miércoles, 16 de junio de 2010
Efectos terapéuticos-Efectos analíticos* - Primera Parte
*Por Osvaldo L. Delgado (AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Profesor Titular Regular de la Cátedra Psicoanálisis Freud I, Facultad de Psicología, UBA. Comisión de Maestría en Psicoanálisis, Facultad de Psicología, UBA. Profesor Titular de la Cátedra Práctica Profesional: "Hospital de Día y Problemáticas Clínicas Contemporáneas". Director del Programa de Actualización de Posgrado: "El lugar del analista y los efectos del discurso contemporáneo". )
Estado del Problema
Efectos terapéuticos, refieren al alivio y/o desaparición de un padecimiento del cuerpo y/o del pensamiento.
Desde cierta perspectiva su inscripción refiere a la salud pública y dentro de ella a la salud mental.
Es algo que requiere el Estado, el cuerpo social, los órganos públicos como un bien para el ciudadano, o una mercancía según las empresas privadas.
Queda articulado a la serie del “arte de curar”.
Es lo que estos estamentos (públicos o privados) le exigen como eficacia, a los así llamados agentes de salud.
Para estos estamentos, los efectos analíticos no existen. No sólo que no tienen ningún valor ni importancia, sino que radicalmente no existen.
La eficacia del saber hacer, refiere únicamente a la dimensión terapéutica. El reconocimiento de autoridad profesional, se sostiene en el eje: éxito o fracaso terapéutico.
Efectos analíticos, refiere a una modificación en la relación de un sujeto con sus dichos, el sostenimiento de un espacio entre los enunciados y la posición de enunciación. Claramente una experiencia del inconciente.
Su orientación, es ese forzamiento que implica el deseo de saber y no aporta ningún bienestar.
Por lo tanto, así como Miller afirma, que “el psicoanálisis no puede estar al servicio de ninguna finalidad superior a la operación analítica misma” y “solo puede estar al servicio del deseo del analista”; podemos sostener la contraria: para los órganos públicos y/o privados de salud mental no hay ninguna finalidad superior a la eficacia psicoterapéutica misma.
Para estos órganos el comentario de Freud en el cap. IV del Esquema del Psicoanálisis que dice: “los resultados curativos producidos bajo el imperio de la transferencia positiva están bajo sospecha de ser de naturaleza sugestiva”, no tiene ninguna importancia. Para nosotros ,esto implica un debate clínico, epistémico y político.
Estado del Problema
Efectos terapéuticos, refieren al alivio y/o desaparición de un padecimiento del cuerpo y/o del pensamiento.
Desde cierta perspectiva su inscripción refiere a la salud pública y dentro de ella a la salud mental.
Es algo que requiere el Estado, el cuerpo social, los órganos públicos como un bien para el ciudadano, o una mercancía según las empresas privadas.
Queda articulado a la serie del “arte de curar”.
Es lo que estos estamentos (públicos o privados) le exigen como eficacia, a los así llamados agentes de salud.
Para estos estamentos, los efectos analíticos no existen. No sólo que no tienen ningún valor ni importancia, sino que radicalmente no existen.
La eficacia del saber hacer, refiere únicamente a la dimensión terapéutica. El reconocimiento de autoridad profesional, se sostiene en el eje: éxito o fracaso terapéutico.
Efectos analíticos, refiere a una modificación en la relación de un sujeto con sus dichos, el sostenimiento de un espacio entre los enunciados y la posición de enunciación. Claramente una experiencia del inconciente.
Su orientación, es ese forzamiento que implica el deseo de saber y no aporta ningún bienestar.
Por lo tanto, así como Miller afirma, que “el psicoanálisis no puede estar al servicio de ninguna finalidad superior a la operación analítica misma” y “solo puede estar al servicio del deseo del analista”; podemos sostener la contraria: para los órganos públicos y/o privados de salud mental no hay ninguna finalidad superior a la eficacia psicoterapéutica misma.
Para estos órganos el comentario de Freud en el cap. IV del Esquema del Psicoanálisis que dice: “los resultados curativos producidos bajo el imperio de la transferencia positiva están bajo sospecha de ser de naturaleza sugestiva”, no tiene ninguna importancia. Para nosotros ,esto implica un debate clínico, epistémico y político.
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Psicoanálisis y psicoterapias
miércoles, 9 de junio de 2010
OBESIDAD: UNA MODALIDAD DE GOCE AUTISTA* - Quinta parte
* Trabajo presentado en el "I Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología, XVI Jornadas de Invesigación, Quinto encuentro de invesigadores de Mercosur " (2009) por Alicia Donghi, Osvaldo Rodríguez, Edit Tendlarz, Ana M. Oldecop, María Belén Silva, Ezequiel Weitzman.
• La caída del goce autista: el desierto del deseo.
Vemos en la obesidad una captura narcisística que produce un “mal-estar” en silencio. Podríamos pensar entonces que para este sujeto, la obesidad ya no se trata sólo del comer. Hay algo del Ser jugado en este objeto, en tanto esa nada es algo para él. El objeto adquiere el estatuto de gadget: estos se los debemos al discurso de la ciencia y su característica central es que uno se queda pegado a ellos. (Rabinovich, 2003: 25) Desde esta perspectiva vemos que se trata de todo lo contrario al don, que significa la reunión de la comunidad donde lo que prima es el intercambio social; su contracara estaría representada por el intercambio tecnológico como gadgets que permiten al sujeto mantenerse en un goce autista y auterótico que paralelamente lo obligan a masificarse como individuo. (Rabinovich, 2003: 25) Recordemos en este punto que es el cuerpo el que hoy por hoy “rompe el silencio”. Si la histérica rompía el discurso científico médico de principios de siglo XIX, son los trastornos alimenticios -en este caso particular, la obesidad- lo que rompe con la necesidad humana de quebrar el silencio. Una vez producida la pérdida hay algo que se muestra solo, en tanto, parafraseando a Lacan, el menú ya no es ordenado.
Ya Freud había reconocido en su obra temprana que una de las reacciones propensas frente a los ataques de angustia eran los atracones. (Freud, 1895 [1894]: 95) Hoy por hoy, no hay discurso sobre esto, ya que por un lado los seres humanos nos masificamos y por el otro nos sumergimos en un goce autista: el intercambio tecnológico ha suplido al intercambio social. De esta manera, cualquier tipo de intervención en este nivel puede llevar a que “si el núcleo real del yo le brinda su coherencia, tocar este a implica condenar al sujeto a su contrapartida: el goce (...) como perdido, es decir, el no-goce, el desamparo y la soledad.” (Rabinovich, 2003: 27)
Notas:
(1) Estudio publicado en The New England Journal of Medicine realizado por Nicholas Christakis de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard y James Fowler, de la Universidad de California en San Diego.
(2) Dicho de una paciente de un Hospital Público de la Provincia de Buenos Aires, en el conurbano.
(3) Dicho de un paciente en un grupo de “mantenimiento” de una clínica de adelgazamiento.
(4) ahíto: aplícase al que padece alguna indigestión o empacho/ saciado, harto. Utilizado también en sentido figurativo: rendirse en una disputa ante los argumentos del contrario.
(5) die Abfuhr: descarga, canalización, evacuación.
(6) La gran comilona, de Marco Ferreri, 1973, Francia
Bibliografía:
• Freud, Sigmund, Obras completas, Amorrortu, Buenos Aires, 1998
• Freud, Sigmund, (1926 [1925]), “Inhibición, síntoma y angustia”, Obras completas , t. XX, Amorrortu, Buenos Aires, 1998.
• Freud, Sigmund, (1895 [1894]), “Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de neurosis de angustia”, en Obras completas , t. III, Amorrortu, Buenos Aires, 1999.
• Freud, Sigmund, (1895), “Proyecto de psicología”, en Obras completas, t. I, Amorrortu, Buenos Aires, 1998.
• Freud, Sigmund, Gesammelte Werke, Fischer-Verlag, Frankfurt am Main, 1999.
• Lacan, Jacques, (16/02/1966), “Psicoanálisis y medicina”, en Intervenciones y textos I, Buenos Aires, Manantial, 1999.
• Lacan, Jacques, ” (1936) “Más allá del principio de realidad”, en Escritos 1, Buenos Aires, Siglo XXI, 1988, p.78
• Lacan, Jacques, (1959- 1960), El seminario: La ética del psicoanálisis, Libro VII, Buenos Aires, Paidós, 2007.
• Lacan, Jacques, (1962- 1963), El seminario: La angustia, Libro X, Buenos Aires, Paidós, 2007.
• Lacan, Jacques, (1964), El seminario: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Libro XI Buenos Aires, Paidós, 2001.
• Lacan, Jacques, (1975- 1976), El seminario: El sinthome, Libro XXIII, Buenos Aires, Paidós, 2008.
• Diccionario de la lengua española, Madrid, Espasa Calpe, 1992.
• Slaby, Grossmann, Illig, Wörterbuch der spanischen und deutschen Sprache in zwei Bänden,”Deutsch- spanisch”, t.II, Wiesbaden, Brandstetter-Verlag, 1989.
• Duden, Deutsches Universalwörterbuch A-Z, Mannheim/ Leipzig/ Wien/ Zürich, Dudenverlag, 1996.
• Rabinovich, D.S., Una clínica de la pulsión: Las impulsiones, Manantial, Buenos Aires, 2003.
• http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=928911
• http://www.med.uchile.cl/apuntes/archivos/2004/medicina/apunte_obesidad03.pdf
• http://www.amazings.com/ciencia/noticias/230807a.html
• http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-88943-2007-07-31.html
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miércoles, 2 de junio de 2010
OBESIDAD: UNA MODALIDAD DE GOCE AUTISTA* - Cuarta parte
* Trabajo presentado en el "I Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología, XVI Jornadas de Invesigación, Quinto encuentro de invesigadores de Mercosur " (2009) por Alicia Donghi, Osvaldo Rodríguez, Edit Tendlarz, Ana M. Oldecop, María Belén Silva, Ezequiel Weitzman
• "Ser el gordito": De la respuesta estereotipada a la vacilación subjetiva.
Entonces, ser el gordito representaba un recurso para que la descarga, Abfuhr (5), se produjera en el nivel del impedimento en tanto el obeso no puede dejar de comer, pero a su vez ha caído en la trampa de la captura narcisística denunciando un objeto oral en su fijeza. Si bien hay algo de la retroactividad en juego, solamente podemos sostener que con la caída, el “no-ser”, hay algo que piensa en “¿Qué me quiere el otro?” y se produce la angustia. La detumescencia, la discontinuidad se denuncia en cuanto que el objeto a es algo que el sujeto, para constituirse, separó como órgano. De esta manera ahí donde este objeto aparece, lo hace como símbolo de una falta, en tanto contrapuesto al falo. Podríamos pensar que cuando cae este objeto oral, lo que se muestra es la nada que representa o, como lo plantea Lacan, que el sujeto se destetó de algo que ya no es nada para él. (Lacan, 1964: 110).
Podemos decir entonces que lo que se muestra continúa concerniendo a la pulsión oral en tanto erogeneidad de la boca (Lacan, 1962-1963: 78). Nos encontramos desplazándonos sobre un eje que aumenta en dificultad. El impedimento -señala Lacan- ya es del orden del síntoma. (Lacan, 1962-1963: 18) En este sentido, no se trata de función sino de lo que pasa en el sujeto a nivel de la angustia. De esta manera, se trataría de la relación entre ésta y el objeto. Es aquí donde se comprobaría que la dificultad aumenta provocando la vacilación del sujeto (Lacan, 1964: 33) en tanto Uno ilusorio; ya no se responde con el mismo acto: comer, comer, comer hasta reventar (6). La vacilación, expresada en la frase “Ya no soy el gordito pelotudo de antes”, parece demostrar que a partir de la discontinuidad hace irrupción el inconsciente; es a partir de ella que se devela lo inconsciente como fenómeno del inconsciente: la vacilación subjetiva. (Lacan, 1964: 33) No sólo remite al inconsciente como aquello que el mismo Lacan caracteriza como la boludez (Lacan, 1975- 1976: 109); en palabras del paciente, su propio “ser pelotudo”, se trataría de un real.
• "Ser el gordito": De la respuesta estereotipada a la vacilación subjetiva.
Entonces, ser el gordito representaba un recurso para que la descarga, Abfuhr (5), se produjera en el nivel del impedimento en tanto el obeso no puede dejar de comer, pero a su vez ha caído en la trampa de la captura narcisística denunciando un objeto oral en su fijeza. Si bien hay algo de la retroactividad en juego, solamente podemos sostener que con la caída, el “no-ser”, hay algo que piensa en “¿Qué me quiere el otro?” y se produce la angustia. La detumescencia, la discontinuidad se denuncia en cuanto que el objeto a es algo que el sujeto, para constituirse, separó como órgano. De esta manera ahí donde este objeto aparece, lo hace como símbolo de una falta, en tanto contrapuesto al falo. Podríamos pensar que cuando cae este objeto oral, lo que se muestra es la nada que representa o, como lo plantea Lacan, que el sujeto se destetó de algo que ya no es nada para él. (Lacan, 1964: 110).
Podemos decir entonces que lo que se muestra continúa concerniendo a la pulsión oral en tanto erogeneidad de la boca (Lacan, 1962-1963: 78). Nos encontramos desplazándonos sobre un eje que aumenta en dificultad. El impedimento -señala Lacan- ya es del orden del síntoma. (Lacan, 1962-1963: 18) En este sentido, no se trata de función sino de lo que pasa en el sujeto a nivel de la angustia. De esta manera, se trataría de la relación entre ésta y el objeto. Es aquí donde se comprobaría que la dificultad aumenta provocando la vacilación del sujeto (Lacan, 1964: 33) en tanto Uno ilusorio; ya no se responde con el mismo acto: comer, comer, comer hasta reventar (6). La vacilación, expresada en la frase “Ya no soy el gordito pelotudo de antes”, parece demostrar que a partir de la discontinuidad hace irrupción el inconsciente; es a partir de ella que se devela lo inconsciente como fenómeno del inconsciente: la vacilación subjetiva. (Lacan, 1964: 33) No sólo remite al inconsciente como aquello que el mismo Lacan caracteriza como la boludez (Lacan, 1975- 1976: 109); en palabras del paciente, su propio “ser pelotudo”, se trataría de un real.
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miércoles, 26 de mayo de 2010
OBESIDAD: UNA MODALIDAD DE GOCE AUTISTA* - Tercera parte
* Trabajo presentado en el "I Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología, XVI Jornadas de Invesigación, Quinto encuentro de invesigadores de Mercosur " (2009) por Alicia Donghi, Osvaldo Rodríguez, Edit Tendlarz, Ana M. Oldecop, María Belén Silva, Ezequiel Weitzman.
- Ser o no ser... “el gordito pelotudo”.
Otro paciente, quien ya había perdido 60 kilos, comenta en un grupo terapéutico: “Ya no soy el gordito pelotudo de antes”(3). Podríamos pensar la obesidad en función de un impedimento en tanto excede a una inhibición que remite a un “no sé” . Desde esta perspectiva, este sujeto obeso ya parecería estar tomado en la trampa. Se trata entonces de una captura narcisística en tanto produce un límite muy preciso en cuanto a lo que puede investirse como objeto. (Lacan, 1962-1963: 19) Una vez “vencida” la obesidad, lo que aparece por desplazamiento ya no puede ser ignorado. Pero también se trataría de otra Cosa en tanto la pulsión se satisface en su recorrido. Será este recorrido en donde podrá satisfacerse. Al decir de Lacan: “Aunque la boca quede ahíta (4) –esa boca que se abre en el registro de la pulsión- no se satisface con comida sino, como se dice, con el placer de la boca. Por eso, precisamente, en la experiencia analítica la pulsión oral se encuentra última, en una situación en la que todo lo que hace es ordenar el menú. Esto se hace sin duda con la boca que está en el principio de la satisfacción -lo que va a la boca vuelve a la boca y se agota en ese placer que acabo de llamar, para referirme a términos usuales, placer de boca.” (Lacan, 1964: 175)
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miércoles, 19 de mayo de 2010
OBESIDAD: UNA MODALIDAD DE GOCE AUTISTA* - Segunda Parte
* Trabajo presentado en el "I Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología, XVI Jornadas de Invesigación, Quinto encuentro de invesigadores de Mercosur " (2009) por Alicia Donghi, Osvaldo Rodríguez, Edit Tendlarz, Ana M. Oldecop, María Belén Silva, Ezequiel Weitzman
• “Me como todos los problemas”: ¿Individuo o sujeto?
En la imagen del obeso parecería haber algo del no registro, algo de lo ignorado. En el decir de un paciente, que nunca hace referencia a su sobrepeso, aparece “Me como todos los problemas” (2). Aquí es donde el psicoanálisis desde su ética permite acompañar y desanudar la puesta en jaque subjetiva. Es que siempre, en psicoanálisis, se trata de una imagen ignorada (Lacan, 1936: 78) en tanto involucra el tomar el testimonio desde una escucha particular. Podríamos pensar entonces que la cuestión la ubicamos en lo que no se escucha, lo omitido, lo justificado, lo que queda por fuera de toda queja. La frase podría ser: “Ése no es el problema, y si lo es, debe ser rectificado como error.” En pocas palabras: “Si ése es el problema, me lo como.” ¿Pertenece o no, entonces, al campo de la escucha?
De esta manera, la obesidad parecería plantear una nueva arista de la subjetividad donde la Nada aparece impunemente: “in-pune”, sin castigo, sin límite, no hay golpe. En el caso de la obesidad, nada me satisface. Freud, en “Inhibición, síntoma y angustia”, plantea que la situación de peligro es el crecimiento de la tensión de la necesidad, es decir, la insatisfacción frente a la cual el niño es impotente. (Freud, 1925 [1926]: 130)
Pero, ¿hay o no hay malestar? Podríamos pensar que aquí nos topamos con algo del orden de la satisfacción, que se juega ya no dentro del saber no sabido como imagen ignorada que sobresale. Esta satisfacción pertenece a otro orden y no hace ruido, es silenciosa. Leemos en ello lo pulsional y, de esta manera, la libido termina siendo aquel órgano irreal pero al que, aún así, nada le impide encarnarse. (Lacan, 1964: 213)
• “Me como todos los problemas”: ¿Individuo o sujeto?
En la imagen del obeso parecería haber algo del no registro, algo de lo ignorado. En el decir de un paciente, que nunca hace referencia a su sobrepeso, aparece “Me como todos los problemas” (2). Aquí es donde el psicoanálisis desde su ética permite acompañar y desanudar la puesta en jaque subjetiva. Es que siempre, en psicoanálisis, se trata de una imagen ignorada (Lacan, 1936: 78) en tanto involucra el tomar el testimonio desde una escucha particular. Podríamos pensar entonces que la cuestión la ubicamos en lo que no se escucha, lo omitido, lo justificado, lo que queda por fuera de toda queja. La frase podría ser: “Ése no es el problema, y si lo es, debe ser rectificado como error.” En pocas palabras: “Si ése es el problema, me lo como.” ¿Pertenece o no, entonces, al campo de la escucha?
De esta manera, la obesidad parecería plantear una nueva arista de la subjetividad donde la Nada aparece impunemente: “in-pune”, sin castigo, sin límite, no hay golpe. En el caso de la obesidad, nada me satisface. Freud, en “Inhibición, síntoma y angustia”, plantea que la situación de peligro es el crecimiento de la tensión de la necesidad, es decir, la insatisfacción frente a la cual el niño es impotente. (Freud, 1925 [1926]: 130)
Pero, ¿hay o no hay malestar? Podríamos pensar que aquí nos topamos con algo del orden de la satisfacción, que se juega ya no dentro del saber no sabido como imagen ignorada que sobresale. Esta satisfacción pertenece a otro orden y no hace ruido, es silenciosa. Leemos en ello lo pulsional y, de esta manera, la libido termina siendo aquel órgano irreal pero al que, aún así, nada le impide encarnarse. (Lacan, 1964: 213)
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miércoles, 12 de mayo de 2010
OBESIDAD: UNA MODALIDAD DE GOCE AUTISTA* - Primera parte
* Trabajo presentado en el "I Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología, XVI Jornadas de Invesigación, Quinto encuentro de invesigadores de Mercosur " (2009) por Alicia Donghi, Osvaldo Rodríguez, Edit Tendlarz, Ana M. Oldecop, María Belén Silva, Ezequiel Weitzman
• La obesidad: ¿Una enfermedad, una epidemia o un sujeto?
La sociedad actual se caracteriza por rápidos y constantes avances tecnológicos, y ofrece una variedad infinita de objetos de consumo, entre los cuales se encuentra el alimento, que impacta en la subjetividad. La producción masiva de gadgets como instrumentos de goce deja al sujeto entregado a una satisfacción compulsiva que configura una circularidad autista. Parecería quedar entrampado en una satisfacción pulsional inmediata.
Diversas disciplinas se han ocupado del tema de la obesidad. Desde el punto de vista sociológico, podemos citar una reciente investigación realizada por Nicholas Christakis y James Fowler, en los EEUU (1) donde se plantea la obesidad como contagiosa: si un individuo incrementa su peso también lo hará el círculo más íntimo de amigos y familiares. La causa se explica por medio de la modificación en la percepción que se tiene sobre la gordura, modificación por la cual se resta la carga de peligrosidad que posee el sobrepeso, generando un “contagio social”. Continuando con esta perspectiva, se plantea que la interacción social afecta al individuo en maneras diferentes, tales como el aislamiento y la exclusión. Se trataría de eliminar el exceso de peso para asegurarle una existencia “normal” al individuo.
Si tomamos el punto de vista médico, la obesidad es considerada una enfermedad crónica caracterizada por la presencia de una cantidad excesiva de grasa corporal que conlleva un riesgo para la salud. El diagnóstico se efectúa a través de una fórmula –el Índice de Masa Corporal (IMC)- que correlaciona peso y estatura. Los tratamientos consisten en intervenciones quirúrgicas, dietas y ejercicio físico. En general, apuntan a un “cambio de hábitos nutricionales” del paciente para someterlo a cirugía.
En función de lo que venimos planteando, podríamos pensar que existen distintas concepciones del síntoma. Por un lado, se trataría de un contagio social, lo cual podría ser leído como una epidemia; por otro lado, se lo aborda desde la enfermedad como problema médico; y por último, queda por mencionar un abordaje psicoanalítico que apuesta a una escucha, a un sujeto supuesto saber, en tanto atrás de la enfermedad hay un sujeto del deseo y lee en su sufrimiento el goce que lo invade.
Lo que se obvia, en las dos primeras disciplinas, son los efectos singulares en cada quien que produce este exceso de peso a nivel del cuerpo y del goce. Lacan, en “Psicoanálisis y medicina”, dice: “El cuerpo no se caracteriza simplemente por la dimensión de la extensión [cuantitativo y universal; ciencia]: un cuerpo es algo que está hecho para gozar, gozar de sí mismo [cualitativo y singular; subjetividad].” (Lacan, 1966, 92) Para el psicoanálisis, a diferencia de la óptica de la medicina, el cuerpo es esencialmente una superficie que implica para el humano una dimensión de goce, goce que se instaura en la pérdida del objeto de la necesidad y la instalación de la demanda. Por un lado, esto desemboca en la producción de un discurso, la inmersión del viviente en lenguaje; por el otro, disloca al humano del instinto y lo lleva a tener un cuerpo como imagen, lo deja disyunto: la pulsión que se instala entendida como concepto límite entre lo psíquico y lo somático. Será el cuerpo que impone su límite –en tanto atravesado como viviente se ve cada día más amenazado por su propia detumescencia- donde el sujeto, vía la angustia, podría advenir como sujeto del deseo.
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miércoles, 5 de mayo de 2010
Entrevista a Deborah Fleischer * - Última parte
Entrevista realizada por Juan Pablo Martin Mogaburu
*Doctora en psicología
Directora del CID San Luis del Instituto Oscar Massotta
Profesora de la Facultad de Psicología – UBA
Investigadora UBACyT
AME De la Escuela de la Orientación Lacaniana
En la investigación “Alcances y actualidad del concepto de compulsión” (UBACyT) que estuvo bajo su dirección desde el año 2006, se habló de adicciones y de la repetición como proveniente de lo Real y no solamente desde la cadena significante. Hemos extraído un fragmento del discurso de apertura pronunciado por el Prof. Osvaldo Umerez en donde él se pregunta: “¿qué sería eso tan propio de la pulsión de donde toma su raíz la repetición? Me parece que debe ser este apremio, esta coerción que le viene al sujeto desde lo Real y que, en todo caso, es presubjetiva…como dice Freud, no es que el sujeto se satisfaga, sino que se satisface algo y desde allí se sitúa el sujeto”¿Podría agregar una reflexión al respecto?
Agregaré lo que dijo Oscar Cuervo en esas Jornadas, desde la perspectiva de Kierkegaard: Lo que hace falta aclarar es que el término danés con el que Kierkegaard se refiere a esta anhelada repetición, es Gjientagelse. Esta palabra, que se puede traducir como “repetición”, se presta a malos entendidos. Porque su etimología dice, más bien, re-toma. Se vincula con ciertos términos del lenguaje jurídico, la reintegratio, reintegración. Es decir, el recobrar un bien que se ha perdido. Los daneses además tienen la palabra de origen latino repetition. Es decir, si Kierkegaard usó Gjientagelse es porque le pareció que no se trataba de una mera repetición, del hábito que se repite día a día igual, o mucho peor todavía, de lo que se va desgastando día a día. Se trata más bien de la reintegración, la recuperación. Se trata de recuperar el amor para que cada vez sea la primera vez. Lo cual es todo lo contrario de la repetición monótona de la rutina del matrimonio, en el cual el hombre empieza a ver a la que años atrás fue su joven amada ya como parte de un paisaje familiar y va aburriéndose de ella. La Gjientagelse es lo contrario de eso. Es la recuperación. El asunto es cómo recuperar lo que se pierde. Lo que sugiere –indirectamente; es que hay una condición previa para alcanzar la repetición (Gjientagelse). Esto resulta muy característico del pensamiento kierkegaardiano. Casi nunca trata al asunto principal de manera expresa, pero lo rodea y, sobre todo, le dedica mucho tiempo a la condición previa. La condición previa para lograr esa recuperación es la de admitir que todo está perdido. Si uno no llega a esta posición, no puede ni imaginar cómo es posible recobrarlo.
Por su parte Lacan dirá: Yo hablo de lo Real como imposible en la medida en que creo que lo Real es, hay que decirlo, sin ley. El verdadero Real implica la ausencia de ley. Lo Real no tiene orden.
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