ocasión de la famosa paliza de sus compañeros.
No obstante no hay una referencia particular al goce, a pesar de una relación posible al goce sexual masoquista, aclara Lacan, señalando especialmente una reacción de asco que “concierne a su propio cuerpo”, desprendiéndose como una cáscara.
El testimonio de Joyce alcanza, por su diferencia, a dar cuenta de la imagen confusa que tenemos de nuestro cuerpo, imagen que implica afectos -“hay algo psíquico que se afecta”(6)- y que en el caso de Joyce “sólo hay algo que no pide más que irse”.
La anorexia, la verdadera, tiene algo de joyceana: “cuerpo como una cáscara que se deja caer,” se deja ir tras la imagen de un cuerpo soñado, inalcanzable por definición pero pensado como posible en el narcisismo más tenaz.


La histeria, en cambio, se disfraza de anorexia pero cuenta con el marco para construir su retrato, se sostiene del borde, no se inclina al riesgo de caer por el agujero como Alicia porque juega al cuento, pero no lo cree.
La histeria cuenta con su división, por la que puede ser Belle de Jour y por la noche soñar el espectáculo de la mirada del otro sobre su cuerpo en busca de la incógnita de su propia delgadez.
De esa escena extrae su goce, su rasgo peculiar de goce tras la mascarada de “comer nada”.
En la histeria la división del sujeto concierne a un doble rechazo, rechazo en el cuerpo y del cuerpo. “El sujeto rechaza el cuerpo en su cuerpo”(7), rechazo que se manifiesta en el efecto de asco. El efecto de asco que previamente señaláramos en Joyce aquí se presenta como goce del rechazo, puesta en escena de un fantasma que en tanto rechaza el cuerpo del otro lo convoca a la mirada con la que arma su escena de seducción. Vacuidad de la histeria que invita e interpela al S1 mientras torna inasible el objeto.
En Joyce, en cambio, la reacción de asco es a su propio cuerpo, al que deja caer cual bolsa vacía.
La verdadera anorexia se presenta al estilo Joyce: dejar caer el cuerpo, “irse de allí”, es un rechazo al ser, siendo; una monotonía del estar, estando.
Se trata de pensar la diferencia entre el cuerpo lacaniano y el cuerpo aristotélico. Para Aristóteles, el cuerpo es el modelo del uno, es allí el individuo, un uno solo.
El cuerpo lacaniano sugiere que el cuerpo podría ser el modelo, “el origen imaginario”(8) el uno que es el conjunto vacío, que existe como bolsa de piel, cuerpo continente, solo imaginable por la consistencia que tiene por ser envase, denotando que el ser es el goce del cuerpo como tal.
Lacan reconoce en el S1 inicial la marca, la inscripción del rasgo unario que asegura el orden simbólico como tal, instalando en el hablante el significante que es signo de un sujeto. Es por el significante que ese goce del cuerpo, que es goce de la vida, cede su lugar de privilegio a los objetos de los que el cuerpo del hablante goza.
En la relación con el cuerpo hay pertenencia, hay una relación con el amor propio, con el propio cuerpo. El nombre propio, intraducible, concebido como límite del sentido, nombra la relación del sujeto con el cuerpo. La nominación hace aparecer un vacío de descripción agujereando la dimensión del sentido y enganchándolo a la vez, logrando indicar así “el lugar del goce y el de la defensa del sujeto frente al goce”.(9)
En la anorexia, un sujeto anónimo habita un cuerpo a la espera de un nombre propio que lo diferencie del nombre común con el que es nombrado por su patología.
Espera de lo singular de su modo del enfermar, lo más propio a su síntoma que no es el del cuerpo adelgazado, sino el de un sujeto extraviado en una imagen de sí que lo simbólico no llegó a nombrar.
Mientras, en el epígrafe, el poeta canta a la que espera ser recobrada del olvido; en la anorexia, la flor, como en el ego de Joyce, aún necesita escribirse.

Referencias bibliográficas


1) Miller, J. A., El Hueso de un análisis, Buenos Aires, Tres Haches, 1998, p. 77
2) Freud, S., “Enamoramiento e Hipnosis”, en Psicología de las Masas”, Obras Completas, Tomo 1, Madrid, Biblioteca nueva, 1968.
3) Lacan, J., “La escritura del Ego”, Cap. X del Seminario El Sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 147
4) Lacan, J., Anexo “Joyce, el Síntoma”, en Seminario El Sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 165
5) Lacan, J., “Las cinco formas del objeto a”, en Seminario La Angustia, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 231
6) Lacan, J, “La escritura del Ego”, en Seminario El Sinthome, Buenos Aires Paidós, 2006, p. 147
7) Miller, J. A., “Apólogo”, en Biología Lacaniana y Acontecimiento del cuerpo, Buenos Aires, Edigraf, Colección Diva, 2002, p. 68
8) Lacan, J., “La pista de Joyce”, Cap. 4 en Seminario El Sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 64
9) Miller, J. A., El Lugar y el Lazo, Seminario inédito, Clase 7-3-01.



( Artículo publicado en el "Aperiódico Psicoanalítico" )

miércoles, 10 de febrero de 2010

BELLE de JOUR * - Segunda Parte

* por Olga G. Molina ( Miembro de la AMP)


Una cuestión de nombre



En la naturaleza, el hombre ha sido dotado de la posibilidad del lenguaje con el que éste ha dibujado los nombres con los que llamamos a las cosas del mundo.
Disponer del acto de nominar, hacer uso de la capacidad que la lengua otorga al ser hablante para ese fin, es definir dentro de una categoría aquello que se nombra.
De allí en más lo nombrado adquiere vida propia, la que le otorga esa diferencia central que hace que alguien pueda ser uno en la multitud. Lo singular lo construye cada quien cuando de nombre propio se trata.
Muchas veces la identificación al nombre impuesto produce un efecto de seguridad que surge del peculiar modo con el que cada uno se “apropia” de un nombre que sin embargo, no es.
No obstante “la idea de sí mismo como cuerpo tiene peso (3), es precisamente lo que se llama el ego”. Luego, nos aclara Lacan en El Sinthome, si el ego es llamado narcisista, es porque “hay algo que sostiene el cuerpo como imagen”. La escritura del nombre propio propone al hombre el desafío de ser uno con su nombre. Decimos, “hacer honor a su nombre” cuando se remarca la singularidad con la que alguien lleva adelante el estandarte de los signos que lo inscriben con su propio nombre.
El del padre es otra cosa, ha sido necesario valerse de ese nombre, el del padre, para lograr escribir la singularidad más allá de la filiación.
Joyce, rebautizado por Lacan “Joyce, el síntoma”, logra con su escritura hacerse un nombre que él quiso que perdurara para siempre. Por su escritura, por su invención de una lengua peculiar, Joyce logra escribir su ego, “se identifica a lo individual”(4), porque es quien ha tenido el privilegio de encarnar en él, el síntoma.
La relación con el cuerpo, con el campo de lo pulsional, no es simple, sino que refiere a la consistencia de lo imaginario, pero en lo profundo de su biología nos es ajeno; en cambio, sabemos aquellas cosas que dependen del significante, el cual, situándonos en la dimensión simbólica, nombra aquello del cuerpo que resulta de la ajenidad con la que lo simbólico se inclina ante lo real.
Se deduce del hecho que tenemos un cuerpo, lo cual implica la diferencia con “ser” un cuerpo, que la relación con un cuerpo nos resulta confusa. Buscamos en la medicina que nos lo aclare, de su propia confusión, que nos alivie de las fantasías con las que creemos saber los misterios del cuerpo.
Sin embargo, la relación con el cuerpo no es simple, por el hecho de que un cuerpo tiene agujeros, agujeros con un borde en los que se aloja lo pulsional, espacios del goce, de cuyos signos viene a dar cuenta el objeto a en sus diferentes presentaciones.(5)
Somos esclavos de nuestra biología y propietarios de una lengua a partir de la cual somos hablados, no obstante tenemos el tiempo para construir nuestra singularidad y el espacio que se anuda a él para hacer habitar en la palabra nuestro ser de lenguaje.

( Artículo publicado en el "Aperiódico Psicoanalítico" )

jueves, 4 de febrero de 2010

BELLE de JOUR* - Primera Parte

*por  Olga G. de Molina ( Miembro de la AMP )

Y en un vaso, olvidada se desmaya una flor.



Rubén Darío

Abordar la anorexia como uno de los modos de la relación de un sujeto con su síntoma nos permite ubicar el concepto de partenaire-síntoma para situarlo en particular en la posición femenina. J. A. Miller señala(1) que la pareja síntoma del parletre femenino toma la forma de la erotomanía, es decir que su dilema es resolver la cuestión del amor, más precisamente la palabra de amor. Mientras que la pareja síntoma del hombre toma la forma del fetiche.

A partir de la construcción lógica de la sexuación que desarrolla Lacan, se demuestra que la posición femenina está orientada a lo ilimitado del goce, y si bien no trabajaremos aquí la formulación lógica que lo define, podemos encaminarnos a sostener que esa condición de lo ilimitado del goce, en el que el Todo no hace Uno, tiene influencia sobre la frecuencia de la anorexia en el parletre en posición femenina.

La demanda de amor está en consonancia con la posición del parletre frente al goce, demanda infinita factible de retornar bajo la forma del estrago cuando el partenaire del amor no responde a lo imposible de esa demanda.

Es entonces que la demanda de amor se dirige al sujeto mismo, a la vez sujeto y objeto en una relación que Freud trata en “Enamoramiento e hipnosis”(2), escrito en el que denota que cuando el objeto “ha ocupado el lugar del ideal del yo”, se produce ese fenómeno que se diferencia del enamoramiento para pasar a la hipnosis, punto en el que el sujeto no es ya reconocido como tal.

Es el punto en el que la demanda de amor retorna bajo la forma de un goce que recicla y repite la relación narcisista en la que el amor se dirige a una imagen de sí que olvida el propio cuerpo.

Disociación entonces entre imagen de sí y cuerpo propio, falla en la constitución de lo imaginario que se refleja en un cuerpo en el que no se registra la necesidad, un cuerpo que es el negativo de la biología, mientras que la imagen de sí revela y focaliza como posible un ideal femenino inscripto como tal.

La imagen del cuerpo se organiza entonces al modo de un cuadro que se enmarca para ser visto despojado de lo vivo, viviendo; latiendo, como testigo mudo, sin palabras ,casi sin aliento, testimoniando de ese modo que aquello que podría alimentarlo ya no tiene importancia, solo toma cuerpo esa mostración extrema de la desvitalización más cruel.

La ciencia llega en su auxilio construyendo el escenario adecuado para montar el espectáculo de la sombra de la caballería que solía salvarnos en las películas en las que “los malos” eran siempre los indios; ahora son “los medios”, “la moda”, los artilugios de la estética cirugía que nos devuelve rostros alargados, labios tirantes, cuerpos esculturales, mientras “Ella” haciendo su propia cirugía, resiste el embate de lo vivo y persiste en la creencia de un cuerpo que no es, persiguiendo la imagen del cuerpo que espera ser.

“¡Diagnostiquemos!”, “¡Clasifiquemos!”, es la consigna de la cultura en el intento de resolver aquello mismo que su operatoria produce. No están solas nuestras anoréxicas de la vida, se acompañan de otros sujetos muertos, de pánico, según la manera actual de nombrar la angustia. O bien pueden estar acompañadas de nuestros adictos… a todo… cualquier gadget cumple el objetivo de producir por un instante la ilusoria felicidad de un sujeto libre de angustia.

Las neurociencias aportan lo suyo; convencidos de que el misterio de la vida se esconde detrás de los neurotransmisores, su terapéutica, en consecuencia, sigue la línea del desajuste biológico como responsable de la sintomatología que aqueja al hombre del Malestar en la cultura. Siempre es bienvenido el recuerdo del ilustre maestro que se animó a pensar a contrapelo de su época.

Podríamos perdernos en un enfoque sociológico que no alcanza más que para comprender el problema desde los diferentes ángulos en que se presenta, para hacer valer una terapéutica como la psicoanalítica que aporta una clínica orientada al sujeto en su peculiar modo de padecer el síntoma.

(Artículo publicado en el "Aperiódico Psicoanalítico")